Por Ana Aparicio

“Ser espectador de calamidades que tiene lugar en otro país es una experiencia intrínseca de modernidad; la ofrenda acumulativa de más de siglo y medio de actividades de esos turistas y profesionales llamados periodistas”.

Susan Sontag.

En septiembre de 1966 Javier Vallejo, reportero gráfico de El Sol de México, fue enviado junto con Benjamín Wong Castañeda a cubrir la guerra de Vietnam. Esa cobertura representó una hazaña para el periodismo mexicano. Pocos medios de prensa podían permitirse enviar sus propios corresponsales a las zonas de guerra en aquella época; en vez de eso, compraban las fotografías a las agencias fotográficas internacionales. Pero en 1965, la ofensiva de Estados Unidos en Vietnam atrajo la atención del mundo: fue la primera guerra transmitida en televisión y los medios impresos la seguían día tras día. La labor de fotógrafos de prensa se tornó primordial, sus diversas miradas brindaron observaciones fotográficas de la guerra exponiendo ante la opinión pública lo que sucedía. Más fácilmente que los textos, las fotografías exhibieron a nivel global la escalada de violencia que detonó la llegada de tropas estadounidenses. Vallejo fue uno de los reporteros gráficos mexicanos que cubrieron aquella guerra histórica: su narración fotográfica no sólo otorgó carácter a la fotografía de prensa del país al cubrir una guerra de importancia mundial, sino que también proporcionó una mirada propia sobre ella.

Vallejo y sus inicios en el fotoperiodismo 

Javier Vallejo nació en Apizaco, Tlaxcala, el 3 de marzo de 1937. Su entrada a la actividad periodística ocurrió cuando, con quince años, fue contratado para trabajar en El Sol de San Luis como laboratorista revelando e imprimiendo las fotos para ese periódico, en 1952. Algunos años después decidió tomar fotos para el periódico y comenzó a desarrollar la percepción para capturar imágenes noticiosas. Su profesionalismo como fotorreportero y su talento para las artes gráficas lo llevarían a ocupar, en 1970, la jefatura del departamento de fotografía de El Sol de México. Conviene mencionar que su formación como fotógrafo de prensa corresponde con el periodo en que ocurre la modernización del país, y con ella la demanda por la expansión y profesionalización de los medios de información. Fue también la época que presenció el apogeo de los puestos de periódicos y voceadores. La sociedad buscaba cada vez más estar al tanto de los acontecimientos importantes, lo que a su vez repercutía en el carácter empresarial y comercial de los medios informativos. 

En ese contexto, José García Valseca buscaba robustecer su diario El Sol de México, fundado en 1965, con el que además intentaba consolidar su gran empresa periodística: una amplia cadena de diarios noticiosos establecidos a lo largo del país desde la década de 1950. El Sol de México aspiraba colocarse a la vanguardia informativa de los diarios capitalinos, priorizando la información local, nacional e internacional de primera mano que fuese necesaria para el ritmo de vida capitalista. Esa amplitud de información le proporcionarían la posición para competir con el popular diario Excélsior. La situación de Guerra en Vietnam, dentro del contexto de la Guerra Fría y sus conflictos latentes, hizo que la opinión pública estuviera más atenta sobre los sucesos internacionales relacionados con el conflicto. Por ello, la cobertura de la guerra fue una prioridad para los grandes diarios capitalinos. Pero, además, informar sobre el estado de guerra se convirtió en una estrategia tanto periodística como empresarial.

Corresponsal en Vietnam

Como parte de una maniobra destinada a situar a El Sol de México a la cabeza de las empresas informativas nacionales, García Valseca destinó a Javier Vallejo, fotógrafo, y a Benjamín Wong Castañeda, reportero, corresponsales en Vietnam. Su misión era registrar y observar de propia mirada lo que sucedía.  Durante dos meses, de septiembre a octubre de 1966, Vallejo fotografió aspectos del conflicto para ofrecer a los lectores primicias informativas. Periodísticamente, ese era un triunfo para la Cadena García Valseca, pues eran pocos los periódicos mexicanos que podían permitirse enviar corresponsales a una zona de guerra. Lo común era que los medios de prensa compraran fotografías a las agencias internacionales. Durante la Guerra de Vietnam, la mayoría de las fotografías que publicó El Sol de México fueron hechas por la agencia estadounidense Associated Press (AP). De ahí que, el hecho de enviar como corresponsal al fotógrafo mexicano implicaba elevar la categoría periodística de El Sol de México. 

