La representación lésbica en los medios audiovisuales
julio 9, 2020 La Bola

La representación lésbica en los medios audiovisuales

Por Erika Alcantar García

¿Cómo han sido representadas las lesbianas en la pantalla? En este artículo Erika Alcantar realiza un recorrido detallado por las producciones audiovisuales para indagar el papel que han jugado las relaciones lésbicas en el cine y la televisión. La autora muestra que si bien el tema de la homosexualidad está presente desde principios del siglo XX, es notoria la deuda que aún se tiene con la representación del colectivo lésbico. La inclusión de éste en las producciones audiovisuales es necesaria para visibilizarlo y darle voz, y para que las mujeres lesbianas se reconozcan, sepan que no hay nada de malo en ellas y ninguna razón para vivir ocultas en un clóset.

A las inteligentes mujeres que retroalimentaron este texto.

Gracias por su entusiasmo y generosidad.

En 2005 apareció una película con temática homosexual que tuvo varias nominaciones a los premios Oscar –en ese gran evento legitimador de la industria del cine conocido como Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas (AMPAS) –. Se trataba de Brokeback Mountain. La cinta contaba la historia de un par de hombres jóvenes en la década de los sesenta que se conocen y desarrollan una relación sexoafectiva mientras trabajan cuidando rebaños de ovejas en la Montaña Brokeback. La crítica enalteció la dirección de Ang Lee, así como las actuaciones de sus protagonistas: Heath Ledger y Jake Gyllenhaal; además de menciones especiales para las actrices Michelle Williams y Anne Hathaway. Entre otras cosas, también se aplaudió que en el nuevo milenio por fin una película de Hollywood mostraba una relación romántica entre dos hombres, que bien parecía abrir una puerta para resarcir una deuda histórica de representación después de una serie de censuras impuestas en la primera mitad del siglo XX.

Pasarían ocho años para que la discusión se centrara en las relaciones lésbicas en la pantalla grande, pero no de la mano de Hollywood. La película francesa La vida de Adele de 2013 causó revuelo no por tratarse de una historia de amor lésbico, sino por las escenas explícitas de sexo entre dos mujeres. La trama era la siguiente: Adele, una estudiante de preparatoria, queda fascinada con Emma, una estudiante de arte que no tiene miedo de expresar su identidad y su sexualidad; esto despierta la sexualidad de Adele, de modo que comienzan una relación sumamente apasionada que deja huella en la vida de esta última.

Al igual que Brokeback Mountain , el director de La vida de Adele, Abdellatif Kechiche, también recibió el aplauso de la crítica tras la adaptación que hizo de la novela El azul es un color cálido. Actualmente el filme sigue generando polémica debido a las condiciones de trabajo de las actrices y la violencia que ejerció el director durante la filmación, sobre todo, por las largas y extenuantes escenas de sexo. Sin embargo, la película abrió la discusión en otras latitudes, pues mostró la falta de representación lésbica en el cine.

Por supuesto que es posible hablar de personajes homosexuales y lésbicos anteriores a estas dos películas; sin embargo, éstas generaron un punto de inflexión en la representación que se hacía de la homosexualidad y la lesbiandad en el cine: las lesbianas y los homosexuales eran los protagonistas, y no eran personajes aislados o de soporte, ya que sus historias eran el tema principal de los largometrajes.

En este ensayo me propongo analizar la representación lésbica en el cine y la televisión dentro del sistema de género y de representación heteropatriarcal, a partir de los estudios culturales, la historia del cine y la teoría feminista. Asimismo, busco traer la discusión de la representación de lo lésbico en los medios audiovisuales mexicanos. Cabe aclarar que este análisis no es exhaustivo ni global, es decir, no contempla todas y cada una de las producciones audiovisuales que han existido en donde se represente la homosexualidad o la lesbiandad, ni en el mundo ni en México, pues eso sería imposible. Sólo he tomado como referencia algunos ejemplos icónicos provenientes de los Estados Unidos, principalmente, y nacionales para ejemplificar algunas categorías aquí presentadas que nos permitan pensar la representación lésbica. Por último, busco reflexionar sobre las representaciones lésbicas contemporáneas y la deuda histórica que existe para este sector.

Las sombras de los homosexuales y la invisibilidad de las lesbianas

El siglo XX puede ser considerado el siglo de la imagen. Si bien el cine nació en la última década del siglo XIX, fue en el siglo pasado cuando se formó y consolidó la industria del cine que hoy conocemos, cuyo máximo exponente es Hollywood. La industria norteamericana que fue buscando el sol y se instaló en California se convirtió en el mayor exportador de imágenes en movimiento en el mundo durante esa centuria.

De modo que el cine impactó en la vida cotidiana, en otras formas de arte, en la cultura popular y en la construcción de identidades individuales y colectivas. Es decir, el cine se convirtió en un generador de representaciones, que, de acuerdo con Roger Chartier, son la construcción de una imagen que pasa por la subjetividad de quien las construye y están dotadas de una serie de significados. Así, las películas generaron imágenes arquetípicas de la cultura estadunidense que eran exportadas al mundo, como el latin lover, la femme fatal, el don Juan, la buena esposa, etc.; con dichas concepciones surgió un star system que convertía a sus estrellas en “modelos sociales” asociados a distintas identidades.

En el documental de 1995 dirigido por Rob Epstein y Jeffrey Friendman, The Celluloid Closet, los autores hacen una búsqueda de las formas de representación de la homosexualidad masculina y femenina en Hollywood, desde sus orígenes pasando por sus evoluciones a lo largo del siglo XX. Dice en la introducción Lily Tomlin, la narradora, “Hollywood, el gran creador de mitos, enseñó a los heterosexuales qué pensar de los homosexuales, y a los homosexuales qué pensar de sí mismos”.

Sin embargo, en Hollywood no siempre estuvo vetada la homosexualidad. Hasta la década de 1930 la industria fílmica estadunidense mostraba explícita e implícitamente personajes homosexuales. Las vanguardias de la década anterior eran disruptivas en más de un sentido y abogaban por una libertad sexual, la cual se expresaba en las metrópolis occidentales durante los gloriosos años veinte. Con el alba de la década llegaron una serie de escándalos que pusieron fin a la libertad tanto de su star system como a lo que se presentaba en las pantallas.

Algunos mencionan, como uno de los primeros incidentes amarillistas, la muerte de la actriz Virginia Rappe en una fiesta con otros actores hollywoodenses, al igual que el de la actriz de cine silente Clara Bow –llamada la “chica it” (porque atraía tanto a hombres como a mujeres–. A esta última se le atribuía una larga lista de romances con hombres también del espectáculo. Gracias a estas notas su popularidad bajó y fue criticada duramente por la sociedad. En respuesta, Paramount, el estudio para el que trabajaba, la castigó con una serie de represalias económicas, y, en especial, con una “cláusula moral” en donde le pedían que se comportara “como una dama” en público. Esto último es importante, ya que no sólo sentó un precedente, sino que dejó en manifiesto la íntima relación que existía entre la moralidad y el consumo de las películas en la sociedad de la época, lo que encendió los focos rojos de los estudios como una primera llamada. A principios de los años treinta, el director F. W. Murnau murió en un accidente automovilístico, presumiblemente mientras le realizaba una felación a su asistente, un adolescente de origen filipino.

Estos casos asociaron a Hollywood con el escándalo y vieron a la industria fílmica y a quienes ahí laboraban como enemigos de la moralidad y las buenas costumbres; es decir, como unos pervertidos que atentaban contra la forma de vida norteamericana. De este modo la liga de la decencia y la Iglesia católica llamaron a un boicot contra Hollywood. Los estudios cinematográficos aceptaron negociar, el resultado fue la imposición del famoso Código Hays. Nombrado así por William Hays, quien fue el encargado de implementarlo a partir de 1934; además, era el presidente del Comité Nacional Republicano (CNR) y fungió como presidente de la Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América (MPPDA).

