Por Maai Ortíz
Hace 16 años conocí la Semana Cultural Lésbica Gay, dirigida por nuestra abuela, la Pepa Covarrubias, desde 1987 hasta su muerte, siempre en compañía del Círculo Cultural Gay. Después, Juan Carlos Bautista retomó el proyecto, pero fue Salvador Irys quien terminó encabezándolo hasta hoy, ahora bajo el nombre de Festival Internacional por la Diversidad Sexual (FIDS).
Desde sus inicios, este espacio cultural, artístico y político dio cabida a una poderosa muestra. No siempre alabada por su “perfecta y gran curaduría”, pero sí por su militancia y beligerancia en la lucha por los derechos sociales, políticos y culturales de nuestras colectividades. Casi siempre sin presupuesto –un tema escabroso hoy en día ante esta obsesión por gerenciar lo cultural, es decir, mercantilizarlo y capitalizarlo–. La Irys ha intentado mantener ese espíritu autónomo y autogestivo, no siempre comprendido.
El sostenimiento del ahora FIDS siempre ha sido un tema complejo. Sin embargo, las bases de su gestión se mantienen. Quienes colaboramos –en mi caso desde hace 15 años– sabemos que no hay salarios. Y no, no es por amor al arte: es por convicción política y resistencia, pero sobre todo por mantener viva la lucha en un terreno que no siempre resulta tan visible como otros activismos sexodisidentes, me refiero a las artes y la cultura.
En esta edición 39, en la que comparto la coordinación, decidimos invitar a un apreciable amigo: Carlos Segoviano, quien en los últimos años ha irrumpido con fuerza en la creación de exposiciones sobre temas sexodiversos.
¿Este es un lugar de ambiente?
Como cada año desde hace casi cuatro décadas, se propuso una exposición; en esta ocasión, dedicada a Juan Gabriel. El Museo del Chopo la recibió con entusiasmo y apoyo y, como cada año, tampoco faltaron las tensiones, las discusiones y los acuerdos.
Sin embargo, esta vez fue distinto.
Horas antes de la inauguración se nos notificó que la exposición se pospondría. Los anuncios fueron bajados de redes sociales, las luces apagadas y la música de Juanga no sonaría. Aún más triste: textos, núcleos e imágenes de archivo fueron mutilados.
Nuevamente, el área jurídica de la UNAM hizo de las suyas, sin previo aviso y a un día de inaugurar. Se intentó dialogar otra vez, pero la decisión parecía estar tomada.
Este momento enrarecido e incómodo me recordó una y otra vez dos antecedentes recientes en museos universitarios: la exposición de Fabián Cháirez, que tuvo que ser cerrada en San Carlos, y la exposición del MUAC que utilizó, sin “derechos ni autorización”, los testimonios de una mujer que fue trabajadora sexual en Casa Xochiquetzal.
Curiosamente –o quizá no tanto–, todas estas exposiciones estaban vinculadas con temas de género y diversidad: el gran talón de Aquiles de la Máxima Casa de Estudios.
Comes y te vas
La situación no se detuvo ahí.
Las redes sociales se inundaron de convocatorias para manifestarnos y exigir que se respetara el acuerdo anual de albergar la exposición. Artistas, academicxs y público en general llenaron las plataformas de cuestionamientos ante lo que parecía una cancelación del evento.
Como ya estamos acostumbradxs, la organización no se hizo esperar y, en cuestión de horas, todxs estábamos listxs para hacer acto de presencia y exigir la apertura de la muestra.
Las autoridades del museo decidieron retomar el tema y dar un viraje a su decisión. Media hora antes se determinó abrir la exposición que, como pocas veces, resultó sumamente mediática; obviamente por el personaje: un símbolo de la cultura nacional.
Lxs jotxs, desafortunadamente e históricamente, tenemos una larga tradición de cancelación y censura, sobre la cual he escrito desde hace varios años.
El cadenero
La exposición finalmente abrió.
Una especie de cadenero nos recibía en la sala de la Pepa –porque así la nombraron en el Museo del Chopo: Sala José María Covarrubias–, la misma Pepa que seguramente les hubiera apedreado el museo por hacer lo que hicieron.
En la entrada había mucha gente vestida de negro, como se convocó en redes sociales. No hubo las grandes filas que esperábamos, porque tampoco se anunció aquella repentina, polémica y politizada apertura.