Aunque la intención principal de José García Valseca era obtener primicias de la guerra para aventajar a otros periódicos mexicanos, la misión que designó a Vallejo confirió carácter a la fotografía de prensa del país, pues significó la cobertura de un conflicto internacional desde la visión de un fotógrafo mexicano. La sólida trayectoria de Vallejo como representante nacional al cubrir noticias para la Cadena García Valseca fue capital para su designación como corresponsal de guerra. Disciplinado y profesional en el trabajo noticioso con la cámara, Vallejo mostró su compromiso como reportero gráfico en esa misión, pese a su nula experiencia en un evento de tal naturaleza, supo focalizar su lente para mostrar la perspectiva del pueblo vietnamita, haciendo cierta la sentencia que lanzó Susan Sontag cuando señaló que mostrar la identidad de los militantes durante una guerra  lo es todo. Además, su cobertura significó la posibilidad de ampliar el horizonte informativo de la prensa mexicana, ya que los corresponsales nacionales cubrían esencialmente notas referentes al país.

Era tal la hazaña de acudir a cubrir la guerra que, en la edición del 28 de septiembre de 1966 de El Sol de México, tras arribar a Vietnam, Benjamín Wong relató –rompiendo los códigos periodísticos de evitar escribir en primera persona– la travesía que tuvieron que vivir para llegar a Saigon, capital de Vietnam del Sur.  Además de mencionar las normas de seguridad y sanidad que tuvieron que pasar, narró las complicaciones inherentes del contexto bélico para trasladarse a un país situado en el sudeste asiático y las dificultades que afrontaron para permanecer ahí, pues México no tenía relaciones diplomáticas con Vietnam y era difícil que les otorgaron la visa. A decir del testimonio del propio Wong, cumplir tal misión periodística implicaba para los corresponsales emociones encontradas: júbilo y responsabilidad, pero también temor. Ciertamente, era un logro para ellos como periodistas mexicanos, pero al mismo tiempo, representaba el riesgo de perecer documentando el conflicto bélico.

Cubrir la Guerra de Vietnam, con la escalada de violencia constante, era riesgoso. El Sol de México daba la cifra de 1500 corresponsales que habían acudido a cubrir la guerra tan sólo en lo que iba de 1966 –después de que Estados Unidos entrara en la guerra–; sin embargo, desde que inició la guerra, en 1965, habían perecido ocho y varios más habían sido heridos. Los fotógrafos de guerra se juegan la vida, procurando capturar imágenes que documenten los diversos rostros de la violencia, para ofrecer a la opinión pública una condensación visual de lo que viven y enfrentan las personas en situación de guerra. Pero, además, y no menos relevante, deben tener la firmeza para capturar el dolor, el sufrimiento y la muerte, mientras ellos mismos se exponen al peligro de ser atacados. El propio Javier narró que llegó a sentir ese miedo agazapado en los parajes de los campos de arroz de Vietnam durante un enfrentamiento entre bandos enemigos. 

Una mirada propia

De septiembre a octubre de 1966, Vallejo envió a la dirección de El Sol las fotografías que recogían su mirada sobre la guerra. Bajo el título  “Corresponsal en Vietnam” aparecieron en el diario los reportes enviados por los periodistas. Vallejo fotografió, sobre todo, la vida cotidiana de la población local en medio de la guerra y las actividades del ejército survietnamita. Hizo registros aéreos de poblaciones para mostrar su constitución de forma panorámica y exponer los asentamientos y urbes destruidas por los ataques de aviones estadounidenses. Desde tierra, mostró, por ejemplo, los alambrados de púas colocados por aquel ejército para cercar y controlar los poblados. Dio cuenta de la provisión de alimentos, ropa y otros utensilios por los que acudían las personas en plazas locales. Registró la atención que brindaban los hospitales a los heridos, varios de ellos niños; y capturó rostros infantiles atónitos ante sus viviendas destruidas. 