El Código censuraba conductas violentas o “anormales”, como las “perversiones sexuales” y las obscenidades, dentro de las cuales se encontraban la homosexualidad por ser considerada una enfermedad mental, de acuerdo con los manuales de psiquiatría de la época. Además, aquella persona que desempeñaba el cargo de director del Código estaba capacitado para censurar y cambiar diálogos, tramas y personajes. Claro que estas medidas de censura no eliminaron a los homosexuales de la pantalla grande, sino que su representación se volvió implícita.

Según Guy Debord en La sociedad del espectáculo, este periodo correspondía a la emergencia y consolidación de esa sociedad, en donde la vida social auténtica es sustituida por su imagen, por su representación. De este modo la pantalla negaba una realidad que existía y la condenaba, mientras esperaba que su star system y la sociedad se convirtieran en esa imagen que se proyectaba en las películas. La imagen había superado la realidad sobreponiéndose a ella.

De acuerdo con The Celluloid Closet en Hollywood había tres categorías con las cuales se representaba la homosexualidad: la burla, la lástima y el miedo. Después del Código Hays se tendió a invisibilizar a los homosexuales y a las lesbianas, sin embargo, los guiones y la dirección a menudo contaban con diálogos, gestos y guiños que sutilmente hacían referencia a este tipo de conductas en las películas. De ese modo sobrevivieron las tres categorías comunes a la representación de la homosexualidad: la burla era utilizada para representar hombres afeminados que gustaban de la moda y los perfumes, o para mostrar hombres vestidos de mujer, como en Una Eva y dos Adanes. La lástima puede relacionarse con Martha, la protagonista de The children’s hour (1961), y el miedo con personajes, como Sebastian Venable en Suddenly, last summer (1959), quien es asesinado por unos caníbales.

En general, las historias que mostraban a homosexuales y lesbianas en la pantalla grande durante la década de los cincuenta y la primera mitad de los sesenta, buscaban representarlos como personajes atormentados, culpables, deprimidos, cuyo final era funesto e inevitable. En ocasiones ese destino se cumplía por propia mano, con un profundo odio hacia ellos mismos; esto era el reflejo de lo que sentía la sociedad respecto a lo diferente.

Esto fenómeno cambió con la derogación del Código Hays en 1968, después del verano del amor y la cultura hippie, la revolución sexual y con las protestas por los derechos de los homosexuales, como las de San Francisco en 1966 y las revueltas de Stonewall en Nueva York en 1969. La comunidad homosexual demandaba no ser criminalizada, estigmatizada ni discriminada por su orientación sexual, así como el reconocimiento de que la homosexualidad no era una enfermedad. Este movimiento social visibilizó a los hombres homosexuales—sobre todo—en las calles más importantes de dichas ciudades. Fue el inicio del orgullo y de salir de las sombras en muchos aspectos, incluidos los medios audiovisuales.

Gracias a estos eventos, en 1970 fue estrenada la que se considera la primer película con temática explícitamente homosexual en los Estados Unidos, The boys in the band, adaptación de una obra de teatro de 1968. La película cuenta la historia de la fiesta de cumpleaños de Michael, la cual fue organizada por sus amigos, todos homosexuales, y que se torna tensa en cuanto llega Alan –un viejo amigo de la universidad de Michael–. En la primera parte de la película se celebra la alegría y la camaradería entre hombres homosexuales, hasta que llega Alan, quien dejó su pasado homosexual en el clóset de la universidad; éste lleva a la fiesta la homofobia, y le recuerda a Michael que también vive atormentado por su soledad y su homosexualidad. En Inglaterra, anteriormente una película había tratado la homosexualidad de manera explícita en The victim (1961), pero en ella, el protagonista se suicida debido al chantaje que vive por su preferencia sexual hacia un hombre misterioso.

A partir de entonces, los homosexuales volverán a aparecer de manera explícita en Hollywood, pero de nuevo cumplen su trágico destino y mueren a golpes, ridiculizados en el anonimato y por medio de las viriles balas de alguna pistola empuñada por un hombre alfa heterosexual.

Mención aparte merecen algunas otras producciones culturales no audiovisuales, como obras de teatro que visibilizaron la homosexualidad; éstas, a menudo fueron escritas por homosexuales que buscaban narrarse a sí mismos. Este es el caso de A normal heart (1985) escrita por el activista Ryan Murphy, en medio de la epidemia de sida de los años ochenta en los Estados Unidos. La historia buscaba sensibilizar sobre esta enfermedad, y cómo estaba afectando a la población homosexual masculina física y socialmente por medio del estigma y la discriminación. Esto va a cambiar con los años noventa, década marcada por el acelerado proceso de globalización.

La década de 1980 terminó simbólicamente con la caída del muro de Berlín en 1989 y, a decir de Eric Hobsbawm, también el siglo XX. A partir de ese momento el capitalismo que triunfaba en el otrora mundo comunista, también capitalizó la cultura y buscó colonizar sus imaginarios. Dos de los elementos que contribuyen a pensar el sistema de apertura sociocultural a la diversidad sexual son las instituciones internacionales y el flujo de información. En primer lugar, en 1990 la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales, con el precedente de 1973 de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA). En segundo lugar, el avance de las TIC y el libre comercio permitieron que en todo el planeta llegaran imágenes satelitales y, por tanto, una más amplia distribución de materiales audiovisuales. Esto permitió que se difundieran la multiculturalidad, la igualdad de derechos y la diversidad sexual. A ello se sumó la teoría crítica en ascenso y los postulados de la teoría queer; esta última sostiene que el género es performativo, una construcción social y no un hecho biológico y natural.

El mejor ejemplo de esto último fue la serie británica Queer as folk, que en 1999 se convirtió en la primera serie televisiva dedicada a contar las historias de un grupo de hombres homosexuales en Manchester; esta serie rompió récords de audiencia, causó controversia con sus escenas de sexo homosexual explícito; incluso tuvo una versión estadunidense. Además de las críticas por las escenas de sexo, también hubo quienes señalaron que los personajes vivían una vida casi fantástica llena de lujo y placer, características relacionadas con los clichés homosexuales. El protagonista, Stuart, es un profesionista bien parecido, cuyo único interés es el sexo casual con otros hombres que recoge en bares gays; su mejor amigo, Vince, ha estado enamorado de él toda la vida, pero nunca ha conseguido confesárselo, y Nathan, un jovencito de 15 años que se enamora de Stuart después de pasar una noche con él.

A pesar de estos señalamientos, la serie marcó una época e inscribió su nombre en la historia, pues retrataba como los homosexuales vivían su sexualidad libremente y no por ello sufrían un destino trágico o vivían atormentados por ser quienes eran; en cambio, se mostraba su historia de vida y el contexto homofóbico en el que se desenvolvían. Ahora bien, ¿cómo se representaban las conductas lésbicas?

Algunas categorías de representación de las lesbianas en el cine

En términos relativos es mucho menor la proporción que tenemos de ejemplos en donde se muestran deseos o sentimientos entre mujeres en la pantalla grande. Esto puede explicarse a partir de dos nociones clave de la teoría feminista: el sistema sexo/genérico y el heteropatriarcado. El primer concepto, desarrollado por la antropóloga Gayle Rubin en 1975, establece que el sistema sexo/genérico configura un pensamiento lineal y dicotómico o binario que genera una relación asimétrica de poder entre categorías sociales como hombre/mujer, heterosexual/homosexual, activo/pasivo, en donde los primeros tienen legitimidad y, por tanto, oprimen a los segundos. A partir de ello podemos aventurarnos a decir que también existe un sistema de representación, es decir, que el sector dominante es quien produce y regula las representaciones sociales. Y en una sociedad en donde la heterosexualidad estaba instituida como la norma, esa sería la representación dominante.

