Los pueblos sometidos
junio 22, 2021 La Bola

Los pueblos sometidos ¿Aliados de Cortés o enemigos de Tenochtitlan?

Por Andrés Enrique Centeno Vargas

 

Los pueblos sometidos por Tenochtitlan mediante la guerra y el pago de tributo fueron los candidatos perfectos para rebelarse y unirse a una causa que buscaba el derrocamiento del poderío tenochca. En este artículo, el autor nos relata quiénes eran estos pueblos y cuáles fueron sus razones para aliarse a los hispanos en 1519.

En este año se conmemorará el quinto centenario de la caída de Tenochtitlan, pues según algunos cronistas, como el memorioso Bernal Díaz del Castillo, los últimos defensores de la gran ciudad mexica se rindieron en agosto de 1521. Este aniversario es un excelente motivo para hablar y reflexionar, esperemos que no por última vez, sobre la llamada conquista de México, tema polémico para algunos, visceral para otros y del que existen explicaciones que, evidentemente, todavía no satisfacen la conciencia histórica de buena parte de la sociedad mexicana.

Desde hace ya más de diez años, algunos historiadores han estudiado el tema de la conquista desde perspectivas que discrepan de aquellas ideas que elevan a Hernán Cortés como autor indiscutible de la derrota del «imperio mexica». En ese espíritu crítico, la comunidad académica se ha dado a la tarea de replantear la importancia que tuvieron los indígenas no solo en la caída de Tenochtitlan, sino en todo el proceso de conquista; de ahí que incluso haya surgido el término «indios conquistadores».

La Conquista de México por Cortés, s. XVII. Imagen disponible en: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:The_Conquest_of_Tenochtitlan.jpg

Los aliados indígenas de Cortés no actuaron como meros auxiliares, sino que fueron guerreros, estrategas y generales; en pocas palabras, constituyeron la columna vertebral de aquel inmenso ejército combinado que lograría doblegar a la poderosa ciudad de Tenochtitlan. ¿Quiénes eran estos hombres, cuáles eran sus motivos para aliarse con los hispanos? ¿qué los llevó a enfrentarse a Tenochitlan, ciudad que, posiblemente, los habría derrotado en otras circunstancias?

Diego Durán, Cortés sale de Cempoala. Imagen disponible en: https://www.noticonquista.unam.mx/portada/semanal/1496

Como quizá supondrá el lector, los pueblos sometidos a Tenochtitlan, es decir, aquellos que mediante la guerra o la intimidación estaban obligados a pagarle tributo, eran los candidatos perfectos para rebelarse y unirse a una causa que buscara el derrocamiento del poderío tenochca. En primer lugar, habrá que decir que los grupos indígenas que se unieron a Cortés eran muy diversos en cuanto su cultura, su ubicación, su capacidad militar y su relación previa con los mexicas: entre estos había enemigos jurados, tributarios resentidos e incluso antiguos aliados.

Describir la situación de todos los pueblos sujetos a Tenochtitlan, sus enemigos y aliados inconformes, sobrepasaría los límites de este texto. Sin embargo, con el fin de dar una visión global, abordaremos tres casos muy significativos: Cempoala, Tlaxcala y Tetzoco.

Cempoala: Las amargas quejas de un pueblo sometido

En 1519, Cempoala era gobernada por un personaje muy peculiar, famoso en las crónicas hispanas por sus asombrosas dimensiones corporales: Chicomácatl, mejor conocido como el “Cacique Gordo”. La obesidad de Chicomácatl fue narrada por los españoles como un dato jocoso, sin embargo, su apariencia y la irreverencia de los textos hispanos no debe distraernos de otro rasgo: su sagacidad.

Conquista de México por Hernán Cortés (7 y 8), Juan González y Miguel González, 1698. Colección Museo del Prado. Imagen disponible en: https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/conquista-de-mexico-por-hernan-cortes-7-y-8/ae6cf3a6-c86b-42a2-9d9f-1e504ec6c413

En mayo de 1519, el señor de Cempoala envió mensajeros para contactarse con Cortés, quien estaba asentado en los inhóspitos arenales de Chalchihuecan (actual Veracruz); los enviados dieron la bienvenida a los extranjeros y los invitaron a su ciudad. Posteriormente, en junio del mismo año, la compañía cortesiana fue guiada a Cempoala mientras marchaba en busca de un mejor lugar para asentarse. Tras atender a sus huéspedes, el señor cempoalteca se entrevistó con Cortés y le expresó, entre lágrimas y suspiros, la larga lista de agravios que sufría por parte de Motecuhzoma Xocoyotzin (señor de Tenochtitlan entre 1503 y 1520); el capitán, vislumbrando una oportunidad, no tardó en ofrecer su ayuda, forjando así su primera alianza formal.

