(Ser)opositivo
julio 9, 2020 La Bola

(Ser)opositivo

Activismo, arte y cultura visual del VIH/sida en México

Por Luis Matus y Uriel Vides

 A casi cuarenta años de su aparición, el VIH/sida es una de las pandemias que más productos culturales ha generado alrededor del mundo. En este artículo, Luis Matus y Uriel Vides centran su atención en las representaciones artísticas y culturales vinculadas con el activismo seropositivo y detectan que un principio éstas buscaron concientizar a la población sobre el sida y subvertir el estigma, para posteriormente representar los efectos secundarios de los medicamentos y las repercusiones del virus en el cuerpo.

La historia del sida sólo puede contarse de la misma forma en que se produce su infección: viralmente. Atravesando mentes y cuerpos, con recuerdos y relatos que nos contaminen con la necesidad de la rebeldía contra la injusticia, del deseo de una vida donde el placer compartido sea su íntima raíz.

Sejo Carrascosa, “Los registros del silencio” (2016).

La pandemia revisitada

El 3 de julio de 1981, The New York Times publicó una nota que informaba acerca de la aparición de un extraño tipo de cáncer observado en 41 pacientes homosexuales. El alcance de la noticia y la puntualidad del señalamiento marcaron el inicio de una desafortunada relación entre la nueva enfermedad y la homosexualidad. Sin embargo, poco tiempo después se identificó la existencia del virus de la inmunodeficiencia humana (VIH), el cual deteriora el sistema inmunológico facilitando el desarrollo de infecciones oportunistas y ciertos tipos de cáncer, sin ser exclusivo de algún grupo o sector en particular.

A casi cuarenta años de su aparición mediática, el VIH/sida es una de las pandemias que más productos artísticos y culturales ha generado en distintas partes del mundo. Ha sido tema recurrente de películas, documentales, videos, novelas, cuentos, poemas, canciones, carteles, pinturas, fotografías, instalaciones, acciones, performances, exposiciones y demás. Esto es así, apunta Alejandro Brito, “porque el impacto de la epidemia ha ido más allá de [las] consecuencias médicas, al extenderse a los ámbitos sociales y culturales”. A pesar de resultar muy afectado por la crisis, el sector cultural mantuvo una lucha activa contra el sida desde el campo de la representación, tal como indican numerosas producciones que se conservan en la actualidad.

Recientemente se ha mostrado interés sobre las repercusiones que tuvo el VIH/sida en el arte y la cultura. Esta ola revisionista, motivada por una lucha continua contra el silencio y el olvido, ha sido impulsada por artistas, activistas, investigadores, curadores e instituciones culturales a través de ejercicios expositivos con perspectivas críticas. En términos generales, estos ejercicios promueven nuevas miradas sobre el impacto de la enfermedad, no sólo en el arte y la cultura, sino en la sexualidad y en el control biopolítico sobre los cuerpos. Asimismo, destacan la capacidad de resiliencia en momentos de crisis y reivindican los afectos como estrategia de resistencia.

En 2016 se presentaron exposiciones revisionistas en Estados Unidos, Alemania y el País Vasco. Curada por Jonathan D. Katz y Rock Hushka, la exhibición  Art AIDS America [The Tacoma Art Museum en colaboración con The Bronx Museum of the Arts], se concibió como la primera revisión de las respuestas artísticas a la crisis del sida en Estados Unidos. A pesar de sus buenas intenciones, la primera edición de esta muestra causó polémica por una marcada exclusión racial. En Alemania, bajo la curaduría de Vladimir Čajkovac, se inauguró AIDSBased on a True Story [The German Hygiene Museum]. La muestra recuperó la memoria de la lucha social por el control de las narrativas del sida a través de los medios de comunicación, sin salir del marco referencial de Estados Unidos y del centro-norte de Europa.

Instalación de Pepe Miralles, Dinero=Poder=Muerte, 1993, expuesta en Anarchivo SIDA en 2006. Fotografía tomada de aquí.