A esto se suma la noción del heteropatriarcado, que es un sistema de dominación social en el cual los hombres y la heterosexualidad adquieren una serie de privilegios ante otros grupos sociales u otras preferencias sexuales a las que invisibilizan. En este sistema de dominación existiría una jerarquía, en la que los hombres heterosexuales se encontrarían en la parte más alta, y discriminarían tanto a los homosexuales por estar fuera de la norma heterosexual y a las mujeres por corresponder a otro género.

Para entender el lugar de las lesbianas en un sistema de representación heteropatriarcal también necesitamos de otro concepto, el acuñado por Kimberlé Williams Crenshaw en 1989: la interseccionalidad; ésta indica que el privilegio o la opresión vivida por cada individuo tiene su base en su pertenencia a múltiples categorías sociales. De modo que un hombre blanco y heterosexual adinerado contaría con muchos privilegios, mientras que una mujer lesbiana e indígena sería sistemáticamente oprimida y erradicada del sistema de representación. Recordemos que las imágenes que produce el sistema también son utilizadas y circuladas para reforzar y promover la norma de la heterosexualidad. Es así que podemos explicar por qué las mujeres, y particularmente las mujeres que ejercían conductas lésbicas, estuvieron infrarrepresentadas en el cine hollywoodense. Sin embargo, a continuación se presentaran algunos ejemplos que resistieron o se amoldaron a los requerimientos del sistema de representación heteropatriarcal.

Algunas de las imágenes lésbicas más icónicas del cine nos las dejaron dos grandes figuras del star system hollywoodense antes del Código Hays, en los tempranos años treinta. Me refiero a los personajes de Marlene Dietrich y Greta Garbo. La primera era una actriz alemana que había ido a los Estados Unidos a triunfar en Hollywood. Su escena más conocida es cuando aparece en la cinta Morocco de 1930 vestida con un smoking y un sombrero de copa, con un cigarrillo largo y besa una mujer  mientras todo el mundo celebra en un salón de baile. Esa imagen pasaría a la historia y encumbraría a Dietrich como una de las estrellas andróginas más atractivas del ascenso de Hollywood. Sin embargo, ni la imagen de la protagonista ni el beso parecían transgredir o escandalizar. La trama de la película seguía contando con un romance heterosexual protagonizado por Gary Cooper y la misma Dietrich, y sumado al ambiente de la época en Hollywood nada estaba fuera de lugar, ni siquiera el beso en pantalla entre dos mujeres, sobre todo por dos razones: la primera fue el trasfondo romántico que existía con Gary Cooper, por lo que se puede suponer que no tiene deseos sexuales por otras mujeres, aunque tenga conductas lésbicas, y subvierta los roles de género al vestirse con un smoking, fumar y robarle un beso a otra mujer. En segundo lugar, Dietrich era una mujer que en palabras de algunos era la fantasía tanto de hombres como de mujeres “que gustaba a todos por igual”. En este sentido, unas de las primeras imágenes que nos ofrece Hollywood sobre las conductas lésbicas es que son inofensivas, sobre todo, que son parte de una fantasía.

Escena de la película Morocco, 1930. Imagen tomada de aquí.

En este mismo periodo también se consolidó otro gran ícono femenino de los años treinta, Greta Garbo. Su película de 1933, Queen Cristina trataba sobre la reina Cristina de Suecia, su coterránea, de la cual se ha especulado siempre sobre sus preferencias sexuales y su lesbianismo. Esto se traslada en algunas escenas en donde se hace alusión a la convicción de no necesitar a un hombre, y morir célibe y soltera. La escena más relevante es cuando la reina le da un beso en la boca a su amiga Eva con total naturalidad.

Ahora bien, tanto Garbo como Dietrich personificaron a mujeres venidas de otras tierras, de una sensualidad fría, personalidad arrolladora y contribuyeron a construir la fantasía de la mujer exótica que es capaz de tentar tanto a hombres como a mujeres con su libertad, a tal punto que la historia de la farándula hollywoodense ha sugerido en muchas ocasiones que ellas fueron pareja, aunque para algunos críticos esto es sólo el reflejo de hacer realidad aquella fantasía.

Greta Garbo junto con el personaje de Eva en Queen Cristina, 1933. Imagen tomada de aquí

Al principio de la década, en Alemania, salía a la luz la que es considerada la primera película lésbica de la historia, Muchachas en uniforme (1931), en donde las alumnas de un internado para mujeres se enamoran de su maestra, la Srita. Von Benrburg. Es importante la mención y la definición de esta película como lésbica, pues en las películas estadunidenses las mujeres pueden tener conductas lésbicas, pero no expresan sentimientos hacia otras mujeres y mucho menos una identidad sexual lésbica, en donde sientan deseo afectivo o sexual por otras mujeres.

Después de esto, llegó el Código Hays a Hollywood, y las lesbianas fueron codificadas en las sombras al igual que los hombres homosexuales, pero a diferencia de ellos a las mujeres se les asignaron algunos papeles negativos, como villanas, e incluso, se les asoció con el vampirismo. Del primer tipo podemos nombrar Rebeca (1940) de Alfred Hitchcock, que cuenta la historia de una mujer que va a vivir con su nuevo esposo, un hombre adinerado y atormentado que acaba de enviudar de su primera esposa, Rebeca. Al llegar a la casa la protagonista se encuentra con la Sra. Danvers, el ama de llaves, la cual parece estar obsesionada con Rebeca, al grado de guardar sus cosas, preservar su memoria e incendiar el hogar al que ha llegado la nueva esposa. De este modo, se representa a la mujer lesbiana, el ama de llaves, como una mujer peligrosa, es decir, como una villana con problemas mentales.

El género de terror, particularmente de vampiros, fue muy prolífico al incorporar lesbianas a su trama. De este subgénero la primera película es La hija de Drácula (1936) en donde la protagonista, la villana, vive para beber la sangre de mujeres jóvenes y atractivas. La representación de las lesbianas como vampiras será recurrente a partir de este momento; por ejemplo, en la película de 1983, The hunger, muestra a Catherine Denueve como una vampiresa que consume la juventud de sus amantes; su última obsesión es una doctora Geriatra interpretada por Susan Sarandon. Esta película mostró claramente la delgada línea que existe entre el tema del vampirismo y de la lesbiana depredadora.

Aun así, las relaciones entre mujeres no son vistas como una amenaza dentro del sistema de representación heteropatriarcal, pues como lo demuestra la película de 1982, Personal best, las mujeres tienen una conexión más allá de lo sexual. A diferencia de los hombres homosexuales, no sólo no son amenazantes a la imagen de la masculinidad, sino que dos mujeres en la cama se convierten en una fantasía al servicio de los hombres heterosexuales. Como mostraba The children’s hour de 1961, que cuenta la historia de Martha y Karen, dos amigas maestras que dirigen una escuela privada para niños, quienes son víctimas de una calumnia de lesbianismo. Ante la difamación, el escarnio y el castigo social que sufren, Martha le dice arrepentida a Karen que lamenta que por su culpa hayan perdido todo, por ser como es, por sentir lo que siente por ella, de modo que termina suicidándose. Esta historia muestra que la opresión era tan fuerte para las mujeres lesbianas que debían callar su sexualidad, sus sentimientos, y en caso de que salieran a la luz, ellas mismas debían reestablecer el orden o en ese momento serían desdichadas, castigadas y rechazadas.