La contribución de Cempoala a las fuerzas de Cortés fue modesta, pues el “Cacique Gordo” solo ofreció 400 tameme (cargadores) y un pequeño núcleo de guerreros de élite. Sin embargo, el verdadero aporte de Chicomácatl fue algo que hoy llamaríamos “inteligencia militar” y “apoyo logístico”: los cempoaltecas pusieron la mano de obra necesaria para construir la Villa Rica de la Vera Cruz y se comprometieron a abastecerla, mediaron para que Cortés concertara alianzas con otros pueblos de la región, los cargadores facilitaron el transporte de provisiones y los guerreros sirvieron como guías y militares experimentados. Finalmente, el “Cacique Gordo” informó a Cortés sobre los pormenores de las alianzas y enemistades de Tenochtitlan e incluso fue el primero que propuso la alianza con Tlaxcala.

Para entender la postura de Chicomácatl debemos comprender la relación entre Cempoala y Tenochtitlan. En 1475 el tlahtoani Axayácatl invitó a Tlehuitzilin, señor cempoalteca de aquel entonces, a los cruentos festejos de Tlacaxipehualiztli (desolladura de hombres en honor a Xipe Tótec). Esta fue una estrategia ideada por Tlacaélel, quien ocupaba el cargo de cihuacóatl (principal consejero y mano derecha del gobernante mexica), para probar si Cempoala reconocía la autoridad de Tenochtitlan sin la necesidad de una intervención militar. Tlehuitzilin aceptó la invitación, entregó obsequios a los mensajeros que lo contactaron y fue intimidado exitosamente. La complacencia del señor cempoalteca significó, de facto, que se sometía a Tenochtitlan y aceptaba pagar tributo.

Yacimiento arqueológico de Cempoala, Veracruz. Imagen disponible en: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Zempoala-06.jpg

En 1519, Cempoala llevaba ya más de 30 años tributando a Tenochtitlan, sin embargo, en esta fecha se presentaron dos situaciones que motivaron a Chicomácatl para rebelarse: la dureza de Motecuhzoma con los pueblos sometidos, pues procuró la concentración del poder en su persona y aumentó las cargas tributarias, generando descontento; y la presencia disruptiva de los hispanos, una fuerza militar que, hasta ese momento, no era parte de las alianzas indígenas y que bien podía ser utilizada en contra de los mexicas Así pues, 1519 ofreció al “Cacique Gordo” la coyuntura ideal para mitigar el desmedido crecimiento del poderío tenochca; las consecuencias finales quizá no las imaginaba y ciertamente no las presenció, pues todo parece indicar que el señor de Cempoala murió poco después de 1520, tras los primeros brotes de viruela en su ciudad.

Tlaxcala: los enemigos de siempre

Tlaxcala era en realidad el conjunto de cuatro ciudades aliadas (Tepeticpac, Tizatlán, Ocotelulco y Quiahuiztlán) independientes entre sí, pero con la facultad de reunirse en consejo para tratar temas de gran relevancia como, por ejemplo, la defensa de su territorio ante el ataque de un enemigo poderoso.

En el siglo XV, Tlaxcala escapó a las ambiciones expansionistas de la Excan Tlatoloyan, mejor conocida como la Triple Alianza conformaba por Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan; durante ese tiempo, la rivalidad entre tenochcas y tlaxcaltecas se hizo especialmente famosa y ambos grupos acumularon una larga historia de agresiones directas e indirectas, sin que ningún bando obtuviera una victoria definitiva.

Detalle del Códice Osuna, s. XVI. Imagen tomda de Wikimedia Commons: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Codex_Osuna_Triple_Alliance.JPG

Para el siglo XVI, las cabeceras tlaxcaltecas permanecían inexpugnables gracias a la habilidad de sus guerreros, la geografía de su territorio y el apoyo de algunos grupos aliados; sin embargo, estas habían perdido a la mayoría de sus pueblos tributarios y eran objeto de un bloqueo comercial que privaba a sus habitantes de algunos productos especialmente apreciados, como la sal. Por si esto fuera poco, los relatos históricos muestran indicios de que Motecuhzoma Xocoyotzin intensificó los ataques de la Excan Tlatoloyan hacia Tlaxcala; aunque los resultados fueron variados, el recrudecimiento del conflicto fue una posible señal de una renovada voluntad tenochca cuyo objetivo era derrotar de forma definitiva a sus viejos rivales.

En 1519, la situación de los tlaxcaltecas era un tanto desesperada y la llegada de Hernán Cortés no hizo sino ponerlos en una encrucijada verdaderamente engorrosa: Tlaxcala se enorgullecía de la exitosa defensa de su autonomía, por lo que someterse a un señor extraño, como lo era el monarca hispano, atentaba contra esta larga tradición; por otra parte, los señores de las cuatro cabeceras (sobre todo Xicoténcatl el Viejo de Tizatlán y Maxixcatzin de Ocotelulco)  quizá consideraron inviable la ardua tarea de resistir simultáneamente a Motecuhzoma y a Cortés, quien, además, ya contaba con el apoyo de Cempoala.

