La conquista vista por los mexicas
junio 22, 2021 La Bola

“¿Quién destruirá los cimientos del cielo?”. La conquista vista por los mexicas

Por Sergio Ángel Vásquez Galicia

La conquista de Mexico-Tenochtitlan y Mexico-Tlatelolco fue un largo y complejo proceso cuya comprensión no puede limitarse al asedio y sometimiento efectivo de ambos centros políticos, ni a los hechos y versión histórica hispana. El autor destaca en las siguientes líneas la perspectiva y las principales acciones realizadas por los mexicas y sus aliados para defender ambas ciudades del ataque hispano-indígena que terminó por conquistarlas el 13 de agosto de 1521.

Descubrir la naturaleza de los extraños

Gracias al dominio impuesto por la Triple Alianza, conformada por Mexico-Tenochtitlan, Tetzcoco y Tlacopan (aprox. 1430), en la provincia de Cuetlaxtlan, los mexicas-tenochcas tuvieron a su servicio un eficiente sistema de información que les llevó noticias de la presencia de gente extraña en lo que hoy conocemos como costas de Veracruz. La tradición náhuatl conservada en la Historia de las Indias del dominico Diego Durán (1537-1588) narra que el tlahtoani en turno, Motecuhzoma Xocoyotzin (gob. 1502-1520), fue informado del avistamiento de “un cerro gordo” (una embarcación) que recorría de un lugar a otro la orilla del mar. Se trataba de la expedición de Juan de Grijalva (1490-1527), que navegó las costas de Cozumel, Yucatán, Tabasco y Veracruz entre mayo y junio de 1518.

Según la obra de Durán, así como la Crónica mexicana (1598) de Hernando Alvarado Tezozómoc, Motecuhzoma mandó a uno de sus altos funcionarios, el tlillancalqui, a observar de qué se trataba el extraño suceso. Luego de cumplir su misión, el tlillancalqui, que era experto en interpretar los portentos, regresó a Tenochtitlan para informar al tlahtoani que, escondido en la copa de un árbol, logró ver en el mar una gran “casa de agua” (acalli) tripulada por hombres de piel blanca, barbados y vestidos con prendas de diversos colores. Según ambos historiadores, el mandatario se preocupó y, en conjunto con los principales funcionarios tenochcas, dispuso la primera acción sobre los extraños: descifrar si se trataba de hombres o de dioses.

El tlillancalqui observa desde la copa de un árbol la armada de Juan de Grijalva en las costas de Veracruz. Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, “Tratado de Historia”, capítulo LXIX, f. 197r. Imagen disponible en: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000169486&page=1

Tanto para la armada de De Grijalva, como para la encabezada un año después por Hernán Cortés (1485-1547), el Estado tenochca (tlahtocáyotl) dispuso la misma estrategia: enviar a los españoles un conjunto de prendas, artículos de oro, piedras preciosas y plumería con la intención de observar si los reconocían como sus atavíos divinos. Según Durán, de esa manera sabrían si alguno de ellos era Quetzalcóatl, quien dejó dicho “que había de volver a reinar” en estas tierras. Con la misma intención enviaron “comida divina”, porque “si [alguno] la comiere y bebiere es cierto que es Quetzalcóatl”. Sin embargo, la acción más importante para descifrar la naturaleza de los extraños fue, según la columna en español del Códice florentino redactada por fray Bernardino de Sahagún (1499-1590), ofrecer a los españoles la sangre de algunos sacrificados. El rechazo de tal acto avivó la sospecha de que los extraños eran seres humanos, la cual pronto se confirmó al observar que también morían y necesitaban satisfacer sus necesidades mundanas.

Entrega de artículos y atavíos divinos a los españoles. Códice florentino, libro duodécimo, capítulo V, f. 9v. Imagen disponible en: https://www.wdl.org/en/item/10096/view/3/841/

El fracaso de los magos

En el mes de abril de 1519 la expedición de Cortés llegó a las costas de Veracruz, fundó la Villa Rica de la Vera Cruz y se entrevistó con los funcionarios mexicas. Desde ese momento los hispanos manifestaron su intención de llegar a Tenochtitlan. Esta decisión provocó la primera acción efectiva por parte de los tenochcas para detenerlos. Según la Crónica mexicana, Motecuhzoma encargó al tlillancalqui reunir un conjunto de magos (tlacatecólotl) para dañarlos. Unos intentaron comerles los corazones y las pantorrillas, otros usaron alimañas venenosas como el alacrán y la araña, y algunos más buscaron provocarles sueño para luego atacarlos. Todos los intentos fallaron; los magos no pudieron encontrar los corazones y pantorrillas de los hispanos, y tampoco lograron dormirlos y atacarlos con las sabandijas. La intención y el fracaso tenochca en este episodio se explica por su sistema de creencias.