Hay que reconocer que en la evolución de estas formas de representación también hay una pequeña transgresión al sistema heteropatriarcal y a la imagen de la lesbiana inofensiva al mostrar que las mujeres no sólo tenían conexiones profundas entre “amigas”, sino que también podían desear a otras mujeres. Esto es lo opuesto a la representación de los hombres homosexuales en pantalla, quienes entre los años setenta, ochenta y noventa transgreden la imagen del desviado, el destructor de familias, el depredador en busca de sexo, quien a través de relaciones y conexiones entre dos hombres expresan sus sentimientos. Además de los personajes que escondían a las lesbianas y las conductas lésbicas en el cine durante los siglos XX y comienzos del XXI, ¿Cómo se les ha representado de manera explícita en los medios audiovisuales? A continuación propongo algunas categorías.

a) Una extraña, exótica e intrigante mujer

Una mujer aparece en la vida de la protagonista, es libre, exótica, rompe estándares de belleza, la entiende y acaba siendo muy íntima con ella. Ésta sería la descripción de algunos de los personajes que representan a las lesbianas visibles en los medios audiovisuales. Esto es lo que pasa en La vida de Adele y en la película inglesa Imagine you and Me (2005), donde la protagonista, Rachel, conoce a Luce, la florista de su boda, que después querrá emparejar con el amigo de su esposo a quien le pareció atractiva. Tras saber que Luce es lesbiana y de volverse amigas, pasan tiempo juntas. Al reconocer que existe una gran química entre ellas se dan cuenta de que ambas tienen sentimientos por la otra. Lo mismo sucede con la película sueca Kiss me (2011), donde Mia se acaba de comprometer con su novio Tim cuando viaja a la fiesta de cumpleaños de su padre, lejos de su lugar de residencia, ahí conoce a Frida, la hija de la prometida de su padre. Después de que las tres mujeres salen un fin de semana solas a una isla cercana, Mia y Frida tienen un encuentro sexual mientras nadan. Tras esto, ambas retoman sus vidas al lado de sus respectivas parejas, hasta que se dan cuenta de que no pueden olvidarse y deciden reencontrarse

Tal vez el mejor ejemplo de este tipo de mujer sea el de Chloe (2009). Este filme nos lleva a conocer a una exclusiva scort, quien es contratada por Catherine, una ginecóloga de mediana edad, para tentar a su esposo y descubrir si es capaz de serle infiel. Sin embargo, cuando el plan se pone en marcha, Catherine termina cayendo bajo los encantos de Chloe y se enamora de ella a un nivel casi obsesivo. En este sentido, este tipo de personaje lésbico expresa dos tipos de fantasías: la de otra mujer que hace emerger algo dormido en sus tradicionales vidas, y las sexuales de los hombres. Es una nueva versión de Marlene Dietrich, de Morocco que atrae tanto a hombres como mujeres, por su sensibilidad, su atractivo físico y su libertad; no obstante, al personificar una fantasía puede ser identificada como un deseo pasajero de la protagonista. Lo positivo de este tipo de personaje lésbico es que despierta en las mujeres deseos y sentimientos que no sabían que tenían, aunque acaben asumiendo una identidad lésbica o bisexual.

b) Las mejores amigas

Otra historia común de amor lésbico es la de mujeres que atravesaron distintas etapas de su vida juntas, y que al hacerse adultas se dan cuenta de que entre ellas existe algo más que una amistad. Éste es el caso de Love Song (2017), que narra el viaje que Sarah, una mujer casada y madre de una niña, hace con Mindy, su mejor amiga. Una noche Sarah y Mindy se quedan hablando hasta tarde en el cuarto de hotel que comparten y se besan; a la mañana siguiente Mindy se ha ido sin decir adiós. Años después Sarah es invitada a la boda de Mindy y ahí hablan de lo sucedido y se convencen de que realmente sucedió algo entre ellas. Aún así, Mindy se casa y Sarah se alegra por ella.

Otro ejemplo es This is where i leave you (2018), una comedia en donde la madre de la familia, Hillary, reúne a sus hijos para realizar las jornadas de duelo, todos bajo el mismo techo, según la tradición judía. Al final del periodo estipulado, Hillary y su amiga Annie tienen una pelea de la que la jefa de la familia no quiere dar explicaciones. Al día siguiente, en medio de un enfrentamiento entre dos de sus hijos, ella ve a Annie y va hacia ella y la besa frente a todos los asistentes a la oración de ese día. Después le explica a toda su familia que sucedió mientras cuidaban a su moribundo padre, y que él, quien era un hombre muy open mind, no sólo lo sabía, sino que estaba de acuerdo y feliz por ellas.

En general este tipo de historias se enfocan en la camaradería, la confianza y el apoyo que existe en una relación de amigas y sugiere que las vinculaciones que muchas mujeres buscan a lo largo de su vida sin éxito, serían más fáciles si las tuvieran con otras féminas. Además, de acuerdo con circunstancias especiales, esa relación de intimidad podría llevar también al deseo y al posible erotismo entre mujeres que no habían considerado.

c) Las mujeres del secreto

En los últimos años se han realizado producciones cinematográficas y televisivas que buscan visibilizar la homosexualidad y la lesbiandad como un fenómeno presente a lo largo de la historia. Así, nos cuentan los amores reprimidos de mujeres en épocas pasadas que mantienen su romance en secreto pues, según las normas vigentes en ese tiempo, ellas serían juzgadas como desviadas, y después castigadas socialmente.

Un hito en este tipo de historias es el de Carol (2015), que cuenta la historia de una atracción que nace entre una mujer de sociedad y una vendedora de una tienda departamental en la década de los cincuenta en Nueva York. Carol, la mujer de sociedad, se encuentra casada y tiene una hija, sin embargo, sabe que le atraen las mujeres y se ha dado cuenta de que le gusta Therese, la empleada de una tienda departamental y aspirante a fotógrafa, quien, a su vez, se encuentra insatisfecha con la relación heterosexual que sostiene con su novio sin saber por qué. A lo largo de la película vemos cómo los hombres con los que tienen relaciones les recriminan su decisión y son juzgadas por no conformarse con una relación tradicional.

El mismo secreto puede trasladarse a la versión cinematográfica de la novela Las horas (2002), en la historia de Laura Brown. Ésta es una ama de casa que lee el libro Mrs. Dalloway de Virginia Wolf en 1951, y ama en secreto a su vecina, con quien se besa después de que le confiesa que se encuentra enferma, para después fingir que nada ha pasado.

En 2018, la película La favorita mostró el secreto a voces de las relaciones extramaritales de la Reina Ana de Inglaterra con su confidente, Sara Churchill, de quien se dice que tiene una gran influencia sobre la regente hasta que llega una tercera en discordia, Abigail. Si bien en la ficción todo el mundo sabe que estas mujeres mantienen una relación, todos en la corte guardan silencio debido al poder de la reina. Asimismo, la reina y sus amantes tampoco hacen exhibiciones públicas de su afecto.

d) La lesbiana intelectual y reprimida

Generalmente son mujeres intelectuales quienes han dedicado su vida al trabajo para reprimir el deseo que sienten por otras mujeres. Es recurrente la representación de esta lesbiana como una profesora, quien a pesar de su esfuerzo por pasar desapercibida acaba despertando el interés de sus alumnas y relacionándose con ellas, a veces de manera autodestructiva. En esta categoría puede hablarse de la primera película considerada lésbica: Muchachas en uniforme; ésta es la que sienta el modelo. Como ya se refirió antes, en esta historia la Srita. Von Bernburg es la profesora de un internado prusiano, que cuida y enseña apasionadamente a sus alumnas, quienes la idolatran y se enamoran de ella.

