El movimiento lésbico-gay en la ciudad de México
julio 9, 2020 La Bola

El movimiento lésbico-gay en la ciudad de México a principios de 1980

Por Julio César Espinosa Hernández

En 1978 surgió formalmente el movimiento en defensa de los derechos de los homosexuales y las lesbianas en México. En los siguientes años esta lucha experimentó un periodo de auge que se vio mermado hacía 1984 debido a la aparición de los primeros casos de personas infectadas con VIH/sida. Julio César Espinosa Hernández argumenta en las siguientes líneas que bien vale la pena considerar otros factores para explicar este momento de declive en el movimiento. En ese sentido, menciona que en la década de 1980 se incrementaron los bares y las discotecas para la comunidad lésbico-gay, ampliando su panorama de sociabilización pero disminuyendo su activismo político.

Los últimos años de la década de 1970 marcaron un parteaguas para el movimiento en defensa de homosexuales y lesbianas en la ciudad de México. Si bien desde 1971 inició un proceso interno de organización y politización en grupos como el Frente de Liberación Homosexual, SEXPOL (1974) y Lesbos (1977), fue hasta el 26 de julio de 1978, en el marco de la marcha que conmemoró el inicio de la Revolución Cubana, cuando apareció públicamente un contingente que se identificó como el Frente Homosexual de Acción Revolucionaria, FHAR. Algunas de las consignas fueron: “Socialismo sin sexismo”, “Revolución en la fábrica y en el colchón”, “Nadie es libre hasta que todos seamos libres”.

A partir de ese momento las manifestaciones del entonces llamado Movimiento de Liberación Homosexual (MLH) se hicieron recurrentes. En los medios de comunicación se ironizaba sobre las protestas de homosexuales y se invisibilizaba a las lesbianas. En una caricatura, El Diario de México resaltaba: “la tercer sexo gana la calle”. A pesar de la intención de ridiculizar al movimiento, éste, en cambio, tuvo un periodo de apogeo. Surgieron organizaciones como el Grupo Lambda de Liberación Homosexual (1978) y OIKABETH (1978). El 29 de junio de 1979 tuvo lugar la primera Marcha por la Dignidad Homosexual en México; ésta convocó a homosexuales y lesbianas a manifestarse en contra del machismo, el sexismo y la discriminación.

 

Frente Homosexual de Acción Revolucionaria en la marcha del 26 de julio de 1978, Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México Ignacio Álvarez.

Convocatoria a la Primera Marcha por la Dignidad Homosexual, 1979,  Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México Ignacio Álvarez.

Frente a este panorama es posible identificar un periodo de auge para el MLH entre 1978 y 1981. No obstante, dicho apogeo tuvo sus limitaciones y paulatinamente mostró sus contradicciones. Jordi Diez señala que para 1984, la lucha de homosexuales y lesbianas enfrentó un periodo de declive ocasionado por los primeros casos de sida que se detectaron en México. En este sentido, concuerdo con que dicha enfermedad asestó un duro golpe a la militancia de la disidencia sexual. Sin embargo, hay más factores que vale la pena tomar en cuenta para comprender la crisis por la que atravesó el movimiento.

El periodo de auge. Algunos pasos del movimiento en el espacio público

La aparición pública del FHAR, Lambda y OIKABETH representó un importante paso para el movimiento lésbico-gay en su lucha por contrarrestar la discriminación social y la persecución policiaca. Estas organizaciones se enfocaron en llevar a cabo asambleas grupales y públicas para informar acerca del lesbianismo y la homosexualidad como alternativas que rompían con la heterosexualidad como una norma para la vinculación afectiva y sexual. Vale la pena señalar que, desde la década los años setenta, el Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders había descartado a la homosexualidad como un desorden mental. No obstante, en México aún se le consideraba como un trastorno debido a los prejuicios morales y el conservadurismo que predominaba en la cultura.