En respuesta a las narrativas hegemónicas que canonizaron la historia del VIH/sida como un relato blanco y clasemediero, otro proyecto revisionista germinó en el País Vasco: la comunidad autónoma más afectada por la crisis del sida en el estado español. Anarchivo SIDA, proyecto de Equipo Re (Aimaar Arriola, Nancy Garín y Linda Valdés) opera como contra-archivo que atiende las prácticas desarrolladas en las periferias de los centros de occidente, particularmente Euskadi, España y Chile. Como resultado de una amplia investigación se presentó una exposición homónima [Tabakalera. Centro Internacional de Cultura Contemporánea] que propuso formas alternas para constituir un archivo desde lo comunitario y analizó al sida no sólo como problema sanitario, sino como cambio de paradigmas visuales, afectivos y económicos en un mundo neoliberal y globalizado.

Estas propuestas revisionistas irradian un eco que se replica hacia otras latitudes. Aunque tal operación pueda calificarse de centralizada, queremos destacar que lo importante es hacer presente el tema del VIH/sida y su influencia en variados aspectos de la vida cotidiana, analizarlo como un fenómeno complejo e inconcluso que vale la pena revisar a la luz de los tiempos actuales. Además, la emergencia de tal diversidad de discursos ayuda a confrontar y dilucidar las complejidades que un fenómeno común suscita entre la humanidad desde hace casi cuatro décadas.

Vista de la exposición El Chivo Expiatorio: Sida + Violencia + Acción en el Museo de la Ciudad de México, junio–agosto de 2018. Fotografía: cortesía de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México.

En 2018 se presentó en México la exposición El chivo expiatorio: SIDA + Violencia + Acción [Museo de la Ciudad de México–Centro Cultural Border], la cual se planteó como una revisión a 35 años de la llegada del sida a nuestro país. Curada por Eugenio Echeverría, la muestra se concibió bajo una óptica interseccional que ayudó a entender cómo el virus y sus imaginarios moldean la existencia de cada persona seropositiva, la cual se encuentra condicionada por lógicas de opresión y subjetivación. La idea del sida como una lucha social que continúa vigente y la recuperación de artistas y activistas seropositivos son dos aciertos de esta muestra interdisciplinaria.

A comienzos del 2020 se inauguró Expediente seropositivo. Derivas visuales sobre el VIH/sida en México [Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC)], exposición desarrollada por Sol Henaro y Luis Matus desde el Centro de Documentación Arkheia. Expediente seropositivo es resultado del trabajo realizado en torno a la conformación de la colección “Visualidades y VIH en México”, que integra obras y documentos de artistas, activistas y la iniciativa civil producidos principalmente en las dos décadas posteriores a la aparición del virus. La exposición, como la colección misma, defiende un activismo desde el archivo, promueve la construcción de la memoria colectiva, hace un llamado a no invisibilizar el tema y proclama la seropositividad como un asunto que a todos concierne.

En las próximas líneas haremos un recuento de algunas iniciativas culturales que emergieron en México desde la sociedad civil durante los años más mortíferos de la pandemia, así como de algunas propuestas más recientes de artistas seropositivos que reflexionan sobre la experiencia de convivir con el virus. Si bien el VIH/sida no es una infección exclusiva del sector gay, desafortunadamente se ha forjado una asociación histórica entre la seropositividad y la homosexualidad masculina. Por ello, en esta ocasión nos referiremos a las iniciativas y propuestas relacionadas con esta comunidad, sin ánimo de aminorar la experiencia de mujeres seropositivas, personas trans, trabajadores sexuales y demás sectores sociales que también se han visto afectados por la pandemia.

Respuestas tempranas y urgencias comunes (1981-1996)

Como foco principal de la pandemia, Estados Unidos tuvo un papel central en la cobertura mediática y la homosexualización de la nueva infección, que a partir de 1982 recibió el nombre de síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). Es innegable la influencia estadounidense en las iniciativas artísticas y culturales de respuesta ante la crisis, mismas que fueron replicadas en varias partes del mundo. En este sentido, asociaciones como ACT UP (con Gran Fury como su brazo creativo) o Visual AIDS e iniciativas como The Names Project Memorial Quilt, Candelight Memorial o A Day Without Art constituyen hitos activistas en la lucha contra el sida. Como el virus mismo, estas organizaciones civiles irradiaron su influencia desde los centros económicos y culturales de occidente hacia otras latitudes, “infectando” a nivel local la producción artística y cultural.

