El diagnóstico de la homosexualidad
julio 9, 2020 La Bola

El diagnóstico de la homosexualidad desde la endocrinología en México, 1934-1950

Por Ismael Espinosa García

En las últimas décadas del siglo XIX, la homosexualidad fue tratada por la medicina como una enfermedad que requería una cura. En este artículo, Ismael Espinosa García nos presenta cómo la endocrinología se constituyó como una disciplina médica dedicada a estudiar y tratar las «desviaciones» sexuales a partir de diagnósticos y tratamientos que se implementaron en México desde 1934 y que persistieron hasta la última década del siglo XX, cuando en 1990, tras largos años de lucha, la Organización Mundial de la Salud dejo de considerar a la homosexualidad como una enfermedad.

Hacia el último tercio del siglo XIX, la medicina tuvo el interés por conocer las causas del origen de la homosexualidad. Ya no se trataba de considerar a esta condición humana como un elemento pecaminoso o ligado a cuestiones religiosas, sino de reestablecer toda práctica sexual que no tuviera por finalidad la procreación. Bajo el argumento de “lo natural”, médicos y científicos buscaron diagnosticar la homosexualidad y las “desviaciones” sexuales como una enfermedad, experimentando con posibles tratamientos para curar o disminuir los impulsos de esos deseos.

Los primeros elementos que comenzaron a revisarse en las personas que presentaban “anomalías” fueron sus antecedentes personales. En aquella época predominaba la Teoría de la degeneración, propuesta por el psiquiatra francés Bénédict Augustin Morel (1809-1873). En ella señaló ciertos elementos que podrían ser heredados de padres a hijos generando anormalidades físicas, mentales y sexuales, como las intoxicaciones, el medio social en el que se desarrollaban (por ejemplo, un ambiente violento), el temperamento morboso, la inmoralidad, las lesiones congénitas (es decir, con las que nace una persona) o adquiridas (como las transmitidas por enfermedades venéreas). Por lo que los más proclives a tener una “desviación” eran los hijos de padres alcohólicos o aquéllos que tuvieran alguna adicción, los nacidos en clases sociales bajas (pues podían delinquir y convertirse en criminales), los que tuvieron problemas al momento de nacer o familiares con los mismos antecedentes a la alteración que los aquejaba.

Por presentar rasgos afeminados que atentaban contra la moral, algunos homosexuales fueron detenidos y encarcelados en la ciudad de México. De ahí el interés de los médicos en analizar el origen o causas de la homosexualidad congénita. Homosexuales detenidos en una comisaria, ca. 1935, Archivo Casasola, Instituto Nacional de Antropología e Historia. Fotografías tomadas de la Mediateca INAH de aquí.

Richard von Krafft-Ebing (1840-1902) fue el primer médico que se encargó de analizar las diferentes patologías y anomalías sobre la sexualidad,  influenciado por la Teoría de Morel, que establecía la idea de que se perdían o “degeneraban” las características propias de cada género y raza. En 1886 publicó Psycopathia Sexualis, un análisis médico-legal con más de 200 casos para ejemplificar lo que consideraba un “instinto sexual contrario” destacando diversos fetiches, como el travestismo, el exhibicionismo, el masoquismo y otras “desviaciones”. El propósito de Krafft-Ebing con respecto a este estudio y la compilación de casos fue realizar una descripción de las manifestaciones patológicas de la vida sexual, así como obtener un primer acercamiento de las condiciones que las propiciaron. También consideraba que la homosexualidad podía darse de dos formas: una congénita (es decir, que se nacía con ella) ocasionada por una falla en las secreciones internas, y otra que podía adquirirse por factores que tuvieran una mala influencia en la personalidad, como la masturbación a la que consideró la peor causa degenerativa existente en el ser humano.

Otra publicación que también tuvo un impacto en el diagnóstico de la homosexualidad fue la del médico Havelock Ellis, quien publicó en 1897 Studies in the Psychology of Sex, que luego sería conocido como Sexual Inversion. Ellis mantuvo la idea sobre la homosexualidad que Krafft-Ebing señaló en su estudio, indicando que esta condición se podía dar de dos formas: adquirida e innata. Asimismo, destacó que durante la pubertad era normal la existencia de un sentimiento de atracción homoerótico entre los compañeros de escuela, por lo que podían practicarse una masturbación mutua. Empero, cuando se llegaba a una edad entre los 13 y 15 años en los varones este sentimiento tendía a desaparecer; en caso contrario, debía analizarse como una patología.

Portada de la Psycopathia Sexualis de Richard von Krafft-Ebing, 1886. Imagen tomada de aquí.

