Gacetilla | Obituario

Elisa Vargaslugo
octubre 5, 2020 La Bola

Elisa Vargaslugo

Forjando un legado en el arte virreinal

Por Sus estudiantes y lectores que han encontrado en su obra gran inspiración

El 30 de agosto comenzó con la terrible noticia del incendio del templo de la Santa Veracruz, un monumento histórico que data del siglo XVI, suceso que estremeció especialmente a quienes nos dedicamos al estudio del periodo virreinal. Pasadas las horas, los portales de noticias y las redes sociales se llenaron de condolencias y obituarios entorno al fallecimiento de la doctora Elisa Vargaslugo, reconocida investigadora que formó a varias generaciones y produjo textos indispensables para el estudio del arte virreinal.

Su instrucción inició en su natal Hidalgo, principalmente en escuelas privadas, sin embargo, debido a las actividades profesionales de su padre se mudaron a la Ciudad de México, donde siguió sus estudios de secundaria. Fue en esta etapa cuando la joven comenzó a mostrar interés por la Historia, el cual incrementó gracias a la guía de Diego Tinoco Arista y Francisco de la Maza. Este último organizó un curso de arte colonial y, como parte de las actividades, visitaron la Catedral, hecho que marcó su vida académica para siempre.

Durante el bachillerato reafirmó su fascinación por el arte virreinal, solo pasaron unos años para que ingresara a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, lugar donde Elisa comenzó a trazar su camino profesional. Entre las clases que más llamaron su atención estaba la de “Pintura colonial” impartida por Manuel Toussaint, así como aquellas optativas relacionadas con el arte. También tomó un curso con Justino Fernández, otro de los especialistas en arte mexicano. En 1953, Toussaint director del Instituto de Investigaciones Estéticas (IIE) le ofreció a Elisa un contrato como auxiliar de investigación en la fototeca con la función de organizar el acervo. En ese momento su pasión por el arte se complementó con la fotografía.

Además de sus actividades estudiantiles, Elisa con “una cámara fotografía Leica en mano y fina película diapositiva Kodachrome, recorrió el territorio mexicano observando con ojos descubridores, pueblo tras pueblo en toda la compleja y accidentada geografía del país”, así la describe Cecilia Gutiérrez Arriola. Dichos viajes los realizó con su antiguo maestro: Francisco de la Maza. Su lente capturó la riqueza artística e histórica de portadas, templos, conventos, retablos, pinturas y esculturas de pueblos ignorados, además de las grandes ciudades. Su trabajo fue de gran utilidad para sus propias investigaciones y las de sus colegas; varias de sus fotos se publicaron en la revista Anales del IIE y se convirtieron en parte del acervo de la fototeca “Manuel Toussaint”. Pero el interés de Elisa fue más allá, así que, por varios años, gestionó la adquisición de material y de un espacio más grande. De ayudante pasó a coordinadora del archivo fotográfico, hasta 1974, año en que decidió dejar el cargo y dedicarse a sus investigaciones.

Elisa Vargaslugo fotografiando. Fotografía: Lothar Knauth, Mediateca INAH.

En 1963, obtuvo los títulos de licenciatura y maestría con la tesis Desarrollo del Arte en México. Estudio sobre las portadas de los edificios religiosos de la Nueva España, que se publicó como libro en 1969 por el Instituto de Estéticas. Dicho estudio tuvo como finalidad analizar la producción y las formas estructurales y ornamentales de los edificios religiosos. Para 1972, después de cumplir con el programa de doctorado, presentó la tesis: La Iglesia de Santa Prisca de Taxco, texto que también se publicó en 1974 y que cuenta con dos ediciones más.

En una entrevista, la misma dra. Elisa comentó que desde pequeña frecuentaba Santa Prisca, ya que ella y su madre solían ir de vacaciones a Taxco. Es así como su interés por el templo fue aumentando con el paso de los años, llevándola a investigar a fondo cada rincón, durante casi una década; incluso se sabe que realizó varios dibujos que no publicó. Fue tal su interés que la llevó al sureste de Francia para conocer más sobre José de la Borda, minero que patrocinó el templo de Santa Prisca. A la par, promocionó la restauración del templo, así que instauró una de una Sociedad que se encargaría de vigilar la conservación del patrimonio en dicha entidad.

Portada de le primera edición del libro La iglesia de Santa Prisca de Taxco, 1974. Imagen: IIE UNAM.

Los años setenta y ochenta fueron muy prolíferos académicamente; entre sus publicaciones destacan: El claustro franciscano de Tlatelolco (1975), la coordinación de cuatro tomos de Historia del arte mexicano (1982), Portadas churriguerescas de la ciudad de México: Formas e Iconología (1986) y Un edificio que canta. San Agustín de Querétaro en colaboración de Guadalupe Victoria (1989). Como coautora podemos citar los siguientes títulos: México en el mundo de las colecciones de arte, tomos 1 y 2 (1994); Parábola novohispana. Cristo en el arte virreinal (2000), Imágenes de los naturales en el arte de la Nueva España, siglos XVI al XVIII (2005), entre otras.

