Racismo y Reconstrucción
septiembre 2, 2020 La Bola

Racismo y Reconstrucción: algunos actos de violencia hacia los negros al término de la guerra civil estadounidense, 1865-1870

Por Samuel Iván García Bahena

La Guerra de Secesión de Estados Unidos (1861-1865) trajo consigo, entre otras cosas, la posibilidad para la población afroamericana de obtener su libertad y otra serie de derechos ciudadanos. En efecto, se crearon leyes y normas que comenzaron a protegerlos y darles garantías. Sin embargo, en la vida diaria hubo múltiples muestras de discriminación, agresiones y muestras de odio que continuaron sucediendo a pesar de las disposiciones políticas. El autor brinda un artículo que pone al descubierto la importancia de la población afrodescendiente en la conquista de sus derechos, así como la discordancia entre las leyes y las prácticas sociales.  

En mayo de 2020 diversas voces de Estados Unidos y el mundo se alzaron en protesta por el asesinato del ciudadano afroamericano George Floyd a manos de policías de Minneapolis tras la supuesta denuncia, de haber pagado con un billete falso. “No puedo respirar” y “Las vidas de los negros importan” fueron parte de los slogans en las protestas por su muerte. Años atrás en 2014, Eric Garner, otro afroamericano, también murió a manos de fuerzas policiacas en Nueva York por asfixia tras haber vendido cigarros libres de impuestos en las calles de la ciudad; en 2012, James Brown sufrió la misma situación, esta vez bajo custodia en El Paso Texas por haber conducido en aparente estado de ebriedad. Tanto Brown, Garner y Floyd –al igual que otros 40 afroamericanos en años recientes, de acuerdo con The New York Times– murieron por cometer supuestas infracciones a la ley, ninguna de ellas violenta ni tampoco grave. No importó que fueran o no inocentes, lo que al parecer sí importó es que fueron “personas de color”. En los tres casos la sola sospecha de un crimen bastó para ejercer una violencia que, acompañada de discriminación y racismo evidencian un largo proceso de odio –consciente o no– por parte de ciertos sectores de la población blanca estadounidense hacia sus compatriotas afrodescendientes.

Esta violencia no es nueva, posiblemente surgió desde que los primeros negros capturados en África fueron vendidos como esclavos a los colonos americanos de Virginia en 1619. Desde entonces y hasta 1865 podría entenderse que buena parte de la población blanca estadounidense justificara la esclavitud a través de ese acto y, por ende, todo tipo de violencia –verbal, física, sexual, psicológica, simbólica, etc.– contra los negros esclavos y aquéllos que no lo eran, es decir, los negros “libres”. Sin embargo, una vez que se suprimió la esclavitud, podría pensarse que los afroamericanos obtuvieron el pase directo hacia una inclusión dentro de la vida política, social y económica. De haber sido así ¿por qué en pleno 2020 aún existen prácticas racistas discriminatorias y violentas hacia los afroamericanos?

El presente artículo tiene como objetivo analizar la situación de la población afroamericana en un momento crucial de la historia estadounidense: se trata del periodo comprendido entre el término de la Guerra de Secesión y la llamada Reconstrucción, época en la que se intentó impulsar social, económica y políticamente a los Estados Unidos después de cuatro años de guerra, se abolió la esclavitud y se comenzó el proceso de reconocimiento legal de diversos derechos para la población negra. Sin embargo, a pesar de que se intentó en determinado momento incluirlos en sociedad, ciertos sectores de la población blanca se opusieron, como continúan oponiéndose hasta el día de hoy. Así, el racismo y la violencia en contra de estos grupos tienen una larga historia que permite explicar su rechazo hasta nuestro presente.

