Racismo y estatuas
septiembre 14, 2020 La Bola

Racismo y estatuas: la historia resignificada

Por Inés Silva Reyes

¿De qué manera nos afecta como sociedad el homicidio de George Floyd en Estados Unidos? Tal vez la respuesta sea clara: hemos comenzado a tomar conciencia sobre los altos niveles de racismo y clasismo que permean en la sociedad. Pero, ¿cuán válido es juzgar el pasado desde nuestro presente?, ¿por qué esto dio paso a la destrucción de monumentos históricos?, ¿cuál es su valor histórico? Estas cuestiones se responderán en las siguientes líneas. Antes de comenzar es menester mencionar que la presente reflexión muestra mi punto de vista respecto a los eventos que siguieron al asesinato de Floyd y de qué forma la destrucción de los monumentos históricos completó un proceso que busca reivindicar a un sector determinado de la sociedad; la finalidad de este texto es invitar al diálogo y la discusión sobre la estatuafobia con el lector.

Estatua de Robert E. Lee en Virginia. Tomada de: “Estatuafobia: de los memes de Iniesta al movimiento ‘Black Lives Matter’”, disponible en: https://bit.ly/3isOEBT

Si bien el revisionismo histórico se encargará de mostrarnos otras caras de los hechos del pasado respecto al clasismo y al racismo, es necesario participar de esto no como científicos, como humanos. ¿A dónde nos llevará seguir juzgando todo desde nuestra mirada actual sin conocer los hechos o procesos que permitieron que esas formas de sociabilización se hicieran vigentes?, ¿en algún momento podremos juzgar y cambiar esas prácticas sociales para transformar las sociedades en las que vivimos?

Esta reflexión girará en torno a cómo ser inconscientes e intolerantes respecto a nuestro pasado ha repercutido en las interpretaciones que le damos, a tal grado que lo hemos estigmatizado, y por ello manifestantes y activistas de diversas partes del mundo optaron por destruir, derribar y atacar estatuas o monumentos que “conmemoran” eventos del pasado que, desde su perspectiva, impulsaban o mantenían vigente el racismo. Es evidente que éstos guardan significados de tipo político y social, ya que como bien sabemos las historias patria dieron origen al ensalzamiento de determinados personajes, ¿por qué? Porque transformaron su cotidianidad y renovaron las estructuras mentales y sociales de su tiempo. Ahora bien, este discurso era exclusivo y mantenido por el poder, de modo que dependiendo del nivel de “privilegio” o “alcance” logrado por determinados sujetos históricos, podían o no convertirse en “héroes nacionales” (ejemplo para los demás) y ser ensalzados frente a sus iguales para después rendirles culto.

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Tras el asesinato de George Floyd diversas protestas a lo largo del planeta se hicieron presentes, ¿qué buscaban? Exponer de qué forma el racismo ha permeado en la sociedad, con el fin de mostrar cómo su normalización e interiorización y modos de actuar y convivir en la cotidianidad (sociabilización) han afectado a un sector de la población, en este caso a la afroamericana.

A continuación mencionaré de qué forma fue sustituida la escultura de Edward Colston, traficante de esclavos en el siglo XVII en Inglaterra, por la de la activista Jen Reid; éste es uno de los tantos actos (ya sean pacíficos o violentos) que intentaron reinterpretar el racismo y su permanencia en la sociedad, en este caso la inglesa.

Monumento erigido en Bristol en 1895 en conmemoración a Edward Colston. Tomada de: “Memorials-Edward Colston”, disponible en: https://bit.ly/3k5mX22

El 7 de junio de 2020 fue derribada la estatua de Colston que se encontraba en Bristol, Inglaterra, mientras una manifestación pacífica denunciaba el racismo. Para los participantes derribar la efigie invitaba a reflexionar sobre el legado que este personaje dejó en su ciudad de origen, pues, como menciona la Redacción de BBC New Mundo, este comerciante de esclavos en el continente americano hizo una fortuna gracias al sufrimiento humano.