Aquí también se encontrarían Loving Anabelle (2006) y Cracks (2009). El primero de estos filmes es una adaptación de la cinta clásica alemana antes mencionada, y nos deja ver el encuentro que tiene Simon, una joven profesora de literatura, con la nueva alumna del internado donde imparte clases. Anabelle es el nombre de la chica, hija de una senadora que ha sido expulsada de su escuela anterior, por ello, la directora de la institución le pide a Simon que la vigile, esto les permite acercarse y conocerse. Desde el principio Anabelle decide seducir a la maestra, cosa que al final sucede a pesar de la resistencia que ésta tiene en un principio. La película termina con ellas juntas, pero con la sensación de que van a enfrentar una serie de repercusiones que afectarán el rumbo de sus vidas.

La cinta de 2009, Cracks, muestra un giro del personaje de la maestra con tendencias lésbicas. Esta película también se desarrolla en un internado, esta vez situado en Inglaterra, donde “Miss G.” es la profesora preferida de las alumnas. El conflicto se desencadena cuando llega Fiamma, una chica que dicen es hija de aristócratas y ha viajado y visto el mundo. Al conocer su procedencia, “Miss G.” tiene un creciente interés en la alumna, que se convierte en una obsesión, esto la lleva a esparcir mentiras sobre ella. Como consecuencia Fiamma sufre una persecución por parte de sus compañeras.

En la mayoría de estas representaciones, los lugares donde suceden las historias son internados, casi siempre remotos y exclusivos para señoritas. Esto de algún modo supone que es el lugar donde se da el despertar romántico y sexual de las jovencitas, por ello se han convertido en un relato erótico recurrente. Desde esta óptica, el personaje de la lesbiana intelectual es una vez más una fantasía, en este caso de las alumnas.

El arma de estas mujeres es su conocimiento y su pasión por él; esto atrae a las chicas que tienen interés en la escuela y lo que se enseña en ella, en una sociedad en donde se le da mucho más valor al dinero y a la apariencia personal. Sólo en algunos casos como el de “Miss G.” su personalidad es vista como la de una villana. También es una proyección de la idea de una relación de poder, donde quien lo ejerce es una mujer mayor, dentro de una de las únicas instituciones que conocen las adolescentes o mujeres jóvenes de las clases medias: la escuela.

e) La lesbiana a corregir

El género menos explotado en el cine comercial es el de la denuncia de la disciplina ejercida para la corrección de los personajes lésbicos que transgreden el sistema sexo/genérico. Aquí se encontraría el personaje de Brandon de Boys don’t cry (1999), quien comienza a salir con Lana y sus amigos, hasta que éstos descubren que es mujer y deciden “corregirla” violándola y después matándola. Por supuesto en la actualidad se le consideraría a Brandon como un hombre trans, aunque él se autonombraba hermafrodita.

Las posibilidades y limitaciones de la televisión

Hasta aquí me he concentrado en proporcionar algunos ejemplos del cine, pero hay que mencionar que la televisión en habla inglesa hizo mucho en los últimos treinta años por incorporar imágenes, personajes, historias y tramas de personajes lesbianas o con conductas lésbicas, los cuales han contribuido a ampliar la representación de estas mujeres. Aquí presentaré dos ejemplos que considero que han marcado la cultura visual contemporánea.

Tipping the Velvet

En 1998 la BBC decidió producir una serie sin precedentes, que mostraba no sólo una relación lésbica en el Londres victoriano, sino todo una contracultura homosexual y lésbica en los márgenes de la capital inglesa. La miniserie contó con tres episodios en los que se narró la odisea de Nan Ashley, quien conoce a Kitty, una actriz de cabaret antes de que se mude a Londres para establecer su acto allá. Kitty invita a Nan a que la acompañe y trabaje con ella, y ésta acepta.

En la capital, las dos mujeres se dan cuenta del amor que sienten la una por la otra y comienzan una relación, paralelamente a un acto teatral juntas, hasta que Nan va de visita a ver a su familia, y a su regreso a Londres encuentra a Kitty en la cama con un hombre. Después de su decepción amorosa, Nan sale corriendo y termina en una casa de huéspedes sin recursos económicos y sin trabajo, de modo que comienza a prostituirse con hombres tras usar disfraces masculinos, hasta que es encontrada por una mujer mayor que le da casa y comida a cambio de los mismos servicios. Durante ese tiempo conoce a una trabajadora social de nombre Florence, a la que busca una vez que su amante la saca de su casa. Cuando encuentra a Florence la ve con un hijo y con un hombre; tras trabajar para ellos se da cuenta de que se trata de su hermano y del hijo de una huésped que habitó la casa, pero murió y dejó al niño con ellos. Finalmente, después de pasar tiempo juntas, Florence y Nan se dan cuenta de que sienten algo la una por la otra y acaban manteniendo una relación. Tiempo después Kitty encuentra a Nan y le propone volver con ella, mas la protagonista se da cuenta que es feliz a lado de su nueva familia.

La serie no sólo presentaba mujeres que tenían una identidad sexual lésbica, sino que presentó escenas de sexo explícitas y prolongadas entre dos mujeres, quince años antes que La vida de Adele. Dicha situación causó polémica y diversas críticas a la BBC, como evidencia el titular de The Daily Mail: «BBC Faces Obscenity Row Over ‘Shocking’ New Lesbian Drama».

The L Word

No se puede hablar de las lesbianas en la cultura popular sin hablar de la serie norteamericana, estrenada en 2004, The L word. Ésta tuvo una duración de cinco años y el mismo número de temporadas; trasladaba al espectador a la ciudad de los Ángeles en donde se reunía un grupo diverso de amigas lesbianas jóvenes.

Bette Porter, la directora del Museo de Arte de la ciudad y una exitosa académica, estaba casada con Tina Kannard, una productora que había dejado su carrera para intentar un embarazo vía inseminación artificial, y así ser gestante y madre de tiempo completo. A la pareja se le sumaban cuatro amigas: Alice, una periodista que se identificaba como bisexual; Dana, una tenista que vivía dentro del clóset por el miedo de afectar su carrera deportiva en ascenso; Marina, una italiana atractiva intelectual dueña de la cafetería donde se reunían, y Shane, una estilista que ejercía su sexualidad de manera libre y sin compromisos.

En el primer episodio llega a la ciudad Jenny, la novia del vecino de Bette y Tina, quien comenzará a poner en problemas al grupo debido a la atracción que había entre ella y Marina. De algún modo cada uno de los personajes representaba una identidad lésbica: Bette, la lesbiana intelectual; Alice, la bisexual desinhibida; Dana, la lesbiana que vivía sin aceptarse completamente y reprimiéndose, aún cuando asumía su lesbianismo; Shane, la tomboy que reproducía el mismo estereotipo de casanova mujeriego; Marina, la exótica; y Jenny, la chica curiosa en la que despierta un deseo que no había conocido antes.

La serie fue bien recibida y tuvo una amplia demanda en la televisión por cable estadunidense; también fue exportada a decenas de países, en el caso de México se hizo a través del canal Warner Channel. Entre otras cosas, The L Word abrió la conversación en el mundo sobre la deuda social con las lesbianas, las cuales tendrían que mostrarse de manera natural y sin miedo por su orientación sexual en cualquier territorio, no sólo en la ciudad ficcional de Los Ángeles. Además, brindó visibilidad en los medios a la comunidad lésbica, y proporcionó a miles de lesbianas la oportunidad de identificarse con los personajes, tras proyectar imágenes accesibles y positivas de ellas.