Los afroamericanos durante la Guerra de Secesión

La Guerra de Secesión (1861-1865) fue un conflicto armado civil que sucedió entre las diferentes entidades que conformaban a los Estados Unidos de América. El país se encontraba dividido en dos bandos: los estados del sur, que formaron la facción confederada (Carolina del Sur, Mississippi, Alabama, Florida, Georgia, Luisiana, Texas, Virginia, Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee) y que en su mayoría defendieron la esclavitud como sistema económico y como un estilo de vida. Por otro lado, se encontraba la facción del norte, conocida como los unionistas (California, Kansas, Maryland, Nueva York, Distrito de Columbia y otros), quienes defendían la idea del trabajo libre con tintes capitalistas y por ende, muchos de ellos, apoyaron la abolición de la esclavitud. Cada una de estas regiones tenía intereses económicos particulares; cuando Abraham Lincoln fue electo presidente, los sureños decidieron separarse y redactar una nueva constitución que respondiera a sus necesidades.

General map of the United States, showing the area and extent of the free & slave-holding states, and the territories of the Union : also the boundary of the seceding States. (Mapa de los Estados Unidos que muestra el área y extensión de los estados esclavistas y antiesclavistas y los territorios de la Unión: también los límites de los estados secesionistas). Tomado de Library of Congress. https://www.loc.gov/resource/g3701e.cw1020000/?r=-0.129,-0.051,1.17,0.92,0.

En medio de este conflicto se encontraron los negros, clasificados  a su vez, en esclavos y libres, conformando en muchas zonas del sur una gran cantidad de población.  Un censo de 1860 llegó a contabilizar a más de 12 millones de afroamericanos viviendo en los estados sureños de los cuales, el 32.2% eran esclavos. Aunque la esclavitud fue el sostén económico en muchas de estas regiones, también existió una inmensa población de negros libres; sin embargo esto no fue sinónimo de una vida libre de rechazo, segregación y racismo. El siguiente mapa de 1861 ilustra la distribución de la población esclava en el sur estadounidense (que fue desde menos de un 10% hasta más del 80% en algunos territorios), y es representada de menor a mayor intensidad en la escala de grises.

Map showing the distribution of the slave population of the southern states of the United States. Compiled from the census of 1860 (Mapa que muestra la distribución de la población esclava de los estados sureños de Estados Unidos de América). Tomado de Library of Congress. https://www.loc.gov/resource/g3861e.cw0013200/

Es muy probable que, como cualquier proceso histórico, se romantice esta guerra como una lucha que tuvo el objetivo de acabar con la esclavitud; como un conflicto maniqueo de “buenos contra malos” con la mira de guiar hacia “la libertad” a los negros esclavizados. Sin embargo, no fue así.

Mientras transcurrió la guerra, el presidente republicano Abraham Lincoln proclamó en 1863 la emancipación de los negros en los territorios de la Confederación hostiles al gobierno de la Unión. A pesar de ello, esta medida no debe verse como una política a favor de los afroamericanos, sino como un medio de combate que intentó que los estados del sur –zonas esclavistas y unidas por un acuerdo confederado– se rindieran ante el norte, ya que el decreto sólo liberó a los esclavos de las áreas en rebelión. La pérdida de estos sujetos supondría un duro golpe económico para aquellas regiones que dependían de la mano de obra servil.

El principal objetivo del Decreto de Emancipación fue evitar la desunión del país, mas no, acabar con la esclavitud. Incluso, una vez que se efectuó se estuvo lejos de pensar en otorgar la igualdad a los negros; si se les incluyó como parte activa de la guerra fue debido a la insuficiencia de nuevos voluntarios blancos para continuar con la lucha armada: la falta de hombres permitió ver la inclusión del hombre negro en la guerra bajo otra perspectiva. Sólo entonces se les posibilitó luchar por la Unión y el término de la esclavitud. El reclutamiento de afroamericanos se volvió necesario a pesar del desprecio y racismo del que fueron objeto; por ejemplo, el motín de tintes raciales en julio de 1863 en la ciudad de Nueva York donde la población negra sufrió considerables vejaciones durante varios días al igual que simpatizantes abolicionistas; incluso, la multitud enardecida incendió el orfanatorio de niños afroamericanos. En este evento, además de diferencias raciales, muchos trabajadores blancos pero pobres temieron que una ola de negros libres se movilizara a los estados del norte y tomaran posesión de sus empleos, los cuales ya eran muy mal pagados.