Colston donó parte de sus ganancias para la construcción de escuelas y hospitales en Bristol, Inglaterra; en la actualidad bares, calles, organizaciones benéficas y clubes deportivos llevan su nombre. Pero ¿quién es ese hombre?, ¿sus actos fueron heroicos?, ¿merecía que se le erigiera una estatua?, ¿por qué? Como bien mencioné, el discurso del poder mantuvo vigente y preservó a determinados sujetos históricos como agentes de cambio, por ello era necesario darles un lugar en la historia y rememorarlos como “héroes nacionales”.

Antes de que la estatua fuera derribada varias instituciones comenzaron a desligarse del nombre del traficante y comenzaron a repensar el pasado de su ciudad, parte de la historia mundial. Con respecto a la efigie de Colston, ésta terminó en el río.

Estatua de Edward Colston. Tomada de: “Estatuafobia: de los memes de Iniesta al movimiento ‘Black Lives Matter’”, disponible en: https://bit.ly/3isOEBT

Días después, en el lugar donde se ubicada la efigie fue colocada la estatua de una manifestante de Black Lives Matter (BLM), Jen Reid, erigida por el artista Marc Quinn. Si bien la imagen sólo estuvo un día en dicho lugar, atrajo la atención. Ahora bien, ¿por qué no invertir los papeles de los sujetos históricos? Acto que de alguna manera ejecutó con su acto el artista Quinn, quien explicó a Peio H. Riaño que el “racismo es un problema inaceptable, institucionalizado, al que todos deben enfrentarse”.  Esto lo hizo evidente tras instaurar en un espacio vacío la imagen de la activista Reid, tras ver en su Instagram una fotografía en la desde el pedestal ella levantaba su puño. El objetivo de este acto fue obviar el hartazgo social que este sector ha sufrido y crear un contrasentido, en el que la efigie de la activista retrata o intenta resaltar la idea de cambiar la realidad y el entramado social.

La estatua de Edward Colston ha sido reemplazada por otra de una activista de Black Lives Matter. Tomada de: “Sustituyen la estatua de un esclavista por la de una activista de Black Lives Matter”, disponible en: https://bit.ly/3m8UBpN

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Otras manifestaciones se llevaron a cabo en Boston, Nueva York, París, Bruselas y Oxford, donde la ciudadanía optó por “enfrentar su pasado”, ¿cómo? Tal como en el caso anterior, destruyendo y dañando estatuas de conquistadores, comerciantes de esclavos, exploradores, pero ¿esto era necesario?, ¿por qué lo hicieron? Porque el hecho de derribarlas se interpreta como el acto de terminar con los símbolos de colonialismo (esclavismo, abuso, imposición) y con todas las imposiciones y daños que ocasionaron a una población en específico.

Cabría preguntarnos: ¿el ataque a dichos monumentos cambió? Considero pertinente entender que atacar o destruir es mostrar públicamente el malestar social que se vive, sin embargo, deberían retomarse esos actos en favor de la formación de una sociedad libre de prejuicios. Pero, ¿cómo hacerlo? Organizando reuniones, leyendo sobre el tema, evitando usar frases que denigran o vulneran a ciertos grupos, entre otras.

Atacar objetos que hablan de nuestro pasado muestra el hartazgo social que se vive sobre los efectos que determinados actos del pasado dejaron para nosotros, pues sus rezagos permanecen vigentes. ¿Cuántas veces al día ofendemos a otras personas para sentirnos superiores a ellas?, ¿cuántas veces no juzgamos a los demás por su forma de vestir, actuar y ser? Estamos llenos de prejuicios, por eso no podemos cambiar nuestro presente; esto se logrará hasta que seamos capaces de aceptar nuestro pasado y lo resignifiquemos como parte de un contexto más amplio.

Las estatuas afianzan determinados discursos políticos, sus significantes en este caso son tales objetos; esa visión personalista de la historia dio paso a que calles, colonias o estados lleven los nombres y apellidos de personajes políticos, ejemplo de esto es Colston. De esa manera, las efigies se convirtieron en el reflejo de un pasado que ya no está, pero que sigue vigente; destruirlas o derribarlas implica humanizar al sujeto que representan, quien, bajo determinados intereses, cambió el panorama cultural de su y nuestro tiempo.

