Por Juan Ángel Salinas Chávez

A mediados del siglo XX, la ciudad de México cambió de rostro. La acelerada urbanización por efectos de la industrialización promovida por los gobiernos de Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines provocaron que la capital se expandiera a lo largo, alto y ancho de su territorio. Este rápido crecimiento provocó una serie de fenómenos urbanos que no pasaron desapercibidos para una generación de fotoperiodistas que hicieron de la ciudad, objeto, tema y fuente de creación. A través de notas, fotorreportajes y fotoensayos, los fotógrafos construyeron una imagen moderna de la ciudad, que se consolidó por el propio proceso de urbanización y la difusión que hicieron los medios impresos e ilustrados de la época. En ese sentido, las fotografías contenidas en sus reportajes se convirtieron en producto y productor de un imaginario urbano que prevaleció a lo largo del siglo XX. 

El presente texto tiene el objetivo de conocer la manera en que un conjunto de fotógrafos de mediados del siglo XX capturó las transformaciones de la ciudad de México provocadas por la acelerada urbanización. Principalmente, aborda las formas no oficiales de representar los fenómenos urbanos, las cuales se caracterizan por los intereses y creaciones propias de los fotoperiodistas, en contraposición de los reportajes oficiales que fueron creados por orden expresa o con algún fin propagandístico, y que prevalecieron dentro de las páginas de diarios, semanarios y revistas ilustradas. Por esta razón, el trabajo está dividido en cuatro apartados, en los que se presentan: en primer término, las principales características de la generación de fotoperiodistas de la segunda mitad del siglo XX; en un segundo momento, se abordan las formas oficiales y no oficiales de representar y capturar los fenómenos, rutinas y problemáticas urbanas; en tercer lugar, se presenta la forma en que fueron abordados los grupos populares y marginales de la capital; y, finalmente, se exponen los fenómenos y problemáticas urbanas desde reportajes y fotoensayos de algunos fotoperiodistas.

Características de los fotoperiodistas de la segunda mitad del siglo XX

La generación de fotoperiodistas de la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por tejer un fuerte vínculo con el poder político. Investigaciones como las de John Mraz o la reciente tesis de Oralia García sobre la Asociación Mexicana de Fotoperiodistas han remarcado cómo los fotoperiodistas utilizaron la autocensura para no incomodar al poder político, el cual aportaba recursos económicos, materiales  (como el papel para impresión a través de la empresa PIPSA) y prebendas para la óptima realización de su trabajo. Entre los principales representantes de esta generación encontramos a fotoperiodistas como Ismael y Mario Casasola, Julio y Faustino Mayo, Francisco Sousa, Héctor García, Manuel Madrigal, Ignacio Bocanegra “Nacho López”, Hans Gutman “Juan Guzmán”, Tomás Montero, Rodrigo Moya, entre otros, que consolidaron su trayectoria periodística durante la época dorada de las revistas ilustrada en el período que va de 1940 a 1970, tal como lo ha señalado la investigadora Rebeca Monroy Nasr. 

Una de las particularidades de esta generación de fotógrafos de prensa es que centraron parte de su trabajo en la capital. Lo anterior fue el resultado de una ciudad que centralizó las actividades, funciones y poderes y, además, desarrolló un conjunto de fenómenos sociales y transformaciones materiales y culturales que se desprendieron de la acelerada urbanización, mismos que se convirtieron en objeto de admiración y creación. Con lo anterior, no se afirma que todo su trabajo fue exclusivamente de orden urbano, ya que muchos incursionaron en otros fenómenos, temas y objetos, tales como los grupos indígenas, el campo, la migración, la arquitectura, etc., sin embargo, sí se subraya que la ciudad fue parte medular de su obra, muestra de ello es la gran cantidad de trabajos que realizaron en torno a la vida cotidiana de la capital.

Entre las formas de presentar las noticias, fenómenos y problemáticas urbanas, por parte de esta generación de fotoperiodistas, destacan las notas, los fotorreportajes y, en pocos casos, los fotoensayos. Éstas fueron una constante dentro de diarios, semanarios y revistas ilustradas, convirtiéndose en los canales por los que se difundieron la imagen de la ciudad y los imaginarios urbanos propios de la ciudad de México. Gran parte de estos reportajes fueron producto de órdenes externas, intereses propios o provocaciones de los mismos fotoperiodistas –como los fotoensayos de Nacho López–. Por lo anterior, no existió homogeneidad ni uniformidad en los reportajes, todo lo contrario, fueron tan diversos como sus miradas y sus intereses. Sin embargo, en el fondo, en lo que sí coincidieron todos fue en no rebasar la línea de lo permitido por el poder político y los medios impresos, es decir, seleccionaron cuidadosamente las imágenes para no comprometer al régimen y al presidente en turno.

