Entre el miedo negro y la insurgencia
agosto 31, 2020 La Bola

Entre el miedo negro y la insurgencia: la población afrodescendiente en Cuba (1878-1895)

Por Huitzilin Tonatiuh Rodríguez Lara

Resumen

Introducción

El 30 de mayo del presente año el afrodescendiente George Floyd fue asesinado a manos de la policía en Minneapolis, Estados Unidos. El suceso ha provocado manifestaciones antirracistas en diferentes latitudes del mundo, el derribo de estatuas y diversidad de publicaciones en la prensa sobre la historia del racismo y la esclavitud en diferentes países; por ejemplo, el diario español Público ha presentado las notas “La esclavitud: el capítulo olvidado de la historia de España”, redactado por la periodista Beatriz Hernápino el 18 de junio, así como el escrito de Mar Calpena: “Sangre, azúcar, dinero y ladrillos”, disponible desde el 12 de junio.

La historiografía sobre la presencia española en el Caribe, principalmente en Cuba, ha comenzado a indagar sobre la cuestión afrodescendiente. El presente artículo tiene como objetivo principal analizar cómo las autoridades españolas promovieron el miedo negro en Cuba, la principal posesión colonial durante el período conocido como la Tregua Fecunda (1878-1895); después se revisará cómo los líderes del movimiento insurgente cubano contrarrestaron la práctica ejercida por la metrópoli colonial.

El miedo negro

La colonia francesa Saint Domingue (actual Haití), la mayor productora de azúcar a nivel mundial durante el siglo XVIII, se vio sacudida por una sublevación de esclavos negros a partir de 1791. A partir de la revolución haitiana algunos hacendados franceses migraron hacia Cuba, territorio que se encontraba bajo el dominio español, donde introdujeron el cultivo de café y el molino de hierro, tecnología que aceleró la producción en los ingenios azucareros, ubicados en el occidente y centro de dicho lugar. De esta forma, la isla se convirtió en la principal industria azucarera en el mundo durante la primera mitad del siglo XIX; la burguesía en la isla financió la construcción del ferrocarril en la ruta La Habana-Güines, y también, respaldó a la monarquía española en las guerras civiles.

El fortalecimiento de la industria azucarera se debió en gran parte a la importación de esclavos traídos desde diferentes puntos de África, pertenecientes a la etnias: yoruba o lucumí procedente del golfo de Benín, los congo de la región homónima, los carabalí del antiguo reino de Calabar (ubicado en las actuales costas de Nigeria) y, por último, los arará del reino de Dahomey (actual Benín).

Además de los esclavos, la población afrodescendiente estuvo conformada por mulatos y libertos (personas que habían conseguido su libertad); quienes tuvieron algunos oficios, como la carpintería, la sastrería, la agrupación musical, la albañilería, la cocina, y, en contados casos, hubo educadores como José Antonio Céspedes; periodistas como Juan Gualberto Gómez, Miguel Figueroa y Martín Morúa Delgado, y compositores como Claudio Brindis de Sabas y José White.

Las autoridades españolas y la burguesía, ante el crecimiento demográfico de la población negra y la conspiración abolicionista de 1795, promovieron el miedo negro, un discurso emitido a través de la prensa y publicaciones científicas –ejemplo de ello fueron los Anales de la Real Academia de Ciencias Médicas y el Boletín de la Sociedad Antropológica– cuya finalidad era criminalizar a la población afrodescendiente e impedir su favorecimiento, debido a que, según el cónsul español en Filadelfia Valentín Foronda, podrían reconocer o pactar con gobernantes de potencias enemigas.

Las difíciles condiciones de la población negra dieron lugar a movimientos que buscaban un mejor nivel de vida, integración social y, en la mayoría de los casos, libertad y abolición de la esclavitud. El suelo cubano fue testigo de distintas luchas, como la conspiración encabezada por el oficial Antonio Aponte en 1812, el movimiento dirigido por León Monzón en 1839 y la Conspiración de la Escalera (1866-1867), organizada en El Cobre, zona ubicada en el oriente de la isla.