Dentro del ejército unionista los negros continuaron sufriendo tratos discriminatorios; a menudo fueron tratados como “brutos”, además, tanto los altos mandos como la tropa los miraban con desprecio. Luchar por la Unión no fue sinónimo de un trato igualitario por parte de los blancos, quizás por ello estuvieron en su mayoría bajo su mando. Por contradictorio que pareciera la burocracia en muchas ocasiones frenó y enlenteció el alistamiento de negros en el ejército; en otras más, los oficiales blancos de los diversos regimientos se negaron a mezclarse con cuerpos militares afroamericanos, de modo que estos últimos vivieron una especie de segregación militar temprana. El semanario neoyorkino The Harper’s Weekly denunció diversos casos al respecto, sobre todo en 1863 cuando el reclutamiento de negros fue una realidad: hubo momentos en el que no se quiso pagar el salario de los reclutas afroamericanos porque “su piel era demasiado oscura”; en otras ocasiones, no se les empleó en ninguna tarea “ni como soldados o trabajadores” sin darse cuenta de que “eran excelentes materiales de lucha”; en otros momentos, se les ordenó regresar nuevamente con sus amos en las plantaciones del sur al no ser requeridos. En el ejemplar del 20 de junio de 1863 el Weekly criticó la falta de visión de las autoridades unionistas en el empleo de afroamericanos en la lucha armada y también que la mayoría de la población blanca hubiera creído en 1861 “que no era digno de una nación civilizada o cristiana” utilizar soldados para la guerra cuya piel no fuera blanca.

No obstante el racismo en el norte, el decreto de emancipación atrajo a numerosos esclavos a las filas republicanas y, de acuerdo con el historiador estadounidense Eric Foner,

“al final de la guerra, unos 180 000 negros habían servido en el Ejército de la Unión, [es decir] más de una quinta parte de la población negra masculina adulta del país [y] menor a los cuarenta y cinco años. El porcentaje más alto se originó en los estados fronterizos [sureños con la Unión], donde el alistamiento fue, durante la mayor parte de la guerra, la única ruta hacia la libertad”.

Muchos afroamericanos se enlistaron con el ideal de abolir la esclavitud y obtener su liberación. Algunos se apropiaron de las nociones liberales del partido republicano de Lincoln, como aquellos de “nación”, “trabajo libre” y “abolicionismo” en un intento por mezclarlos con objetivos propios para alcanzar la emancipación. Algunos más, como los negros libres en Nueva York, también participaron dentro del movimiento abolicionista redactando y editando periódicos a favor de la causa unionista como el Freedom´s Journal o el diario The New Orleans Tribune –uno de los primeros diarios producidos totalmente por afroamericanos en 1864– y el periódico The Free Press en la ciudad de Charleston al sur de Carolina.

 The Black Reconstruction

Con el término de la guerra en 1865 inició el periodo conocido como Reconstrucción,  que duraría hasta 1877. Esta etapa impulsó al país a una situación de posguerra y también a la reincorporación de los estados confederados a la Unión. El proceso no fue fácil ya que habían muerto más de 600 mil combatientes en ambos bandos, algo insólito para la época. Reconstruir la nación también implicó la ocupación militar de los estados del sur por las tropas federales durante algunos años en un suceso que el historiador estadounidense Edward L. Ayers denominó “la primera ocupación” de una zona enemiga; en este evento podría hallarse el primer intento estadounidense por ocupar territorios derrotados; acto que se repitió con frecuencia a lo largo del siglo XX.