Incluso podríamos preguntarnos, ¿estos actos cambiaron el proceder histórico? Aunque parezca que no lo hicieron, nos permitieron considerar la situación que vive un grupo específico de la población. La protesta social nos remite a reivindicar su lugar en la historia, para, de esa forma, sanar y enmendar las heridas que dejaron los eventos del pasado y que permanecen para sus descendientes, ejemplo de ello es la segregación racial. Esto intentó con su acto el artista Quinn, quien nos invitó a reflexionar sobre el lugar que han ocupado los afrobritánicos en su propia historia.

Si bien los actos de conquistadores y esclavistas sobre determinadas poblaciones fueron atroces, sus acciones no pueden ser borradas, nuestro devenir es parte de esos procesos. Sólo nos queda dotarlos de sentido, explicando a partir de su contexto por qué ocurrieron de determinada manera y no de otra, por qué somos parte de ello y cómo ha cambiado este fenómeno a lo largo de los siglos; así como escribir la historia de estos otros grupos que han sido despojados de su propia historia, y no sólo me refiero a los descendientes de los africanos traídos a América, sino a los grupos indígenas, algunos incluso exterminados durante los procesos derivados del colonialismo. No podemos únicamente dedicarnos a juzgar o a señalar las atrocidades que un grupo vivió, ya que somos parte de estas formas de interrelación, que aun con sus cambios y matices revelan parte de nuestro pasado y de las formas actuales de sociabilización.

Manifestantes escribieron mensajes en un monumento a Robert E. Lee en Virginia. Tomada de: “Protestas en EE.UU.: las estatuas de Colón destruidas en las manifestaciones antirracistas”, disponible en: https://bbc.in/2ForXjf

Las ciudades donde se han atacado estatuas o monumentos son consideradas multiculturales; ahora bien ¿están a favor o en contra de estos movimientos sociales?, ¿de qué forma les ha servido para cambiar su interpretación sobre su pasado?, ¿cómo lo están llevando a cabo? Es claro que el acto en sí mismo implica dos posibilidades: un distanciamiento inmediato de los procesos históricos de los que han sido parte y la protesta como una forma de visibilizar un problema social que busca romper con el pasado colonizador que dañó a un sector de la población. No obstante, ¿de verdad están cambiando la significación de su pasado como Estado-nación o como un complejo sociocultural en el que se engloban diferentes tipos de intercambio?

La estatuafobia busca reinterpretar el pasado de estos grupos, por lo que dañar un monumento es la manifestación física del hartazgo social; esto último representa una ruptura con el pasado, si bien este último no cambia, si lo hacen las interpretaciones sobre determinados eventos. De modo que la protesta social pasa a convertirse en una forma de exigencia que muestra la necesidad de prestar atención a los problemas que afectan a un grupo que pertenece a un entramado social más amplio.

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Ofender a alguien por su color de piel deriva, justamente, del papel que desempeñaron los africanos durante el colonialismo americano: ser esclavos, pero ¿cuán vigente permanece este prejuicio?, ¿somos conscientes del daño que le causamos al otro al decirle “negro”, “oscuro” o “chocolate”?, ¿por qué lo hacemos? Hay una gran diferencia entre referirse a alguien de esa forma a burlarnos de la estatura o del gusto de una persona, ¿por qué? Porque burlarnos del color de piel de una persona, por lo general, se hace desde una posición de privilegio, donde los beneficios se vuelven casi exclusivos para un grupo. Ejemplo de esto son los whitexicans, quienes desde su condición de privilegio critican y satirizan las formas de actuar de grupos que consideran inferiores, como los indígenas o el “pueblo”. Si bien esto es clasismo, también conserva rasgos racistas, ya que hacen referencia a las características de determinados grupos. Este sector de la población no conoce la realidad social que viven los demás grupos, ya que consideran que “todos” tenemos las mismas posibilidades que ellos, cuando esto también depende de determinados factores, en especial del económico.

Burlarnos del color de piel de los demás, incluso sin ser whitexicans, muestra nuestro nivel de intolerancia con respecto a lo diferente. ¿Por qué esa necesidad tan constante de burlarnos o catalogar a los demás por su personalidad o color de piel? Porque no somos conscientes de los prejuicios que tenemos, producto de nuestro pasado y de los pocos cambios que hemos tenido como sociedad en materia de tolerancia y empatía.