Keith Haring para ACT UP, Ignorance = Fear, 1989. Imagen tomada de aquí.

Las noticias sobre la aparición del sida llegaron a México casi de inmediato y circularon inicialmente entre la comunidad homosexual. El primer caso en México se registró en 1983 en las instalaciones del Instituto Nacional de Nutrición; no obstante, el gobierno reconocería públicamente su existencia hasta 1985. “La llegada del VIH/sida a México –escribe Jordi Díez– desató un gran pánico social, dada la ignorancia sobre el virus, y dio lugar a la emergencia de un discurso que culpabilizó a los homosexuales, relacionando la enfermedad con sus supuestas prácticas promiscuas”. Ante la falta de respuesta institucional para enfrentar la crisis, el movimiento lésbico-gay se concentró en la defensa de las personas seropositivas, organizando eventos informativos y recaudando fondos para apoyar a las víctimas.

El redireccionamiento de la agenda del movimiento lésbico-gay en México, como consecuencia de la llegada del sida, es notorio en el caso del Colectivo Sol. Fundado en 1981 tras la disolución del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR), esta agrupación civil ha promovido los derechos de la población gay y transgénero a través de actividades sociales y culturales. Sin embargo, a partir de 1983 realizó campañas de información sobre salud sexual y el uso del condón como método para prevenir el VIH/sida. Entre las actividades culturales coordinadas por el colectivo destacan las ofrendas a los muertos por sida en la Alameda Central de la ciudad de México, las Caminatas Nocturnas en apoyo a las personas seropositivas y la exhibición pública de las Mantas de los Nombres. Desde sus inicios el Colectivo Sol ha producido numerosos folletos, revistas, cuadernillos, carteles y revistas como parte de su lucha contra el sida, los cuales constituyen fuentes de consulta obligadas para estudiar la historia del VIH y la disidencia sexual.

En el ámbito universitario surgieron importantes iniciativas. El Taller Documentación Visual (TDV) fue fundado en la Academia de San Carlos y estuvo integrado por profesores y alumnos del posgrado en artes visuales, dirigidos por Antonio Salazar. Durante sus quince años de existencia (1984-1999), el TDV generó discursos que abordaban desde lenguajes experimentales distintos problemas políticos y sociales del momento. Con respecto al sida, produjo textos, carteles, folletos, grabados, pinturas, fotografías, instalaciones y exposiciones que buscaban concientizar a la población, promover el uso del condón y combatir discursos estigmatizantes. Son famosos los carteles ilustrados con sus propias obras donde despliegan distintas estrategias contra la discriminación, desde la representación del cuerpo enfermo hasta la exaltación del cuerpo hipermasculinizado.

Cartel de la Sexta Jornada Cultural de Lucha contra el Sida, Unidos contra el Sida, A.C.-Taller de Documentación Visual, 1995, colección Museo Universitario del Chopo. Imagen tomada de aquí.

En 1987 se celebró en las instalaciones del Museo Universitario del Chopo la primera edición de la Semana Cultural Lésbica Gay (SCLG), que dio visibilidad a sexualidades no normativas y promovió, desde una plataforma institucional, el debate artístico y cultural en torno el sida. José María Covarrubias y Jorge Fichtl, principales promotores de la SCLG, impulsaron también la celebración en dicho Museo de las Jornadas Culturales de Lucha contra el Sida. Estas últimas se presentaron anualmente bajo una temática diferente desde 1990 hasta la entrada del nuevo siglo. Estos eventos lograron conjugar diversas voces del activismo y la escena cultural mexicana en aras de un objetivo común: la no invisibilización del tema.