Los nahuas pensaban que en el corazón y las pantorrillas se concentraba la teyolía, una de las tres entidades que animaban al cuerpo y que estaba relacionada con el pensamiento. Así, lo que intentaron los mexicas fue enloquecer a los hispanos atacando su centro de conciencia. Por su parte, como ha explicado Miguel Pastrana Flores, el hecho de que los magos no encontraran los corazones y pantorrillas de los españoles no significaba que los consideraran dioses, sino seres humanos carentes de inteligencia. En tanto que la imposibilidad de atacarlos con alimañas mientras dormían fue ocasionada porque la efectividad de esas técnicas mágicas dependía de la cercanía con las víctimas, cosa que los tenochcas no lograron porque, según las fuentes, los hispanos estaban bien custodiados.

 

Las alianzas políticas y la recepción de los extranjeros en Tenochtitlan

Desde el momento en que la expedición encabezada por Cortés tomó rumbo hacia el centro de México entró en el complejo mundo de alianzas políticas mesoamericanas. Tres factores fueron fundamentales para que esto sucediera: los intereses locales de los distintos pueblos que encontraron en su camino, el apoyo de los intérpretes Jerónimo de Aguilar (c. 1490-1531) y Malintzin, que traducían del náhuatl al maya y luego al español, y un conjunto de funcionarios y actores sociales indígenas, poco mencionados en las fuentes, que desempeñaron funciones como guías, estrategas y negociadores con los pueblos mesoamericanos. El sistema de alianzas fue aprovechado por Cempoala y Quiahuiztlan al sumarse a los españoles (junio de 1519) para sacudirse el dominio impuesto por la Triple Alianza, y algo similar hizo Tlaxcala cuando en septiembre de 1519 decidió aliarse con los extranjeros para derrotar a sus históricos contrincantes, los tenochcas, y buscar una mejor posición política en el valle de Puebla-Tlaxcala.

La alianza hispano-indígena rumbo a Tenochtitlan. Códice Azcatitlan, lámina XIII. Imagen disponible en: https://www.amoxcalli.org.mx/laminas.php?id=059-064&act=ant&ord_lamina=059-064_24

Los mexicas también actuaron desde la lógica del sistema de alianzas. Durán y Tezozómoc indican que, ante la insistencia de los españoles por llegar a Tenochtitlan, las reuniones de la Triple Alianza se intensificaron para definir las acciones que debían tomar. Esto quiere decir que las decisiones políticas no dependían exclusivamente del gobernante tenochca, sino también de los señores de Tetzcoco y Tlacopan, de los mandatarios de otros pueblos importantes de la Cuenca de México, como los de Iztapalapa y Ecatepec, y de los principales funcionarios del Estado tenochca, es decir, el cihuacóatl y el “consejo del tlahtoani” (Tlacochcálcatl, Tlacatéccatl, Tlillancalqui y Ezhuahuácatl). Este complejo sistema provocó desacuerdos sobre las medidas que se debían tomar con los extranjeros.

El Compendio histórico de los reyes de Tetzcoco de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl (c. 1574-1650) señala que Cuitláhuac, gobernante de Iztapalapa, fue partidario de combatir a los intrusos, mientras que Cacama, tlahtoani de Tetzcoco, propuso recibir a la alianza hispano-indígena y confiar en el potencial bélico de la Triple Alianza por si era necesario destruirla. Esta última postura fue la que se impuso. El 8 de noviembre de 1519 Motecuhzoma y Cortés se vieron las caras por primera vez en la entrada sur de la ciudad de Tenochtitlan, justo donde hoy se encuentra el Hospital de Jesús.

