Por Daniel Vargas Parra

Diego María Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez nació en Guanajuato el 8 de diciembre de 1886. Diego fue un artista completo. Transitó de un academicismo formal puro a una vanguardia crítica y heterodoxa como lo es el cubismo.

Actualmente es poco conocida la obra cubista de Diego Rivera. Durante la década de los diez, el pintor perteneció al círculo de Montparnasse, donde tuvo contacto con las figuras más destacadas de las vanguardias parisinas. Ahí conoce a Piet Mondrian, Conrad Kickert y por supuesto a Robert Delaunay, Juan Gris y Pablo Picasso, quienes le llevan a interesarse por los principios cubistas. Diego transitó por esta vanguardia durante casi cinco años: pintó alrededor de doscientas pinturas.  El crítico de arte Ramón Favela asegura que Diego asimila al cubismo a través del estudio del Greco y mediante la reinterpretación de la obra de Cézanne. Diego manejó como nadie el retrato en función del color y el movimiento. Su cubismo fue único y determinó un lenguaje particular y una paleta característica. Rivera termina por convertirse en emblema de la transformación del cubismo a un nuevo nivel y así, con su “cubismo del Anáhuac” conquista un lugar de privilegio en la vanguardia. Al paso de los años, los adoctrinamientos de algunos líderes del movimiento cubista y la visceralidad de los arranques del pintor terminan por expulsarlo de la escuela y preparar su retorno a México. Diego nunca quiso retomar el cubismo y desde entonces renegó de aquella prodigiosa etapa de su carrera. Incluso se negó a visitar París durante el resto de sus días.

Fue el máximo representante del muralismo mexicano moderno y, a la vez, su obra signó una etapa lúcida y virtuosa en las ilustraciones. La faceta de Diego como ilustrador es prolífica. Desde su encuentro con el taller de José Guadalupe Posada en la ciudad de México recrea en la caricatura una forma de expresión de su realidad. A su regreso de Europa colabora intensamente con grabadores y dibujantes en la creación de diversas publicaciones políticas y manifiestos artísticos. La ilustración nunca dejó de ser importante para Rivera, se mantuvo en diálogo constante en su carrera como pintor y mucho de lo que generó como muralista comenzó en el diseño en papel como ilustrador y, viceversa, alegorías y escenas que produjo en muros y caballetes terminaron en asombrosas láminas editoriales. Fue director de revistas como El Machete y colaborador de muchas publicaciones, entre las que se encuentran: Sabia Moderna, Montaje, El Sembrador, La Falange, El Maestro, Mexican Folkways, Das Werk, Esta Semana, Minotauro, Siempre!, entre muchas otras.

En los veinte y treinta, Rivera elabora lo más representativo del movimiento mural mexicano: pinta en el auditorio de San Ildefonso “La Creación”, los conocidos murales en la Secretaría de Educación Pública, la capilla riveriana en la Escuela Nacional de Agricultura de Chapingo, El Palacio de Cortés en Cuernavaca, sus frescos en el Palacio Nacional y los muros en Estados Unidos: Detroit, Los Ángeles y el conocido mural “El hombre en la encrucijada de caminos”, destruido por la familia Rockefeller en Nueva York. Diego siempre experimentó con la geometría y la óptica. Compuso nuevas formas de análisis escópico y cuestionó los paradigmas estáticos de la representación euclidiana. Ya en los cincuenta, crea murales exteriores y curvilíneos, mosaicos y esculturas monumentales en: El Cárcamo de Dolores de Chapultepec, El Estadio de la Ciudad Universitaria, El Teatro de los Insurgentes y el Hospital Centro Médico La Raza.Pero no todo fue el pincel y el pigmento. Rivera desarrolló una habilidad única para el estudio de las formas constructivas. Incursiona durante los cuarenta en la experimentación arquitectónica. Proyecta y ejecuta un museo para su colección de piezas prehispánicas en El Pedregal que denomina neo maya y estilo Rivera. Poco tiempo después desarrolla en la plástica la escultopintura, una especie de hibrido entre la técnica de mosaico de piedras de color natural y la escultura de relieve en sus murales. Así sea desde el caballete, el panfleto, los muros, la escultura o el edificio, Rivera creó un universo de formas y color vivo, realista. Las facetas del artista son muchas, la habilidad de Diego es incuestionable y su potencia expresiva inconfundible.

Diego creció entre granjas y minas, dedicó su niñez a coleccionar guijarros, piedritas y cavar agujeros en la tierra para buscarlos. Fue educado en la contemplación de la naturaleza, su multiplicidad y metamorfosis, mediante el dibujo. Entre sus anotaciones, poco a poco logró tomar conciencia de la transformación de la naturaleza. Como espejo fue que Diego recurrió a la invención plástica. Sus murales juegan a reflejar una imaginería sobre la creación natural y su recreación mediante el desarrollo técnico e industrial. Sus frescos lo miran al dejarse trazar como producto de un intelecto endemoniado por la inquietud sobre la integración entre lo natural y el arte. 

Diego fue un convencido de la dinámica de las fuerzas artísticas en la búsqueda del equilibrio con las leyes del universo y el alma secreta del hombre. Generó color y textura como un lenguaje sobre ficciones utópicas, donde las sociedades industriales aprendían de su pasado artesanal. Su pintura advierte sobre la armonía de la civilización, que adopta como patrón de vida el ritmo oscilante de la horizontal en los valles y montañas sólo para adaptarlos a la arquitectura. Rivera, pues, canta sobre sus paisajes y ahí hace versos a la técnica antigua y moderna, así lo narran las historias retratadas por sus muros. Ahí, en la unidad plástica labrada durante más de 70 años, el muralista concibe su obra de arte total.

Para saber más

Cardona Peña, Alfredo, Conversaciones con Diego Rivera: (el monstruo en su laberinto), México, Editorial Diana, 1986.

De la Torriente, Loló, Memoria y razón de Diego Rivera, México, Editorial Renacimiento, 1959.

Wolfe, Bertram David, La fabulosa vida de Diego Rivera, México, Editorial Diana, 1986. 

Imagen de portada: La creación, Diego Rivera, 1922-1923. Imagen tomada de Wikimedia Commons.

Deja un comentario

Tendencias