La Reconstrucción generalmente establecida entre 1865-1877 fue un periodo que, al igual que el desarrollo mismo de la guerra, dependió de cada estado y región. Eric Foner señala que existieron “intentos de reconstrucción” tempranos en los estados rebeldes desde 1863. Por entonces el presidente Lincoln había ideado un plan de reincorporación bastante indulgente con los estados sureños que se rindieron durante su mandato; la muerte del presidente implicó medidas más radicales para aquellos territorios que lucharon hasta el final de la guerra. Por ejemplo, el estado de Georgia se rindió muy tarde ante la Unión, hasta el término del conflicto, y las condiciones de su readmisión fueron mucho más duras que la de otros territorios. Otros estados reincorporados tuvieron que adaptar las diversas constituciones estatales bajo las condiciones de la del norte, como jurar la Constitución federal y lealtad futura al gobierno de la Unión, así como aceptar la Proclama de la Emancipación; es decir, aceptar que los negros esclavos serían libres a partir de su aceptación y aplicación. En el caso de los afroamericanos liberados la reconstrucción implicó una lucha en dos frentes: contra el estigma social heredado de la esclavitud y contra el racismo, la discriminación y la desigualdad tanto en los estados sureños como en los del norte.

Aunque difícil de lograr y ejercer es innegable que con el término de la guerra los afroamericanos de Estados Unidos obtuvieron al menos, momentáneamente, una serie de progresos sociales, políticos y económicos que habrían sido imposibles de practicar sin el estallido del conflicto y sin la abolición de la esclavitud.

Entre 1865 y 1870 se obtuvo lo que pareció ser uno de los mayores logros para los negros después de la guerra, y entre esos años, se aprobaron una serie de enmiendas que, como su nombre indica, reformaron las leyes en la Constitución de los Estados Unidos. Así por ejemplo, la 13ª enmienda oficialmente abolió la esclavitud en todo el territorio y su inclusión y aceptación fue una condición para la readmisión de los estados beligerantes. También se creó la Oficina de Libertos (The Freedmen´s Bureau), cuyo objetivo fue proporcionar salud, educación y asistencia a los esclavos liberados; se garantizó la ciudadanía a los afroamericanos y a cualquier persona nacida o naturalizada en Estados Unidos mediante la 14ª enmienda de 1868 que, además, garantizaba un proceso igualitario ante ley. Entre 1869 y 1870 se aprobó y ratificó la 15ª enmienda que garantizaba el derecho de los negros a votar en las elecciones. En estos años finalizó la esclavitud de forma legal, se otorgó la ciudadanía a toda persona nacida en territorio estadounidense con lo que se reconocía a los negros anteriormente esclavizados por primera vez como personas y no bajo la calidad de propiedad; de modo que estos grupos obtuvieron voz y representación política mediante el voto en las urnas electorales. Un grabado del semanario político neoyorkino The Harper’s Weekly dio cuenta de ello en su portada del 16 de noviembre de 1867, pues mostraba el “primer voto” de hombres de color libres en el sur: el semanario advirtió que era un suceso admirable, ya que los negros acudieron a las urnas sin una aparente expresión de desafío hacia sus antiguos maestros y amos. En suma, esta imagen puede ilustrar uno de los aspectos positivos de la reconstrucción estadounidense.

A. R. Waud, The First Vote (El primer voto), en Harper’s Weekley. Journal of Civilization, 16 de noviembre de 1867. p. 1. Imagen tomada de: https://blackhistory.harpweek.com/7Illustrations/Reconstruction/TheFirstVoteBI.htm

