Por Alvaro Alcántara López
Este texto es el prefacio del libro Detrás de la verde arboleda. Un recuento de ensayos sobre la cultura jarocha durante los siglos XIX y XX: fandangos, sones y décimas, publicado en 2024 por la editorial Mar Adentro. Agradecemos al autor el permiso y generosidad para reproducirlo.
I
La idea de conformar esta antología y presentarla a un público interesado en la cultura popular jarocha a través del tiempo, tiene algunos años rondando mi cabeza. De la vasta obra de Ricardo Pérez Montfort (1954-2026) son muchos los aspectos que pueden destacarse. Pero si algo ha resonado en mí con particular intensidad es aquello que atañe al despliegue de un programa de investigación original, que invita a estudiar críticamente el quehacer cultural y los imaginarios sociales de una región y sus habitantes, a partir del cruce de miradas históricas, antropológicas y comunicativas. Preguntarnos cuál ha sido la función que los estereotipos culturales han tenido en la manera en que nos describimos y representamos (y, por supuesto, también a los otros) –se me ocurre que puede ser una manera útil de resumir este programa de investigación.
En estos tiempos de urgencias y ansiedades productivistas, antes que las lecturas son las re-lecturas sucesivas que puedan hacerse de un texto, lo que me parece un acto casi subversivo. Volver con calma sobre los textos para trabajarlos o explotarlos –como quien entiende que el acto de leer y observar el mundo sólo puede ser un trabajo de cantera– produce, además de satisfacción genuina, aprendizajes de mejor calidad. Por ello, conviene compartir con el lector que el espíritu que ha alentado el tramado de estos ensayos escritos en momentos distintos, tiene más que ver con la puesta en acción de una cierta manera de preguntar, de pensar y dialogar con los testimonios y documentos de cultura, antes que con las “respuestas” que en cada uno de estos textos se pueden dar; pues, como bien sabemos, la construcción de la imaginación científica es un esfuerzo que no conoce final y que se actualiza de manera constante.
II
Cuando pensamos en la posibilidad de constituir un corpus de lecturas posibles que inviten a problematizar de manera crítica los discursos elaborados en torno del quehacer cultural en Veracruz, tal consideración conduce intuitivamente al trabajo del historiador Ricardo Pérez Montfort. De Ricardo me ha gustado desde siempre, el humor, ironía y desparpajo con que ha emprendido la crítica (quiero decir, la meditación serena y analítica) de la cultura mexicana en general y, veracruzana, en particular. Sus trabajos constituyen, en mi opinión, el testimonio intelectual de toda una generación que se hizo joven adulta al despuntar la década de 1970 y a la que le tocó vivir en carne y conciencia propias el desencanto y desvanecimiento de aquellos símbolos, valores e ideales con los que se construyó y reinventó la identidad nacional por parte de los gobiernos postrevolucionarios. La forja de las identidades nacionales y regionales, el cardenismo, los alemanes y la hispanidad en México, el discurso cinematográfico, el mundo festivo jarocho, el estudio de las drogas o los estereotipos culturales conforman una cartografía de temas y problemas sociales que nuestro autor ha abordado a lo largo de su prolífica carrera académica.
La de Pérez Montfort resulta entonces una meditación confeccionada con elegante inteligencia, que resguarda a flor de piel aquella comicidad bajtiniana que aún puede reconocerse en los cancioneros de la Tierra Caliente michoacana o en los sones de las regiones jarochas. En no pocas ocasiones he creído escuchar, como banda sonora que acompaña la relectura de sus escritos, lo mismo al son jarocho de La Tuza que alguna canción de refinado ingenio a la usanza de Chava Flores. Esa combinación apasionada de oralidad y visualidad (sic) presente en casi todos sus trabajos, resultan para el lector –lo mismo que para el aprendiz de historiador– un estímulo para expandir la consideración de aquellos espacios y medios en los que se crea, recrea y trasmite el quehacer cultural. Por ello, un gesto que marca su quehacer historiográfico es el constante contrapunto analítico que Ricardo Pérez Montfort establece entre la memoria escrita y los registros de la lírica popular (cuartetas, seguidillas, décimas), las grabaciones fonográficas o el discurso visual, como si quisiera decirnos que al pasado no sólo se le lee en los documentos de archivo, también se le escucha y se le observa en otros lugares de la memoria. Para decirlo mejor, Ricardo enuncia en sus ensayos que en la construcción del discurso histórico también hay que saber escuchar y saber mirar los vestigios del quehacer humano.
Recuerdo con enorme viveza y alegría aquellas clases que tomábamos con él en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, a mediados de la década de 1990. Lo usual era tener “casa llena”, en aquellos salones que en abril y mayo se hacían densos y calientes, en los que coincidíamos por igual estudiantes de licenciatura y de posgrado. Por esa razón había que llegar temprano a sus clases o te quedabas sin asiento lo que duraba la sesión. Decenas de sus alumnos de aquellos años se han consolidado como investigadores y académicos destacados y en su quehacer y trabajo intelectual puede reconocerse la impronta crítica y reflexiva de aquellos seminarios que el maestro Pérez Montfort ofrecía en “Filos”, lo mismo sobre Revolución Mexicana o Historiografía, que sobre el Nacionalismo popular y, desde luego, los estereotipos culturales.
III
Los trabajos aquí reunidos dan cuenta de una fructífera etapa de investigación, que abarca muy especialmente la década de 1990 y primeros años del nuevo siglo. De su vasta producción hemos recuperado aquellos que, partiendo del análisis en torno del papel y la función que han desempeñado los estereotipos culturales, permiten a este historiador desplegar un juego de escalas reflexivo que va de las nociones de “lo americano” a “lo caribeño”, para arribar al examen de “lo jarocho” en el espacio sotaventino, no sólo durante el periodo colonial y decimonónico, sino con especial énfasis a lo largo del siglo XX.
