Por Diego Bautista Páez

Pocos son los mexicanos que no han acompañado unos tacos con un Boing de mango o guayaba bien frío. Son pocas y pocos también los que no reconocen el símbolo del Pato Pascual o la Lulú en algún puesto de lámina sobre las calles de la Ciudad de México (esos que últimamente inconscientes gobernantes quieren uniformar y desaparecer). Algunos saben que la Cooperativa Pascual fue una conquista de sus trabajadores frente a un patrón colérico. Este artículo presenta la gestación de la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual desde mayo de 1985, a partir de exponer la lucha de sus trabajadores con relación a los cambios políticos y económicos que tuvo México a mediados de la década de los años ochenta del siglo XX. 

Publicidad de Refrescos Pascual en El Universal, 1 de septiembre de 1957.

La empresa Refrescos Pascual S.A. de CV, propiedad de Víctor Rafael Jiménez Zamudio, y cuarta refresquera más grande de México en ese momento, llegó a su fin debido a un conflicto laboral suscitado entre el 18 de mayo de 1982 y el 27 de mayo de 1985. Una victoria contundente para los trabajadores tras más de mil días de estar detenidas sus labores productivas debido a una huelga por reivindicaciones económicas: pago de salarios caídos, utilidades y el cumplimiento del aumento salarial de emergencia del 10, 20 y 30% que el gobierno de López Portillo declaró a principios de 1982, tras el impacto de la crisis económica que devaluó el peso frente al dólar estadounidense y golpeó el ingreso popular. Después de tres años de empantanamiento del conflicto y muchos “rounds” librados por los huelguistas contra el patrón, sindicatos charros y las autoridades laborales y políticas del régimen, la refresquera se convirtió en la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual (SCTP).  

Este texto se compone de tres secciones para delinear el tránsito de Refrescos Pascual a la SCTP: una breve presentación de la historia de la Pascual privada en el marco de la industria refresquera en México, el parte general de los hechos huelguísticos entre 1982-1985, para concluir con la interacción que hubo entre el cambio de bloque político económico con la resolución del conflicto laboral que permitió que los Patos se hicieran de su cooperativa.

Refrescos Pascual y el patrón Jiménez

Aún sin la SCTP, el caso de Refrescos Pascual ya es, por sí mismo, un fenómeno digno de remembranza y estudio. Ésta se fundó el 12 de marzo de 1938 por Víctor Rafael Jiménez Zamudio. La aventura comercial del expatrón comenzó en un puesto de paletas, luego de jugos, tomando fuerza en los años de la Segunda Guerra Mundial para empezar a producir bebidas embotelladas. Cuatro décadas después, para la década del ochenta –tras haberle ganado una demanda por derechos de propiedad a Walt Disney; ser pionero en la propaganda televisiva y el patrocinio deportivo con el boxeador Raúl “el Ratón” Macías; incursionar comercialmente en Japón, y declararle la “guerra comercial” a las trasnacionales del ramo– era la cuarta refresquera más grande del país.

Jiménez Zamudio incursionó desde muy joven en la elaboración de bebidas gracias a las extensas tierras que tenía en el estado natal de su familia, en las cuales asentaría varias jugueras y otras empresas. Corren rumores de que el originario de Veracruz, durante sus años de formación, fue compañero de aulas y compadre de Luis Echeverría Álvarez. Las primeras marcas que comercializó fueron el Pato Pascual y el Agua Pascual la cual después de seis años en el mercado traspasó con maquinaria y procesos a Agua Electropura.

En 1941 un acontecimiento mayor para la industria refresquera tuvo lugar, por decreto presidencial, Manuel Ávila Camacho estipuló que sólo las empresas de capital mayoritariamente mexicano se podrían dedicar a la fabricación de refrescos. En ese momento, Fomento Económico Mexicano S.A. (FEMSA) –empresa embotelladora fundada en 1890 en la industriosa Monterrey– comienza a elaborar y envasar los productos deCoca Cola, constituyendo una de las mayores distribuidoras del mundo. El decreto provocó que las empresas extranjeras del sector refresquero operasen bajo concesiones muy convenientes dentro del país; obtuvieron insumos –explotación de agua entre las más notables– como de nichos de mercados exclusivos, cuestiones algunas que se mantienen hasta fechas recientes. Por añadido, los conflictos laborales de la industria refresquera pasaron a ser de competencia federal bajo supervisión de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje (JFCyA).