El racismo heredado tras dos siglos de ejercer la esclavitud impidió que se cimentaran los logros de la posguerra y la Reconstrucción. El ejercicio del voto “negro” fue duramente criticado en la prensa anti-abolicionista y en muchas ocasiones fue de la mano con represiones violentas por parte de la población blanca hacia los afroamericanos. Por ejemplo, a un año de concluida la guerra, en 1866 existieron una serie de masacres en los estados del sur por parte de algunos supremacistas blancos en contra de los republicanos, que en su gran mayoría eran afroamericanos. En la ciudad de Memphis, Tennessee ocurrió una matanza de negros de la cual un corresponsal de The New York Times dio seguimiento: en la noche del 1° mayo de 1866 un grupo de policías ordenó de manera insolente a miembros afroamericanos de la Tercer Infantería que se retiraran de las calles de la ciudad, pues al parecer el whisky los había conllevado a tener un comportamiento “desordenado”; la discusión escaló hasta que una gran fuerza policiaca se enfrentó con los negros de infantería a los que se unieron algunos más en la ciudad. La lucha pasó de los dos grupos originales a un enfrentamiento abierto por las calles en donde “un gran número de ciudadanos armados repararon en la escena de la lucha y comenzaron a disparar contra cada negro que se hizo visible”. El odio hacia las personas de color se desbordó, los policías y los ciudadanos blancos los atacaron “sin importar dónde estaban o qué estaban haciendo”. La matanza se reanudó a la mañana siguiente y el corresponsal señaló que los prejuicios raciales que existían entre “los rebeldes” del sur impidieron detener la matanza hasta que finalmente el orden fue restablecido por las tropas federales que llegaron por la tarde. Además de los asesinatos se tuvo conocimiento de diversas violaciones y de quemas de escuelas e iglesias para negros libres.

Escena de las revueltas sucedidas en Memphis, Tenesse. Alfred R. Waud,  en Harper’s Weekley. Journal of Civilization. 26 de mayo de 1866.  Imagen tomada de Tennessee Virtual Archive:                          https://teva.contentdm.oclc.org/digital/collection/reconaa/id/273

 

Otra escena de las revueltas en Memphis, Tenesse. Alfred R. Waud, en Harper’s Weekley. Journal of Civilization. 26 de mayo de 1866.  Imagen tomada de Tennessee Virtual Archive:                          https://teva.contentdm.oclc.org/digital/collection/reconaa/id/272

 

A diferencia de los disturbios de Memphis, en la ciudad de Nueva Orleans –ocupada por las tropas federales desde 1862– ocurrió otra masacre con dos meses de diferencia, solo que aquí además del rechazo a los negros se añadió el resentimiento de antiguos confederados hacia el ejercicio del voto: mientras que los afroamericanos podrían votar en las elecciones locales, a muchos blancos se les prohibió ejercerlo por su participación confederada durante la guerra. El resultado fue que durante la reunión de la convención en el Instituto de Mecánica de Nueva Orleans blancos y negros se enfrentaron violentamente; esto resultó en una mayoría de afroamericanos asesinados. Tras estos disturbios no sólo cupo el odio alentado por el racismo, sino un rechazo por parte de la población blanca sureña hacia las políticas de reconstrucción que el gobierno federal había implementado en el estado de Luisiana. En ambos sucesos, Memphis y Nueva Orleans, la participación de la policía en contra de los negros fue un elemento en común; las fuerzas policiacas lejos de resguardar el orden participaron de manera violenta en contra de los afroamericanos.

