Esta breve reseña tiene como propósito invitar a los interesados en el México colonial a leer el libro Caminos sin fronteras. Gente en Nueva España al inicio de la era global (Editorial Raíces, 2022) de Antonio Rubial, en mi opinión, imprescindible para tener una idea general del periodo, si bien inyectada de numerosos acercamientos específicos que permiten profundizar en trescientos años de nuestro pasado.
La obra consta de catorce biografías; entre las de hombres de diferentes orígenes, se incluyen las de cinco mujeres y la de un indio. Estas vidas, expuestas atractivamente, no se circunscriben a un periodo específico, sino que, casi respetando plenamente el criterio cronológico, han sido ordenadas para cubrir paulatinamente los siglos XVI, XVII y XVIII.
Rubial, en el prólogo, parte del actual mundo globalizado para ubicar el inicio del proceso cuando “los europeos realizaron sus primeras expediciones marítimas en busca de metales preciosos, de cuerpos que someter y de almas para redimir”. El autor explica cómo fue que los europeos llegaron a esta posición y cómo, las necesidades comerciales y de poseer metales desarrollaron los viajes a través del mundo. Cómo los avances logrados por españoles y portugueses despertaron la apetencia de Inglaterra, Francia y Holanda.
Asimismo, el autor nos indica que eligió a sus excepcionales biografiados “por su representatividad, tanto por su procedencia y destino, como por su condición social, género o convicción religiosa”. Todos ellos vivieron en algún momento en la Nueva España, se vieron afectados por las transformaciones del imperio español, y todos ellos atravesaron no sólo las fronteras geográficas sino también las mentales, pues se vieron obligados a adaptarse a las nuevas condiciones, muchas veces haciendo a un lado sus aspiraciones, sus sueños.
Nueva España: “donde los caminos del mundo se cruzaban, donde se unían las rutas que comenzaron a rodear el planeta, con lo cual llegaron a ella personas y productos procedentes de Europa, Asia y África”.

Cada biografía significa, entonces, un cruce de fronteras, de límites, tan relevantes como los geográficos, pero más simbólicos. Tecuichpo-Isabel Motecuzoma, hija del Tlatoani Moctezuma, ilustra el traspaso de las fronteras culturales. Esteban de Dorantes, originario de Marruecos, nos plantea el cruce de fronteras lingüísticas y religiosas; Miguel Caldera, zacatecano, fundador de pueblos, nos muestra el cruce de fronteras económicas, y Francisca Núñez de Carvajal, portuguesa, nos coloca frente a la frontera de la intolerancia. La vida de Luis Barreto, esclavo mulato, exhibe el tránsito de la movilidad social, el paso por la frontera misionera y las actividades mercantiles; así como los intereses ingleses son evidentes en la biografía de Thomas Gage de Santa María. Para acercarnos a las fronteras del género, ahí tenemos a Catalina-Antonio de Herauzo, la Monja Alférez, en tanto que la frontera del egoísmo es cruzada por Diego del Castillo, cuya vida nos permite reconocer las características de la economía entre los siglos XVII y XVIII. Por su parte, Mirah-Catalina de San Juan, esclava, traspasa las fronteras geográficas y las de la marginación, “las construidas por los prejuicios sobre la capacidad de las mujeres y de las personas de piel oscura”. Alonso Villanueva Ramírez atraviesa el mundo entero y vive las transformaciones políticas y económicas que van a llevar a cambios en las creencias religiosas, y Francisco Xavier Bischoff cruza la frontera misionera en Baja California para presenciar la expulsión jesuita y las grandes convulsiones del siglo XVIII. En cambio, Diego García Panés representa el tránsito de la frontera del conocimiento, al ser cautivado por el estudio del mundo prehispánico. Por su parte, Louisse de Dufressi se atrevió a trasponer la frontera de las buenas costumbres impuestas a las mujeres decentes. Jacinto Uc Kan Ek, el último biografiado, traspone la frontera de lo establecido para volver a los orígenes mayas y aun mexicas.
Un epílogo cierra el libro, epílogo que nos conduce del pasado al presente nuevamente.
La lectura del texto fluye sin interrupciones porque no tiene notas. Además, los capítulos son claros, sencillos, suficientes en sí mismos. Se puede leer solo uno o todos. La desenvoltura de la escritura es uno de sus méritos. Por supuesto, al final, Rubial nos indica cuáles fueron las fuentes que utilizó para elaborar cada biografía para aquellos que quieren saber más detalles sobre el asunto.
No es posible definir el libro como producto de una determinada historia: es historia social, pero también es política, cultural, científica, económica, religiosa, cotidiana. Para mi gusto es el resultado de hacer una historia total, de hacer historia sin adjetivos, como me gusta llamarla.
En suma, es una obra de divulgación histórica totalmente alejada de esquemas tradicionales. Se trata de un verdadero libro de aventuras, desde mi perspectiva, un libro de historia innovador. Espero se sumerjan en su lectura y les resulte fascinante como lo fue para mí.






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