Budismo y violencia
agosto 28, 2020 La Bola

Budismo y violencia: la segregación hacia los rohingyas en Myanmar

Por Ma. Isabel Galíndez Mariche

En Myanmar —antes Birmania—, un país ubicado en el sudeste asiático, se han ejercido actos violentos durante décadas en contra de una etnia en particular: los rohingyas. Ésta es una más de las 135 que tiene el país, y representa, además, una minoría practicante del islam. El gobierno de esa nación no reconoce a este grupo de manera oficial. Por lo que, al carecer de reconocimiento y representatividad, el grupo ha sido blanco de agresiones, de actos que versan desde el racismo, la discriminación, la privación de sus derechos humanos, las agresiones a sus hogares, comercios y mezquitas. Los rohingyas han sido perseguidos, torturados y asesinados. Esos hechos han provocado el éxodo masivo de este grupo. Dicha violencia ha sido perpetrada por la población civil —en su mayoría de la etnia birmana practicante del Budismo— y por el mismo Estado —quien los ha privado de sus derechos básicos: educación, acceso a un sistema de salud, libertad de movimiento—. Los rohingyas han sufrido hostilidades que los han orillado a convertirse en una etnia apátrida.  

Los rohingyas en Myanmar

Los grupos musulmanes han sufrido actos discriminatorios y racistas en el sudeste asiático que se han extendido a países como Tailandia y Sri Lanka, en los que predomina el budismo, al igual que en Myanmar. En este último existe un discurso de desprecio hacia lo musulmán. Los birmanos —pertenecientes a la etnia Birmana— muestran y actúan con hostilidad hacia los rohingyas. Los acusan desde hace décadas de ser una etnia migrante ilegal de Bangladesh; además, consideran que les han robado sus tierras, trabajos y mujeres. La violencia hacia los grupos musulmanes se sustenta no sólo en diferencias raciales sino también de índole religiosa, social y cultural.

Los primeros asentamientos musulmanes confirmados en Myanmar datan de 1430. Esta región ha sido, desde tiempos remotos, una ruta de intercambio entre la India y China, por esta razón, los comerciantes árabes se establecieron en la región introduciendo el islam. Estos asentamientos se localizaron al Norte de lo que hoy es Myanmar, en el estado de Arakan (o Rakáin). Mientras el budismo también se extendió en la zona. De modo que en esta región se podían encontrar tanto mezquitas como pagodas (templos budistas).

Aunado a lo anterior, dentro de la sociedad birmana se forjó un “resentimiento” hacia los rohingyas que tiene sus orígenes en la Birmania Colonial, ya que fue en este periodo que se constituyeron los principales argumentos que servirían como base a la islamofobia.

El imperio birmano se desarrolló junto a otros imperio poderosos, como el reino de siam —Tailandia, actualmente—, el imperio chino y la corona inglesa que estaba representada por el raj británico —hoy la India—, los cuales frecuentemente significaban un peligro para la estabilidad e independencia del lugar.

Los británicos pusieron fin al imperio birmano, justo cuando este último comenzaba su declive (siglo XVIII). Fue en este periodo cuando los birmanos comenzaron a experimentar una serie de transformaciones.

Para 1886, después de las tres guerras anglo-birmanas, la administración inglesa había tomado el dominio de la región haciéndolo una extensión del raj. Esto trajo una oleada migratoria de indios, muchos de ellos musulmanes que se mezclaron con los que ya habitaban la región. La corona británica respaldaba tales migraciones por dos motivos: primero como señal de agradecimiento, les había prometido tierra y trabajo a los indios que participaron en las guerras de conquista, por esta razón les brindó dominios para la agricultura y puestos de trabajo; en segundo lugar, estaban empleado la política “divide y vencerás”, utilizada por los países colonizados con el fin de mantener el orden y evitar las alianzas.

Otro efecto de la conquista fue la gran división social, de modo que la aristocracia birmana huyó del país una vez que los ingleses tomaron el mando; además, los puestos administrativos sólo los podían ocupar los británicos, esto imposibilitaba que los birmanos pudieran acceder a ellos. Las consecuencias fueron el surgimiento de un resentimiento y recelo hacia los colonizadores, pues las distintas etnias que conformaban esta colonia no se sintieron integradas a la corona en comparación con los musulmanes a quienes se les brindaron ciertos “privilegios”.