En otras regiones la intolerancia de las poblaciones blancas conllevaría a verdaderas cacerías de negros libres, algunas lideradas por organizaciones radicales, como el Ku Klux Klan (KKK). Estos grupos –de los cuales existieron diversas variantes– se formaron en principio como congregaciones civiles parecidas a clubes sociales que practicaban rituales y tenían vestimentas propias bastante típicas de las sociedades fraternales. El KKK proliferó rápidamente en el sur y entre 1866 y 1868 comenzó su radicalización y el uso de la violencia; un grupo, en Nashville Tennessee se opuso a la emancipación de los negros en el sur y defendieron la autonomía de los estados sureños de aquéllos del norte. El gobierno federal intentó suprimirlos, pero el intento quedó en ello. La desorganización política de la posguerra amalgamó a diversos sectores de la población blanca entorno al KKK como a algunos veteranos confederados. Es importante mencionar que sus miembros, si bien atacaron violentamente y en diversas ocasiones a los negros libres en los estados del sur, también agredieron a otros grupos como a los blancos pobres, los judíos y los católicos; algunas veces los intimidaron mediante la violencia verbal con el fin de robar sólo algunas de sus pertenencias; en otras, despojaron completamente de tierras y animales de tiro a los propietarios. En ocasiones intimidaron a los republicanos del sur y a los funcionarios locales; existieron casos de asesinato y violaciones. Mientras algunos tuvieron fuertes ideas de supremacía blanca sobre diversos grupos, otros sólo fueron pandillas criminales que se confundían con los actos del KKK para evitar la justicia. Los reportes militares de Nashville Tennessee de 1868 – Report of evidence taken before the Military committee in relation to outrages committed by the Ku Klux klan in middle and west Tennessee– contienen numerosos testimonios sobre el actuar del KKK en el sur estadounidense; y éstos evidencian que sus miembros vestían máscaras de colores llamativos y no sólo blancas como algunos filmes han hecho creer; además, eran grandes grupos, estaban armados y casi siempre “visitaron” de noche a sus víctimas. No obstante, su variedad social y política es indiscutible, ya que el KKK fue, en sus diferentes variantes y con múltiples usos de la violencia, una muestra más del rechazo al negro libre en las tierras del sur. Al respecto, una ilustración del Harper’s Weekly del 24 de octubre de 1874 ilustra esta condición del afroamericano sureño que, además del KKK, debía sufrir las arbitrarias decisiones de plantadores sureños, pues muchos de éstos habían intentado restituirlos a una condición de trabajo servil muy parecida a la esclavitud a pesar de la aprobación de las enmiendas constitucionales.

Imagen que muestra a dos grupos, a la Liga Blanca y al Ku Klux Klan, aliados en contra de los afroamericanos. Thomas Nast, en Harper’s Weekley. Journal of Civilization. 24 de octubre de 1874. p. 878. Imagen tomada de  https://blackhistory.harpweek.com/7Illustrations/Reconstruction/UnionAsItWasBI.htm

La ilustración es interesante ya que muestra en la parte superior un águila que representa a los Estados Unidos, o por lo menos, el Estados Unidos que debería ser para los supremacistas blancos: “Éste es el gobierno del hombre blanco”; “la unión como era”; posiblemente se refiere a la unión entre aquéllos que mantenían a flote la esclavitud y al negro en una condición de inferioridad con respecto a las ideas de supremacía racial. A la izquierda se encuentra representado un miembro de la “Liga Blanca” –The White League– parte de una organización que, como el KKK, intimidó a los republicanos del norte establecidos en el sur. Del lado derecho, está representado un miembro del KKK, ambos personajes están armados pero en estrecha colaboración por una causa común. En el centro se encuentra, una familia de afroamericanos intentando protegerse de los actos de violencia perpetrados por estos grupos: escuelas incendiadas, hogares devastados y personas ahorcadas.

En otra ilustración también del Harper’s Weekly del 5 de septiembre de 1868 se evidenció el freno que algunos otros sectores de Nueva York pusieron a los afroamericanos en su ascenso político y social.

Thomas Nast, This is a White Man’s Government, EN The Harper’s Weekly, 5 de septiembre de 1868. Imagen tomada de  http://web.mit.edu/21h.102/www/Primary%20source%20collections/Reconstruction/Nast,%20White%20Man%27s%20Govt.html

En esta imagen se representó a grupos como los irlandeses (izquierda), los demócratas (al centro) y los empresarios judíos (derecha) que sometieron a través de la discriminación y la violencia a los negros neoyorkinos. Lo interesante de esta imagen es que al fondo se aprecia el orfanatorio en llamas durante los disturbios de 1863 y a una figura linchada ya que los irlandeses también violentaron a los negros en aquella ocasión, de ahí su representación. La figura del medio simboliza el ala confederada de los demócratas, muchos de ellos, miembros del KKK. Las tres figuras son reproducidas victoriosas al someter a un veterano afroamericano de la Unión que se esfuerza por alcanzar una urna electoral: su lucha en la guerra cambió poco su situación. Definitivamente este tipo de condiciones “de vida” serían peores que la esclavitud para los negros libres.