Al principio, Tlaxcala combatió a los españoles, no obstante, estos demostraron ser un enemigo capaz. Los tlaxcaltecas modificaron rápidamente su estrategia y ofrecieron a Cortés una alianza cuyo objetivo específico era enfrentarse al poderío de Tenochtitlan; este fue el origen de una de las uniones más fructíferas, sobre todo para los hispanos.

En junio de 1520, las fuerzas de Cortés fueron violentamente expulsadas de Tenochtitlan y, tras resistir otro ataque en Otumba, se retiraron hacia Tlaxcala. Los españoles temieron que sus aliados aprovecharan su debilidad para exterminarlos, sin embargo, los tlaxcaltecas refrendaron su amistad y contribuyeron con miles de guerreros y materiales que fueron fundamentales en el cerco y ataque final a la gran ciudad tenochca.

Mandato real de la fundación de la ciudad de Tlaxcala, s. XVI. Colección Biblioteca Digital Mundial. Imagen tomada de aquí: https://www.wdl.org/es/item/2963/view/1/1/

Los tlaxcaltecas nunca se consideraron a sí mismos como sumisos servidores de los españoles, por el contrario, se aliaron con estos como grandes guerreros y condicionaron su ayuda a promesas que Cortés y la Corona española cumplirían sólo parcialmente. No obstante, Tlaxcala disfrutó de varios privilegios durante el periodo novohispano, los cuales nunca dejaría de reclamar.

Tetzcoco: los amigos que no fueron para siempre

La participación de Tetzcoco en la conquista fue sumamente compleja, pues la poderosa ciudad aculhua se mantuvo al lado de Tenochtitlan hasta principios de 1521. Para entender la relación entre las dos urbes, es pertinente remontarse varios años antes de la llegada de Cortés.

En 1428, los mexicas pelaron una guerra que los libró del yugo tepaneca de Azcapotzalco, la ciudad más poderosa de la región en esa época. En aquellos días, el heredero legítimo del señorío de Tetzcoco, Nezahualcóyotl, era un “rey sin trono” cuyo exilio se debía, precisamente, a los azcapotzalcas. Cuando estalló el conflicto, Nezahualcóyotl reunió a una importante cantidad de aliados y, en el momento indicado, se alió con Itzcóatl, señor de Tenochtitlan (1428-1444); juntos derrotaron a Maxtla de Azcapotzalco y conformaron un modelo de gobierno y alianza tripartita al que se unió la ciudad de Tlacopan.

Nezahualcóyotl, Códice Ixtlilxóchitl, s. XVI. Imagen disponible en: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Nezahualcoyotl.jpg

Tenochtitlan y Tetzcoco mantuvieron un poder y una autoridad semejantes, sin embargo, los mexicas se encargaron de la dirección militar de la alianza y, con el tiempo, esto les permitió asumir un papel cada vez más protagónico. Supuestamente, el tlahtoani tetzcocano decidió someterse a Tenochtitlan y el pacto fue sellado mediante una “guerra fingida”, necesaria para dar legitimidad a la preeminencia tenochca. Cuando Itzcóatl murió, los señores de Tetzcoco y Tlacopan fueron convocados para elegir al sucesor tenochca, que en esa ocasión fue Motecuhzoma Ilhuicamina; posteriormente, este mecanismo se repetiría para elegir a los sucesores de los señores tetzcocanos y tlacopanecas, tradición que se mantendría hasta el siglo XVI.

En 1515, Motecuhzoma Xocoyotzin ejerció presión para que su sobrino, Cacama, fuera designado tlahtoani de Tetzcoco. El nuevo señor tetzcocano también era descendiente del linaje gobernante acolhua, sin embargo, su forzada “entronización” causó malestar entre algunos “nobles” tetzcocanos que aspiraban al poder: entre estos se encontraban Ixtlilxóchitl y su hermano Tecocoltzin.

Cacama murió durante la retirada española de Tenochtitlan en 1520, pero fue rápidamente reemplazado por Coanácoch, cuya designación fue determinada, en gran medida, por Cuitláhuac, sucesor de Motecuhzoma. Al año siguiente, Cortés regresó a Tetzcoco acompañado de un enorme ejército indígena y refuerzos hispanos; Coanácoch recibió a los españoles, pero inmediatamente se trasladó a Tenochtitlan junto con su séquito y parte de la población tetzcocana.

