Hagamos un recuento de cómo leemos: sentados en una biblioteca habitada de silencio, tal vez tomando el aire fresco en un parque iluminado por el sol, escuchando música mientras subrayamos fotocopias, o quizá en el hogar, junto al enchufe que da energía a la computadora repleta de libros en PDF, ampliando la pantalla del móvil antes de entrar a clase o tal vez reutilizando separadores para evitar el grafito en el papel. Estos son sólo algunos escenarios en los que se manifiestan las prácticas de lectura contemporáneas, que oscilan entre un modo de leer tradicional, regido por el sistema escolar, y un modo de leer que, recientemente, se ha denominado como fragmentado, debido a su relación con la mediación digital.
Las experiencias, prácticas y discursos de los lectores distan de igualarse a las apreciaciones oficiales en encuestas y estadísticas estatales, puesto que estas conciben meramente el perfil de un lector que se desenvuelve en espacios específicos de lectura, con un modo de leer en particular. Por ejemplo, uno de los lugares tradicionales son las bibliotecas, en cuanto que implican la lectura bajo normas que suponen un comportamiento en silencio y solitario. No obstante, existe una amplia gama de espacios fuera del ámbito escolarizado que promueven la lectura desde otros objetivos, guiados por una concepción lúdica y gozosa; habría entonces que visibilizar la iniciativa de programas públicos, privados o mixtos que proponen otros modos de leer, que se alejan del contexto rígido escolarizado, aproximándose, más bien, al ámbito cotidiano, es decir, resignificando la lectura como un acto social, dirigiéndose hacia la experiencia vivencial ubicada en lugares “poco comunes”.
Por ahora, se me ocurre mencionar sólo algunos proyectos alternativos y espacios autogestionados, cuyas propuestas enmarcan diversas estrategias y herramientas. Entre ellos se halla La Chispa Taller-Biblioteca, ubicada en Toluca, cuya labor enlaza la lectura colectiva de cuentos impresos o en PDF con la creación de un grabado que transforma el acto de leer en lenguaje gráfico. En cuanto a la adquisición de material impreso, existen numerosos grupos en Facebook, como Morras que compran y venden libros –conformado únicamente por mujeres–, en los cuales es posible la compraventa y subasta de libros, demostrando cómo una red social puede, en efecto, ser una herramienta de sociabilidad, pero también de comercialización, en un proceso de intercambio que se completará en el centro de la Ciudad de México, por resultarnos el núcleo aglutinador de bienes culturales. Por otro lado, enfocada en el fomento de la lectura, existe una asociación civil de lectoras llamada Librosb4tipos, cuyo comienzo fue un club de lectura digital que buscaba difundir obras escritas por mujeres y que actualmente promueve la pluma femenina a través de sus talleres y actividades.
Explorar este crisol de experiencias nos traza el camino para entender la lectura en su carácter multidimensional, el cual no sólo atiende a los libros impresos, pues, en el contexto de la diversificación tecnológica, se accede a nuevas presentaciones de información inmersas en sus propias problemáticas. Aunque el uso del internet y de novedosos dispositivos ha posibilitado tanto la expansión como la distribución del conocimiento, todavía hoy no es accesible para todos. Por esta razón, esta breve aproximación al bagaje experiencial nos permite destacar que el interés por la lectura no sólo se ubica en la escuela, dado que la familia y otras estructuras sociales –culturales, económicas, mediáticas– también condicionan la formación de lectores. Es así como pensamos a la lectura como un instrumento cotidiano que nos auxilia a la hora de relacionarnos, constituyendo una actividad de expresión, defensa e integración social. Por ende, cabría preguntarnos: ¿Qué pasa cuando la lectura se fetichiza? ¿A quién excluye? ¿A quién cultiva?