La falta de representación cubana en las Cortes españolas, la falta de mejoras económicas, la crisis en los ingenios de la provincia de Oriente –debido a que aquella zona, salvo Guantánamo, fue complicada para la cultivación de azúcar– y el control económico de la metrópoli sobre Cuba dieron lugar a un levantamiento independentista en el oriente de la isla el 10 de octubre de 1868. El líder de la facción insurgente, Carlos Manuel de Céspedes, promovió la abolición de la esclavitud al liberar a treinta hombres y enrolarlos entre sus tropas.

 “Esclavos trabajando en los cañaverales”. Imagen tomada de: https://www.ecured.cu/Archivo:Esclavos_en_el_ca%C3%B1averal.JPG

De la Paz de Zanjón a la Guerra Chiquita

La metrópoli colonial tuvo un nuevo régimen, debido a que a finales de 1874 hubo un golpe militar encabezado por el general Arsenio Martínez Campos en la ciudad valenciana de Sagunto, cuya finalidad fue restaurar la dinastía borbónica en España. El nuevo gobierno se instauró en enero del siguiente año con el rey Alfonso XII como jefe de Estado y el político Antonio Cánovas del Castillo como presidente. La Restauración, nombre popular dado al nuevo régimen, tuvo como finalidad apaciguar la situación en Cuba; para hacerlo se envió como capitán general a Arsenio Martínez Campos, quien el 10 de febrero de 1878 proclamó la Paz de Zanjón entre las autoridades españolas y el Ejército Libertador de Cuba.

Para obtener el apoyo de la población afrodescendiente se estableció en el artículo 3º de la Paz de Zanjón darle “libertad a los colonos asiáticos y esclavos que se hallen hoy en las filas insurrectas”. Sin embargo, los esclavos y los afrodescendientes que apoyaron a la metrópoli no gozaron del mismo derecho y –el factor más importante– el gobierno español jamás propuso abolir definitivamente la esclavitud.

Ante ello, los mambises afrodescendientes se opusieron a la Paz de Zanjón, siendo el principal líder de la escisión el militar mulato, Antonio Maceo y Grajales, conocido como el Titán de Bronce.

 

“Representación de la Protesta de Baraguá”. Imagen tomada de: https://www.ecured.cu/Archivo:Protestabaragua.jpg

Martínez Campos y Antonio Maceo acordaron un encuentro el 15 de marzo de 1878 en la zona de Mangos de Baraguá (ubicada en Santiago de Cuba). Maceo estuvo acompañado de otros combatientes negros, como Guillermo “Guillermón” Moncada, Quintín Bandera, Agustín Cebreco, Jesús Rabí y los hermanos Flor y Emiliano Crombet; estos combatientes rechazaron la Paz propuesta por España hasta que la esclavitud terminara y la libertad fuera una realidad para todos.

Los líderes independentistas que desconocieron las propuestas de Zanjón emprendieron el exilio hacia diferentes puntos del continente americano, principalmente Estados Unidos, Jamaica, Colombia, República Dominicana y México. El Comité Revolucionario de Nueva York estuvo dirigido por el político Calixto García Íñiguez, quien invitó a líderes mambises para proseguir con la contienda independentista de Cuba. Sin embargo, la cuestión afrodescendiente no fue su prioridad.

Las hostilidades en contra de la metrópoli colonial reiniciaron en agosto de 1879 y duraron hasta finales de 1880; a este proceso se le conocido como la Guerra Chiquita, debido a su corta duración. A diferencia de García Íñiguez, hubo líderes mambises cuya prioridad sí fue la abolición de la esclavitud, entre ellos se encontraban José Maceo y Guillermo Moncada. Ellos dirigieron operaciones en el oriente de la isla.