Desde la esfera artística emergió el colectivo SidArte, fundado a finales de 1992 por los artistas Yamina del Real y Rolando de la Rosa. Durante algunos años SidArte ejecutó diversas intervenciones en el espacio público y estuvo involucrado en eventos culturales con miras a denunciar la problemática del VIH/sida en México. Algunas intervenciones tomaron inspiración de A Day Without Art, iniciativa promovida por Visual AIDS donde se invitaba a diversos museos de la ciudad de Nueva York a cubrir una obra icónica con paños negros en señal de duelo por los muertos del sida. Son memorables las intervenciones realizadas en el Palacio de Bellas Artes: un performance ejecutado en los balcones del recinto y el célebre Condón para México emplazado en la Alameda Central, ambos de 1995. También tuvieron participación activa en exposiciones, como 100 Artistas contra el Sida o en la Semana de Lucha contra el Sida, esta última organizada en el Museo José Luis Cuevas.

Intervención del colectivo SidArte, Un condón para México en la Alameda Central, 1995. Fotografía tomada de aquí.

Otro evento cultural que congregó a artistas, activistas, asociaciones civiles y organismos gubernamentales fueron las Noches de Muertos por Sida, realizadas entre 1994 y 1996 en la colonia Roma. Organizadas por el Corredor Cultural Roma Condesa (integrado por las galerías OMR, Nina Menocal, Florencia Riestra y Casa Lamm) en colaboración con la revista Curare, el diario La Jornada y la Secretaría de Salud, las veladas rendían homenaje a las víctimas de la pandemia y simbolizaban la solidaridad de la sociedad civil a través de la instalación de altares y la realización de distintas actividades conmemorativas.

La era del cóctel y de la diversidad (1996 al presente)

Con el desarrollo de fármacos antirretrovirales, especialmente a partir de la aparición de la triterapia anunciada en la XI Conferencia Internacional sobre el Sida, celebrada en Vancouver en 1996, el activismo del VIH/sida tuvo un viraje de dirección. Lo que al principio representó un reclamo por visibilizar el impacto de la crisis y la exigencia de investigación científica para un tratamiento oportuno, se volvió entonces una lucha por el acceso a una medicación adecuada y democrática (el costo de producción y distribución de los antirretrovirales, aún hoy en día, continúa siendo alto, especialmente para los países periféricos). De igual manera, con la irrupción del zapatismo en Chiapas, el interés se volcó hacia temas de inclusión de minorías segregadas, idea con la que el movimiento gay encontró especial afinidad.

Óscar Sánchez Gómez, Ajustada cárcel que me cubre, de la serie Adherencia, 1997, colección Visualidades y VIH, Museo Universitario Arte Contemporáneo. Fotografía tomada de aquí.

La existencia de un tratamiento, que al menos ayudaba a controlar la infección, introdujo nuevas perspectivas para abordar el tema. En este sentido, el trabajo fotográfico de Óscar Sánchez Gómez resulta un ejemplo interesante de la experiencia de vivir bajo un regímen de medicación. A lo largo de tres series: Del Paso del Tiempo (1994-2004), Adherencia (1997-2003) y Efectos Secundarios (1999-2002), Sánchez Gómez documenta, a manera de bitácora personal de largo aliento, su relación íntima con los antirretrovirales y los efectos secundarios en su organismo, el vínculo de dependencia con los fármacos y otras reflexiones de carácter afectivo. Las fotografías que integran las series muestran escenificaciones sobre el VIH: esculturas efímeras producidas ex profeso para la cámara, alternadas con objetos personales y el cuerpo del artista. Estas escenificaciones registran las transformaciones físicas, afectivas, psicológicas y de hábitos que surgen al adherirse a un tratamiento antirretroviral. Vistas en retrospectiva, las series constituyen un valioso documento sobre el desarrollo de las terapias mismas: en las fotografías más tempranas se observan esquemas de hasta 40 pastillas.

Otra propuesta notable es el trabajo de Richard Moszka, artista canadiense radicado en México. En su serie Sobras (2002), ganadora de la X Bienal de Fotografía del Centro de la Imagen, el artista construye bodegones a partir de desechos (sobras de comida, empaques de medicamentos, insumos médicos) recolectados a lo largo de un año de convivencia diaria con su pareja sentimental, quien fallecería tiempo después por complicaciones asociadas al sida. Uno de los componentes más destacados de este trabajo son 12 Tortillas, serie de close-ups hechos con tortillas enmohecidas que asemejan una célula infectada y funcionan como alegoría de la invasión del virus en el organismo. Moszka también realizó Un año de Pastillas, instalación efímera compuesta por alrededor de 4 800 stickers (originalmente serigrafiados y recortados a mano) que dan cuenta de la enorme cantidad de medicamentos consumidos por su pareja durante su último año de vida.