Si nos ponemos a revisar las ideas de estos dos médicos, encontramos un elemento similar: una falla interna que tenía como consecuencia un elemento “degenerativo” con el que se nacía. Esto también llamó la atención de un grupo de investigadores que se dedicaron al estudio de las secreciones producidas por las glándulas, pues creían que una deficiencia en estas sustancias causaba daños físicos y conductuales, como las “desviaciones” sexuales. Fue así que la endocrinología, que nació gracias a los experimentos de los médicos Claude Bernard (1813-1878) y Charles Brown Séquard (1817-1894), interesados en analizar las secreciones internas de las glándulas, especialmente las sexuales, para localizar el origen de estas supuestas “anomalías”.

El interés de la endocrinología por la conducta sexual tuvo su mejor exposición en la Teoría de los estados intersexuales propuesta por el médico español Gregorio Marañón (1887-1960), quien señaló que los seres humanos desarrollaban una intersexualidad durante el estado embrionario y que a lo largo de la gestación, gracias a la intervención de secreciones internas, se desarrollaban los órganos sexuales de cada persona, por lo que tanto hombres como mujeres mantenían un balance entre caracteres sexuales masculinos y femeninos. Sin embargo, los genitales se desarrollarían una vez que las glándulas ejercieran su función secretando diversas sustancias.

Doctor Gregorio Marañón en su biblioteca. Imagen tomada de aquí.

Todas estas ideas en conjunto se analizaron en la Escuela Nacional de Medicina de la Universidad Nacional de México entre 1920 y 1930. Médicos como Fernando Ocaranza (1876-1965) y Francisco de Paula Miranda (1890-1950) iniciaron las investigaciones endocrinológicas en nuestro país. De hecho, Ocaranza publicó en 1930 en la Gaceta Médica de México (órgano de difusión de la Academia Nacional de Medicina de México) un estudio titulado “Histofisiología experimental del testículo”, donde analizó la función de los testículos en cobayos como determinantes de los caracteres sexuales, así como de sus instintos y conductas.

En la década de los treinta, ambos médicos formaron la Sociedad de Estudios Endocrinológicos para realizar investigaciones al respecto, publicando los resultados y los casos clínicos exitosos en la revista Endocrinología, dirigida por Francisco de Paula Miranda y editada por los Laboratorios Hormona, ubicados en la colonia Roma, en la Ciudad de México. Además de promover la investigación endocrinológica, esta publicación hacía promoción de los productos que el laboratorio elaboraba, como ampolletas con extracto de hígado concentrado, hormonas de progesterona o tratamientos opoterápicos (es decir, con extractos hormonales) de testículos de animales para la vigorización.

Departamento de Química Biológica de Laboratorios La Hormona. Contraportada de la revista Endocrinología, vol. VIII, núm. 3, junio de 1942. Imagen cortesía del autor.

Asimismo, esta revista mostraba sus instalaciones colocando imágenes de sus laboratorios en las contraportadas de cada publicación. Dentro de sus páginas, encontramos durante los años de 1935 a 1950 algunos artículos de divulgación sobre cuestiones relacionadas a la homosexualidad y la apariencia física de afectados por problemas relacionados a las glándulas sexuales. Por ejemplo, en un texto escrito por el médico Daniel Espinosa de los Monteros titulado “Tratamiento Médico Hormonal de un Caso de Hermafrodismo Masculino Externo. Bi-Criptorquidia”, se describe el caso de un hombre de 18 años, originario de Guanajuato, de raza blanca, casado, chofer, quien acudió a su consultorio para tratarse una dermatosis, aunque éste no es el elemento clave que el médico detecta en el sujeto. Tras realizársele un cuestionario y una exploración corporal, describe una serie de afecciones que pasó a lo largo de su vida, como sarampión, amigdalitis, escarlatina, infecciones intestinales y urticarias.

El médico en su descripción clínica señaló que este hombre tenía elementos no característicos del sexo masculino como: cabeza pequeña, cara infantil, pecas, boca grande, piel sin pelo corporal, ni bigote-barba, cuello corto, región mamaria rica en grasa, pene hipospádico (es decir, que su uretra no se localizaba en la punta del glande) y atrófico, testículos retraídos en la parte superior del escroto, bolsas “totalmente retraídas simulando los grandes labios de la vulva”, pies grandes, piernas sin vello, entre otros elementos más específicos de la anatomía. Bajo estas premisas, el autor de este artículo diagnosticó a su paciente con hermafroditismo externo, debido a su doble exposición genital, tanto pene como labios vaginales, por lo que le aplicó una serie de tratamientos hormonales para reestablecer la apariencia masculina del paciente. El miedo y el temor a no parecer lo suficientemente viril hizo que la medicina tuviera que intervenir para “curar” a alguien que pudiera ser proclive a una “desviación” sexual.