Birmania en la Segunda Guerra Mundial

El estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) marcó uno de los episodios más importantes de dicha colonia, pues dentro del conflicto étnico se desarrollaron una serie de movimientos anticoloniales que polarizaron a sus habitantes en dos bandos que habían vivido realidades diferentes desde su conquista. Por un lado, los rohingyas se habían sentido protegidos bajo el mando británico y eran considerados sus aliados, por otro lado, la etnia birmana siempre se sintió subyugada y se alió con los japoneses para deshacerse del yugo inglés. Esta alianza con el ejército nipón se dio gracias a que Aung San —líder del movimiento nacionalista birmano, concebido en la actualidad como un héroe nacional—,  logró la expulsión “temporal” de los ingleses. Los birmanos budistas se sintieron protegidos e identificados con los japoneses ya que compartían, entre otras cosas, la religión. “De este modo se produjo la curiosa situación de un ejército tan anticomunista como el japonés, respaldando el surgimiento de un gobierno de esta clara tendencia”.

Sin embargo, la situación no mejoró ni se obtuvo la soberanía del país, en cambio, pasaron de estar bajo el mando inglés al japonés. Los rohingyas fueron los más afectados en este periodo pues sufrieron violaciones, asesinatos y torturas por parte de los japoneses, dando inicio a un flujo migratorio hacia Chittagong —Bangladesh—. Este punto se convertiría en el destino principal para las olas migratorias musulmanas que huían de las fuerzas niponas. Aung San, ante dicha situación, optó por organizar la expulsión de los japoneses a través de diversas revueltas, de modo que surgió la Liga Antifascista para la Liberación del Pueblo (AFPFL), con la que se logró expulsar a las fuerzas niponas del país en 1945 mediante la alianza entre ingleses, indios y birmanos. De inmediato, Aung San comenzaría las negociaciones con los británicos para firmar su independencia, esto se concretó en 1947 tras la firma del Acuerdo de Aung San.

Lo anterior derivó en un sentimiento de rechazo hacia los rohingyas, a quienes se les tachaba de “traidores” por haber sido aliados de los ingleses, bajo este argumento se comenzó a construir un repudio hacia lo musulmán, sembrando las bases del genocidio que actualmente se comete en su contra.

Mapa geográfico del sudeste asiático. Tomado de Aljazeera, 28 de octubre del 2017, disponible aquí.

Ejército nipón contemplando el Buda reclinado de Win Sein Taw Ya en Birmania, disponible aquí.

Otra causa de dicha segregación es su religión. En Myanmar el budismo es la religión predominante, en específico el theravada —también conocido como el “pequeño vehículo”—, practicado por el 90 % de la población. También hay otras expresiones religiosas: cristianismo con el 4 %, el islam con el 4 %, el animismo con el 1% y otras 1%. Sin embargo, a los musulmanes se les considera peligrosos, pues se ha construido una falsa imagen en torno a ellos: la de “Terroristas”. Ésta ha sido constituida, en parte, por los medios de comunicación occidentales y por los líderes religiosos y políticos que llevan décadas repitiendo los mismos discursos para arraigar dichas ideas en el imaginario colectivo de la sociedad birmana.

El sentimiento antimusulman comenzó a crecer cuando Gran Bretaña salió del país. El 4 de enero de 1948 Birmania obtuvo su independencia, pero se encontró con otro problema ¿qué tipo de gobierno establecer y cómo hacerlo? No le sería fácil ponerse de acuerdo pues dentro de la sociedad birmana existía una gran división, sobre todo, entre musulmanes y budistas. Éstos se concentraban al norte y sur del país, respectivamente. De modo que se desataron una serie de disturbios entre las distintas etnias: los líderes musulmanes del pueblo arakano idearon un plan para unirse a Pakistán; mientras que otros preferían establecer su independencia, no obstante, ninguno de los planes se ejecutó. La etnia birmana tenía la ventaja, pues al ser mayoría podían establecer un gobierno que los protegiera, en tanto que la minoría de los rohingyas fue blanco de una serie de ataques.

