Arte y revolución

Graciela Amador Sandoval nació en la ciudad de Zacatecas el 5 de abril de 1898. Sus padres desde pequeña la llamaron cariñosamente Gachita. Hija de Josefa Sandoval y del notable historiador liberal Elías Amador Garay, cuya obra Bosquejo Histórico de Zacatecas fue muy reconocida y valorada en su tiempo.

En el hogar de los Amador Sandoval, su numerosa prole recibió enseñanzas alejadas de la religión católica, pues esta familia se nutría de la doctrina evangélica. Estas creencias con seguridad influyeron en don Elías Amador para dirigir el hospicio de la capital zacatecana. La niñez desvalida, como una injusticia más durante la larga dictadura porfiriana, fue una primera estampa de la desigualdad social que Graciela reconoció como uno de los detonadores de la revolución en Zacatecas. 

En las postrimerías del porfiriato, la familia Amador Sandoval se trasladó a la villa de Aguascalientes debido a la persecución de la que fue objeto don Elías por parte de agentes porfiristas. En Aguascalientes, los padres de Graciela la inclinaron por los estudios musicales. Aprendió a tocar el piano y tomó lecciones de composición con el célebre maestro Manuel M. Ponce. Graciela testimonió: “el maestro Ponce me corregía la posición de los dedos sobre el marfil de las teclas durante las largas clases estivales”.

De igual manera, los progenitores de Graciela la indujeron al estudio de los idiomas: inglés y francés. Este interés por la educación de su hija refleja el contexto de la época, cuyas familias pudientes permitían y alentaban la dedicación de sus hijas a actividades artísticas y magisteriales.

Con el llamado a las armas proclamado por Francisco I. Madero, en noviembre de 1910, en contra del régimen porfirista, Elías Amador se afilió a la revolución. En medio de la conmoción revolucionaria, los padres de Gachita la enviaron a California, Estados Unidos, donde residió “dos años, durante los días más crueles de la revolución, y a donde mis padres me mandaron para librarme de las primeras balaceras”.

En 1911, don Elías ocupó una curul como diputado federal del nuevo régimen maderista. Por su parte, su hija Graciela, siendo ya una joven, se asumía como “una burguesita mimada y comodina”. Aunque se veía a sí misma como “fina y delicada, hablaba quedo, era tímida”. A fines de 1917, don Elías falleció y José Alfaro Siqueiros se presentó el 6 de enero de 1918 a dar sus condolencias a Octavio, hermano de Graciela. Alfaro y Octavio habían combatido en las filas carrancistas a las órdenes de Manuel M. Diéguez y Álvaro Obregón. A partir de esos momentos fúnebres, nació el noviazgo de Gachita con Alfarito, como se le conocía al joven amigo de su hermano Octavio.

Las familias se opusieron a su relación, pero Graciela y José Alfaro se unieron en matrimonio civil el 5 de agosto de 1918. Gachita se empeñó en transformar la personalidad de su marido y logró imponerle un nuevo nombre: David, en alusión al David de Miguel Ángel. Después de su casamiento, David Alfaro Siqueiros fue nombrado Secretario de la Legación mexicana en París en 1919. Pero de última hora, ya estando en Nueva York, la pareja recibió una contraorden para presentarse en Barcelona.

Retrato de Graciela Amador, Nueva York, 1919. Colección: Fondo documental Graciela Amador Sandoval, acervo particular de Ana Piñó Sandoval, actualmente custodiado por El Colegio de Michoacán.

En la tierra de Cataluña, Amador continuamente posó para el pintor. En sus memorias menciona que procuraban cultivarse con la pintura de Siqueiros y con música de su autoría. Aunque también Graciela hizo alusión a los celos de Siqueiros que le impedían llevar una vida social más explayada. Posteriormente, el gobierno mexicano envió la orden a Siqueiros de salir de España y trasladarse a París, en donde se encontraron con Diego Rivera y a su entonces esposa, la pintora rusa Angelina Beloff.

También la pareja tuvo oportunidad de visitar Italia, junto con otro joven pintor, Amado de la Cueva. En la ciudad de Venecia, Gachita conoció a su admirada escritora sueca, Selma Lagerlöf, su encuentro con la famosa escritora escandinava de los cuentos para niños, de nieves y gansos, fue extraordinaria. Su obra literaria influyó en Amador. Y en Roma, Alfaro Siqueiros encontró la invitación de José Vasconcelos, el flamante primer secretario de Educación Pública, para que se integrara al equipo de pintores que cubrirían las paredes del nuevo edificio de la Secretaría y los muros de la Escuela Nacional Preparatoria, en el antiguo Colegio de San Ildefonso. De inmediato, la pareja regresó a México.