Esta noción, la de estereotipo cultural, y su incidencia en los discursos y prácticas sociales de la llamada “cultura popular” constituyen uno de los aportes más relevantes de Pérez Montfort al análisis de la cultura. Para este autor –vale la pena recordarlo aquí– “el estereotipo pretende ser la síntesis de las características anímicas, intelectuales y de imagen de determinado grupo social o regional. Se trata de una representación estática, generalmente impuesta desde el exterior, que busca esencializar y uniformar determinadas prácticas sociales y, que tras un cierto tiempo, termina aceptándose como una representación válida y legítima de los habitantes de una región.
La fiesta del fandango, el universo festivo jarocho y la lírica cantada y zapateada constituyen otro eje que atraviesa a los textos de esta compilación. De su involucramiento y participación con el ahora ya célebre Encuentro de Jaraneros de Tlacotalpan –formando parte del equipo de Radio Educación– recuperamos aquí unas crónicas de enorme viveza que tienen el acierto de devolver a la memoria de la tradición jarocha, soneros y personajes magníficos que, por transitar fugazmente por dicho Encuentro están prácticamente ausentes de los recuentos memoriosos que se han vuelto habituales en los últimos lustros. Lo anterior se complementa con una meditada indagación histórica que reconstruye para el lector, los contextos sociales, políticos y culturales en que la tradición jarocha se ha venido desarrollando.
Un tercer eje que articula la lectura de estos ensayos es el que alude al constante llamado que Pérez Montfort hace de los medios de comunicación masiva (la radio, el cine, la televisión, la prensa, gacetas y revistas) como generadores de estereotipos y representaciones culturales. Como lo muestran sus reflexiones, el impacto de los mass media en la construcción, dinámica y recepción de las prácticas culturales no puede ser soslayado, proponiendo mediante sus escritos renovar nuestras ideas habituales sobre el supuesto estatismo y conservadurismo (discursivo) de las tradiciones del pueblo. Sirva como ejemplo de estos planteamientos, la importancia que el autor concede a la aparición y popularización de los fonogramas y su incidencia en la creación de los gustos musicales, tanto en los espacios escénicos y teatrales como en el ámbito rural.
IV
Antes de empezar a escribir estas líneas, me puse a escuchar el registro de una conversación que sostuve con Ricardo hace algunos meses. Aquella tarde de agosto habló con pasión y soltura de la herencia simbólica de su abuelo paterno, de cómo llegó a los asuntos de la Revolución Mexicana o de sus andanzas como músico en La Peña Móvil y los ambientes de la música “latinoamericana”, de aquellos años setenta y ochenta del siglo pasado. También le escuché contar anécdotas de su vinculación con la radio: primero en Radio Universidad y, más tarde, en Radio Educación; lo mismo que de su temprana admiración y deleite por la música jarocha. Llegado el momento habló también de su frustrado intento de juventud por convertirse en “mayólogo” –dijera su boca–, pero también habló apasionadamente de los avatares y contingencias vitales que han construido su trayectoria académica
Tras oír nuevamente el audio de aquella plática, aparece en mi memoria aquella frase magnífica del poeta y músico arribeño Guillermo Velázquez, ante la interrogación bizantina que le hicieran alguna vez, de si el poeta nace o se hace: “el poeta nace haciendo poesía” –respondió el líder de Los Leones de la Sierra de Xichú. La de Pérez Montfort –se me ocurre– es una sólida trayectoria académica que se ha construido en la combinación virtuosa de diversos quehaceres, gustos y pasiones; una manera particular de hacer historia sensible, a partir de imágenes, grabaciones sonoras, poesía escrita, lírica popular, documentos de archivo o el cine.
Me hace ilusión imaginar que esta antología ofrecerá a los lectores la posibilidad de profundizar en la obra de este importante historiador mexicano, de conocerla, comentarla y hacer de ella un tema de conversación frecuente. Pero también aspiro que, al llegar a las y los lectores de otras geografías, sirva de acicate para poner bajo sospecha, un conjunto de estigmas y de clichés que organizan la manera en que nos representamos e identificamos social e individualmente.
Buena parte de los relatos que las y los veracruzanos hemos hecho de nosotros mismos se han construido haciendo eco de las miradas extranjeras, internalizando una narrativa colonial que ha resultado decisiva al momento de describirnos e imaginarnos. Ya viene siendo hora –pienso yo– que meditemos pausada y críticamente (sin enrollarnos en ninguna bandera) en los fundamentos de cada una de esas representaciones culturales y exhibir lo que de clasistas, coloniales, machistas, xenófobas o racistas hay en ellas.
Los textos que se han reunido aquí constituyen una muestra espléndida del quehacer profesional del historiador Ricardo Pérez Montfort. También son testimonio de Ricardo, el ser humano, el que se emociona, el que improvisa, el que canta, el que sueña en colores y polifonías, el que hace poesía. Y me atrevo a pensar, adicionalmente, que estos ensayos son la manera en que Pérez Montfort riposta a la elegante provocación que alguna vez le hiciera su maestro Eduardo Blanquel, en aquellos tiempos de estudiante de historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM: ¿Y el estudio de la vida cotidiana para qué sirve?
Para conocer cómo afrontó Ricardo este desafío sólo basta con empezar a disfrutar de este libro.
Imagen de portada: Alvaro Alcántara López y Ricardo Pérez Montfort. Fotografía: Isaac García Venegas; cortesía del autor.





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