Otra forma de racismo y discriminación se ejerció desde la prensa periódica. En los diarios no sólo se dio cuenta de los actos violentos que generaron diversos sectores de la población blanca en contra de la negra, sino que incluso, la prensa ejerció violencia de manera directa contra los afroamericanos y aquellas políticas federales que intentaron incluirlos en la sociedad. Así, diarios de tendencia confederada y conservadora, como The Daily Dispatch o The Alexandria Gazette –ambos editados en el estado ex-confederado del sur, en Virginia– denigraron a los ciudadanos de color algunas veces de manera recta y otras de forma velada y sutil. Por ejemplo, el Daily Dispatch apoyó la acción de la ciudad de Delaware de rechazar mediante el voto la enmienda constitucional que permitiría a los negros testificar en las cortes y por ende, castigar los actos de los blancos. En un ejemplar del 7 de agosto de 1867 concordó con una crítica del diario The Chicago Tribune que mencionó que los republicanos del norte controlarían y tendrían mayor presencia para 1868 en los estados del sur gracias al voto de los afroamericanos. Esto preocupó al partido demócrata porque podría significar una presencia débil de sus partidarios en los estados del norteLa crítica del Daily Dispatch redundó en el apoyo que los unionistas obtenían del sufragio de los negros para obtener una representación efectiva en el sur; sin los afroamericanos muchos gobiernos locales republicanos sureños no habrían ganado los comicios.

El Daily Dispatch también defendió la supremacía blanca que abanderó el KKK, por lo que en diversos números de 1868 a 1871 otorgó su apoyo a dicha “congregación”. Por ejemplo, afirmó que las diversas acusaciones en contra del KKK eran falsas ya que no tenían evidencia sólida que las fundamentara. En otro número aseveró que el único objetivo del KKK era proteger a las personas y sus propiedades y los calificó como un “club” de caballeros de Nashville. Para este diario era necesaria la existencia el KKK como un garante de la supremacía racial blanca sobre la negra, si este grupo desapareciera, advirtió el diario, probablemente el hombre blanco del sur se habría visto superado por los afroamericanos política y cuantitativamente. Debido a este tipo de ideas no sorprende que el periódico virginiano recomendara la segregación entre blancos y negros, ya que sin éstos la economía, la industria y la sociedad blanca del sur se verían sumamente beneficiadas.

Hart, Ku Klux Klan, Watertown Division 289, 1870. Imagen tomada de Library Congress: https://www.loc.gov/resource/cph.3c22392/

En algunas otras ocasiones la virulencia verbal de esta prensa hacia los negros se plasmó a través de la burla y la ironía. Al respecto el periódico The Alexandria Gazette vio con sorna el establecimiento de una iglesia para afroamericanos en la ciudad de Fredericksburg, Virginia, por lo que lanzó una pregunta sobre quién debería hacerse cargo de ella, a lo que respondió con ironía “¡un Episcopado africano!”, lo que equivaldría a aceptar el establecimiento de una comunidad afroamericana en la localidad. La preocupación adicional del redactor de la columna fue sobre quién la sostendría económicamente; la opinión concluía así: “creemos que un teatro decente en la ciudad de Fredericksburg sería una causa de menor magnitud para la comunidad en general, que una Iglesia africana”. Si bien este tipo de opiniones no incitaron a un ataque directo sobre los negros, como sucedió con los diversos disturbios y motines anteriores o un apoyo abierto al KKK, el lenguaje de esta prensa fomentó un rechazo parcial por parte de algunos sectores de la población blanca hacia los afroamericanos.

Aunque existieron diarios editados por personas afroamericanas que apoyaron a la Unión durante la guerra, también tuvieron su contraparte: periódicos que apoyaron a los estados confederados en la lucha armada. Su polarización no finalizó con el término de la guerra civil, esto tampoco implicó que muchos de estos diarios, al igual que muchos sectores de la población blanca sureña admitieran de buena gana a los negros, un sector “nuevo” legalmente hablando al que en teoría debía reconocerse como libre. Un acercamiento a esta prensa evidencia que en la práctica cotidiana, se distó mucho de lo que las enmiendas habían plasmado.