En poco tiempo, las organizaciones que formaban el MLH percibieron los primeros resultados y muestras de apoyo a su activismo de carácter político-sexual. En 1978, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) reconoció la aparición pública del FHAR y señaló que la causa homosexual era parte de la lucha por la democracia de los sectores oprimidos. El 14 de agosto del mismo año el FHAR fue incorporado a la Comisión Nacional Representativa (CNR) del Comité Nacional Pro-Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos.

Contingente de Lesbianas, Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México Ignacio Álvarez.

A principios de la década de los ochentas, los vínculos entre partidos políticos de izquierda y algunos grupos que integraban el movimiento lésbico-gay se aliaron y postularon como candidatos a diputaciones a miembros del MLH. En abril de 1981 el PRT anunció que postularía a Rosario Ibarra para la presidencia de la república en las elecciones federales de 1982. El partido consideraba a Ibarra como representante de las causas obreras, campesinas, feministas y de liberación sexual. De esta propuesta surgió el Comité de Lesbianas y Homosexuales en Apoyo a Rosario Ibarra (CLHARI).

Propaganda de campaña política del Comité de Lesbianas y Homosexuales en Apoyo a Rosario Ibarra, 1982, Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México Ignacio Álvarez.

El CLHARI argumentó su apoyo a la candidata como una alternativa para dar continuidad a las demandas que se habían planteado dentro del MLH desde su aparición pública en 1978: el cese de los hostigamientos policiacos, la discriminación y los ataques de la prensa. Ignacio Álvarez, fundador del FHAR y Claudia Hinojosa, de Lambda, se incorporaron al PRT como candidatos al I Distrito del Distrito Federal. Otros integrantes del MLH que tomaron candidaturas en el PRT fueron Max Mejía (Lambda) y Patria Jiménez (OIKABETH), quienes aspiraron a la diputación del VII Distrito del Distrito Federal. Patricio Archeta y Guadalupe Vázquez (CLHARI) compitieron juntos por el XIII Distrito en Guadalajara.

Contingente de Grupo Lambda de Liberación Homosexual, Centro Académico Memoria de Nuestra América (CaMeNa)-Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

En 1980, luego de dos años de activismo y de asambleas informativas, comenzaron a crearse espacios de socialización destinados a la comunidad lésbico-gay en la ciudad de México. Rodrigo Laguarda señala que, desde la década de 1970, la Zona Rosa se configuró como uno de los lugares de encuentro más visitados por la comunidad homosexual. En este sentido, se abrieron centros nocturnos como el Kagba, El 9, Le Baron, El Topo y El 41. El éxito de los bares gays radicó en que fueron espacios donde fue posible encontrar personas dispuestas a compartir relaciones sociales y sexuales entre individuos de un mismo sexo sin culpas ni restricciones y donde se podía encontrar un escape de la discriminación sexista. Los bares estaban dirigidos a la clase media y alta. Sin embargo, representaron un paso en la búsqueda de que las alternativas ajenas a la heteronorma fueran una realidad que podía ejercerse libremente.

El incremento de bares y discotecas durante los primeros años de la década de 1980 fue calificada por una parte de la comunidad homosexual como el alcance de su felicidad. Sin embargo, este logro sólo era posible para aquéllos que contaban con recursos económicos para consumir en dichos establecimientos. En este sentido, si se toma en cuenta que la creación y el acceso a los lugares de socialización de la comunidad gay estuvieron marcados por aspectos como la clase social, se hace cuestionable si el periodo de auge tuvo el mismo impacto en los objetivos proyectados por el activismo político-sexual del MLH, o si dicho momento de apogeo únicamente estuvo limitado a un incremento de actividades comerciales y de consumo.

Auge en los bares, crisis en la militancia

La apertura de espacios destinados a la socialización de homosexuales en la ciudad de México fue un logró que se celebró desde el interior del MLH. No obstante, la idea de que los bares materializaban la anhelada felicidad de la comunidad lésbico-gay fue vista con desconfianza y como un factor de riesgo para la militancia sexo-política. A pesar de su carácter radical y de su posicionamiento en favor de un libre ejercicio de la homosexualidad, el FHAR se mostró crítico ante el incremento del consumo dirigido a la comunidad homoerotizada y consideraba que la militancia podía convertirse en un creciente “ejército de alcohólicos”, por lo que se podrían desvirtuar los objetivos principales del MLH. En este sentido, durante los primeros años de la década de los ochentas, en pleno momento de auge, se hizo evidente que la militancia del movimiento se encontraba en crisis.