Por supuesto que hoy podemos hacer mención de algunas limitaciones del programa de televisión, como el hecho de que, aunque diversas racialmente, la mayoría respondía a los cánones de belleza occidentales enmarcados en el estereotipo de la lipstick lesbian, y no presentaban cuerpos diversos. Asimismo, estas mujeres lesbianas constantemente reproducían el sistema heteropatriarcal en los personajes de Bette, como la proveedora, intelectual y narcisista, y en Shane, la mujeriega sin apego emocional. Actualmente se transmite una continuación y actualización de la serie bajo el título The L Word: generation Q.

Cartel de The L Word. Imagen tomad de aquí.

La representación lésbica en México: de los personajes ocultos a los modelos

El cinematógrafo no tardó en llegar a nuestro país, y en las primeras décadas del siglo XX ya contábamos con una serie de trabajos que documentaban a las figuras de la Revolución Mexicana. Incluso con algunas ficciones como El automóvil gris en 1919, cuando aún no había terminado el conflicto armado que configuraría política, social y culturalmente a los mexicanos de la centuria pasada.

Siguiendo a Carlos Monsiváis, la homosexualidad saltó a la luz en México a partir del famoso incidente de “el baile de los 41”, que refiere aquella fiesta durante el Porfiriato, interrumpida por una redada en que se encontró a 41 hombres, 19 de ellos vestidos de mujer, bailando. La noticia llegó a los titulares de los periódicos de la época, y se condenó la “inmoralidad” de los asistentes, todos hombres y algunos pertenecientes a las élites porfirianas, incluido el yerno del entonces presidente Porfirio Díaz, a quien se omitió de los reportes oficiales por obvias razones.

Si bien en México la homosexualidad no se consideraba un delito a perseguir, sí existían sanciones de tipo administrativo para las conductas homosexuales por estar asociadas a “faltas a la moral y a las buenas costumbres”. De modo que la homosexualidad era castigada sobre todo socialmente. Sin embargo, la historia de las mujeres que tenían relaciones sexoafectivas con otras mujeres era bastante diferente.

Durante el Porfiriato no se podía hablar de lesbianismo, pues hay quienes apuntan que el término “safismo” (en alusión a la poeta griega Safo), era utilizado para hablar de mujeres que sentían amor hacía otras mujeres. Cabe mencionar que estas prácticas y relaciones no provocaban el rechazo con la violencia y la condena que sí provocaba la homosexualidad masculina, debido al machismo y a la misoginia que desacreditaban que dos mujeres pudieran tener relaciones sexuales. Además, dentro de esa lógica, no importaban los deseos sexuales femeninos.

Las primeras representaciones lésbicas de las que se puede hacer mención en la cultura popular mexicana están ligadas a la inmoralidad e incluso al crimen. Entre ellas se encuentra “La Gaditana”, una prostituta que se enamora de Santa, la protagonista de la novela de 1903 de Federico Gamboa. Es decir, esa mujer, ya corrompida, es una prostituta que puede amar y desear a otra mujer porque ya se encuentra corrompida moralmente. A esta imagen de la prostituta lesbiana se le sumó la imagen de la presa.

Carlos Roumagnac, en sus entrevistas realizadas en cárceles en México, decía que las safistas se identificaban si eran “hombres” o “mujeres” de acuerdo con el lado en el que se peinaban. Si bien no se perseguía o descalificaba el lesbianismo, en el imaginario de la época se pensaba que quienes realizaban estas prácticas eran mujeres “perdidas”, “malas”, “manzanas podridas” de la sociedad que habían tocado fondo. Pero no eran un problema porque las “señoritas decentes”, las “damas” no tenían por qué estar en estos lugares de sociabilidad y vicio. El peligro lo tenían los hombres que podían verse tentados por hombres “raros” en estos espacios.

En la década de los treinta, el cine mexicano había despegado y estrenado su primera película sonora, Santa (1932), y comenzó a consolidarse como una industria que comenzó su ascenso durante la Segunda Guerra Mundial. Como medida de austeridad bélica las producciones estadunidenses se interrumpieron, lo que permitió que México aprovechara el mercado que Hollywood había dejado vacante durante la contienda. Con esto dio inicio lo que se conoce como la “Época de oro del cine mexicano”.

En esa misma década se puede apreciar cómo el cine nacional retoma algunos de los estereotipos homosexuales y los incorpora en sus historias. En la película de 1938 La casa del ogro, uno de los inquilinos de la casa, “Don Pedrito” es un hombre de mediana edad que vive solo y tiene una serie de gustos y ademanes “femeninos”. Sin duda, se trata del “marica” o el “afeminado”, el estereotipo que Hollywood explotó ampliamente en infinidad de largometrajes y que se encontraba en la categoría de la representación de “la burla”. Este tipo se reprodujo en diversas comedias mexicanas, casi siempre como un personaje secundario. Pero en Modisto de señoras de 1969, la representación del afeminado se convierte en algo central, porque su protagonista, Maurice, encarnado por el “galán” Mauricio Garcés, lo convierte en una estratagema para conquistar mujeres. De este modo, no sólo es el epítome de la burla hacia los homosexuales, sino una comedia profundamente misógina.

En la década de los años setenta el cine experimental llegó a exponer grandes críticas sociales en filmes, como El lugar sin límites (1977), en donde un maravilloso Roberto Cobo interpreta a La Manuela, un travesti que, al beber y bailar con Pancho le besa. Cuando Pancho descubre sus impulsos homosexuales y es criticado por un testigo horrorizado opta por matar a la Manuela. Aquí se mostraría al homosexual que tiene un final trágico. Pero ¿y las mujeres?

Es muy difícil encontrar películas de la primera mitad del siglo XX que tengan una representación de mujeres lesbianas o que desplieguen conductas lésbicas. En el caso de los hombres existían ciertos códigos que permitían identificar a los homosexuales, como el amaneramiento y los rasgos femeninos, pero en las mujeres estas formas son más difíciles de encontrar o señalar.

En buena medida esto se explica por la misoginia y el machismo que reproducía el cine mexicano; en específico porque este medio de comunicación masivo funcionaba como una forma de prescripción social y era/es un difusor de los valores tradicionales del catolicismo. Por ello las mujeres que salían de la norma social siempre eran las que estaban al servicio de los hombres y, con una delgada línea de separación, las que cuestionaban su autoridad y sus reglas. En el primer grupo se encontraban la prostituta, la bailarina, la vedette, la fichera, y en el segundo, las criminales. Las mujeres lesbianas sólo podrían encontrarse en el segundo grupo, pues deben ser corregidas, dentro de esta concepción.

La película de 1955 La culpa es de los hombres nos lleva a una cárcel en la ciudad de México, en donde una obrera ha sido llevada a cumplir una condena mientras está embarazada. En ese lugar sufre el acoso de otra interna, quien es la que dirige y manda a las demás presas. Al ser rechazada por la protagonista y enterarse que va a ser madre la condena a las peores tareas dentro de la prisión y la humilla constantemente.