Desde el exilio en Kingston, Jamaica, Maceo publicó un manifiesto titulado “¡Viva Cuba Independiente!”, en el que incitó a los esclavos a la sublevación y a la integración del movimiento mambí:

¡Esclavos! El tirano os ha negado la libertad y os condena al martirio. El hombre negro es tan libre como el blanco; la maldad del opresor os tiene sufriendo las crueldades de vuestros amos. El látigo que aún cruje sobre vuestras espaldas lo sufrís porque estáis engañados; recordad que vuestros compañeros que pelearon en la pasada guerra conquistaron su libertad porque los cubría la bandera de Cuba, que es la de todos los cubanos; agrupaos pues bajo ello [sic.] obtendréis libertad y derechos y haréis luego causa común con los que hoy quieren redimiros de la degradante situación que os encontráis.

Por su parte, las autoridades españolas y algunos criollos criminalizaron a la población afrodescendiente como única responsable de la guerra, debido a que el conflicto costó la destrucción de algunos ingenios azucareros. Ejemplo de la incriminación hacia los negros, el gobernador civil de Santiago de Cuba, Camilo García de Polavieja insistió en que el conflicto había sido culpa de la “raza negra”; inclusive un líder independentista establecido en Colombia, A. Pérez, proclamó que jamás sostendría una “Cuba africana” y prefería una “Cuba española”. No obstante, el movimiento mambí en el oriente perdió fuerza debido a las victorias que obtuvieron las tropas enviadas por Polavieja.

La abolición de la esclavitud y la integración al movimiento insurgente

El Ministerio de Ultramar, institución dedicada a la administración de las colonias españolas desde 1863 hasta 1899, presentó la Ley del Patronato que consistió en el establecimiento de la retribución al esclavo por parte de su patrón, además de total protección:

Art. 4º

Serán obligaciones del patrono:

1º Mantener a sus patrocinados.

2º Vestirlos.

3º Asistir a sus enfermedades.

4º Retribuir su trabajo con el estipendio mensual que en esta ley se determina.

5º Dar a los menores la enseñanza primaria y la educación necesaria para ejercer un arte, oficio u ocupación útil.

6º Alimentar, vestir y asistir en sus enfermedades a los hijos de los patrocinados que se hallen en la infancia y en la pubertad, nacidos antes y después del patronato, pudiendo aprovecharse sin retribución de sus servicios.

Es pertinente mencionar que el patrón tenía el derecho de negar el pago si alguno de sus patrocinados estaba castigado o enfermo, también podía expulsarlos cuando no le fueran útiles en los ingenios. El patronato fue mal recibido por algunos hacendados porque consideraron que el mantenimiento de los negros saldría caro, de modo que estos últimos podrían comprar su liberación, por ello algunos propietarios optaron por la liberación de sus esclavos.

La abolición de la esclavitud: retos para la población afrodescendiente

Durante la administración de Mateo Práxedes Sagasta, político liberal colaborador con la Restauración Borbónica y presidente de España, la abolición del Patronato de 1880 y de la esclavitud fueron aprobadas en las Cortes el 7 de octubre de 1886. El etnólogo cubano Miguel Barnet –en su libro Cimarrón: historia de un esclavo– recuperó el testimonio sobre como Esteban Montejo, otrora cimarrón (esclavo fugitivo), se integró a la sociedad hispanocubana en cuanto se abolió la institución esclavista; aunado a ello describió el ingenio Purio en el que los castigos corporales y la vigilancia estricta en los barracones (antiguas viviendas de los esclavos) habían dejado de existir. No obstante, el miedo negro siguió presente entre las autoridades coloniales y los propietarios tras presenciar un aumento demográfico de la población negro-mulata y su integración a la sociedad. La respuesta inmediata fue promover el blanqueamiento de Cuba a través de la migración masculina de españoles procedentes de Galicia, Asturias y de las Islas Canarias para trabajar en los ingenios azucareros; esto dio lugar a un crecimiento del desempleo entre la población afrodescendiente. Por otro lado, la integración racial fue difícil, porque hubo escuelas, cafés y bares que negaron el ingreso de población negra en sus establecimientos, asimismo, esta población utilizó piscinas separadas en los centros veraniegos de las costas cubanas.