La histórica y más condecorada Alberta Canada llegó empapelada y, como siempre, lista para el deschongue y para lanzar sus comentarios más mordaces y viperinos contra las instituciones. También llegaron muchas personas que, como dijo una alumna mía de la UACM, venían “a luchar por sus derechos culturales”. No recuerdo bien esa clase, pero creo que le enseñé bien.
Dentro de las salas se podía cortar el ambiente con un cuchillo. La hostilidad hacia quienes intentaban tomar fotografías y una especie de persecución por parte del grupo de custodios del museo no se hicieron esperar.
Por cierto: ese chisme de que supuestamente lxs artistas no querían que se tomaran fotos era más falso que un billete de cinco pesos. Aunque a Reforma y El Universal sí se les permitió hacerlo, claramente para evitar los periodicazos.
No hubo palabras de bienvenida por parte del museo. Quienes participamos en la organización tampoco hablamos. De hecho, el ambiente era tan incómodo que casi nadie se atrevía a hacerlo en un principio, después eso fue cambiando afortunadamente.
Se nos arrebató la voz en nuestro encuentro anual: ese espacio donde nos vemos lxs nuevxs y lxs conocidxs, las históricas y quienes van emergiendo. Nos silenciaron en nuestra propia inauguración.
No sé dónde quedó el “lugar de ambiente”, porque ahí no estaba.
A pesar de todo, el apoyo de “la comunidad” –sí, la comunidad, aunque sea imaginada y emergente– se sintió de manera impetuosa. Durante toda la inauguración y el after no dejamos de hablar de lo acontecido, porque nos quedamos con las ganas de “cantarles su precio”.
Nunca, en la historia reciente del FIDS, se había sentido una inauguración tan desangelada, como mencionó Carlos.
No conocí a la Juanga, como le decimos cariñosamente, pero tengo la certeza de que, si Juanga estuviera, con nosotrxs estuviera.









Esta fiesta no se acaba…
Quiero dejar algo muy claro: esta exposición, junto con nuestra marcha, no es un simple evento de temporada. Es la punta de lanza de nuestras luchas históricas como colectividades sexodisidentes.
El Chopo no es solo un contenedor de obras artísticas. Este espacio cultural fue un recinto disputado, tomado y defendido por nuestras ancestras de lucha desde hace 39 años.
La Semana Cultural y ahora el FIDS han sido el refugio donde, año con año, nos reunimos para vernos, abrazarnos y celebrarnos, pero sobre todo para recordarnos lo que fuimos y el lugar oscuro al que no vamos a regresar.
No vamos a regresar a las cancelaciones de último momento. Mucho menos a las censuras que históricamente nos persiguieron. No vamos a regresar a los estigmas que nos confinaron al clóset y al silencio.
Nuestras luchas siguen más vivas que nunca y no daremos ni un solo paso atrás en los derechos ganados.
Miremos a nuestro alrededor. Miremos lo que está pasando en el mundo. Si hoy bajamos la cabeza, si hoy dejamos que nos posterguen y nos invisibilicen, les estaremos regalando una victoria a esos grupos antiderechos y de ultraderecha que todos los días inundan las redes sociales con odio homolesbobitransfóbico.
Si les cedemos en las cosas pequeñas, también estamos cediendo los terrenos históricos conquistados. Y no lo vamos a permitir.
Estamos a solo unos días del llamado “Mes del Orgullo”. Gobiernos, empresas y otros intereses ya comenzaron a pintarse de arcoíris y el cis-tema se prepara nuevamente para vendernos la fiesta de nuestras identidades sexoafectivas.
Pero hoy les decimos:
No somos una mercancía.
Nuestra histórica lucha es una postura política y seguiremos defendiendo y exigiendo el respeto a los espacios ganados.
Pedimos a las autoridades de la UNAM que busquen una solución inmediata para que la exposición se difunda e inaugure de forma digna y respetuosa, y no únicamente por miedo a los medios de comunicación y al escándalo público.
La Máxima Casa de Estudios tiene que decidir si quiere ser un espacio de libertad o un cómplice del silencio.
A 10 años de la partida de nuestro querido Juan Gabriel, celebramos su legado y hacemos un llamado a las autoridades del Chopo para reconsiderar su papel histórico durante estos 39 años.
Además, recordamos que el FIDS sigue en pie y con todas sus actividades listas. Porque si nos cierran una puerta, les abrimos diez ventanas.
¡Nuestra memoria no se posterga!
¡Ni un paso atrás, ni un espacio menos!
Fotografías: cortesía de Carlos Rodríguez, Nelson Morales, Mar Coyol y Desastre MX.





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