A pesar de la salida pública de julio de 1978 y del incremento de lugares de socialización homosexual, las “razzias” seguían siendo una problemática que iba en aumento. Los policías esperaban afuera de los bares para llevar a cabo detenciones y extorsiones. El FHAR, OIKABETH y Lambda constantemente se organizaban para exigir la liberación de homosexuales y lesbianas detenidos. La justificación de los arrestos versaba en que se trataba de personas dedicadas a cometer asaltos o a la prostitución, también se mencionaba que atentaban contra la moral. Sin embargo, en la mayoría de los casos tales señalamientos no se llegaban a comprobar. Las acciones de la policía no se apegaban a las garantías constitucionales ni a los estatutos que marcaba la ley. El MLH señalaba que las detenciones masivas eran ilegales y que se llevaban a cabo con excesiva violencia.

Propaganda para la protesta en la Dirección General de Policía y Tránsito, 8 de mayo de 1980, Centro de Información y Documentación de las Homosexualidades en México, Ignacio Álvarez.

Con este panorama es cuestionable la idea de que para inicios de los años ochenta el MLH se encontraba en auge. El periodo de apogeo estuvo limitado al consumo comercial que representó la apertura de bares dirigidos a los gays. A pesar de los esfuerzos del FHAR, Lambda y OIKABETH, el movimiento padeció un estancamiento en el avance de sus objetivos debido a factores como el conservadurismo, así como por la poca colaboración de las autoridades para promover cambios en beneficio de los grupos homoerotizados. El incremento de problemáticas como la discriminación y el hostigamiento, sumado a la preferencia que algunos homosexuales y lesbianas dieron a la socialización y diversión por encima del activismo político, debilitó al movimiento.

El declive y la crisis del MLH se hicieron evidentes con acontecimientos como la disolución del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria en agosto de 1981. La decisión de poner fin al FHAR se determinó luego de un análisis interno en el que se llegó a la conclusión de que el frente había perdido el carácter politizado a causa de la indisciplina y la falta de participación de sus afiliados, así como por problemáticas como el clasismo al interior del grupo y las constantes divisiones. Los militantes fharinos señalaron que el frente terminó por volverse “un clóset de grandes dimensiones donde podían ver a sus novios, pintarse y hacer desmadre”. “Solo se fomenta el perreo y el ligue, pero ninguna unidad sexo-política”.

Por otro lado, las candidaturas a diputaciones que se habían planteado para las elecciones federales de 1982 en las que estaban involucrados algunos miembros de Lambda y OIKABETH no fueron exitosas y no se lograron mejoras que garantizaran los derechos de los homosexuales y las lesbianas. Ese mismo año surgieron nuevos grupos que se incorporaron al movimiento: ORUS, AMHOR, Buquet, Nueva Batalla, Guerrilla Gay, Grupo de Orgullo Homosexual de Liberación (GOHL), y el Grupo Homosexual de Acción Revolucionara (GHAR). No obstante, los conflictos internos y las diferencias entre organizaciones continuaron. Un ejemplo es el comunicado emitido desde el interior de Lambda por algunos miembros que se denominaban la “Tendencia Proletaria”, quienes denunciaban que Lambda llevaba a cabo actividades, conferencias y discusiones en las que no se contemplaba a la “masa homosexual” sino sólo “a un reducido grupo elitista y privilegiado”.

En 1984 el movimiento lésbico-gay, ya debilitado por las permanentes diferencias entre organizaciones, sufrió un duro golpe debido a los casos de sida que fueron diagnosticados en México. Los medios de comunicación tomaron una postura que estigmatizó a la enfermedad. El 23 de agosto de 1985 el periódico El Sol de México hizo referencia al sida como una “plaga gay” y un “cáncer rosa” que estaba directamente ligado a la homosexualidad.  A partir de ese momento las fuerzas del MLH se enfocaron en hacer frente a la enfermedad que terminó con la vida de muchos de sus militantes.