Fotograma de El cuerpo perdido de Manuel Solano, 2014, 7:28 m. Disponible aquí.

En el escenario contemporáneo destaca el nombre de Manuel Solano, uno de los artistas emergentes más importantes de su generación. A través de distintos medios (pintura, performance, video), la obra de Solano explora temas de identidad sexogénerica, memoria personal y cultura popular atravesados por la experiencia de la seropositividad. Sus trabajos creados a partir de 2014 se produjeron después de que Solano perdiera la vista como consecuencia de una crisis inmunológica relacionada con el sida. De ahí la enorme relevancia de su producción artística realizada bajo esta afectación. En El cuerpo perdido (2014), video íntimamente personal, Solano muestra los estragos corporales de dicha infección a través de una cámara web. Sin más recurso que el cuerpo propio, el artista detona la reflexión sobre las repercusiones físicas y emocionales del VIH/sida en la era digital. Como un eco del pasado, El cuerpo perdido muestra con crudeza la inquietante realidad de una persona que ha padecido en carne propia los efectos de una pandemia aún sin fin.

Conclusiones

Los años más críticos de la crisis del sida (1981-1996) quedaron registrados a través de una gran variedad de productos artísticos y culturales, que buscaron concientizar a la población acerca de la enfermedad y subvertir el estigma contra las personas seropositivas. Para mediados de los años noventa, con el mejoramiento de los tratamientos antirretrovirales y el giro discursivo hacia la inclusión de la diversidad sexual, las producciones culturales asociadas al VIH/sida disminuyeron paulatinamente. Al comenzar el siglo XXI, el sida dejó de ser tema protagónico en las agendas políticas mundiales, debido quizá por los avances de la ciencia médica, por cierta normalización del tema o por indiferencia generalizada. No obstante, desde el ámbito artístico han surgido interesantes propuestas que recuperan la seropositividad para hablar de las repercusiones que provoca el virus en el organismo, de los efectos secundarios de los medicamentos, de los aparatos legales que estigmatizan al VIH o de las nuevas prácticas sexuales auspiciadas por los más recientes tratamientos profilácticos.

A casi 40 años de la aparición del sida estamos convencidos de la importancia de revisitar un tema que generalmente no se aborda incluso dentro de la comunidad gay, tal vez porque el tabú no ha sido superado. Si bien este ensayo se enfocó en algunas de las producciones artísticas y culturales vinculadas con la homosexualidad masculina, reconocemos la urgente necesidad de reflexionar sobre otras experiencias y realidades: mujeres seropositivas, personas trans, trabajadores sexuales, lesbianas y aquéllos que escapan por voluntad propia del control biopolítico. En cuanto a la relación histórica que la comunidad homosexual ha establecido con el VIH/sida, a pesar de los tintes patologizantes y estigmatizadores que se arrastran hasta el presente, nos corresponde subvertir las lógicas que operan en torno a la seropositividad y construir una visión mucho más libre, efectiva e incluyente.

Para saber más

Brito, Alejandro, “Palabras en disputa: las representaciones sociales del SIDA”, Expediente seropositivo. Derivas visuales del VIH en México. México, UNAM: Museo Universitario Arte Contemporáneo, 2020.

Carrascosa, Sejo, “Los registros del silencio”, Anarchivo SIDA, San Sebastián: Tabakalera, 2017.

Díez, Jordi, “El movimiento lésbico-gay, 1978-2010”, Tepichin, Ana María, Tinat, Karine y Gutiérrez, Luzelena (coord.), Los grandes problemas de México. Relaciones de género, México, El Colegio de México, 2010.

El chivo expiatorio: SIDA + violencia + acción, Mexico, Museo de la Ciudad de México, Centro Cultural Border, Fundación Jumex, 2018.

Kerr, Theodore, “AIDS-Based on a True Story”, Dandelion, vol. 7, núm. I, verano 2016.

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