Bajo estas regulaciones, Refrescos Pascual dio el salto a la gran industria mejorando sus procesos productivos e instalaciones. En 1953 se mudó a la planta de producción de Lorenzo Boturini #270, en la colonia Tránsito, estableciendo lo que se conocería como la Planta Sur, después de haber estado en Santa María la Ribera y la Anáhuac. A principio de la siguiente década, a partir de una asociación con Canada Dry, se estableció la Planta Norte en Insurgentes #1320 en la delegación Gustavo A. Madero.

La fábrica Pascual-Canada Dry. Colección: Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual. Fotografía tomada de: https://lacoperacha.org.mx/hace-35-anos-el-fabricon-pascual-se-volvio-de-todos/

Rafael Jiménez Zamudio, padre de siete hijos (Olivia la mayor; Carolina, Alejandrina, Luis, Rafael, Ricardo y Gerardo), junto a su esposa Verónica –y exsecretaria–, fue un empresario prototípico de los años del milagro mexicano y del progreso económico que una minoría de la población tuvo en el breve “Estado social” entre 1940 y finales de la década de los años setenta. Su ingenio empresarial se combinó con una retórica nacionalista y fe en la defensa de la industria nacional “frente a las trasnacionales”. Esta combinación hizo de Jiménez un tipo de empresario particular en el proceso de modernización del país, quien construyó su “ética del trabajo” basada en valores tradicionales y paternalistas hacia sus empleados.

La contracara de la ética nacional y paternalista del dueño de Refrescos Pascual eran las terribles condiciones de trabajo en la empresa. No se contaban con herramientas adecuadas ni seguridad en el trabajo de producción, los vendedores competían entre sí al traslapar las rutas de venta en las cuales sólo se contaba con un ayudante de ventas cuando en el resto de refresqueras el promedio era dos. La gerencia buscaba sumar a la nómina trabajadores de fuera de la ciudad de México para que tuvieran menos movilidad y contactos en ella. Para contrastar estas malas condiciones, Jiménez organizaba bodas masivas de los trabajadores con sus parejas a fin de año en las cuales él era el “padrino”; les ayudaba con préstamos o servicios de salud de manera personal si eran “buenos trabajadores”; y hasta propagandizaba la construcción de la “Villa Pascual” donde vivirían los trabajadores con sus familias con todas las comodidades al lado de nuevas y modernas plantas.

Los trabajadores estaban afiliados a un sindicato de protección patronal con registro en la CTM. Sin embargo, estas condiciones de trabajo, bajos salarios y ausencia de una autentica vida sindical fueron denunciados en intentos anteriores de movilización en 1951, 1955, 1976 y 1978-79.  

Uno de los motivos primordiales por los cuales se explica el éxito de Refrescos Pascual y posteriormente de la SCTP es su producto de comercialización: refrescos de sabor, bebidas carbonatadas y jugos embotellados (la marca Boing salió al mercado en 1965). Si bien el origen de la industria de bebidas en México data del Porfiriato –especialmente con la producción de cerveza– durante el primer periodo de auge económico e industrialización autoritaria del México moderno; un año antes de estallar la huelga en Pascual, en 1981, el país ya era el primer consumidor de refrescos en el mundo. Otra vez en un periodo de administración autoritaria de la economía y la política del país.