El primer gobierno tras la independencia lo estableció Aung San, tenía sus bases en el comunismo, pero no duro mucho en el poder, ya que fue asesinado en 1947. Esto dio paso a un periodo de inestabilidad política. En 1960 el general Ne Win con un golpe de estado estableció un Consejo Revolucionario. El 4 de julio se instituyó el Partido del Programa Socialista Birmano, que se mantendría en el poder durante décadas.

En 1962 Ne Win estableció un gobierno militar que buscaba como medio de legitimación un “nacionalismo birmano”, el cual se mezcló con principios budistas, configurándose un desprecio hacia lo musulmán, a quienes se les veía como traidores, como “enemigos de una Birmania libre”, en contraposición con el budismo que era visto como el estandarte de un país libre y que, por tanto, se tenía que proteger.

Desde 1948 el gobierno encabezó al menos 13 operaciones armadas en contra de los musulmanes. Las tres que tuvieron mayor impacto se desarrollaron bajo el mando militar: la primera nombrada “Operación Rey Dragón” que se llevó a cabo en 1978, la segunda “La Ley de Ciudadaníade 1982 y la última la “Operación Nación Limpia y Hermosade 1991.

Persecución rohingya

La Operación Nagamin u Operación Rey Dragón se desarrolló del 6 de febrero al 31 de julio de 1978. Fue una campaña militar encabezada por las fuerzas armadas birmanas, su argumento fue regular a los extranjeros ilegales. Sin embargo, la verdadera causa fue el temor a una infiltración de ideas independentistas de la vecina Bangladesh, en la que se desarrollaba “La Liberación”, sin olvidar que los rohingyas se ubicaban en la frontera con este país y ya habían tenido intenciones de independizarse, por lo que el gobierno birmano se alarmó por esta región.

La campaña fue dirigida a musulmanes, se verificaban las tarjetas de identidad, de forma que se llevaron a cabo una serie de arrestos arbitrarios en los que se les acusaba de ilegales. Por lo general, se les llevaba a una especie de campamentos en donde eran obligados a hacer trabajos forzados, esto ocasionó una nueva huida de musulmanes a Bangladesh.

El Estado permitió una serie de ataques de parte de los habitantes budistas hacia la comunidad musulmana. Estos últimos sufrieron persecución religiosa, la destrucción de mezquitas e incluso asesinatos, tales acciones se extendieron a otras partes del país. Tales acontecimientos comenzaron a llamar la atención de la comunidad internacional, que mostraba su rechazo a estas acciones “legales”, sin embargo, a pesar de las presiones internacionales, los ataques tanto del gobierno como de la sociedad birmana budista en contra de los rohingyas no disminuyeron y fueron una constante.

En 1982 el Partido Socialista Birmano decretó la Ley de Ciudadanía con la que se haría una “regulación” de los habitantes de Birmania. Esta ley reconocía la ciudadanía como algo heredado, es decir, según la situación legal de sus antepasados y no por el lugar de nacimiento.

Se solicitó a los rohingyas que comprobaran que sus antepasados vivieron en Birmania antes de 1823 (año en que estalló la primera guerra anglo-birmana), o, en su caso, demostrar los lazos sanguíneos requeridos por la ley. Ésta estipulaba que para ser reconocido como ciudadano birmano se tenía que comprobar su origen en el país o pertenecer a alguna de las 135 etnias nacionales. Cabe mencionar que la etnia rohingya no era considerada dentro de estos grupos, por lo que les era negada la nacionalidad. Debido a que esta ley violaba el artículo 15 de la Declaración Universal de Derechos Humanos se convirtieron en una etnia apátrida.

Posteriormente, se proporcionaron tarjetas según el “Tipo de Ciudadano”, estas podían ser de tres tipos: Ciudadano Pleno, Ciudadano Asociado y Ciudadano Naturalizado. Los rohingyas quedaron fuera de estas agrupaciones, así que fueron denominados “bengalíes”, se les proporcionaron tarjetas blancas o “tarjetas de registro temporales”. Estas credenciales asentaban los datos personales, incluida la etnia y la religión, facilitando la discriminación. Al no ser considerados birmanos no podían acceder a la educación, ni a un trabajo, ni a servicios médicos, tampoco se podían casar o tener hijos. Sus movimientos eran controlados, ya que al ser “ilegales” no podían gozar de un libre tránsito; si necesitaban desplazarse a otra región se les otorgaban permisos por horas determinadas y cada movimiento quedaba registrado.