Militarmente, las fotografías de Vallejo muestran ya no a las tropas estadounidenses, como lo hacían las fotografías de la agencia AP, sino a las tropas vietnamitas que defendían el régimen de Vietnam del Sur. Las imágenes capturaban el asedio que estas ejercían sobre la población civil en su búsqueda de combatientes del Vietcong, la guerrilla comunista local que operaba con el apoyo y abastecimiento de Vietnam del Norte. Sus pertrechos, barricadas y rondines. Es decir, configuró un lenguaje visual propio, alejado del discurso de las agencias, para narrar una parte de lo que vivía la población en su día a día durante el conflicto bélico. Capturó escenas de la guerra, pero no las ruinas, las degradaciones o las matanzas, sino la dignidad de los vietnamitas enfrentándola. Eso revela el interés que tuvo Vallejo por dotar a la fotografía de guerra de integridad, no cayendo en la nota roja para mostrar la sangre provocada por la vileza humana. Sabía que tenía que documentar la guerra y mostrarla a los lectores del periódico, pero su mensaje visual se abocó a evidenciar la entereza del pueblo vietnamita, su resistencia y dignidad antes que mostrar imágenes de destrucción y deshumanización de la guerra. Sí mostró la guerra como una noticia, pero no la sangre, las mutilaciones ni la miseria que buscaba la prensa sensacionalista, cuya máxima, como bien criticó Susan Sontag era “si hay sangre va a la cabeza”. La observación fotográfica de Vallejo sobre la Guerra de Vietnam fue para dotar de humanidad a un pueblo asediado. 

Ametrallada inocente, Javier Vallejo, 1966. Fotografía cortesía del fotorreportero.

En el contexto de la Guerra Fría, en que los bloques triunfantes de la Segunda Guerra Mundial –comunismo y capitalismo– se disputaban la hegemonía política, la guerra de Vietnam significaba un enfrentamiento con implicaciones estratégicas de suma importancia para la agenda mundial. Especialmente después de 1965, cuando Estados Unidos intervino directamente en la guerra para apoyar a Vietnam del Sur. Además de la presencia estadounidense, la gravedad de los enfrentamientos hizo que la atención internacional estuviera focalizada en ese suceso. Periodistas y fotógrafos tanto locales como extranjeros, enviados de diferentes partes del mundo, intensificaron sus coberturas sobre el desarrollo del conflicto. Fue la primera guerra transmitida en tiempo real por los medios de comunicación, y cada fotógrafo aportó su mirada para testimoniar lo que ahí ocurría.

Ser un representante de prensa cubriendo la Guerra de Vietnam implicó para Vallejo la creación de una mirada propia sobre el conflicto, ya no desde la óptica de las agencias internacionales. Se trataba ahora de la sensibilidad que ofrecía un fotógrafo de la prensa nacional como testigo directo de una guerra histórica. Vallejo mostró fotografías que revelaron la sobrevivencia y resistencia del pueblo vietnamita. A diferencia de la agencia AP, que mostraba fotos de las tropas estadounidenses en sus ofensivas contra el Vietcong, Vallejo registró la vida de los pobladores, en aldeas y ciudades, sus desafíos diarios para alimentarse y recibir atención médica, para trasladarse bajo la vigilancia militar o para permanecer en las poblaciones sitiadas. Él se sabía un testigo fotográfico de un acontecimiento de interés mundial, era un fotógrafo mexicano registrando la resistencia del pueblo vietnamita.

Para saber más 

Aparicio, Ana, “En busca de la vanguardia. El periodismo gráfico de Javier Vallejo en El Sol de México, 1952-1982”, en Cuartoscuro, número 172, marzo-mayo, 2022, p. 4-21. 

“Fotografiar la guerra de Vietnam sin censura”, en Acontece que no es poco con Nieves Concostrina,  podcast del programa La Ventana de la cadena española SER Radio.  Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=MfgP47GgoPE

“Historia de la fotografía en el fotoperiodismo de guerra: de Crimea a Vietnam”, en el canal de YouTube ¡Viva la Fotografía! de David García-Amaya. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=ptsTLfaeWWs

Sontag, Susan, Ante el dolor de los demás, México, Penguin Random House, 2024.

Imagen de portada: Trinchera capturada, Javier Vallejo, 1966. Fotografía cortesía del fotorreportero. 

Deja un comentario

Tendencias