Muy pronto, Graciela se desilusionó con su nueva vida. Su esposo no le permitía salir a la calle. Los celos y el machismo de Siqueiros se impusieron. Aunque un incidente la sacaría de su enclaustramiento. Durante un paseo navideño, Gachita y su marido recorrieron los puestos del pequeño comercio de la Alameda Central de la ciudad de México y ella absorbió los jugos de la tierra mexicana: “¡Jamás lo olvidaré!”, y agrega: “pude darme cuenta de la inventiva del genio plástico de nuestra raza, predominando el sabor aborigen en juguetes, piñatas y golosinas”. 

Esta experiencia vital fortificó decididamente su espíritu artístico. Además, la pareja regresó a su casa llevando una piñata. Siqueiros consintió realizar una posada con las amistades que él frecuentaba. En medio de la posada, Gachita conoció a la intelectualidad artística citadina y a un trío de fervientes pintores comunistas: Xavier Guerrero, Roberto Reyes Pérez y Máximo Pacheco. A partir de esa reunión con lo más granado del arte revolucionario, Siqueiros fue aflojando las cadenas de la clausura y Gachita se sumergió en el mundo artístico, pero también definió su militancia por la revolución mundial. 

Esas revelaciones en su existencia fueron compartidas con el pequeño Jorge Piñó Sandoval, hijo de su tía Anita, hermana de su madre y fallecida repentinamente. Jorgito, siendo su primo, acabó viviendo con la pareja como si fuese su propio hijo.

El conjunto de jóvenes artistas plásticos fundó el Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores, Escultores y Grabadores Revolucionarios en diciembre de 1922 y, a partir de 1923, la cúpula del Sindicato se incorporó al Partido Comunista Mexicano, fundado en noviembre de 1919 y adherido como Sección Mexicana de la Tercera Internacional Comunista.

En 1924, Gachita, siguiendo las ideas de Siqueiros, ingresó al Partido Comunista. Con los ahorros realizados con las percepciones obtenidas por Siqueiros como pintor en el Colegio de San Ildefonso, crearon El Machete, órgano de propaganda del Sindicato. La leyenda metafórica que encabezó el periódico fue ideada por Amador: “El machete sirve para cortar la caña, para abrir las veredas de los bosques umbríos, decapitar culebras, tronchar toda cizaña y humillar la soberbia de los ricos impíos”.

Entre 1925 y 1927, de acuerdo con las líneas estratégicas del Partido Comunista, Siqueiros y otros de sus camaradas constituyeron sindicatos en las minas jaliscienses y fundaron la Confederación Obrera de Jalisco mediante una experiencia de acción colectiva trepidante. Por su parte, Graciela hizo una labor de concientización social y cultural entre las mujeres de los obreros mineros para formar cuadros adherentes para el Partido Comunista. Su iniciativa la llevó a crear centros revolucionarios femeniles para incentivar su espíritu de lucha.

La Asamblea General de la Confederación Obrera de Jalisco eligió a Amador y a Siqueiros como sus delegados ante el IV Congreso de la Internacional Sindical Roja, realizado en Moscú entre marzo y abril de 1928. En su estadía, Graciela tuvo el privilegio de dialogar con Clara Zetkin, la lideresa feminista. Además, se identificó con las ideas de Nadezhda Krupskaya en pro de las mujeres, la infancia y la juventud. El diálogo sostenido con Anatoli Lunacharsky, el Comisario del Pueblo para la Educación, incubaría el proyecto pedagógico de Graciela en su regreso a México. 

En las páginas de El Machete, Graciela desplegó su genio literario. Su dura experiencia en las minas de Jalisco la tradujo en narraciones testimoniales que pretendió publicar con el título Las Montañas de la Muerte, aunque nunca se hizo la edición de la obra. Escribió narraciones alusivas a la lucha social y cuentos con moralejas sociales recordando su estancia militante en la Unión Soviética. También compuso corridos con mensajes sociales y remembranzas históricas. 