Birmanos en Tailandia protestan frente a la embajada de Myanmar, en la pancarta se puede lee “Los rohingyas no son una etnia de Myanmar”, 11 de febrero del 2017, disponible aquí.

Movimiento 8888

En 1988 el país estaba atravesando una crisis económica que trajo consigo una serie de protestas. Entre estas, surgió un movimiento conocido como 8888 que buscaba una “vía para la democracia”, fue nombrado así debido a que comenzó el 8 de agosto de dicho año. Aung San Suu Kyi, hija de Aung San, destacó como la única esperanza para liberar al país de las fuerzas represoras militares, se le veía como una especie de “mesías” que concretaría el trabajo de su padre para obtener a una Birmania libre.

Aung San Suu Ky durante la ceremonia del Premio Nobel, 19 de septiembre del 2017, disponible aquí.

Aung San Suu Kyi fue cofundadora de la Liga Nacional para la Democratización. En un principio se pensó que ella sería la que terminaría con los ataques en contra de los rohingyas, pues uno de sus estandartes era la lucha de los derechos humanos por una vía pacífica. En sus discursos condenaba tales acciones afirmando que no estaba de acuerdo con la violación de sus derechos ni el uso de la violencia, sin embargo, estas condenas fueron disminuyendo a medida que incrementaba su popularidad. Fue la ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991 por sus esfuerzos por democratizar Birmania de una manera pacífica, ganándose el pseudónimo de “la Dama”.

En ese mismo año el gobierno lanzó una nueva operación en contra de la comunidad musulmana, en esta ocasión la llamó “Operación Pyi Thaya” u “Operación Nación Limpia y Hermosa”, en respuestaa los ataques violentos orquestados por la Organización Solidaridad Rohingya que seguía buscando su independencia. Las acciones resultaron en una serie de ataques violentos y en el escape de 260 mil rohingyas a Bangladesh entre 1991 y 1992.

Wirathu y el movimiento 969

Otro actor importante en este conflicto es el sentimiento de islamofobia, líneas antes mencioné que los líderes políticos y religiosos eran los que impulsaban dicho sentimiento. En este movimiento se refleja con claridad la participación de monjes budistas, considerados los principales impulsores de actos violentos, si bien desde 1980 comenzaron a participar activamente en contra de los musulmanes, su actuar fue más evidente tras participar en el Movimiento 969, que durante las últimas dos décadas ha ganado mayor fuerza tras elegir como líder a Ashin Wirathu.

Este movimiento tiene sus bases en el budismo theravada y juega con simbolismos budistas, además, ha logrado tener gran éxito. El número 969 representan las tres joyas del budismo: el primer nueve representan los “Nueve Atributos Nobles de Buda”; el seis, los atributos del Dhamma —enseñanzas budistas— y el segundo nueve, los atributos de la Sangha —la comunidad budista—. Se creó un logo que tenía este número al centro y se distribuía de manera gratuita. Se colocaba en tiendas, casas, automóviles, taxis, etc., con la intención de identificar a los budistas, era una especie de señalamiento que reconocía a sus iguales y, al mismo tiempo, segregaba a los otros, es decir, a los musulmanes.

En el 2001 el movimiento pasó a manos de Ashin Wirathu. Este personaje contaba con un gran apoyo por parte de las organizaciones de monjes, gracias a sus discursos llenos de odio; difundidos por medio de CD, DVD, después serían trasmitidos por YouTube y Facebook, de modo que ganó una gran popularidad y llegó hasta los sectores más jóvenes de Myanmar. En ese año se avivó el sentimiento antimusulmán, debido a la destrucción de las estatuas de Buda en Afganistán por parte de los Talibanes y, más tarde, por el atentado del 11 de septiembre en Estados Unidos. Esto provocó un aumento de la violencia en contra de la comunidad musulmana a nivel internacional, en Myanmar se utilizaron dichos acontecimientos como justificación de la violencia que se ejercía hacia los rohingyas. Según Wirathu, estos eran “tigres” que ingresan a hogares mal defendidos para devorar a sus ocupantes”.