La ciudad de México bajo dos filtros: formas oficiales y no oficiales de construir la imagen de la capital

La generación de fotoperiodistas de mediados del siglo XX construyó una imagen de la ciudad de manera fragmentada y siempre de forma incompleta. Más que un retrato único, homogéneo y uniforme, presentaron una colección de imágenes que permitieron la creación de un mapa o de un itinerario que partía del centro de la capital a la periferia, mismo que creció a medida que se modernizaba la ciudad y se ampliaba lo visualmente permitido. Esta imagen de la ciudad se construyó y se consolidó a través de dos filtros: 1) por formas oficiales –o, mejor dicho, oficialistas– y 2) por formas no oficiales –o por intereses personales y creativos–. Más que formas peleadas, contrariadas o disímiles, fueron dos maneras de afrontar un mismo proceso. 

Las formas oficiales quedaron relacionadas con las acciones que el gobierno federal y el gobierno del Distrito Federal implementaron en la capital. A través de notas y reportajes se promocionaban las obras materiales, sociales y caritativas que el presidente, el regente o diversas instituciones y asociaciones civiles realizaban en las delegaciones, periferias o con distintos grupos sociales de la ciudad de México. Entre los reportajes que más destacaron en los medios impresos, entre los años de 1940 y 1970, estuvieron los referentes a las obras de modernización de la ciudad, principalmente: la pavimentación y ampliación de calles; la construcción de avenidas y vías de comunicación –como el Periférico o Circunvalación– (Imagen 1); la construcción de unidades habitacionales y centros escolares –como Ciudad Universitaria–; la realización de obras de saneamiento y desagüe –esta últimas después de las grandes inundaciones de la década de 1950–; y la apertura de mercados y tiendas de distribución de alimentos. En la parte social, destacaron notas en torno a la regularización de predios, el cambio de vida a través de obras de mejoramiento habitacional, entrega de despensas, juguetes o ropa a grupos marginados de la ciudad, así como la dotación y mejoramiento de servicios básicos.

Imagen 1. “La Obra del Régimen en la Ciudad de México”, Mañana, número 735, 28 de septiembre de 1957.

En tanto, las formas no oficiales fueron aquellas relacionadas con los intereses y las libertades creativas de los fotoperiodistas, empero, también fueron permitidas por los medios en los que aparecieron sus trabajos. El margen de acción y de visualización de lo que se presentaba en los medios fue limitado debido a los compromisos que asumieron muchas revistas en las que laboraban los fotógrafos. Sin embargo, no fue restrictivo, ya que, en algunos casos, pudieron mostrar un poco más de lo visualmente permitido. Si bien, su mirada no fue disidente, crítica o disruptiva, sí fue más allá del oficialismo. En este filtro no oficial vamos a encontrar reportajes en torno a los niños de la calle, grupos marginales de la ciudad, las prácticas nocturnas –vinculadas con lo inmoral, lo prohibido, los problemas sociales–, los cinturones de miseria o “tugurios” y la proliferación de los espacios urbanos no planeados, denominados como “colonias proletarias”. 

Así, en las formas oficiales de construir la imagen de la ciudad de México prevalecieron fotografías de construcciones modernas, simétricas, planeadas y  monumentales, en donde destacaron celebridades y políticos en primer plano acompañados de grupos populares con expresiones de alegría, regocijo y felicidad o, en otros casos, comparaciones entre las formas de vida dentro de espacios marginales y espacios modernos. En tanto, en las formas no oficiales se resaltaron las condiciones materiales de los grupos marginales, los espacios de asentamiento, la falta de servicios y sus condiciones de vida. Por lo tanto, mientras que en el primer filtro destacaron planos abiertos, generales, contrapicados y vistas aéreas, en el segundo filtro, prevalecieron planos generales, cerrados y con tomas que resaltaron las precariedades, sus condiciones materiales y los estados de ánimo de estos grupos que, más que señalar una crítica, remarcaban sus circunstancias para proyectar los beneficios de la modernización de la capital. 

El asombro por la vida cotidiana urbana: rutinas, tránsito y construcción de la ciudad moderna

Una de las formas no oficiales de construir la imagen de la ciudad fue a través de reportajes y notas de la vida cotidiana urbana. El registro de la alteración del orden de la vida cotidiana de la ciudad de México fue una constante dentro del trabajo fotoperiodístico. El asombro por las prácticas nocturnas, la expansión de vías de circulación,  el crecimiento de edificios, los cambios y adecuaciones en el calendario ritual citadino fueron de las exploraciones más importantes que realizaron los fotógrafos en el proceso de cambio urbano.

