Gacetilla | Obituario

Mario Vázquez Ruvalcaba
julio 10, 2020 La Bola

Mario Vázquez

Figura imprescindible para la museología y museografía de México y el mundo

Por Ana G. Bedolla Giles

Un personaje indispensable para entender los procesos de transformación que experimentaron los museos de México y el mundo durante las últimas décadas del siglo XX es Mario Vázquez Ruvalcaba (1923-2020), quien cuestionó las bases de su papel en la sociedad y de los propósitos que animaban su quehacer, para enfatizar la vocación de servicio de estos recintos. Vázquez transformó la museografía y formó parte de un grupo internacional que replanteó la función social de los museos. Hombre de gran personalidad, clara inteligencia y amplia cultura, también dejó una profunda huella en el campo de la museografía como creador de un estilo propio, fundado en sus conocimientos, talentos y extraordiria creatividad.

Fotografía: cortesía INAH-Secretaría de Cultura.

Durante su formación, Vázquez abrevó de distintas fuentes. Nos contaba en una entrevista llevada a cabo en 2015, que durante el Cardenismo le tocó desarrollarse en el marco de una efervescencia intelectual, que le dio la oportunidad, desde la escuela pública, de conocer los colores del arte popular a través del método de dibujo de Adolfo Best Maugard –técnica que le dio un perfil particular al tipo de diseño que desarrollaría más tarde–. Desde muy joven inició una búsqueda en instituciones poco ortodoxas, como la Universidad Obrera de México donde cursó estudios de Derecho; o rompiendo moldes al anotarse en la Escuela de Danza Moderna de Waldeen von Falkenstein y Ana Solokov; así como ingresando en el grupo de teatro del Director Seki Sano. Y sin abandonar su pasión por la danza y el teatro, un día se encontró un anuncio en la puerta de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) que anunciaba la apertura de inscripciones.

Contaba el profesor Vázquez que en la ENAH se encontró un mundo maravilloso con una pléyade impresionante de maestros, entre los cuales sobresalían algunos refugiados políticos de España y Alemania, como Juan Comas, Pedro Bosh Gimpera, Paul Kirchhoff, Joanna Faulhaber, entre otros. Por su parte, los maestros mexicanos no se quedaban atrás, ya que impartían cátedra: Alfonso Caso, Ignacio Bernal, Wigberto Jiménez Moreno y Francisco de la Maza, por mencionar algunos. Pero en la ENAH no sólo existían las disciplinas propiamente antropológicas, también se daban clases de museografía. Así tuvo la oportunidad de estudiar al principio esta materia con Fernando Gamboa y más tarde, con Miguel Covarrubias.

Pronto empezó a trabajar para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el Museo Nacional, ubicado en la antigua Casa de Moneda, donde comenzó a formular proyectos de distinto alcance con Jorge Angulo y con Iker Larrauri, cada uno con distinta formación. Desde el arreglo y la reestructuración de salas, hasta la planeación y ejecución del Museo Nacional de Antropología (MNA) ubicado en Chapultepec.

El propio crecimiento del INAH los llevó por distintos caminos profesionales; paulatinamente Vázquez construyó un estilo propio en la museografía que no dejó de hacer ni siquiera en los momentos en que tuvo responsabilidades administrativas, como la subdirección y dirección del MNA o la Coordinación Nacional de Museos y Exposiciones del INAH. Contaba que su museografía tomaba el color del arte mexicano; las diagonales y las paralelas de la danza; la iluminación con ciertos claroscuros del barroco mexicano; y las atmósferas dramáticas del teatro.

Vázquez desplegó una actividad museológica tan relevante que influyó –junto con un grupo destacado de profesionales de México y de otros países– en la transformación del concepto de la función social de los museos. Fue responsable de diseñar, trasladar y montar unas 50 exposiciones en distintos países de Europa, Asia y Latinoamérica, y cerca de 75 en México (tanto de producción nacional como internacional).

En efecto, desde 1958, se insertó en el International Council of Museums (ICOM), organismo derivado de la ONU, como asistente de Georges Henri-Rivire, director del organismo, en el Seminario Internacional sobre el papel educativo de los museos, en Brasil.  Desde ese momento Vázquez desempeñó varios cargos en distintos Comités del ICOM, como el de arquitectura, en el Consejo Editorial y en las instancias de planeación de museos en Panamá, Japón, Costa Rica, El Salvador, así como exposiciones en Suiza, Brasil y Colombia, entre muchas otras actividades y compromisos.

Hubo momentos muy especiales en el desarrollo museológico del conjunto de las naciones. Entre 1969 y 1972 ocurrió la justificación teórica y posterior surgimiento de la Nueva Museología que dio origen a modelos de museos muy novedosos, como los ecomuseos y los museos comunitarios, con variantes locales en prácticamente todos los continentes. En este movimiento el profesor Vazquez fue pieza clave y al mismo tiempo creador de un modelo que llamó poderosamente la atención de museólogos de muchos rincones del mundo: La Casa del Museo.

Este proyecto consistió en llevar el museo a colonias populares, sin acceso a ofertas culturales serias y de calidad, con el propósito de contarles su historia, y paralelamente poner a su alcance, a través de exposiciones, temas de arqueología, etnografía e historia; además de convertir el recinto en un espacio vivo, con talleres que atrajeran a los pobladores a la Casa, y los hicieran sentir bienvenidos al mundo de la cultura.

El profesor Mario Vázquez se jubiló del INAH, pero siguió haciendo exposiciones, principalmente internacionales hasta 2004, para el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA). Hacia finales de 2015 el INAH reconoció sus enormes y valiosas aportaciones a través de un merecido homenaje realizado en el Museo Nacional de Antropología. Lamentablemente, Mario Vázquez Ruvalcaba falleció el pasado 2 de junio. Estas línieas pretenden que su recuerdo persista como un hombre comprometido con su país y como un innovador fértil en el campo de la cultura.

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