Este largometraje es el primero –y tal vez el único– que permite identificar a una lesbiana en el cine nacional dentro del periodo de oro. Por supuesto que en este ejemplo la lesbiana no es cualquier mujer, sino que es una villana: una miserable que está en la cárcel porque es peligrosa, porque se lo merece, así que no es raro que además sea lesbiana o haya desarrollado esta identidad como una forma de ejercer el poder dentro de la prisión. Nuevamente vemos que el lesbianismo está asociado a las mujeres corruptas, a la criminalidad y a lo peor de la sociedad. Otra cosa interesante de esta representación en la película es que la mujer lesbiana odia a los hombres, por eso cuando la que es su objeto de deseo la rechaza por ser heterosexual opta por odiarla. Además, ejerce una serie de conductas que reproducen el machismo y el rol de género del macho: el desprecio por la mujer que lo rechaza, cuyo origen es la misoginia, pues dentro de esta lógica una mujer no puede elegir con quien estar, sino que tiene que ser elegida.

Póster de la película La culpa de los hombres dirigida por Roberto Rodríguez, 1955.

Un personaje lésbico que pudo estar encriptado, tal como en Hollywood, fue el de la maestra de internado. En México hay algunas películas que sugieren que éste puede ser el caso de sus protagonistas. Un ejemplo es Hasta el viento tiene miedo (1968) en donde Marga López es la directora de un exclusivo y estricto internado de señoritas. Aquí la maestra más querida es interpretada por Maricruz Olivier, quien personifica una mujer joven que dedica su vida a la educación de sus alumnas. La lectura inmediata es que ambas mujeres tienen que ver más con otro estereotipo ridiculizado en la sociedad mexicana: el de la “solterona”, pero ¿a qué se debe su soltería?

Más adelante, en la década experimental de los setenta, aparecen las primeras representaciones de conductas e identidades lésbicas. En la película de 1971 Los corrompidos aparece a un personaje que desea y ha estado enamorada de otra mujer, es decir, tiene una identidad lésbica. La película se desenvuelve en un hotel de lujo en el centro de la ciudad de México. Se trata de un melodrama de tipo coral, en donde los trabajadores y los huéspedes del lugar cuentan sus historias, tragedias y desamores. Una de las historias es la de Martha, interpretada por una muy joven Alma Muriel, quien es bailarina de un grupo de ballet que llegó al hotel. Ella ha sufrido una decepción amorosa al enterarse que su novio, al que dejó por ejercer su profesión, se ha casado con una chica de su lugar de origen. En estado vulnerable la encuentra René, la bailarina veterana del grupo, quien, al conocer su tragedia, invita a Martha a su cuarto. Ahí le cuenta que ella también conoce el dolor del desamor gracias a una mujer. Después, René intenta seducir a Martha, pero ésta la rechaza. Finalmente, ambas se meten a la cama y se corta la escena cuando están a punto de besarse. Aquí no acaba de quedar claro si la lesbiana sigue siendo un personaje pernicioso, pues, por un lado, es una mujer mayor que parece aprovecharse de la vulnerabilidad de una mujer más joven, quien también ha sufrido por amor. Lo verdaderamente importante de esta representación es que esos dos elementos: el sufrimiento y el deseo la humanizan y no es un tipo de mujer “condenable” de los bajos fondos como lo fue al inicio de la representación mexicana.

Esto se explica gracias al inicio del movimiento lésbico-gay en México, al final de la década de los sesenta, cuando tanto homosexuales como lesbianas formaron los primeros grupos de liberación homosexual con los objetivos de concientizar acerca de que la homosexualidad no era una enfermedad, de llamar la atención sobre la discriminación hacia sus miembros y de exigir respeto a sus derechos.

Hacia el final de la década salieron a la luz otras dos películas muy similares: Tres mujeres en la hoguera y Cuando tejen las arañas, ambas de 1977. La primera es un melodrama neonoir del guionista Luis Alcoriza, que cuenta la historia del encuentro entre Gloria y Susy, con el matrimonio conformado por Alex y Mané, amigos de la primera. Gloria mantiene una relación con Susy, después de que esta última dejara de prostituirse. Alex y Mané las invitan a su casa en la playa e inmediatamente Susy queda impresionada con él y con su estilo de vida. El matrimonio mantiene una relación abierta, por lo que Alex comienza a tener relaciones con Susy. Ante ello, Gloria comienza a sentir celos y a temer que Alex quiera que ella sea una de sus esclavas sexuales, por lo que interviene y le reclama a su pareja, sobre todo después de que Alex la invita a quedarse con él unos días más en la casa y a hacer un viaje.

Después de que Gloria le advierte lo que le puede pasar si se queda, Susy le responde lo siguiente:

Crees que soy una desgraciada lesbiana como tú… no, no, no, cuidado, yo en todo caso soy… deportista, pero ni le doy importancia, ni me afecta, ni me torturo. Las lesbianas son Mané y tú, ¿crees que no me he dado cuenta que está enamorada de ti?… Yo no tengo la culpa de tus celos, ni de que te portes como un novio rechazado.

Este diálogo llama la atención por tres elementos: 1) el adjetivo con el que se refiere a su amante, quien sí asume su lesbianismo; 2) que ella es “deportista”, término con el que pone una distancia con el “desvío” que supone el lesbianismo, y deja claro que no se asume como lesbiana, aunque puede expresar y ejercer conductas lésbicas, y 3) que la equipara con un hombre rechazado y celoso porque reproduce el rol de género masculino.

Después de que Gloria y Mané planean matar a Alex en una salida a bucear, hay un enfrentamiento con un cuchillo, en donde Gloria acaba muriendo. Susy ve el cadáver de su amante llegar a la orilla y comienza a llorar. El final del filme tiene lugar cuando el matrimonio lleva a otra chica a esa casa a la playa, donde aún se encuentra Susy, nostálgica por Gloria. La película es una muestra de una trama noir: la fatalidad de la protagonista, en este caso lesbiana, que se involucra en un mundo de frivolidad, sexo, dinero e intrigas, en donde busca salvar a su amante.

La segunda película, Cuando tejen las arañas, protagonizada por Alma Muriel fue la adaptación del guion de Vicente Leñero que cuenta la historia de Laura, una mujer joven que vuelve a México del extranjero después de haber concluido sus estudios. Ya en casa, ve que su madre sostiene una relación con un hombre más joven, además de que le confiesa que su padre, quien era profesor, era homosexual y tenía relaciones con sus alumnos. Después, la atormentada Laura conoce a Alex, un fotógrafo del que se termina enamorando. La relación termina con un embarazo interrumpido de Laura, al saber que Alex no la amaba y sólo la quería como amante. Aunque sigue decepcionada, la protagonista se casa con un antiguo novio suyo, pero su matrimonio entra en crisis y Laura vuelve a ver a Alex, quien la lleva a tocar fondo en una orgía muy diversa. Ella, confundida y enojada le dispara a su amante, pero éste sobrevive, y Laura es recluida en una institución mental; al salir, se va a vivir con su amiga Claudia, quien siempre estuvo enamorada de ella. En esta película, la protagonista no asume una identidad lésbica, aunque las conductas que ejerce son, primero, bajo los influjos del alcohol durante la orgía, y después, cuando busca cobijo y comprensión con alguien que la ama. Es decir, las conductas lésbicas en estos términos estaban “justificadas”.

Las películas de esta década no necesariamente muestran a las lesbianas como decadentes, sino como víctimas de una decadencia ajena a ellas. La marca del cine experimental y de autor en la década de los setenta fue mostrar una serie de tramas y personajes que habían sido tabú en el cine mexicano en décadas anteriores, así como visibilizar su existencia y los problemas que enfrentaban al ser arrojados a un entorno peligroso por ser considerados parias sociales.