En el 2003 Wirathu fue encarcelado al ser acusado de incitar disturbios y provocar la muerte de diez musulmanes. Aunque sería sentenciado a 25 años de cárcel, fue liberado en el 2011 durante una amnistía de presos políticos. Si bien el gobierno de Myanmar ha declarado que no está de acuerdo con las políticas de Wirathu, ¿cómo ha logrado mantenerse vigente sin ningún tipo de restricciones? Es evidente que sí ha recibido apoyo gubernamental, ejemplo de esto es que en la oficina del expresidente Thein Sein (2011-2016) se encontraba pintado el número 969 describiéndolo como «un símbolo de paz», además, denominó a Wirathu “un hijo del señor Buda”.

Wirathu se volvió famoso internacionalmente en 2013, tras salir en la portada de la revista Time. En dicha entrevista explicó sus motivaciones para cometer los actos violentos contra los rohingyas y se autodenominó como el “Bin Laden birmano” (aunque tiempo después se retractaría). En Myanmar se prohibió la revista, se criticaban duramente las acciones de Wirathu, por ello era denominado the face of buddhist terror (“la cara del terrorismo budista”).

Ashin Wirathu en la portada de la revista Time, 1° de Julio del 2013, disponible aquí.

Este movimiento nacionalista-budista estableció muy bien sus bases, ya que creó una unificación alrededor de un enemigo: los musulmanes, es decir, construyó una narrativa altamente violenta en función de crear una patria budista.

Wirathu promovía la imagen del “musulmán violento”, “el musulmán terrorista”, que en cualquier momento podía atacar, por esta razón, se tenía que atacar primero. En sus palabras “No todos los musulmanes son violentos, pero todas las personas violentas en Myanmar son musulmanas. No pertenecen aquí”.

Los discursos de Wirathu provocaron un odio generalizado hacia los musulmanes, quienes sufrían diversos episodios de violencia, por lo que comenzaron a huir en masa. En 2009 una embarcación de rohingyas fue rescatada por marineros en el estrecho de Malaca pues estaban tratando de huir hacia Tailandia; no obstante, éste es un país budista en el que también dicha comunidad ha vivido una serie de persecuciones. En febrero de ese año, el ejército tailandés remolcó un bote de 190 refugiados rohingyas de vuelta al mar. Por otro lado, un grupo de refugiados que logró escapar por Indonesia reveló historias de persecución del ejército tailandés. A finales de ese año unos 9 mil rohingyas fueron repatriados de Tailandia a Myanmar.

Ataques del 2012

En 2012 sucedió el episodio más violento que marcaría el inicio a la gran crisis humanitaria que se vive hoy en día y que denominaría a los rohingyas como la etnia más perseguida del mundo, según la Organización de las Naciones Unidas. El 28 de mayo en el municipio de Ramri (al sur de Arakán), Thida Htwea una mujer budista de 27 años, fue violada y asesinada por tres hombres que se afirmó eran musulmanes, esto desencadenó una serie de ataques en contra de dicha comunidad que se esparcieron por todo el país.

Las tensiones crecieron y en junio se desató la violencia entre musulmanes y budistas, incendiaron hogares y negocios, provocando la huida masiva de rohingyas. Esto resultó en decenas de hombres, mujeres y niños asesinados y miles de desplazados.

Según la Organización Rohinyá Birmana del Reino Unido (BROUK), 650 musulmanes fueron asesinados, incluidos diez peregrinos musulmanes que viajaban en un autobús en Toungop, 1 200 desaparecidos y 80 mil desplazados. Sin embargo, las cifras del gobierno birmano divergen pues sólo contabilizaron 78 muertos y 87 heridos.

Monjes budistas protestando contra los rohingyas. Clarion India, 10 de julio de 2015, disponible aquí.

Los incendios continuaron hasta el 15 de junio, sobre todo, en Sittwe, esto provocó que cientos de musulmanes fueran desplazados o salieran huyendo a Bangladesh, Tailandia o Malasia, pronto esta opción se vería mermada pues el gobierno de Bangladesh comenzó a rechazar a los desplazados que pedían refugio alegando que estaban a su máxima capacidad y que no contaban con los recursos para aceptarlos, pues era un país poco desarrollado.

La ayuda humanitaria comenzó a llegar a Myanmar, sin embargo, el gobierno no quería abrir sus puertas a los extranjeros para que no saliera a la luz lo que estaba ocurriendo dentro del país, por esta razón arrestó a dos trabajadores del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), afirmando que eran ellos los que incitaban los disturbios.