El movimiento insurgente como promotor de la integración afrodescendiente

La lucha por los derechos afrodescendientes no dejó de estar presente. La Ley de Asociación permitió la creación de gremios, tal fue el caso del Directorio Central de las Sociedades de Color en 1888, cuya finalidad fue la unión de los libertos y los mulatos por la independencia. A partir de 1890 el dirigente fue el liberto Juan Gualberto Gómez, quien redactó en el periódico La Fraternidad la importancia de la lucha negra:

[…] ha de vivir para servir a los intereses del pueblo cubano, para amparar con idéntico calor las justas aspiraciones de todos los grupos étnicos, para procurar la fusión de todos los grupos étnicos, para procurar la fusión de todas las aspiraciones generosas de cuantos habitantes de este país, cualquiera que sea su origen, su procedencia, su color y su raza, tenga entre sí un lazo común; el deseo, la voluntad de trabajar por la ventura y la libertad de Cuba.

José Martí, uno de los principales líderes independentistas, emprendió el exilio en 1880 hacia Estados Unidos. Durante su estancia en la ciudad de Nueva York organizó la creación del Partido Revolucionario, una fuerza política cuyo principal objetivo fue la reorganización de los combatientes para luchar por la independencia de Cuba. Martí mostró un gran interés en el movimiento por la integración negra; en el artículo “Mi raza”, publicado en La Patria, cuestionó la división racial impuesta por el régimen español:

Los hombres verdaderos, negros o blancos, se tratarán con lealtad y ternura, por el gusto del mérito, y el orgullo de todo lo que honre la tierra en que nacimos, negro o blanco. La palabra racista caerá de los labios de los negros que la usan hoy de buena fe, cuando entienda que ella es el único argumento de apariencia válida, y de validez en hombres sinceros y asustadizos, para negar al negro la plenitud de sus derechos de hombre.

 

La Campana de Gracia, “La insurrección de Cuba: retratos, tipos y detalles gráfico”. Imagen tomada de: https://prensahistorica.mcu.es/es/publicaciones/numeros_por_mes.do?idPublicacion=4239&anyo=1895

La guerra necesaria: un móvil en contra del miedo negro

El Partido Revolucionario se encargó de preparar las nuevas incursiones e integrar a algunos veteranos de los conflictos anteriores (1868-1878 y 1879-1880), tal como los casos de los hermanos Maceo, Crombet y Moncada. La Guerra Necesaria fue el nombre que se le asignó a la nueva guerra independentista que empezó en 1895. Martí dio órdenes a las milicias de Juan Gualberto Gómez de dirigir sus ataques en Matanzas, mientras que los hombres bajo el mando de los hermanos Maceo y Crombet debían dirigirse al oriente

Previo al conflicto, José Martí y el general dominicano Máximo Gómez proclamaron el Manifiesto de Montecristi en San Fernando de Montecristi, República Dominicana, en el que determinaron que la guerra estaba en contra del aparato estatal español, por lo que la revolución debía extirpar el “peligro negro”:

Allí no tiene el cubano negro escuelas de ira, como no tuvo en la guerra una sola culpa del ensombrecimiento indebido o de insubordinación. En sus hombros anduvo segura la república que no atentó jamás. Sólo los que odian al negro ven en el negro odio; y los que con semejante miedo injusto traficasen para sujetar con inapetecible oficio, las manos que pudieran erguirse a expulsar de la tierra al ocupante corruptor.

“Martí y Gómez en Montecristi”. Imagen tomada de: https://www.ecured.cu/Archivo:Montecristi_Marti_y_Gomez.JPG

La república tutelada y la continuidad del miedo negro

En 1898 el gobierno estadounidense de William McKinley declaró la guerra en contra de España a raíz de la explosión del vapor norteamericano “Maine” en las costas de La Habana. La victoria estadounidense tuvo lugar en agosto de 1898 y, en diciembre de ese mismo año, el Tratado de París estableció el abandono español de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam a cambio de veinte millones de dólares.

Cuba fue ocupada por tropas estadounidenses desde 1899 hasta 1901, bajo el nombramiento de Leonard Wood como gobernador. Durante su gobierno la posibilidad de sufragar se limitaba a la población masculina mayor de 21 años de edad, que estuviera alfabetizada, poseyera bienes o inmuebles mayores a los 250 pesos y hubieran participado en la contienda emancipadora. Debido a ello gran parte de la población afrodescendiente quedó excluida del derecho a votar, pues eran analfabetas y carecían de bienes.