La huelga

Los trabajadores de las dos plantas de Pascual se enfrentaron a un patrón de viejo cuño quien intentó romper la huelga en Planta Sur, el 31 de mayo de 1982, con saldo de dos trabajadores asesinados y 17 heridos de gravedad. En Pascual había una huelga de hecho, es decir sin aval de las autoridades laborales; ésta había comenzado el 18 del mismo mes, por lo cual después de 3 días de paro se podía oficializar el despido individual de cada trabajador como despido justificado sin derecho a indemnización. Tras doce días y noches de huelga por exigir el pago de salarios caídos, utilidades y el ya referido aumento de 10, 20 y 30%, Jiménez irrumpió en las instalaciones de Planta Sur para romper la huelga con golpeadores, empleados de confianza y trabajadores de sus embotelladoras y jugueras de Veracruz llevados bajo engaños a la ciudad de México esa mañana. Los esquiroles embistieron por las calles de Zoquipa y el callejón Vallarino con camionetas de reparto y Jiménez Zamudio arengando, megáfono en mano, por recuperar “su” planta. Una unidad de reparto embistió llevándose de por medio a Álvaro Hernández García, mientras tanto varillazos, humo de extinguidor y balazos de pistoleros que se encontraban dentro de la fábrica, hicieron que los paristas despejarán las puertas de Planta sur. Una de las balas alcanzó a José Concepción Jacobo García, quien murió al instante. Los trabajadores lograron repeler el ataque y hacer que Jiménez y sus esquiroles se atrincheraran puertas adentro, posteriormente, marcharon hacia la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje exigiendo justicia ante la agresión patronal.

Trabajadores de Pascual el 31 de mayo de 1982. Colección: Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual. Fotografía tomada de: Memorias de Pascual. La construcción de una cooperativa.

La represión fue un parteaguas para el conflicto de Pascual. Unió a sus trabajadores y granjeó la simpatía de los habitantes de la ciudad de México y la parte menos coartada de la opinión pública nacional. Además, ratificó a los asesores del Partido Mexicano de los Trabajadores (PTM) de la delegacional GAM, presentes el 18 de mayo y que habían arengado el inicio del paro en Planta norte. Dionisio Noriega y Raúl Pedraza –los principales asesores sobre terreno– comieron, durmieron y marcharon con los trabajadores en huelga en los siguientes tres años; se les sumó en asesoría de tiempo completo el aparato sindical del partido, incluyendo a su secretario de organización: el exferrocarilero y preso político Demetrio Vallejo Martínez.

A las reivindicaciones salariales se sumaron los reclamos de justicia para las cuales era necesaria una representación sindical auténtica. Ello llevó a los Patos a confrontarse con las secciones sindicales 369 y 370 del Sindicato Nacional de la Industria Refresquera puntal del sindicalismo oficial cetemista. Aunque su dirigente Armando Neyra se apersonó después de los acontecimientos represivos –con la caradura de que su organización abaló durante décadas la existencia de un sindicato de protección patronal (“blanco”) en la empresa–  para conseguir la expedita solución al conflicto, con la única cláusula de que los Patos se desvincularan de la asesoría del PMT. Los trabajadores no estuvieron de acuerdo y así se lo hicieron saber a Neyra y Fidel Velázquez en las propias instalaciones de la CTM, expulsándolos de la asamblea para definir la representación sindical.

Los trabajadores de Pascual chocaron abiertamente contra el charrismo. De cierta manera, su huelga era un nuevo cara a cara entre Fidel Velázquez y Demetrio Vallejo, quienes se habían enfrentado en las huelgas de ferrocarrileros de 1958-59 con saldo favorable para el cetemista. En el caso de Pascual, el primer escollo para resolver el conflicto fue la básica demanda de que se diera a conocer el contrato colectivo de trabajo que el sindicato de Neyra pretendía firmar con la empresa para reanudar labores. En su célebre Pascual, sexto round, Paco Ignacio Taibo II cuenta que sólo se conoció el contrato colectivo de trabajo de Pascual gracias a la solidaridad de los trabajadores de imprentas y basureros que informaron sobre su paradero… Sin duda, sería interesante saber las opiniones y posicionamientos de Vallejo y Velázquez sobre los procesos de ratificación-legitimación de los contratos colectivos de trabajo que se abrieron a raíz de la reforma laboral de 2019 y que culminaron en mayo de 2023.