Ni Cortés dudó en aprovecharse del vacío de poder, ni los “príncipes” tetzcocanos vacilaron en aliársele con el fin de llegar al puesto que, según su parecer, les correspondía. Tecocoltzin asumió el gobierno y, junto con Ixtlilxóchitl, llamó de vuelta a la población de Tetzcoco, aportó su valioso conocimiento estratégico, ayudó durante el proceso de armado de los bergantines y ordenó la excavación de la gran zanja que permitió ponerlos en la laguna.

Cortés tardó en confiar en sus nuevos aliados tetzcocanos y casi invisibilizó su importancia en sus Cartas de Relación. No obstante, los descendientes de Ixtlilxóchitl obtuvieron algunos privilegios: hacia el siglo XVII, su lejano descendiente, Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, todavía reclamaba sus derechos sobre Tetzcoco y su familia se beneficiaba del cacicazgo de Teotihuacan.  

Bautizo de Ixtlilxóchitl, José Vivar y Valderrama, s. XVIII. Imagen disponible en: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bautizo_de_Ixtlix%C3%B3chitl.jpg

Reflexiones finales

A lo largo de casi un siglo, Tenochtitlan ascendió meteóricamente como la principal potencia de la Cuenca y se convirtió en uno de los nodos centrales de una complejísima red de alianzas, sistemas tributarios y rivalidades.

La relación entre Tenochtitlan y los “pueblos sometidos” fue fluctuante. Los mexicas estaban acostumbrados a lidiar con la reticencia de algunos grupos, mismos a los que debieron “reconquistar” con una violencia que fue proporcional a la gravedad y frecuencia de la rebeldía. Por otra parte, las alianzas entre grupos indígenas eran sumamente dinámicas, pues estas cambiaban y se reconfiguraban constantemente: en el siglo XV, por ejemplo, los mismos tenochcas fueron protagonistas de un proceso de reordenamiento político que culminaría con la caída de Azcapotzalco y el encumbramiento de “la última Triple Alianza”. Asimismo, la irrupción de los españoles propició el surgimiento de una nueva red de alianzas que, tal como había sucedido en otras ocasiones, atacó al centro más poderoso y amenazante, es decir, Tenochtitlan; no obstante, el nuevo orden que surgiría de este proceso, ese al que conocemos como colonial o novohispano, trajo consigo una serie de cambios que sí fueron inusitados.

Los numerosos grupos indígenas reaccionaron de diversas maneras ante la llegada de los españoles y dieron respuestas variadas a las pretensiones de Cortés; su actitud estuvo determinada por sus propias tradiciones y también, en buena medida, por las particularidades de su relación histórica con Tenochtitlan y la Excan Tlatoloyan. No obstante, en 1519 coincidieron dos factores comunes que irrumpieron en la normalidad de las dinámicas de gobierno y poder indígenas: la actitud reformista y centralizadora de Motecuhzoma Xocoyotzin, que afectó a sus tributarios, rivales y aliados; y, desde luego, la presencia de los españoles, quienes dieron pie a un cambio en las alianzas y abrieron la puerta para que los “pueblos sometidos” y los rivales de Tenochtilan buscaran un cambio radical a su situación.

A 500 años de “la caída”, recordemos que la conquista no fue un suceso en blanco y negro, sino que fue sumamente diverso y su resultado final fue determinado por las muy particulares circunstancias del instante histórico en que sucedió; asimismo, no perdamos de vista que aquel instante histórico fue protagonizado, en buena medida, por los mismos indígenas. Evidenciar la importancia de los pueblos originarios durante el proceso de dominación castellana no implica negar la paulatina consolidación de la Nueva España y los tres siglos de historia novohispana, pero si nos obliga a revalorizar a los grupos indígenas como agentes activos de su propio devenir; también nos invita a cuestionar aquellas miradas tradicionales (y coloniales) que todavía atribuyen la conquista a un reducido grupo de “hombres barbados”.

Para saber más

Alva Ixtlilxóchitl, Fernando de, Obras históricas: incluyen el texto completo de las llamadas relaciones e historia de la nación chichimeca en una nueva versión establecida con el cotejo de los manuscritos más antiguos que se conocen, 2 vols., 3ª ed., edición, estudio introductorio y apéndice de Edmundo O’Gorman, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, 1975-1977.

Battcock, Clementina, “Las guerras y las conquistas en la Crónica Mexicana”, en Estudios de Cultura Náhuatl, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, vol. 52, julio–diciembre 2016, pp. 169-192.

García Márquez, Agustín, El Posclásico en Veracruz. Los nahuas de Cempoala, México, Facultad de Filosofía y Letras-UNAM/Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, 2014.

Hassig, Ross, Mexico and the spanish conquest, Londres, Longman, 1993.

Muñoz Camargo, Diego, Historia de Tlaxcala, introducción de Luis Reyes García, Tlaxcala, Universidad Autónoma de Tlaxcala/Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2013.

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