Echemos un vistazo a los reportajes del tránsito y la movilidad, la construcción y el cambio del paisaje urbano y, finalmente, los hábitos nocturnos. En el primer grupo vamos a encontrar reportajes desde finales de la década de 1930 hasta 1970, en los que los fotoperiodistas pusieron atención al crecimiento del parque vehicular, los estacionamientos y el transporte urbano. Entre los reportajes de este tipo destacan el denominado “La Anarquía del Tránsito”, que apareció en el número 13 de la revista Hoy en 1938; el de Juan Guzmán de nombre “Estacionamiento prohibido”, publicado en Mañana en 1952; y el titulado “El Tránsito, un callejón sin salida”, de Héctor García dentro de la revista Mañana en 1964 (Imagen 2). En los tres reportajes, los fotoperiodistas registran la congestión causada por los autos dentro de las calles, las complicaciones de los transeúntes para esquivarlos y la alteración del orden vial urbano. En las fotografías los protagonistas son los automóviles, muestra de ello son los cuadros cerrados de las tomas, las cuales enfatizan la sensación de encierro y congestión de los espacios. 

En los reportajes sobre la construcción y cambio del paisaje urbano destacan los realizados por Ismael Casasola, “México en Esqueleto”, que apareció en la revista Hoy en 1938; el de Nacho López junto con Faustino Mayo, nombrado “Pasos en el cielo”, publicado en la revista Mañana en 1951; y, finalmente, el de Héctor García titulado, “Cómo ve la urbe el ojo de un fotógrafo”, también en la revista Mañana de 1967. El primero de ellos fue pionero de los reportajes de orden estrictamente urbano, por eso el fotohistoriador Daniel Escorza denominó a Ismael Casasola como el primer fotoperiodista urbano (Imagen 3). En el segundo, ambos fotoperiodistas centraron su atención en los trabajadores que construyen la Torre Latinoamericana y las condiciones materiales de su trabajo, exponiendo no sólo el paisaje urbano, sino a las personas que están detrás de esas edificaciones. El último de los reportajes presenta una toma en la que se superponen, en forma de capas, dos construcciones dentro del horizonte capitalino: una antigua y una moderna, con ello, no sólo podemos observar los vestigios de los momentos históricos y la expansión urbana de la capital, sino la coexistencia de ambos mundos. 

Finalmente, la vida nocturna de la urbe fue uno de los temas y objetos más recurrentes de los fotoperiodistas debido a lo prohibido, restrictivo y enigmático que representó esta rutina de la ciudad de México. Así, desde la década de 1930 hasta finales de la década de 1960, se realizaron reportajes de las zonas rojas de la capital con distinto tono, función e interés. Entre los que se pueden destacar son el realizado por Héctor García y Felipe Morales, denominado “¡Ciudad de México!”, mismo que vio la luz dentro de la revista Hoy en 1948; el de Nacho López,  titulado “Solo los humildes van al infierno”, que apareció en la revista Siempre! en 1952; y “Noche de Gala”, de Julio Mayo, publicado en Mañana en el mismo año (Imagen 4). Gran parte de los reportajes pusieron énfasis a los espectáculos, las prácticas y los nuevos hábitos urbanos; no obstante, algunos, abordaron los estigmas y los vicios generados en este horario de la rutina urbana. 

Los olvidados de la ciudad: grupos vulnerables y márgenes espaciales de la ciudad de México

Los espacios y grupos marginales fueron de los temas que se representaron dentro de las formas no oficiales con las que los fotoperiodistas conformaron un itinerario visual de la ciudad de México. Bajo su lente quedaron registrados personajes urbanos como niños de la calle, obreros, campesinos e indígenas migrantes, y espacios como vecindades, barracas, colonias proletarias, zonas tugurizadas y pueblos cercanos al centro de la capital. Estos fueron temas recurrentes debido a que se convirtieron en uno de los problemas más latentes causados por la intensa migración del campo a la ciudad de México en la época del “milagro mexicano”. Estos reportajes tienen la particularidad de que muchos fueron realizados por el interés de los fotógrafos y, en algunos casos, por el compromiso social y empatía hacía estos grupos. 

