Tras una encerrona de más de 30 horas, la Junta de Gobierno de la UNAM nombró, el pasado 9 de noviembre, a Leonardo Lomelí Vanegas rector para el periodo 2023-2027. Economista e historiador, Lomelí fungía como secretario general de la universidad y años antes dirigió la Facultad de Economía. En su plan de trabajo apuntó que una de sus principales tareas sería reforzar la toma de decisiones a través de cuerpos colegiados, que son la forma en que los universitarios ejercen la democracia en una institución académica. En su primer mensaje, luego de conocerse la decisión de la Junta, prometió conservar aquello que forma parte sustancial de la universidad, dar continuidad a algunos proyectos e identificar cambios y procesarlos sin estridencias. ☞ De los 10 finalistas que aspiraron a dirigir la máxima casa de estudios sólo tres fueron mujeres: Laura Susana Acosta Torres, Patricia Dolores Dávila Aranda y Guadalupe Valencia García. Cabe subrayarlo porque la paridad de género además de ser un principio constitucional es un indicador de la vida democrática en nuestro país. ☞ Ha sido larga la lucha de las mujeres por lograr igualdad política, por acceder a puestos de poder y toma de decisiones en igualdad de condiciones que los hombres, pero la UNAM parece olvidarlo. Se cumplieron 70 años del reconocimiento del sufragio femenino en México y no hubo evento académico o conmemorativo de importancia, sólo apareció una breve nota publicada en la Gaceta UNAM el 16 de octubre pasado. No es de sorprender, entonces, la falta de paridad de género en el proceso de nombramiento del nuevo rector. ☞ La democracia brilla por su ausencia en la universidad. Sólo 15 personas que conforman la Junta de Gobierno (de una comunidad de más 400 mil estudiantes, docentes y trabajadores) fueron las encargadas de elegir al nuevo rector. Aunque la Junta presumió haber recibido casi 36 mil opiniones de la comunidad –además de realizar visitas presenciales a los diferentes campus y reuniones virtuales–, resulta difícil creer que es posible procesar toda esa información en poco más de dos meses. ☞ Ante el sistema antidemocrático, los universitarios demandaron a la Junta transparentar el proceso de elección mediante la transmisión de sus sesiones, la catalogación adecuada y acceso abierto a todos los documentos recibidos y la publicación de los resultados de las diversas rondas de votación. Otra parte de la comunidad pugnó por democratizar la universidad y organizó una consulta para saber si los universitarios estaban de acuerdo con esa demanda y preguntar quién debía estar al frente de la máxima casa de estudios. La universidad pronto cerró las puertas a cualquier debate y expresión crítica, y respondió tajante: “La UNAM no ha convocado a consulta alguna relacionada con el proceso de sucesión de la Rectoría”. A pesar de eso, eminentes académicos calificaron el proceso como “sobresaliente”, pues, según dijeron, el diálogo y el alto grado de participación universitaria fue sin precedentes y de alta calidad. ☞ Humberto Mussachio recuerda una imagen elocuente de la antidemocracia unamita. En su libro La Universidad de México (FCE, 2022) escribe que, en 1973, ante la huelga de los trabajadores de la UNAM, el presidente de la Junta de Gobierno tuvo que investir en el estacionamiento de la Facultad de Medicina, junto a botes de basura, al flamante doctor Guillermo Soberón como rector. Años antes, fue elegido el único rector por un grupo de estudiantes en la historia de la Universidad Nacional. En 1948, Antonio Díaz Soto y Gama, otrora teórico del zapatismo y para entonces inmerso en un “conservadurismo místico”, tomó posesión en las oficinas de la calle Justo Sierra en el centro de la ciudad. ☞ Vale en este punto recordar al filósofo de la liberación, Enrique Dussel (1934-2023), que ante un conflicto en la UACM también fue elegido por un grupo estudiantil para encabezar la institución. Contados son los casos donde los universitarios verdaderamente han podido elegir libre y democráticamente a sus autoridades. ☞ Mussachio concluye su libro argumentando que el “crisol de ideologías y clases sociales” de la universidad “expresa en forma elocuente su carácter democrático y su igualitarismo”. Eso, en mi opinión, sólo es muestra de la diversidad de la comunidad universitaria. Lejos está la máxima casa de estudios de tener un carácter democrático e igualitario. ¿O cómo explicar que sólo cerca del 10 % de jóvenes que aspiran a ingresar a la UNAM logran obtener un lugar?, ¿cómo explicar que los profesores de asignatura tengan un salario paupérrimo ($465.82 hora, semana, mes) mientras que uno titular puede obtener más de 35 mil pesos al mes?, ¿cómo explicar que los comités académicos de las licenciaturas –de los pocos órganos que son elegidos democráticamente en la Facultad de Filosofía y Letras– sólo sean consultivos y no tengan capacidad de toma de decisiones? ☞ Democratizar la universidad es una aspiración estudiantil que se expresó claramente en los movimientos de 1966, 1986 y 1999. Sin duda, la UNAM necesita un cambio profundo, sólo así podrá ajustar la cuenta pendiente que tiene con la sociedad mexicana. ☞ Hasta aquí el fichero de esta edición; nos leemos en el próximo número de La Bola, la revista de divulgación.

Fotografía: Cuartoscuro, septiembre de 2018. Imagen tomada de: https://www.reporteindigo.com/reporte/todas-las-facultades-de-la-unam-entran-en-paro-escuelas-paran-labores/.

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