Actualmente un lector no se define únicamente por los minutos ni por la cantidad de libros que lee, sino por la conjunción de prácticas tradicionales con una lógica de organización de información adquirida en la red. Así es que la forma canónica de la lectura convive con un pensamiento disperso emanado de cartografías digitales: se sigue apreciando al libro como objeto, que bien puede ser intervenido como herramienta o respetado como un bien cultural sacro, mientras que se incorpora la lectura más corta desde el celular o la computadora. Esta disrupción del modelo clásico genera también una continuidad entre el papel y la pantalla, produciendo el ecosistema necesario para la génesis de prácticas de lectura fragmentadas o expandidas de las cuales somos conscientes solamente en ciertos momentos de la vida cotidiana. La conectividad, mediada tecnológicamente, está profundamente arraigada a nuestro mundo, de ahí que sea plausible pensar que, de hecho, todos leemos.
Leemos material impreso, prestado o comprado, incluso en fotocopias. Los lectores deslizan las yemas de los dedos en el papel, lo subrayan, lo doblan, lo intervienen, porque la relación orgánica entre ellos y el soporte les permite cierto tipo de concentración, asignada por la lectura canónica, siempre lineal, académica. En contraste, el internet y las redes sociales han enmarcado un proceso de creatividad que culmina en el texto electrónico –denominado hipertexto–: un conjunto de íconos, pestañas, menús, caracteres y diversos soportes que van de lo escrito a lo audiovisual. Hasta los populares PDF, el material de lectura por excelencia que se moviliza en las pupilas acostumbradas al brillo de la pantalla, se vuelven un componente que moldea no sólo nuestras prácticas lectoras, sino también de escritura. Por ejemplo, al mismo tiempo que escribimos un ensayo a partir de la información recabada en papel o en internet, somos capaces de leer publicaciones en Facebook y en X, mensajes en WhatsApp, pies de fotografías en Instagram, blogs, periódicos digitales, reseñas, artículos y anuncios publicitarios.
Con todo, la reflexión no puede estar completa sin la vinculación del lector con el mundo de la comercialización del material de lectura, que comprende tanto al mercado editorial hegemónico como al diverso y vasto mercado alternativo. Debemos hacer visible la presencia de las librerías en el fomento de la lectura y en la configuración de los lectores, no sólo desde una visión tradicional, de consumo elitista, sino desde el reconocimiento de todos los agentes que operan en ellas, los cuales posibilitan su existencia como espacios de circulación de formatos digitales, de nuevos soportes retractilados o de aquellos libros usados.
Resulta infructuoso diseñar campañas de fomento de la lectura si no se conoce al público al que van dirigidas, por lo que se debe mantener presente la eterna interrogante acerca de cuáles son los hábitos de lectura generacionales de los lectores en nuestro país. La reinvención de las prácticas de lectura forma parte de un proceso histórico que no puede ser ignorado, puesto que la lógica dominante de los espacios académicos necesita entenderse como una forma de ser y de leer que convive (o negocia) con los espacios digitales, con tiempos más ágiles, pero también suspendidos.
Por supuesto, la propuesta no es abandonar lo convencional, sino lograr incorporar otros comportamientos de lectura que se escapan de la norma. De hecho, nada más recordemos la crisis que generó la pandemia, cuando la industria editorial y las bibliotecas, espacios de consulta por antonomasia, requirieron de los medios digitales, empleándolos como herramientas de circulación de lo impreso y para estimular la difusión de lo, en ese momento, intangible. Pero algo así sólo se consigue conociendo al lector, pues este define la interacción oferta-demanda en una macrolibrería, en una librería de viejo, en un puesto ambulante o incluso en redes sociales.
¿Tú ya sabes qué tipo de lector eres?
Para saber más
García Canclini, Néstor y otros, Hacia una antropología de los lectores, México, Ariel, Universidad Autónoma Metropolitana, Fundación Telefónica, 2015.
Proyecto colectivo de fomento del libro y la lectura: El Ecosistema del Libro en el Estado de México. Hacia un Observatorio de la Lectura, 2023. Disponible en: https://www.lecturaedomex.mx/.
Imagen de portada: La lectura en el papel y la pantalla conviven en la Biblioteca de México, febrero de 2023. Fotografía: Huitzilihuitl Pallares Gutiérrez.






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