En octubre hubo otra alza en la violencia dirigida a la comunidad musulmana, esta vez en Min Bya Mrauk Oo, médicos sin frontera afirmaba que se distribuían panfletos en donde se amenazaba a aquéllos que brindaban ayuda a los musulmanes, por ello nadie quería darles atención médica.

Entre los años 2012 y 2015 se estima que alrededor 140 mil rohingyas fueron desplazados hacia los dos campos de refugiados que se encuentran en Bangladesh: el Nayapara y Kutupalong; 12 mil musulmanes trataron de huir en barco rumbo a Malasia, otros más se dirigieron a Australia, sin embargo, el sobrepeso en las pequeñas barcas, la falta de provisiones y el mal clima provocaron la muerte de miles de rohingyas.

El 2015 fue uno de los más siniestros en el conflicto, en el que más ataques y asesinatos se perpetraron en contra de los musulmanes, aunque las agresiones fueron opacadas por las elecciones parciales donde se podía vislumbrar la victoria de Aung San Suu Kyi. Ese mismo año también fue importante para Myanmar por la visita del presidente de Estados Unidos Barack Obama y la Secretaria de Estado Hilary Clinton. Defensores de los derechos humanos esperaban que Obama hiciera alguna condena respecto a los episodios de violencia, sin embargo, no se obtuvo lo esperado y el presidente norteamericano se limitó a opinar sobre el proceso de democratización del país.

Éxodo rohingya: un refugiado sostiene a su hijo muerto tras la huida de Myanmar en 2017. Hispantv, 27 de octubre del 2017, disponible aquí.

Es contradictorio que la Premio Nobel de la Paz no haya implementado ninguna política para resolver esta gran crisis que ha dejado miles de muertos y desplazados, y que en pocos años paso de ser un ícono de los derechos humanos a un personaje despreciado tanto en su país como a nivel internacional. Varios activistas han pedido se le quite el Nobel a Aung San Suu Kyi pues ha sido una defensora del gobierno de Myanmar aun cuando se le ha acusado de actos de lesa humanidad. Incluso ha afirmado que los medios internacionales exageraban la situación con el afán de ensuciar la imagen de Myanmar. Cuando se le cuestionó sobre las pocas acciones que su gobierno había implementado con respecto a la crisis rohingya contestó: “No soy como Margaret Thatcher, pero por otro lado tampoco soy la Madre Teresa. Nunca dije que lo fuera”.

Consideraciones finales

En este caso el budismo ha sido el estandarte para crear una de las crisis humanitarias más grandes de las últimas décadas, que, sin embargo, es desconocida o ignorada en gran parte del mundo incluido nuestro país. Pocas acciones a nivel internacional se han empleado para ayudar a miles de rohingyas que en este momento, y a pesar de la pandemia, se encuentran sin tener un hogar, comida, servicios médicos ni agua potable, establecidos en medio de la selva o bien siendo asesinados por las fuerzas militares de Myanmar por la única razón de ser rohingyas.

Ejército birmano aprehende a cientos de rohingyas tras la ola de violencia en su contra en 2012. France 24, 22 de junio 2012, disponible aquí.

Para saber más

Aguilar, Antonio Ponce, Myanmar: la historia de un conflicto inacabado. La crisis fronteriza y las consecuencias de una descolonización fallida, Madrid, Universidad Complutense, 2014.

De la Peña Muñoz, Marta, Birmania, Bangladesh, Tailandia y Malasia. “Situación de la etnia rohingya”, Madrid, Comisión Española de Ayuda al Refugiado, 2014.

Camarero Suárez, Victoria y Zamora Cabot, Francisco Javier, “Persecución de la minoría étnica rohingya en Birmania/Myanmar: Otra perspectiva” en: Huri-Age Consolider-Ingenio, n° 6 (2017).

Coclanis, Peter, “Buddhists vs Muslims” en: World Affairs 176 no. 4 noviembre-diciembre (2013).

Genocidio rohingya (video), 7 de septiembre del 2017, https://www.youtube.com/watch?v=nUQaASF30Vo (consultado el 18 de enero 2018).

Los rohingyas: la nación inexistente (video), 13 de agosto del 2018, https://www.youtube.com/watch?v=C1HQGnAbjxk (consultado el 20 de febrero del 2020).

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