La república, tutelada por Estados Unidos fue proclamada en 1901 y con ello un sistema electoral, que había adoptado las propuestas del general Wood. La oposición a las restricciones impuestas al sufragio tuvo eco en Santiago de Cuba, donde la población afrodescendiente –la gran mayoría se dedicó a la manufactura– organizó movilizaciones a favor del voto. En las elecciones, el candidato Bartolomé Massó, quien fue respaldado por los excombatientes Quintín Bandera, Juan Gualberto Gómez y Generoso Campos Marquetti, apeló al sufragio de la población afrodescendiente. Sin embargo, el político proestadounidense Tomás Estrada Palma, líder del Partido Revolucionario una vez fallecido José Martí (1895), ganó las elecciones

La Agrupación Independiente de Color fue fundada en agosto de 1908, se enfocó en conseguir el voto y la participación política de la población mulata y negra. Dicha organización estuvo activa hasta 1912, año en que una manifestación pacífica organizada por este grupo fue reprimida por el presidente José Miguel Gómez y Gómez.

Pese a la emancipación en contra de España, el miedo negro siguió presente en la nueva sociedad cubana; no obstante, la lucha por la integración y la oposición al racismo no cesó; las décadas posteriores fueron testigos de cómo algunas organizaciones, como el Partido Comunista y la Revolución Cubana, tuvieron por objetivo aminorar el racismo.

Conclusiones

El artículo tuvo como punto de partida mostrar cuáles fueron los medios empleados por las autoridades coloniales para fomentar el miedo negro y cómo los dirigentes del movimiento insurgente contrarrestaron la práctica ejercida por la metrópoli.

Ahora bien, las autoridades españolas, motivadas por el terror de una sublevación que diese como resultado una república negra, promovieron la socialización del miedo a través de un discurso que lo promoviera; así como el impedimento de la población afrodescendiente a integrarse a la vida pública en la Cuba colonial. Todo esto aunado a la fomentación de migraciones procedentes de España.

El miedo negro no terminó con la presencia española en Cuba, debido a que la ocupación estadounidense y la república tutelada negaron el sufragio hacia la población afrodescendiente; además, se ejerció violencia contra los manifestantes que pedían la implantación de sus derechos civiles.

Los líderes mambises sostuvieron que la diferenciación racial en Cuba no debía existir, debido a que tanto los afrodescendientes como la población blanca pertenecieron a una misma raza y su labor en contra del colonialismo español debía ser reconocida.

En la actualidad la cuestión afrodescendiente en Cuba ha tenido avances significativos, como la promoción de campañas en contra de la discriminación tanto en la isla caribeña como a nivel mundial, el apoyo hacia el movimiento Black Live Matters, el derecho de la población negro-mulata a la educación y sanidad; sin embargo, gran parte de la población negra aún presenta altos niveles de pobreza, así como la petición de sustituir el monumento a José Miguel Gómez por Mariana Grajales, madre de Antonio y José Maceo, que todavía no ha sido aprobada por el gobierno cubano.

Para saber más

Barnet, Miguel, Cimarrón: historia de un esclavo, Madrid, Ediciones Siruela, 1998.

Ferrer, Ada, Cuba insurgente: raza, nación y revolución. 1868-1898, trad. por la Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2011.

Fernández Robaina, Tomás, El negro en Cuba: colonia, república, revolución, La Habana, Ediciones Cubanas, Artex, 2012.

Martí, José, Obras Completas, vol. 3, La Habana, Centro de Estudios Martinianos, Editora Política, 1981.

Scott, Rebecca Jaruis, La emancipación de los esclavos en Cuba: la transición al trabajo libre, 1860-1899, trad. por Eduardo Suárez, México, D.F., Fondo de Cultura Económica, 1989.

Thomas, Hugh, Cuba, la lucha por la libertad, Barcelona, Debate, 2004.

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