En otro artículo publicado bajo el título de “La inversión sexual y los Tumores de la Suprarrenal”, el doctor Francisco de Paula Miranda señaló los diferentes padecimientos que se habían encontrado, hasta ese momento, sobre los tumores que se generaban en algunos pacientes debido a la producción excesiva de hormonas en algunas glándulas, especialmente en la hipófisis y en las sexuales. Además, describió la búsqueda del origen de la inversión sexual causada por tumores en la glándula suprarrenal, que podían “feminizar” al afectado. Asimismo, se detalló cuáles eran las funciones principales de las glándulas sexuales, tanto los ovarios como los testículos, y cómo es que, a partir del desarrollo embrionario, se caracterizan dichos elementos gracias a la influencia hormonal: en las mujeres se moldea el canal de Müller (que es el que alberga a los ovarios); mientras que en los hombres se constituyen los cuerpos de Wolff que dan paso a los testículos.

Con esta explicación los médicos creyeron que podían atender alguna falta que hubiera en el desarrollo de los caracteres sexuales primarios al intervenir quirúrgicamente “tumores” que pudieran ocasionar las “inversiones sexuales”. Así, con la pervivencia de las ideas de Morel, Krafft-Ebing y Marañón, la endocrinología se posicionó como una de las ramas de la medicina que podía encontrar el origen de la homosexualidad y dar un “tratamiento” para su control.

Siguiendo con los casos clínicos que se publicaron en esta revista, encontramos el texto del doctor Santiago Ramírez titulado “Curiosa curación de un homosexual”, quien relata la historia de XX, un joven de preparatoria que por una extraña razón se alejó de sus instintos homosexuales. El caso llama la atención pues su padre lo describió como un muchacho normal, a excepción de sus genitales: su pene era “sumamente reducido, el prepucio lo cubría completamente”, pero sí tenía un buen desarrollo de vello púbico. Sin embargo, no notaban algunos cambios, como “echar gallos” al hablar e, incluso, conservaba un timbre afeminado. Al padre del paciente le preocupaba la influencia de los amigos de su hijo, pues podrían enseñarle a masturbarse o que pudiera tener alguna “indolencia venérea” por su inexperiencia sexual con alguno de ellos.

XX acudió al consultorio del doctor Ramírez, quien lo describió como un muchacho serio, con pelo rizado, ropa de colores llamativos, uñas pulidas y con modales y actitudes femeninas, así como con caracteres sexuales “francamente femeninos”. Al llegar, Ramírez le explicó la situación por la que su padre le había pedido su ayuda y el joven quedó sorprendido; frente al doctor admitió su condición homosexual y mencionó que había ido a “intentarse un psicoanálisis”; incluso, estuvo a punto de tener relaciones sexuales con una mujer, pero no obtuvo éxito.

Un año y ocho meses después de esta entrevista, el autor señala que el joven volvió a visitarlo, pero algo en él había cambiado: ya no era homosexual (o por lo menos no lo aparentaba). ¿A qué se debió este cambio? Según Ramírez, XX señaló que en su primera experiencia sexual con un hombre se contagió de gonorrea, lo que le generó una infección en los testículos. El dolor y la recuperación hicieron que al salir del hospital tuviera un gran interés en las mujeres y en la lectura del texto bíblico del Cantar de los Cantares, mientras que el simple hecho de ver a un hombre le producía asco. Ramírez llegó a la conclusión de que las infecciones que tuvo le produjeron un cambio en las secreciones testiculares, por lo que dejó su “estilo de vida homosexual” y recuperó su heterosexualidad. Esto deja entrever que, para algunos médicos, el origen de la homosexualidad se encontraba en las secreciones internas de las glándulas sexuales, así como en la regulación de sus conductas sexuales.

Por último, en esta revista se publicó un trabajo del doctor Gonzalo Rodríguez Lafora titulado “Los tipos de homosexualidad y las hormonas sexuales”, en el que señaló a la homosexualidad biológica como una derivación de los tres estados “intersexuales” (tal como lo hizo Marañón): el hermafroditismo, el pseudohermafroditismo y la reversión sexual; en el caso de esta última logró su curación gracias a la extirpación de un tumor ubicado en la glándula suprarrenal o en los órganos sexuales.