Sin duda, el proyecto más ambicioso que comenzó en 1985 fue la investigación sobre el pintor Juan Correa, la cual concluyó en el 2017. Dicho trabajo se originó en el seminario de “Arte colonial” bajo la dirección de la dra.  Vargaslugo en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL), como resultado se publicaron cuatro tomos. Los primeros, que corresponden al tomo II (dos volúmenes) Juan Correa. Su vida y obra. Catálogo, comprenden un esfuerzo colectivo y de trabajo de campo que les permitió registrar y catalogar obras del pintor, ya fuera por fecha o temas. El tomo III, Cuerpos documentales se recopiló la información sobre la vida personal y laboral de Correa, una exhaustiva labor que se enriqueció con artículos de especialistas que contextualizaron la producción del pintor. En el tomo IV, Repertorio pictórico se incluyen textos que ampliaron datos sobre la vida del pintor y una clasificación de su obra por tema, además que se incluyeron nuevos documentos y atribuciones. Hace dos años, se publicó el tomo I, Juan correa. Su vida y su obra, paradójicamente el último y el primero de la colección, un libro que estuvo varios años en el tintero y que conforme pasaban los años fue actualizándose.

La docencia fue otro campo donde Vargaslugo se desempeñó con gran pasión, enseñando a estudiantes del Colegio de Historia de la FFyL de la UNAM, la Escuela Nacional de Artes Plásticas, la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH y en instituciones privadas como la Universidad Iberoamericana. Impartió cursos y diplomados en distintas universidades del país y en el extranjero. Dirigió múltiples tesis de licenciatura, maestría y doctorado sobre historia o historia del arte virreinal. Forjó a muchas generaciones no sólo en el conocimiento del arte, sino también en su conservación y su difusión, con la finalidad de concientizar a los jóvenes. En 1983, sus discípulos realizaron un homenaje por sus 25 años en la docencia, hecho que originó la publicación: Estudios acerca del arte novohispano. Homenaje a Elisa Vargas Lugo. 25 aniversario de vida académica; para los 50 años se editó otro texto: De arquitectura, pintura y otras artes. Homenaje a Elisa Vargaslugo.

Además del reconocimiento por parte de alumnos y colegas, fue reconocida por diversas instituciones nacionales e internacionales por sus importantes aportaciones del campo del arte mexicano. Su alma máter le otorgó el Premio Universidad Nacional en Docencia en Humanidades en 1993; en 1996 fue nombrada investigadora Emérita del Instituto de Investigaciones Estéticas, y en 2011 Doctora Honoris Causa. Recibió la Medalla Sor Juan Inés de la Cruz en 2005. Ese mismo año, el gobierno mexicano le otorgó el Premio Nacional de Ciencias y Artes, el máximo galardón para académicos. En su natal Hidalgo, la Universidad Autónoma del estado le otorgó un reconocimiento en 1997. Su constante esfuerzo por la protección, conservación y difusión del patrimonio la hizo merecedora de la medalla Federico Sescosse que cada año entrega el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, ICOMOS México.

Sin duda, la labor académica emprendida por investigadores como Xavier Moyssén, Jorge Alberto Manrique, Elisa Vargaslugo, entre otros, otorgaron un valor artístico e histórico a un periodo, a los artífices y a sus obras, que por varias décadas había permanecido en el olvido o peor, saqueadas e ignoradas por instituciones culturales. Sus investigaciones y enseñanza se sustentaron en un historicismo respaldado por las fuentes escritas que llenaron espacios, pero que al mismo tiempo dejaron muchas preguntas abiertas que hoy los historiadores del arte han recuperado para abrir nuevas directrices de estudio.

El compromiso de Vargaslugo con el arte virreinal quedó impreso en sus investigaciones, su conocimiento fue transmitido a través de la docencia y la difusión que hizo sobre el patrimonio fue capturado con su lente.  Mucho le debemos al trabajo de la dra. Vargaslugo, ya que, gracias a su intensa labor e interés por el arte virreinal, varios seguimos haciendo preguntas a la gran diversidad de la producción artística de un periodo aún vivo, en movimiento, y que lamentablemente sigue en el olvido. De nuevo regresamos a ese trágico domingo, lleno de dolor y ausencia.

Su legado queda en manos de los jóvenes investigadores que honrarán su quehacer.

Carlos Bosch García, Elisa Vargaslugo en su estudio. Imagen: IIE UNAM, tomada de aquí.

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