Katherine M. Marino entrevistada por Estefany Aguilar Flores
La historia del movimiento feminista en América, es un tema que, por lo general, ha tomado como punto de partida el sufragio femenino. El derecho de las mujeres a votar ha sido expuesto como el máximo logro del movimiento, con el cual la voz y participación femenina traspasó el ámbito de lo doméstico para integrarse al espacio público. En este sentido, el feminismo latinoamericano ha sido visto como un movimiento tardío, que trasladó de Estados Unidos la idea de la lucha por los derechos de la mujer, cobrando su relevancia hasta los años setenta, cuando se crearon organizaciones para este fin en la mayor parte del continente.
No obstante, ante esta narrativa, Katherine M. Marino ha propuesto una nueva mirada que nos invita a conocer desde otro ángulo la movilización y la experiencia del movimiento feminista. En su libro Feminismo para América Latina (Grano de Sal, 2021) argumenta, a partir de una investigación histórica rigurosa, cómo desde los años treinta del siglo XX mujeres del hemisferio sur del continente tejieron una red que impulsó sus derechos y pugnó internacionalmente por la lucha de los derechos humanos.
¿Cómo surgió su interés por estudiar el feminismo en América Latina?
Cuando fui a la escuela de posgrado, tuve la intención de estudiar historia de las mujeres y de género de los Estados Unidos. Mi interés era abordar las redes internacionales de activistas en los años de entreguerras, especialmente quería aprender sobre las redes que existieron entre las feministas de los Estados Unidos (EUA) y las de América Latina. En los archivos de feministas estadounidenses encontré evidencia de fuertes colaboraciones con mujeres de América Latina y con organizaciones interamericanas, por lo que me interesé en conocer más acerca de la Comisión Interamericana de Mujeres, la cual fue creada en 1928 bajo los esfuerzos de feministas de Cuba y los EUA. Ésta fue la primera organización intergubernamental del mundo para la promoción de los derechos de las mujeres.
Mi disertación y, en consecuencia, mi libro se enfocaron en estudiar a este grupo y su activismo en los congresos panamericanos. La investigación me llevó a Brasil, México, Uruguay, Panamá y otros países, donde aprendí cada vez más sobre la tremenda fuerza y activismo innovador de los feminismos latinoamericanos durante este tiempo.
De acuerdo con su libro, en los años treinta del siglo pasado se manifestó en el hemisferio sur de América una nueva forma de feminismo. ¿Cómo surgió y cuáles fueron las principales características de este movimiento?
Sí, a mediados de la década de 1930, en respuesta al surgimiento del fascismo global, a la precariedad económica y social causada por la Gran Depresión y al imperialismo, el feminismo en América Latina y el Caribe entró en una nueva etapa. Yo la llamo “el feminismo americano del Frente Popular”. Fue un movimiento liderado por América Latina, en el que se combinaban las demandas laborales y socialistas con las de la igualdad de derechos para las mujeres, ubicándose en un ambiente de solidaridad interamericana antifascista, antirracista y antiimperialista. Este fue el contexto en el que surgieron el Frente Único Pro Derechos de la Mujer (FUPDM) en México, así como otros grupos feministas antifascistas en otros países, como el Movimiento Pro Emancipación de las Mujeres en Chile (MEMCH). En ellos se incluyó más que antes a las mujeres pobres y trabajadoras, y se exigió la igualdad de derechos políticos y civiles para las mujeres a niveles nacionales e internacionales.
Asimismo, se amplió el significado de la “igualdad de derechos”, puesto que se incluyó a los derechos económicos y sociales, además de que se promovió la legislación de la maternidad. Se pidió que esa legislación se aplicara a las trabajadoras domésticas y rurales, promoviendo un feminismo que valorara lo que hoy llamamos trabajo reproductivo.