Cortés se presentó como el embajador de un poderoso rey y señor, y solicitó a Motecuhzoma su sometimiento. Según la memoria tenochca (Durán y Alvarado Tezozómoc), de inmediato el tlahtoani aceptó entregar el poder, someterse a Carlos V y convertirse al cristianismo. Sin embargo, es difícil creer que esto sucediera así, pues, como hemos visto, el tlahtoani no poseía la facultad de tomar esas decisiones. En este caso, los relatos de la Segunda carta de relación de Cortés y de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España (1632) de Bernal Díaz del Castillo parecen más fieles a lo sucedido. Según ambas obras, después de la entrevista entre Cortés y Motecuhzoma, el tlahtoani ordenó que los españoles y sus aliados fueran hospedados en las casas de Axayácatl. Durante los cuatro días siguientes, el conquistador extremeño y sus capitanes recorrieron las ciudades gemelas, identificaron los principales templos y reconocieron las rutas de entrada y salida del islote. Finalmente, al sexto día Cortés, al parecer bajo la presión de sus capitanes, decidió capturar a Motecuhzoma, a los gobernantes de Tetzcoco y Tlacopan, y a otros altos funcionarios indígenas. Con ello debilitaron la cadena de mando de la Triple Alianza desde la cúspide. Recibir a los visitantes en Tenochtitlan fue un error que colocó a los mexicas en una circunstancia que nunca habían experimentado.

Encuentro entre Cortés y Motecuhzoma Xocoyotzin. Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, “Tratado de Historia”, capítulo LXXIV, f. 197r. Imagen disponible en: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000169486&page=1

El primer enfrentamiento armado y la expulsión de la alianza hispano-indígena

Entre noviembre de 1519 y mayo de 1520 la alianza hispano-indígena llevó a cabo la ocupación relativamente pacífica de la ciudad de Tenochtitlan. Al parecer, la captura de los líderes de la Triple Alianza fue un golpe psicológico que dejó a los mexicas sin posibilidad de actuar durante algún tiempo. Sin embargo, el 10 de mayo Cortés y un contingente de españoles e indígenas salió de la ciudad tenochca rumbo a las costas del Golfo para enfrentar a Pánfilo de Narváez (¿?-1528), quien había sido enviado por Diego de Velázquez (1465-1524), gobernador de Cuba, para capturarlo por haber saltado su autoridad.

La ausencia de Cortés y la decisión de Pedro de Alvarado (1485-1541) de ejecutar a la élite indígena que participaba en la fiesta de Tóxcatl derivaron en el enfrentamiento armado entre los mexicas (tenochcas y tlatelolcas) y la alianza hispano-indígena. Cuando Cortés regresó a Tenochtitlan, el 24 de junio de 1520, su gente se encontraba sitiada en las casas de Axayácatl. Las fuentes coinciden en que Motecuhzoma intentó calmar los enardecidos ánimos mexicas desde una terraza. La tradición española señala que los tenochcas, molestos con su tlahtoani, lo mataron de una pedrada, pero la tradición indígena dice que los hispanos lo asesinaron con una espada. Como quiera que haya sucedido, el 30 de junio de 1520 Cortés y sus capitanes, seguramente con el consejo de los indígenas aliados, decidieron huir de Tenochtitlan. Para ese momento, Cuitláhuac (gob. 1520), hijo de Axayácatl (gob. 1468-1481), ya habías sido electo como nuevo tlahtoani tenochca.

Matanza durante la fiesta de Tóxcatl. Diego Durán, Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, “Tratado de Historia”, capítulo LXXV, f. 197r. Imagen disponible en: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000169486&page=1

Los mexicas tomaron el control de las principales salidas de la ciudad, quemaron cuatro bergantines que los españoles habían construido y les cortaron el abasto de agua y comida (Segunda carta de relación). El mismo 30 de junio los españoles e indígenas aliados lograron controlar los cuatro pasos que permitían la salida por la calzada a Tlacopan, pero cuando tendían un puente movedizo para sortear el quinto fueron sorprendidos por una mujer que recogía agua y dio aviso a los mexicas de la huida. El ataque contra los intrusos fue feroz (Códice florentino). La alianza hispano-indígena fue expulsada violentamente de Tenochtitlan y tuvo que replegarse hasta Tlaxcala para recuperarse de la derrota.