No sería sino hasta el nuevo milenio que volverían las historias de lesbianas a protagonizar largometrajes. En Así del precipicio (2006) tres amigas comparten un departamento en la ciudad de México. Cada una tiene sus problemas: Lucía, tiene una relación tóxica con su novio, un macho alfa de nombre Matías, además de problemas con el alcohol y los narcóticos; Carmen tiene una fijación con la cocaína y está enamorada de su mejor amigo, un homosexual, y Hanna, que es una judía que se acaba de divorciar de su esposo, y conoce a la atractiva Sandra con quien desarrolla una relación. El conflicto de Hanna es aceptar sus deseos hacia Sandra y lidiar con el hecho de que podría ser lesbiana, sobre todo por el miedo que siente a ser rechazada aún más por parte de su comunidad, donde tanto el divorcio como el lesbianismo son castigados socialmente. Sin embargo, después de darse cuenta de que están enamoradas, Hanna se siente libre y feliz.

En Todo el mundo tiene a alguien menos yo (2013) muestra la historia de amor entre Alejandra, una mujer en sus treintas, y María, una chica de 18 años. Alejandra es una editora exitosa con una nutrida vida cultural, pero que se encuentra aburrida y le cuesta trabajo entablar una relación que la entusiasme. Mientras tanto, María es una chica con mucha energía que le inyecta parte de su motivación y hambre de experiencias a Alejandra.

En este largometraje, es clara la evolución de la representación lésbica. Vemos a dos mujeres que no se cuestionan sus preferencias sexuales ni tienen miedo o ansiedad por ejercer su sexualidad, sino más bien por encontrar a alguien con quien compartirla. Además, presenta el problema de la diferencia de edad entre ellas, y cómo es que viven las distintas etapas por las que están pasando mientras tiene lugar su relación. Este tipo de historias son necesarias porque contribuyen a la normalización de las relaciones lésbicas en pantalla, las cuales han sido mostradas de manera tímida y poco contundente en el cine nacional.

Como han mencionado algunas críticas, el cine mexicano se ha quedado muy rezagado en la representación de las relaciones LGBTQ+ en general, y lésbicas en particular, lo que sugiere una toma de postura en el “que existan, pero que no se exhiban”, que reproduce la homofobia aún imperante en nuestra sociedad.

Por su parte, la televisión también ha contribuido con distintas representaciones. Durante la década de los noventas y de los dos mil, algunos capítulos de Mujer casos de la vida real y Lo que callamos las mujeres se concentraron en historias de amor entre lesbianas. Si bien estos episodios también permitieron visibilizar lesbianas en horarios con amplia audiencia, el problema es que en su mayoría se representaban mujeres con dudas y miedos a expresar sus deseos y sentimientos, que anteriormente habían tenido relaciones heterosexuales, pero que de manera espontánea se daban cuenta de que sentían atracción por una nueva amiga, una amiga de toda la vida o una desconocida que llegaba a despertar nuevas sensaciones en sus vidas.

Sin lugar a dudas el producto audiovisual que circuló con mayor éxito en distintas representaciones lésbicas fue Las Aparicio (2010), producida por Argos y transmitida en televisión abierta; esta serie mostraba los problemas profesionales y amorosos de las hermanas Aparicio. La menor de ellas, Julia, desde el primer episodio manifiesta la posibilidad de tener una relación sexoafectiva con Mariana, su mejor amiga a quien conoce de toda la vida, y que es una lesbiana que asume su sexualidad abiertamente. Después de distintas decepciones con su pareja, Julia decide tener una relación con Mariana al reconocer que estaba enamorada de ella. Aunque tienen una serie de altibajos y de presiones sociales, Julia y Mariana terminan contrayendo matrimonio en una boda multitudinaria, ésta reflejaba la celebración del matrimonio igualitario recién legalizado en la capital del país.

Julia y Ana, personajes de la serie Las Aparicio, 2010. Imagen tomada de aquí.

Hay una serie de reclamos que se le pueden hacer a la serie en el mismo tenor que los antes expresados para The L Word: tanto Julia (que es bisexual, no lesbiana) como Mariana pertenecen a las clases medias, son blancas y delgadas, nuevamente dentro del estereotipo de la lipstick girl. De este modo, la serie tiene limitaciones en la representación que circula y legitima, pues ignora un amplio espectro de identidades lésbicas que pueden y deben ser visibilizadas y normalizadas. Sin embargo, el alcance y la circulación de la imagen de una pareja lésbica ha sido muy celebrado, pues contribuye a nuestra cultura visual, y a configurar una imagen de la sociedad más diversa.

La mujer (lesbiana) libre

Actualmente hay una gran oferta de series y películas que visibilizan y normalizan las conductas, identidades y relaciones lésbicas a través de personajes complejos, entrañables y estimulantes. Sólo por mencionar algunos: Amanita en 8 sense, la gran diversidad de Orange is the new black, Mae y George en Feel good (2020); así como parejas de mujeres con hijos como en The Fosters y The kids are all right.

También existen nuevas producciones que presentan una nueva realidad a las adolescentes, como erradicar la idea de que tienen que vivir en un clóset y normalizar el ejercicio de su sexualidad en la adolescencia, como en la maravillosa comedia Booksmart (2019), Esta mierda me supera (2019) o Atypical (2017- ).

En México recientemente han salido un par de producciones dirigidas a públicos muy amplios con personajes lesbianas, como Ana (2020), una serie producida y transmitida por Prime; y la gran sorpresa del año, Cindy la regia, una comedia de la que se tenían muy pocas expectativas por su carácter comercial.

El reconocimiento de la lucha de los distintos grupos que integran el colectivo de la diversidad sexual ha permitido este auge en las representaciones de los individuos que los conforman. En algunos casos parece que los personajes LGBTQ+ representan una “cuota” de muchas series nuevas, sobre todo de plataformas de streaming. Esa cuota de representación es necesaria y debemos exigir que se respete, porque las comunidades lésbicas necesitan sentirse identificadas en las pantallas, las niñas o adolescentes que miran esas películas y series tiene que saber que no hay nada malo con ellas, que no están solas y que no tienen por qué vivir en un clóset.

Sin embargo, los medios audiovisuales nacionales e internacionales siguen teniendo una gran deuda con el colectivo lésbico, no sólo para visibilizar a las lesbianas, sino a la gran diversidad que existe y que sean las propias lesbianas, quienes, con sus palabras y sus experiencias, aporten a la reconfiguración del sistema de representación contemporáneo. Porque la pregunta que lanza el personaje de Anne Kronenberg en Milk (2009) sigue vigente: “¿hay un lugar para nosotras en esto o sólo les tienen miedo a las mujeres?”.

 

Para saber más

Brogan Ramm, The One Sided ‘Mirror’ of the Movies: The (mis)representation of the lesbian on our cinema screens, Dissertation Fine Art Photography. Glasgow School of Art, February 26th 2013.

Celaya, Beatriz, “Identidades lesbianas en España: construcción y articulación de una identidad colectiva en tres revistas españolas” en Arizona Journal of Hispanic Cultural Studies, vol. 2, 1998, p. 63-86.

Fuentes Ponce, Adriana, Decidir sobre el propio cuerpo. Una historia reciente del movimiento lésbico en México, Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Xochimilco y La Cifra Editorial, 2015.

Gómez Suárez, Águeda, “El sistema sexo/género y la etnicidad: sexualidades digitales y analógicas” en Revista Mexicana de Sociología, vol. 71, núm. 4, 2009, p. 675-713.

Mckee Irwin, R., «Las inseparables y la prehistoria del lesbianismo en México” en Debate Feminista, núm. 29, abril, 2004, p. 83-100.

The Celluloid Closet, Rob Epstein y Jeffrey Friedman (directores), Alemania- Estados Unidos- Francia- Reino, TriStar Pictures, 1995, 102 minutos.

 

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