El feminismo en América Latina se desarrolló en medio de diferentes acontecimientos históricos de alcance global. ¿Nos puede hablar del impacto que tuvieron algunos de estos eventos en el movimiento?
En los años treinta, acontecimientos históricos como el ascenso del fascismo y la Gran Depresión influyeron en el feminismo de América Latina. En los años anteriores, la Revolución Mexicana y la historia más amplia del imperialismo estadounidense influyeron también profundamente en el feminismo de la región. En los años veinte, en una época de intervención política, militar y económica de EUA en América Central y el Caribe, el antiimperialismo era parte constitutiva de una marca fuerte del feminismo latinoamericano, debido a que este feminismo se preocupó por promover derechos civiles y políticos para las mujeres absolutamente iguales al de los hombres, así como derechos sociales y económicos, especialmente para las madres trabajadoras y sus niños.
Cabe señalar que además se propuso como objetivo el fin del imperialismo estadounidense en la región, debido a que las feministas lo entendieron como responsable, en parte, de la opresión de las mujeres en el territorio. Ellas discutieron cómo el imperialismo estadounidense, ya sea a través de medios militares, económicos o políticos, socavaba los derechos, el bienestar y la seguridad de los pueblos, hombres y mujeres latinoamericanos. Como lo expresó la feminista puertorriqueña Clotilde Betances Jaeger, las mujeres en América Latina tenían la misión de denunciar el dominio estadounidense en «la ocupación de Nicaragua, el Canal de Panamá, el caucho brasileño, el azúcar cubano, el petróleo mexicano, las minas de oro en Perú y las minas de sal chilenas».
Usted destaca la participación de seis activistas cuya colaboración y discrepancias ayudó a tejer una red que permitió la expansión y movilización del feminismo a lo largo del continente. ¿Quiénes son y cómo se logró generar esta conexión intercontinental?
Las seis activistas son Bertha Lutz de Brasil, Ofelia Domínguez Navarro de Cuba, Paulina Luisi de Uruguay, Marta Vergara de Chile, Doris Stevens de los Estados Unidos y Clara González de Panamá. Aunque mi libro incluye muchas otras feministas de México, Argentina, la República Dominicana y otros países, estas seis mujeres fueron muy importantes para el feminismo interamericano, un movimiento que innovaba nuevas formas del derecho internacional y que sentaba las bases para las nociones de derechos humanos internacionales. Estas mujeres fueron fundadoras de organizaciones feministas en sus respectivos países y pioneras de otras maneras, por ejemplo, Clara González fue la primera abogada en Panamá y Paulina Luisi la primera doctora en Uruguay. Las seis participaron en congresos internacionales donde se conocieron y se hicieron amigas o, en algunos casos, enemigas. Todas tenían en común el privilegio racial y el de la educación, así como contar con relaciones personales que les permitían ganar entrada a espacios internacionales de élite. Sin embargo, también eran bastante heterogéneas política e ideológicamente, por lo cual hubo conflictos entre ellas.
Por ejemplo, conflictos acalorados surgieron acerca del imperio del norte y especialmente sobre el imperialismo de las feministas de los Estados Unidos, quienes frecuentemente se consideraban a sí mismas y a sus marcas de feminismo superiores al de las latinoamericanas. Doris Stevens presidió la Comisión Interamericana de Mujeres en su primera década de existencia, y aunque Ofelia Domínguez, Clara González y otras feministas latinoamericanas colaboraron con ella para crearla, encontraban cada vez más estrechos los objetivos de Stevens y su liderazgo unilateral. Los conflictos que las feministas latinoamericanas tenían con Stevens serían clave para ampliar sus objetivos, inclusivos de la justicia económica, social, y antiimperialista, y unir a las mujeres latinoamericanas a su alrededor.
¿Cuáles han sido los logros del feminismo latinoamericano y cuál ha sido su contribución en el tema de los derechos humanos?
Mi libro sostiene que las mujeres de América Latina estuvieron a la vanguardia del feminismo global y los derechos humanos internacionales. Como dije antes, en los congresos y grupos interamericanos, surgieron conflictos acalorados acerca del imperio del norte y especialmente sobre el imperialismo que ejercían las feministas estadounidenses, quienes generalmente se consideraban a sí mismas y a su feminismo superior al de las latinoamericanas. En respuesta, las feministas latinoamericanas se unieron para impulsar su propia definición de feminismo, una definición más amplia, que confrontó muchas formas diferentes de desigualdades y que resultó en victorias importantes. Mientras promovían constantemente los tratados internacionales sobre los derechos de las mujeres, en la década de 1930, conectaron estas demandas con los objetivos internacionales que se conocieron como «derechos humanos».
Su énfasis en la interdependencia humana y bienestar social en el corazón de este movimiento inspiró enlaces entre feministas y otros movimientos contra el antisemitismo, el racismo y el fascismo, exigiendo cada vez más sobre los derechos humanos internacionales a principios de la década de 1940. Las palabras que hoy asociamos con los derechos humanos internacionales: “derechos para todos independientemente de su sexo, raza, clase o religión”, fueron articuladas por feministas y otros activistas latinoamericanos de estos años. Sus influencias fueron evidentes cuando un grupo de feministas latinoamericanas —la brasileña Bertha Lutz, así como Amalia González Caballero de Castillo Ledón de México y Minerva Bernardino de la República Dominicana— actuaron como delegadas en la conferencia de San Francisco en 1945, ahí introdujeron los derechos de las mujeres en la Carta de las Naciones Unidas y su marco internacional de derechos humanos. También propusieron lo que se convertiría en la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Este activismo feminista en torno a la Carta de las Naciones Unidas y también a la Declaración de Derechos Humanos de 1948 fue fundamental para lograr el sufragio femenino en muchos países de América Latina en los años cuarenta y cincuenta.

¿Cuáles son los retos del feminismo en América Latina?
Hoy, el feminismo en América Latina, como en otras partes del mundo, enfrenta los desafíos del neoliberalismo, el ascenso de gobiernos de extrema derecha, la violencia de género y otras fuerzas que socavan los derechos y la autonomía de las mujeres, así como la justicia económica y social en general. Sin embargo, las feministas latinoamericanas también han seguido siendo líderes mundiales. Las feministas indígenas y afrodescendientes en la región han desafiado las epistemologías y prácticas eurocéntricas. Ellas conectan la explotación colonial y capitalista, el extractivismo y la violencia hacia la tierra y los recursos naturales con la explotación patriarcal y la violencia hacia las mujeres.
Ellas y otras activistas latinoamericanas, especialmente en el movimiento #NiUnaMenos, se han replanteado las comprensiones de la justicia y la salud reproductiva. Su activismo ha resultado en la reciente despenalización del aborto en México, Argentina y Colombia, en un momento en que la Corte Suprema de Estados Unidos anuló la Roe v. Wade (la decisión que en 1973 había tomado para garantizar el derecho constitucional al aborto) y los derechos de las mujeres son precarios en muchas otras partes del mundo. Todos tenemos mucho que aprender de las estrategias y el pensamiento innovador de las feministas latinoamericanas.
Para saber más
Marino, Katherine M., Feminismo para América Latina. Un movimiento internacional por los derechos humanos, México, Grano de Sal, 2021.







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