Un vistazo a los periódicos en el portal electrónico de Library of Congress muestra que entre 1865 y 1870 –con un especial repunte en 1867– las palabras reconstruction, black rights y black reconstruction dieron mucho de qué hablar en los diarios tanto de tendencia unionista y abolicionista como confederada y supremacista, evidenciando cuán difícil resultó este periodo de la historia estadounidense. Que la esclavitud dejara de existir en teoría no significó que las condiciones sociales y económicas de los negros mejorarían drásticamente de la noche a la mañana. En algunos momentos se toleró, aunque fuera brevemente, la inclusión política y social de los afroamericanos en las prácticas políticas federales y locales: como el derecho a votar y el de ser electos en el Congreso, el derecho a la educación pública, a la vivienda, etc. En otros más, la mayoría intentó frenar su ascenso desde el inicio.

El fin de la guerra mostró que muchos estadounidenses estaban listos y dispuestos a erradicar la esclavitud como forma de economía y de vida del suelo norteamericano; pero no así  la incorporación social de los afroamericanos a la sociedad y mucho menos el hecho de a reconocerlos como iguales.

 Epílogo: ¿continúa la Reconstrucción?

Sorprende que después de la implementación de políticas públicas radicales por parte de algunos senadores y del Congreso destinadas a normalizar la presencia de los afroamericanos en la sociedad fallara la incorporación “exitosa” y no discriminatoria de los negros en suelo estadounidense. El retiro de las tropas federales en 1877 posibilitó el olvido o quizá convirtió a los negros en un asunto de poca importancia. El segregacionismo, la discriminación y el racismo fueron las políticas que imperaron y que relegaron a los afroamericanos a un segundo término sin importar las enmiendas 13ª, 14ª y 15ª.

Si bien los afroamericanos ya no fueron esclavos a partir de 1865, existieron otras formas de coartar la libertad y los derechos civiles de estos grupos a través del rechazo, la discriminación y el racismo como nuevas formas de violencia. De hecho, éstas siguen existiendo y es posible que el actual proceso de odio contra la comunidad afroamericana tenga una conexión directa con el rechazo y rencor que practicó la población blanca del sur hacia los negros libres tras el final de la guerra civil.

El siglo XX fue testigo de estas prácticas: la década de los sesentas a menudo es conocida como una “Segunda Reconstrucción”, debido a que resurgió la lucha y el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos. Cuando se piensa en la participación policiaca en las masacres de afroamericanos de 1866 se una analogía con los abusos policiacos de pleno 2020. Posiblemente, a largo plazo, la Reconstrucción sea vista como un periodo de larga duración que aún no ha concluido.

Para saber más

Duvernay, Ava (directora), Enmienda XIII, Estados Unidos, 2016, 1 h 40 min. Disponible en Netflix

Foner, Eric, Reconstruction. America’s Unfinished Revolution, 1863-1877, New York, Harper Perennial, Modern Classics Collection, Updated Edition, 2014, versión EPub electrónica de Amazon Kindle.

Pani, Erika, Historia Mínima de Estados Unidos de América, México, El Colegio de México, 2018. 271 p. Disponible en: https://libros.colmex.mx/wp-content/plugins/documentos/descargas/HM_Estados_Unidos.pdf

Riguzzi, Paolo y De los Ríos, Patricia, “¿Años de entendimiento? Reconstrucción en Estados Unidos y México, 1867-1879”, en: Las relaciones México-Estados Unidos, 1756-2010. Volumen II. ¿Destino no manifiesto? 1867-2010, México, Universidad Nacional Autónoma de México/Centro de Investigaciones sobre América del Norte/Secretaría de Relaciones Exteriores, 2012, p. 50-75. Disponible en: http://www.historicas.unam.mx/publicaciones/publicadigital/libros/mexusa/v02/07_primera_parte.pdf

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