Ahora bien, no podemos cambiar el pasado y tampoco podemos entenderlo desde nuestra mirada actual; es algo que ya no está, que ya pasó, por ello sólo nos queda significarlo, entenderlo y a partir de él cambiar nuestra mentalidad. Podemos comenzar por dejar de juzgar ese pasado como algo “malo”, “negativo” o “sucio”, hay que resignificarlo para entenderlo como un efecto del que somos parte y que requiere ser entendido desde su contexto, sólo así sabremos qué y cómo tenemos que hacerlo para construir una sociedad más tolerante, empática y menos discriminante, racista y clasista.

Pero volviendo al primer párrafo, ¿a dónde nos llevará la idea de ver el pasado con los ojos del presente? ¿A destruir todo, a cambiar el sistema actual o a mejorar como sociedad? No podemos dejar de lado que este fenómeno también es político.

Tengo esperanza en que esta sociedad intentará cambiar, tal como el movimiento feminista ha hecho y logrado en los últimos años gracias a la protesta social. De ese modo se darán las pautas necesarias para que cambiemos nuestra mentalidad y nos abramos a la tolerancia y a ser mejores seres humanos, no personas, porque antes que nada somos animales sociales que piensan y que aprenden tras “la prueba y el error”.

Dejemos de pasar por alto estos fenómenos que nos son cotidianos y que, por ello mismo, pasan desapercibidos, ya que si no lo hacemos nos mantendremos como hasta ahora, juzgando y criticando, sin ser capaces de cambiar esas formas de socializar que afectan a los demás. Aprendamos y resignifiquemos nuestro pasado, de ese modo podremos cambiar la sociedad en la que vivimos y sus prejuicios.

Los últimos movimientos que han luchado contra el racismo han sacado a relucir los crímenes que se cometen contra la población afrodescendiente. Al hacerlos vigentes y describirlos podemos entender el porqué de las movilizaciones a nivel mundial, pero ¿en algún momento el movimiento será invisibilizado o perderá vigencia? Permanecerá mientras los niveles de desigualdad que existen entre grupos y clases sociales continúen, pues su objetivo es cambiar los prejuicios que tenemos sobre los otros por su color de piel o por considerarlos inferiores a los demás por esta misma condición.

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Aceptemos que somos producto de los hechos del pasado: no podemos borrarlos o fingir que no sucedieron, pues a partir de ellos se estructuraron las sociedades que ahora conocemos. Si bien aún quedan rezagos de aquel pasado que se asume como vergonzoso, la respuesta versa en interpretar los hechos desde su contexto, donde se produjeron, para así hacerlos parte de nosotros y entenderlos como algo que pasó y que no puede ser cambiado.

Aquí quedan dos opciones: destruir estatuas a través de la protesta social para obviar la realidad social y sus efectos sobre determinados grupos o considerar que la estatuafobia no cambiará el pasado esclavista, racista, colonialista y opresivo de estas sociedades. Desde mi punto de vista lo que sí podemos hacer es resignificarlo y entenderlo como un todo parte de un proceso mucho más complejo: el colonialismo y posteriormente el imperialismo. Para, de esa manera, dejar de juzgar desde nuestro presente eventos en sociedades que no compartían nuestros códigos morales, sociales o culturales, debido a que éstos se transformaron a la par que las sociedades.

Para saber más

Almanza, Brianda, «‘Whitexicans’: ¿una nueva forma de racismo en México contra la gente blanca y adinerada?», BBC News Mundo, 28 de junio de 2019. Disponible en: https://bbc.in/2FFUam8

EFE, «¿Qué es la estatuafobia?», El Universal, 16 de junio de 2020. Disponible en: https://bit.ly/2ZBUGIR

Redacción, «Muerte de George Floyd: quién fue Edward Colston, el esclavista británico cuya estatua fue derribada durante las protestas contra el racismo en Reino Unido», BBC News Mundo, 8 de junio de 2020. Disponible en: https://bbc.in/3iv4VGo

Riaño, Peio H., «La escultura que cambió el mundo durante 24 horas», El País, 17 de julio de 2020. Disponible en: https://bit.ly/3mlJpWS

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