En junio del mismo año, el Colectivo Sol, organización que derivó de la disolución del FHAR, emitió un comunicado titulado Eutanasia al movimiento lilo. ¡Pero ya!, en donde hizo una fuerte crítica al MLH y a las organizaciones que aún se mantenían activas. “Es cancerígeno y agónico. Está muerto”. Esta era la conclusión del Colectivo Sol para referirse al movimiento y decía que tenía un parecido al sida, ya que padecía distintos males que habían mermado su vitalidad.

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En resumen, a partir de 1978 la aparición pública del MLH y la Primera Marcha del Orgullo Homosexual en junio de 1979 marcaron la pauta para un proceso de lucha en donde la defensa de homosexuales, lesbianas y posteriormente travestis se posicionó como una manifestación de carácter político y social frente a los hostigamientos policiacos y los prejuicios morales con que la sociedad amedrentaba a la comunidad homoerotizada de la ciudad de México.

Las labores que el FHAR, Lambda y OIKABETH llevaron a cabo en materia de información y sensibilización de la cuestión homosexual y lésbica formaron una base militante que fue creciendo con un interés común: lograr que el deseo afectivo y sexual entre personas de un mismo sexo se ejerza libremente y sin señalamientos. En este sentido, considero que entre 1979 y 1980 si hubo un auge dentro del movimiento que fue visible a partir de las múltiples actividades que efectuaron las diferentes organizaciones: marchas, participación en congresos, aperturas culturales, entre otras.

Una noche en La Purísima, antro muy concurrido por la comunidad LGBT+ en la calle República de Cuba en el Centro Histórico de la CDMX. Fotografía tomada de Facebook.

No obstante, el periodo de apogeo fue visto por empresarios como una oportunidad económica, por ello se incrementaron los bares y los centros nocturnos destinados a la socialización homosexual en lugares como la Zona Rosa. En consecuencia, una parte de los miembros del movimiento concibieron el estilo de vida, basado en el consumo, como el alcance de su felicidad, de manera que optaron por la diversión y abandonaron la militancia.

Las confrontaciones ideológicas, clasistas y teóricas entre los grupos más representativos del MLH provocaron problemas de comunicación dentro del movimiento que imposibilitaron la formación de una base política. Además, la falta de organización y disciplina terminaron por estancar el activismo y el movimiento arrojó pocos resultados en cuanto a mejorar las condiciones sociales para los homosexuales y las lesbianas. Los prejuicios morales se mantuvieron y los hostigamientos policiacos se incrementaron. Para 1981 el MLH entró en un periodo de crisis. En este sentido, concuerdo con Jordi Diez quién propone que desde 1984 la lucha homosexual y lésbica en México entró en un periodo de hibernación que se mantuvo hasta mediados de la década de los años noventa.

Para saber más

Diez, Jordi, “El movimiento lésbico-gay, 1978-2010”, en Ana María Tepichin, Karine Tinat y Luzelena Gutiérrez Velasco (coords.), Los grandes problemas de México. Relaciones de Género, México, El Colegio de México, 2010, vol. VIII, p. 135-154.

Laguarda, Rodrigo, Ser gay en la ciudad de México. Lucha de representaciones y apropiación de una identidad, 1968-1972, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora-Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, 2009.

Lumsden, Ian, Homosexualidad, sociedad y estado en México, México, Colectivo Sol, 1991.

Mogrovejo, Norma, Un amor que se atrevió a decir su nombre. La lucha de las lesbianas y su relación con los movimientos homosexual y feminista en América Latina, México, Centro de Documentación y Archivo Histórico Lésbico, Nancy Cárdenas-Plaza y Valdés, 2000.

Peralta, Braulio, Los nombres del arco iris. Trazos para redescubrir el movimiento homosexual, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2006.

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