Para derrotar a la CTM, los trabajadores se acercaron a la CROC para conseguir el registro sindical. Sólo es posible entender este entuerto de representatividad sindical, en el cual los trabajadores no se pueden representar a sí mismos, bajo los históricos baluartes de corporativismo sindical mexicano signados en la toma de nota por parte de las autoridades y la cláusula de exclusividad (no puede haber más de un sindicato titular por centro de trabajo y los trabajadores sólo pueden estar afiliados a él). Al no encontrar eco en la CROC nacional, los Pascuales recurrieron a un sindicato filial, el Benito Juárez de Aguas Gaseosas en Puebla, quienes tenían la experiencia fresca de protestas laborales en Sidral Mundet.  

Aunque los trabajadores ya contaban con una filiación sindical, debía legitimarse ante las autoridades laborales. La famosa toma de nota sólo fue posible gracias a que los Patos tomaron el séptimo piso de la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje. Este episodio es uno de los más rememorados, pues gracias a esta acción de fuerza los trabajadores adquirieron la personalidad legal para exigir se cumplieran sus demandas ante Refrescos Pascual, a las cuales se sumaban los salarios caídos de todos los trabajadores involucrados en el conflicto. Por parte de la empresa, Olivia Jiménez llevaba las gestiones legales del conflicto, pues su padre estaba fugado después de los hechos represivos que protagonizó el 31 de mayo de 1982. A principios de 1984, Refrescos Pascual se declaró en bancarrota por lo que no podía pagar sus deudas ya reconocidas con los trabajadores.

Los bienes de Refrescos Pascual se embargaron y fueron rematados como unidad industrial, es decir en conjunto las marcas, patentes, herramientas de trabajo, etc. Ante esta nueva situación, el 18 de agosto de 1984, los trabajadores –tras más de dos años de movilización, campamentos e intentos tramposos de reanudar la producción– decidieron en asamblea, por unanimidad y recomendación de Vallejo Martínez, constituirse en cooperativa para buscar relanzar la producción. Aún quedaría el último tramo del conflicto para poder ver esta convicción colectiva hecha realidad, marcada por decisiones de índole política y económica para volver a echar a andar una fábrica de ese tamaño. Todo ello partió de la decisión de los trabajadores de continuar trabajando, pero sin el patrón, el germen de la huelga.

En este apretado resumen de la huelga de Pascual dejé de lado muchos acontecimientos y procesos importantes en afán de destacar aquellos decisivos para la resolución del conflicto. No obstante, es importante resaltar que los trabajadores de Pascual no hubieran podido sostener su huelga sin la ayuda, en primer lugar, de sus familias y del Comité de Madres, Esposas y Hermanas de los Trabajadores de Pascual, el cual se constituyó en el verano de 1982 (previo al inicio del ciclo escolar que requiere de un gasto fuerte para las familias). Ellas también difundieron los acontecimientos de la huelga, durmieron en los campamentos y marcharon por toda la ciudad de México para exigir solución al conflicto. En segundo lugar, la supervivencia de los huelguistas también fue posible gracias a los habitantes y organizaciones de la ciudad de México, quienes apoyaron a los Patos para sostener los campamentos de huelga a partir de la icónica interacción del boteo en mercados, transportes públicos, escuelas y centros de trabajo.

La cooperativa y el cambio de régimen

¿Por qué el conflicto laboral de Pascual logró una resolución final, tan favorable, pero hasta mayo de 1985? ¿Por qué no antes? ¿Por qué no después? Esta tuvo que ver con factores externos a la voluntad de sus trabajadores y más bien con algunos cambios en el régimen político y económico mexicano que les había negado una pronta solución en los años previos. Concluyo con algunos puntos a partir de este enfoque, pues los orígenes de la SCTP han sido explicados de manera interna del conflicto laboral y no de forma externa en su interacción con el régimen político mexicano.