Representación de la feroz batalla entre los mexicas y la alianza hispano-indígena. Códice florentino, libro duodécimo, capítulo XXIV, f. 43r. Imagen disponible en: https://www.wdl.org/en/item/10096/view/3/911/

Los últimos esfuerzos por lograr alianzas

La Tercera carta de relación de Cortés señala que españoles e indígenas aliados tuvieron aproximadamente once meses, entre julio de 1520 y mayo de 1521, para recuperarse y organizar una nueva ofensiva contra la capital tenochca. Durante este tiempo Cortés dictó un conjunto de ordenanzas para depurar el ejército y ordenó reforzar el número de españoles con gente de las Antillas. Luego, la alianza hispano-indígena conquistó Tepeaca, construyó en Tlaxcala las piezas de 13 bergantines para atacar por agua, y en diciembre de 1520 realizó una serie de conquistas en la periferia de Tenochtitlan (dentro y fuera de la Cuenca de México) con la finalidad de cortarle apoyo de guerra y suministros. En abril de 1521 los españoles e indígenas aliados asentaron su real en Tetzcoco, donde ya estaban las piezas de los bergantines para ser armados, provistos de artillería y arrojados al lago.

Los mexicas no esperaron pasivamente. El Códice florentino señala que limpiaron la ciudad del desastre que dejó la expulsión de los invasores, retomaron la vida religiosa y reactivaron la economía. Luego, en el ámbito político, tras la muerte de Cuitláhuac debido a la viruela, eligieron como tlahtoani de Tenochtitlan a Cuauhtémoc (gob. 1520-1521); esto implicó una reestructuración de todo el Estado. Finalmente, como ha destacado Pastrana Flores, los tenochcas buscaron reforzar alianzas políticas en dos sentidos: en primer lugar, protegiendo las que ya tenían, y en segundo, estableciendo nuevas incluso con los enemigos históricos.

En el primer caso, en abril de 1520 los mexicas enviaron apoyo de guerra a los xochimilcas para evitar que la alianza entre españoles e indígenas los conquistara. En el segundo, la Relación de Michoacán (1540) indica que durante el proceso por el que fueron expulsados los invasores de Tenochtitlan, Motecuhzoma envió una embajada al gobernante de Tzintzuntzan para proponerle una alianza para enfrentarlos. La propuesta fue rechazada. Según la Historia de Tlaxcala de Diego Muñoz Camargo (c. 1528-1599), algo similar sucedió con los tlaxcaltecas. El texto explica que cuando la alianza hispano-indígena se encontraba en Tlaxcala recuperándose de su derrota, una embajada mexica propuso a los señores de las cuatro cabeceras (Ocotelulco, Quiahuiztlan, Tizatlan y Tepetícpac) unirse contra los hispanos. Una facción tlaxcalteca consideró oportuna la propuesta, pero la añeja rivalidad se impuso y finalmente fue rechazada. Los mexicas tuvieron que echar mano de los recursos con los que contaban para defenderse.

 

La defensa mexica y la conquista de las ciudades gemelas

Los tenochcas se prepararon para la guerra. El Códice florentino señala que hicieron barricadas y fosos en los caminos, retiraron puentes para controlar el tránsito por las calzadas, profundizaron las acequias y fabricaron nuevas armas. Además, se adaptaron al tipo de combate planteado por la alianza-hispano indígena: emplearon las armas que los españoles perdieron durante su expulsión; los guerreros mexicas aprendieron a evadir los tiros de ballesta corriendo en zigzag; atacaron los bergantines desde acallis (canoas) provistos con barreras de madera que los protegían de los ballesteros, y construyeron empalizadas en el agua para encallar a los bergantines. El factor psicológico no estuvo ausente, varias decenas de españoles e indígenas aliados fueron capturados y sacrificados en los templos para infundir miedo.

Con acallis adaptados con escudos de madera, los mexicas se protegen de los tiros con ballesta de los bergantines. Códice florentino, libro duodécimo, capítulo XXX, f. 56r. Imagen disponible en: https://www.wdl.org/en/item/10096/view/3/937/

A pesar de estas acciones, Tenochtitlan sucumbió. Los tenochcas nunca habían enfrentado el ataque directo de su ciudad, y aunque respondieron bien a la nueva experiencia, dos tácticas empleadas por los europeos fueron exitosas: el ataque mixto por agua y tierra, y el asedio. Los mexicas comenzaron a padecer sed y hambre luego que les cortaran el suministro de agua dulce de Chapultepec y el abasto de alimentos. La epidemia de viruela que azotaba la ciudad contribuyó al debilitamiento de la población. Finalmente, desde tres frentes de ataque —poniente, Calzada a Tlacopan; sur, Calzada a Iztapalapa; y norte, Calzada a Tepeyácac— la infantería y caballería de la alianza hispano-indígena, protegida desde el agua por los bergantines y los acallis, lograron tomar el Templo Mayor de Tenochtitlan el 9 de junio de 1521 (Tercera carta de relación).