Colonias proletarias, vecindades, barracas y “tugurios” tuvieron especial relevancia dentro de la mirada de los fotoperiodistas durante el proceso de modernización y expansión de la ciudad. Dentro de sus reportajes hicieron visibles las condiciones materiales, la falta de servicios y, en muchos casos, las penurias que vivían día a día los residentes de estos espacios. Aunque existen un buen número de reportajes de estos lugares, destacan entre ellos: “¡En pleno infierno!”, de los Hermanos Mayo, en la revista más! en 1945; el reportaje de Nacho López, titulado Una vez fuimos humanos”, publicado en la revista Mañana; y el de Héctor García, denominado “Tromba de males sobre las colonias del vaso de Texcoco”, que apareció en 1966. En estos vamos a encontrar fotografías de primer plano en las que se exaltan las precariedades, algunos planos abiertos en los que se visibiliza la falta de servicios, las viviendas de autoconstrucción y, en algunos casos, los problemas derivados de fenómenos naturales como las lluvias. La particularidad es que estos, más que corresponder a una orden o un material propagandístico, se convirtieron en un llamado de atención moral para los lectores y las autoridades de la ciudad, las delegaciones y municipios conurbados al D.F. 

En el caso de los grupos vulnerables, los fotógrafos de prensa prestaron su atención a personajes urbanos icónicos que formaban parte del paisaje capitalino y a nuevos actores protagonistas del cambio y la transformación urbana. Entre este conjunto de grupos encontramos a niños trabajadores (boleros y voceadores, principalmente); niños de la calle; obreros; campesinos; artesanos o realizadores de algunos oficios (zapateros, organilleros, chinamperos, etc.,); empleadas domésticas, mujeres de “mala nota”; entre otros. Imágenes que produjeron y reprodujeron los imaginarios en torno a los sujetos urbanos, sus prácticas y representaciones. Entre los fotoperiodistas que más trabajaron este tipo de personajes se encuentra Héctor García, quien dejó un importante número de reportajes, entre los que destacan: “Ángeles con caras sucias” (Imagen 5); “Los miserables”; “La metamorfosis de una sirvienta”; entre otros. 

Reflexiones finales 

El estudio de los fotoperiodistas del siglo XX sigue en ciernes. La historiografía en torno a ellos sigue escudriñando su trabajo dentro de los medios y su relación con el poder político. Aunque hubo temas que no se tocaron abiertamente, existieron otros en los que los fotoperiodistas pudieron visibilizar algunos fenómenos sociales y materiales. Es el caso de sus reportajes sobre la ciudad de México. Por tanto, podemos inferir que existieron matices y formas de negociar lo que podía ser visto y no visto. 

Este marco, entre lo visto y no visto, produjo formas oficiales y no oficiales de visibilizar la ciudad, las cuales inundaron las páginas de la prensa ilustrada. Si bien, en proporción, prevalecieron las formas oficiales de representar la capital, que beneficiaron al poder político, también existieron un buen número de formas no oficiales, que manifestaron su interés y preocupación por los fenómenos de la acelerada urbanización de la ciudad de México. 

En el caso de las formas no oficiales de representar y construir la imagen de la ciudad, como revisamos, prevalecieron dentro de los reportajes aquellos fenómenos que fueron más visibles para los fotógrafos de prensa, tales como los márgenes y la alteración de la rutina de la vida cotidiana de la capital. Si bien, fueron realizados con cierta autocensura, sí visibilizaron de forma directa y cruda el rostro oculto del “milagro mexicano”, el cual incomodaba en muchos sentidos al régimen de gobierno, por lo que intentó de muchas maneras ocultarlo o minimizarlo. 

Para saber más

Escorza Rodríguez, Daniel, “Las imágenes urbanas de Ismael Casasola, 1937-1940. Configuración de una mirada”, Contemporánea, volumen 4, número 7, enero-junio, 2017, pp. 52- 69. Disponible en: https://revistas.inah.gob.mx/index.php/

García Cárdenas, Oralia, “El fotoperiodismo mexicano vinculado al poder político. El caso de la Asociación Mexicana de Fotógrafos de Prensa (1946-1970)”, Tesis para obtener el grado de Doctora en Historia, Escuela Nacional de Antropología e Historia, 2025. 

García Krinsky, Emma Cecilia, coordinadora, Imaginarios y fotografía en México, 1939-1970, Barcelona, Lunwerg Editores, 2005.

Mraz, John, Nacho López y el fotoperiodismo mexicano en los años cincuenta, México, Editorial Océano, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1999.

Monroy Nasr, Rebeca, “Setenta años de fotoperiodismo mexicano: tradición, continuidad y ruptura”, en Alejandro de la Torre Hernández, et. al, Claves para la historia del siglo XX mexicano. De la mofa a la educación sentimental. Caricatura, fotografía y cine, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 2010, p. 53-92.

Imagen de portada: Fotografía de la serie Avenida Madero, Héctor García, 1948. Imagen tomada de: https://ci.cultura.gob.mx/agenda/visita-guiada-por-la-exposicion-hector-garcia-ciudad-voragine/.

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