La coyuntura crítica que vivió México a principios de la década del ochenta del siglo XX modificó la fisonomía de todo el país. La crisis económica de 1982 y el desgaste del régimen político marcaron un cambio en el grupo gobernante dentro del partido de Estado, así como en su orientación económica, abriendo ciertas posibilidades para la formación de la SCTP. En primer lugar, porque la intervención estatal en el conflicto no contempló una nacionalización para la formación de una paraestatal; cuestión que en un primer momento los propios huelguistas no vieron mal. En ese momento, la mudanza hacia el libre mercado de la política federal y la falta de centralidad de la industria refresquera para la política nacional –hubiera sido distinta, por ejemplo, con una productora de leche– desincentivaron la posible nacionalización.

Hacia mayo de 1984, los Patos concurrieron como el primer y único ofertante al remate industrial organizado por las autoridades laborales. La puja comercial quedó saldada con sus salarios caídos y prestaciones devengadas, además de que fueron los propios huelguistas quienes hicieron el cálculo sobre el precio de las herramientas y materias primeras contenidas en las Plantas sur y norte. Sin duda este cierre atípico del conflicto en Refrescos Pascual tenía motivos propios de su dinámica interna en la cual era difícil imaginar que alguna empresa nacional o extranjera adquiriera la empresa con semejantes problemas legales y laborales, pero también acusa una voluntad política de las autoridades por resolver el conflicto. Ante éstas, el poder y vínculo del expatrón y prófugo Rafael Jiménez Zamudio parecían ya no tener el mismo efecto que en los sexenios de Echeverría y López Portillo.

La actuación del gobierno de Miguel de la Madrid en la resolución del conflicto de Pascual aún está por explorarse. Dejar el cauce legal y favorecer la adquisición de los bienes de la empresa en favor de los huelguistas tal vez tenía que ver con, de cara a las elecciones legislativas del 7 de julio de 1985, cerrar una huelga heredada y extendida en el tiempo que había logrado amplia difusión y simpatía. También entró en juego la propuesta de política económica federal por reanimar al tercer sector de la economía, entre la empresa privada y las paraestatales, tras la crisis económica y devaluación del peso que estuvieron en el origen de la huelga en Refrescos Pascual.

En México, la economía social enunciada por De la Madrid fue el preámbulo de las fórmulas de autonomía económica parte de los gérmenes de las gestiones neoliberales. Las ideas del “emprendedurismo” eran una forma de desligarse del desarrollo económico industrial y agropecuario que el Estado mexicano había garantizado bajo formas autoritarias y clientelares en las décadas anteriores. Cuando los nuevos cooperativistas de la SCTP buscaron ayuda para relanzar la producción en 1985, el presidente De la Madrid les aseguró que tendrían su apoyo. Este nunca llegó. Lo único que se les hizo llegar a los Patos fue un estudio de factibilidad técnica del departamento de Fomento Social y Cooperativo (FOSOC, 1985) que en sus conclusiones marcaba que el funcionamiento de la nueva cooperativa sólo estaría asegurado si reducían a la mitad la fuerza de trabajo, quitaban dos líneas de producción (botella de Lulú y Pascual) y contrataban a administradores especializados para llevar la dirección de la empresa. Los Patos no hicieron caso a los vientos de la gerencia patronal ni gubernamental, ¡salud por ellos!

Bautista Páez, Diego, “Los patos rebeldes. La Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual: experiencia y conciencia de clase (1982-1985)”, tesis de maestría en Estudios Sociales, Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Iztapalapa, 2016.

Memorias de Pascual. La construcción de una cooperativa, México, Fundación Cultural Trabajadores de Pascual y del Arte A. C, 2002-2008, 4 volúmenes.

Taibo II, Paco Ignacio, Pascual, décimo round, México, Praxis-Información Obrera, 1987.

Taibo II, Paco Ignacio, Pascual, sexto round, México, Praxis-Información Obrera, 1982.

Deja un comentario

Tendencias