Los mexicas dejaron claro que no se rendirían fácilmente. Los guerreros tenochcas, Cuauhtémoc y buena parte de sus principales funcionarios se replegaron a Tlatelolco llevando consigo el bulto de su dios Huitzilopochtli. A finales de junio la alianza hispano-indígena avanzó hacia la ciudad gemela de Tenochtitlan; un mes después quemó su mercado y Templo Mayor (27 de julio). A principios de agosto, los mexicas estaban replegados en Amáxac, en el extremo nororiental de Tlatelolco. Finalmente, el 13 de agosto de 1521 el capitán García Holguín y su gente dieron alcance y capturaron a Cuauhtémoc, al gobernante de Tlacopan, a los principales funcionarios de ambas ciudades mexicas y a sus esposas, quienes se preparaban para escapar por el lago. Con la entrega de Cuauhtémoc a Cortés se concretó la caída de Mexico-Tenochtitlan y Mexico-Tlatelolco después de su férrea defensa.

Quema del Templo Mayor de Tlatelolco. Códice florentino, libro duodécimo, capítulo XXXVI, f. 69v. Imagen disponible en: https://www.wdl.org/en/item/10096/view/3/963/

A finales del siglo XVI, los descendientes de los antiguos gobernantes tenochcas rememoraron en un cuícatl (canto) contenido en los Cantares mexicanos (finales del siglo XVI) la grandeza de su ciudad en tiempos prehispánicos y la impensable posibilidad de que fuera conquistada: «Famosa permanece la ciudad de Tenochtitlan / Por esto gana gloria / Nadie teme la muerte hermosa[…] / Consideradlo, recordadlo / vosotros, príncipes / ¿Quién conmoverá la ciudad de Tenochtitlan? / ¿Quién destruirá los cimientos del cielo?».

 

Conclusiones

Comúnmente se piensa que la frase “la conquista de México” significa “la conquista hispana de México”; que los hechos de los castellanos, y en particular de algunas de sus figuras, como Hernán Cortés, fueron los que definieron el rumbo de los acontecimientos, y que los grupos indígenas, principalmente los mexicas, esperaron pasivamente su sometimiento pensando que los invasores eran dioses y que era imposible vencer a un grupo que poseía una marcada superioridad tecnológica. A lo largo de este trabajo hemos podido observar que todas estas afirmaciones son falsas y que impiden comprender con profundidad un proceso histórico complejo.

Enfocados en las fuentes de tradición indígena, destacamos que los procesos, las dinámicas, los sistemas de creencias, las instituciones y los personajes sociales y políticos propiamente mesoamericanos tuvieron mucho más peso en la caída de las ciudades gemelas del que las fuentes hispanas le conceden. Asimismo, recalcamos que los mexicas se mantuvieron sumamente activos realizando acciones para comprender la naturaleza de los extraños, para detener su marcha a Tenochtitlan y, finalmente, para defender sus ciudades.

Actualmente, es necesario cambiar el enfoque y buscar un análisis más equilibrado de la conquista, que incluya y examine meticulosamente las diversas versiones hispanas y de tradición indígena. Quizá ahí, a medio camino, podamos encontrar las claves para comprender cómo sucedieron las cosas, cuál fue la importancia del evento para procesos históricos posteriores y qué lugar ha ocupado en la memoria histórica de diversos lugares y tiempos, incluyendo nuestro presente.

Para saber más

Alvarado Tezozómoc, Hernando, Crónica mexicana, edición de Gonzalo Díaz Migoyo y Germán Vázquez Chamorro, Madrid, Dastin, 2001.

Durán, Diego, Historia de las Indias de Nueva España e islas de Tierra Firme, 2 vols., estudio preliminar de Rosa Camelo Arredondo y José Rubén Romero Galván, trascripción de Francisco González Vera, notas de José Fernando Ramírez, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1995.

Oudijk, Michel R. y Matthew Restall, Conquistas de buenas palabras y de guerra: una visión indígena de la conquista, México, Instituto de Investigaciones Filológicas-UNAM/Seminario de Lenguas Indígenas, 2013.

Pastrana Flores, Miguel, Historias de la Conquista. Aspectos de la historiografía de tradición náhuatl, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, 2004.

Sahagún, Bernardino de, Historia general de las cosas de Nueva España, 3 ed., 3 vols., estudio introductorio, paleografía, glosario y notas de Alfredo López Austin y Josefina García Quintana, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2000.

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