En 1928 Graciela proyectó La Casa del Niño Luchador para la atención de la niñez proletaria que no tenía acceso a educación, vivienda y salud, y como un hogar de refugio para los vástagos de los luchadores caídos o encarcelados. Sus trabajos quedaron inconclusos debido a la ola represiva y anticomunista del periodo del Maximato. Los cuadros comunistas fueron encarcelados de forma masiva. La imprenta de El Machete fue destruida y su edición pasó a la clandestinidad.

Después de su separación y divorcio de Siqueiros en 1929, Gachita inició una nueva etapa en su vida dedicada a las artes y a la promoción de la cultura. Realizó recopilaciones en el campo de la música mexicana y el folklore en la tesitura nacionalista de Vicente T. Mendoza. También dirigió coros de niños y de universitarios e impartió docencia musical.

Graciela Amador con una marioneta para su teatro guiñol. Fotografía tomada de Revista de Revistas, 17 de octubre de 1954. Colección: Hemeroteca Miguel Lerdo de Tejada, Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Destacó la inserción de Graciela en la vanguardia del teatro guiñol infantil promovido por la SEP a partir de 1933. Escribió las obras y el acompañamiento musical, pintó escenografías y diseñó los títeres junto con un núcleo entusiasta de escritores, escultores, pintores y escenógrafos (Roberto Lago, Germán List Arzubide, Angelina Beloff, Leopoldo Méndez, Ramón Alva de la Canal, Germán y Lola Cueto), que escenificaron las piezas teatrales para la niñez de las escuelas y los barrios de la ciudad de México y de otros puntos de la república mexicana. Su grupo teatral se denominó Periquito o Periquillo.

Graciela, además, contribuyó en 1943 con su Teatro de Muñecos, basado también en obras de teatro guiñol, a la Campaña Nacional de Alfabetización impulsada por Jaime Torres Bodet, secretario de Educación Pública. De igual manera, incursionó en la dramaturgia mexicana para adultos con su Teatro del Cuento, realizando adaptaciones de obras de reconocidos autores.

Con la llegada de la televisión comercial, Graciela impulsó los teleteatros con su nuevo grupo, el Teatro Cucurucho, y puso en escena obras transmitidas en Televicentro en los años cincuenta. Ella misma se integró al elenco en sus escenificaciones. Asimismo, Graciela exploró otras vetas en el campo cultural y artístico. Fue argumentista y guionista de obras cinematográficas. Tuvo a su cargo un programa de música mexicana en la Radio de la SEP y realizó teatro infantil mediante programas radiofónicos, teniendo a su cargo la dirección, los libretos, las adaptaciones, los fondos musicales y la actuación.

Sus aportes en el campo de la cultura son parte del legado de las vanguardias culturales y artísticas de la posrevolución mexicana. La mayor parte de su obra literaria y musical permanece inédita: relatos breves, cuentos, ensayos, narraciones autobiográficas, pensamientos personales, poesía, farsas, fábulas, producción teatral, comedias, novelas, pastorelas, artículos de divulgación y piezas musicales. 

Graciela, además, fue una entusiasta de la promoción de la cultura en sus diferentes vertientes. Destaca su proyecto denominado Centro Artes de México de 1937, que desafortunadamente no logró su integración, a pesar de sus objetivos innovadores para el fortalecimiento de la cultura mexicana.

Graciela Amador Sandoval murió en la ciudad de México el 5 de octubre de 1961. Una vida vivida al servicio del ímpetu revolucionario, enhebrada con su fehaciente decisión por el arte y la creación artística. 

Gachita, una siempreviva en el océano prodigioso de la eternidad.

Amador, Graciela. «Mi vida con Siqueiros. Graciela Amador narra su vida con el pintor. La historia de un amor vivido con intensidad (Cuatro partes)», Hoy, números 575-578, febrero-marzo de 1948. Los artículos están disponibles en el Centro Internacional de las Artes de las Américas: https://icaa.mfah.org/s/es/page/home

Cueva Tazzer, Ma. de Lourdes, “Filias y rupturas de una comunista. Las Memorias de Graciela Amador en el PCM, 1924-1940”, Tesis Psicológica, volumen 12, número 2, 2017, p. 12-31.

Una respuesta a «Graciela Amador (1898-1961)»

  1. Avatar de Arnulfo Uriel de Santiago Gómez
    Arnulfo Uriel de Santiago Gómez

    Aprecio la interesante información sobre esta autora: hace falta una historia de las políticas para nuestras infancias, una de ellas viva aquí en el teatro guiñol, en el teatro televisivo… seguimos dando vueltas a una historia incompleta de la LIJ en México.

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