Rodríguez comenzó su estudio al analizar las principales ideas que se tenían hasta ese entonces sobre el posible origen de la homosexualidad en el ser humano. En primera instancia, señaló que algunos médicos consideraban que la homosexualidad era una “unidad morbosa condicionada únicamente por disposiciones individuales performadas, es decir, por una predestinación”, o bien por “lesiones cerebrales”. Ante esto, el autor identificó cuatro formas o posibles orígenes de la homosexualidad: a) homosexualidad hereditaria; b) homosexualidad individual endógena no hereditaria o endócrina; c) homosexualidad orgánica, determinada por lesiones cerebrales; y d) homosexualidad psicogenética [sic], siguiendo las pautas que autores como Marañón y Krafft-Ebing habían postulado.

Portada de la revista Endocrinología, vol. VIII, núm. 3, junio de 1942. Imagen cortesía del autor.

Como se puede observar, las principales ideas y teorías sobre el supuesto origen de la homosexualidad se basaron en los primeros diagnósticos que se hicieron a finales del siglo XIX, y esto no cambiaría por lo menos durante una centuria. Bastaba presentar algún tipo de apariencia femenina para buscar una causa de esa “inversión” y recurrir a la intervención médica para recuperar las apariencias y los impulsos sexuales de acuerdo con el género de nacimiento. Se sabe de los tratamientos que siguieron otras ramas de la medicina, como la psiquiatría: electrochoques, lobotomías, opoterapias con insulina o terapias de conversión (muy recurrentes, también, por grupos religiosos). Estas perspectivas médicas de cómo se analizaba y diagnosticaba a la homosexualidad en la primera mitad del siglo XX nos permiten comprender una de las demandas principales de los Movimientos de Liberación Homosexual en la década de 1970 en México y en el mundo, al señalar que ser homosexual “no era una enfermedad”.

Fue hasta el 17 de mayo de 1990 cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerar a la homosexualidad como una enfermedad dando paso a nuevas miradas y dejando fuera esta condición del pensamiento patológico. Sin embargo, hasta el día de hoy hay grupos religiosos y de pseudo “científicos” que siguen en la búsqueda de una “cura” para la homosexualidad por medio de tratamientos que atentan contra las personas LGBT+, como las supuestas “terapias de conversión” que disfrazan un terrorismo psicológico y clínico con lo que ellos consideran “normal”. Por ello la necesidad de seguir combatiendo la percepción patológica sobre la homosexualidad y demoler la visión de hace cien años.

Para saber más

Di Segni, Silvia, Sexualidades: tensiones entre la psiquiatría y los colectivos militantes, Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2013.

Lauritsen, John y Thorstad, David, Los primeros movimientos a favor de los derechos homosexuales (1864-1935), Trad. de Francesc Parcerisas y prólogo de Juan Gil-Albert, Barcelona, Tusquets Editores, 1977.

Mondimore, Francis Mark, Una historia natural de la homosexualidad, Trad. de Mireiller Jaumà, España, Paidós, 1998.

Fuentes consultadas

Editorial, “La inversión sexual y los tumores de la suprarrenal” en Endocrinología, Dir. Francisco de P. Miranda, Laboratorios Hormona, México, vol. II, núm. 1, febrero de 1936, p. 25-26.

Ellis, Havelock, Studies in the Psychology of Sex. Sexual Inversion, 2a. edición, Filadelfia, F. A. Davis Company Publishers, 1908.

Espinosa de los Monteros, Daniel, “Tratamiento médico hormonal de un caso de hermafrodismo masculino externo. Bi-Criptorquidia” en Endocrinología, vol. I, núm. 6, diciembre de 1935, p. 24-27.

Gonzalo R. Lafora, “Los tipos de homosexualidad y las hormonas sexuales” en Endocrinología, Dir. Francisco de P. Miranda, Laboratorios Hormona, vol. VIII, núm. 3, junio de 1942, p. 97-106.

Krafft-Ebing, Richard von, Psycopathia Sexualis with Special Reference to Contrary Sexual Instinct: a Medico-Legal Study, Trad. de Charles Gilbert Chaddock, Filadelfia, The F. A. Davis Company Publishers, 1894.

Ocaranza, Fernando, “Histofisiología experimental del testículo” en Gaceta Médica de México. Periódico de la Academia Nacional de Medicina, tomo 61, núm. 4, México, abril de 1930, p. 177-215.

Ramírez, Santiago, “Curiosa curación de un homosexual” en Endocrinología, Dir. Francisco de P. Miranda, Laboratorios Hormona, vol. II, núm. 3, junio de 1936, p. 99-104.

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