La epidemia del VIH-SIDA en el País Vasco
mayo 15, 2020 La Bola

«Nuestros cuerpos caen rendidos como una maldición”: La epidemia del VIH-SIDA en el País Vasco durante los años ochenta

Por Adrián Méndez Jiménez (UAM-Iztapalapa)

 

Resumen

En este artículo se aborda la epidemia de VIH-SIDA en la Comunidad Autónoma Vasca (España) durante los años ochenta.  En esta década el País Vasco se vio azotado por un número excepcionalmente alto de casos de VIH, comparado con otros territorios dentro del Estado español e inclusive con el resto de Europa. Lo particular del caso vasco no sería únicamente el número de contagiados, sino también que, a diferencia de la gran mayoría de casos a nivel mundial durante la década de los ochenta, la transmisión del virus no sería predominante por vía sexual, sino sobre todo por vía intravenosa, debido al uso compartido de jeringuillas. Esto estaría íntimamente relacionado con el uso extendido de la heroína entre la juventud vasca, que a su vez debe ser entendido desde el análisis de la cultura «punky» en Euskadi. En el artículo se daría sobre todo un enfoque cultural para intentar abordar esta cuestión, y explicar los factores culturales que llevarían a que se conociera como la «generación perdida» a los jóvenes vascos nacidos durante la década de los años sesenta, y qué constituirían la amplia mayoría de los contagiados del virus por vía intravenosa.

El pasado ha pasado y por él nada hay que hacer,

el presente es un fracaso y el futuro no se ve.

La mentira es la que manda, la que causa sensación,

la verdad es aburrida, puta frustración.

Prefiero morir como un cobarde que vivir cobardemente.

Nuestras vidas se consumen, el cerebro se destruye.

Nuestros cuerpos caen rendidos como una maldición

          «Cerebros destruidos» de Eskorbuto

CONTEXTO GENERAL DEL VIH-SIDA DURANTE LOS OCHENTA

El SIDA (Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida) es una de las enfermedades infecciosas que ha cobrado más víctimas en toda la historia. Éste es producido por dos lentivirus, los virus de la inmunodeficiencia humana: VIH-1 y VIH-2. Un aproximado de 78 millones de personas han contraído la infección y han fallecido unos 35 millones de individuos por consecuencia del síndrome. Los tratamientos antivirales han contribuido a disminuir considerablemente la mortalidad de los contagiados, pero el acceso a éstos no es universal. En 1981 fueron diagnosticados en Estados Unidos los primeros pacientes con SIDA y en 1983 se identificó al causante, al que se nombró VIH. En 1985 fue aislado un nuevo virus, el VIH-2, en pacientes con SIDA en África occidental.

Cuando el SIDA fue identificado en los Estados Unidos se detectó que un número creciente de jóvenes, sobre todo varones con antecedentes de relaciones homosexuales y/o de uso de drogas recreativas aplicadas por vía intravenosa, fallecían de infecciones «oportunistas» y cánceres poco comunes. En 1985 ya existía una gran cantidad de casos detectados fuera de los Estados Unidos. Para este momento, el 80% de los infectados en el mundo se habían contagiado del virus por vía sexual. El caso del País Vasco fue totalmente contrario a esta tendencia, ya que la mayoría de los contagios se realizaron por vía intravenosa. ¿Cómo fue que esto ocurrió? ¿Por qué la comunidad autónoma vasca tenía casi el doble de casos registrados que el resto de España? Esto es lo que intentaré explicar a continuación.

PAÍS VASCO EN LOS AÑOS OCHENTA

Antes que nada, debo ubicar al lector en el lugar donde transcurrieron estos hechos históricos. La comunidad autónoma de País Vasco, ubicada al norte de la península ibérica, es una de las diecisiete comunidades que integran el Estado español. Para los fines de este artículo usaremos Euskadi y Euskal Herria (ambos nombres en idioma Euskera, lengua usada por los vascos) como sinónimos de País Vasco.

Ahora, ¿cómo era el País Vasco de mediados de los años ochenta? Debemos señalar que ésta es una época marcada por la transición política, de la dictadura de Francisco Franco (1939-1975) hacia la democracia. Los jóvenes vascos de los años ochenta, nacidos entre mediados de los sesenta e inicios de los setenta, habían crecido durante el franquismo y su educación elemental había sido marcada por el dogmatismo de una férrea dictadura militar y por los principios estrictos de la religión católica. Para estos jóvenes, el fin del gobierno de Franco significaba un ambiente de fiesta, de libertad, además de un mayor acceso a la cultura externa, sobre todo la música, cine y moda proveniente de Inglaterra y los Estados Unidos, que había sido en gran parte prohibida durante la dictadura. Esta liberación sería común a todos los jóvenes de España y causaría un movimiento contracultural importante, al que se le conocería como «la Movida».

Es importante apuntar que esta generación fue excepcionalmente numerosa (podemos ubicarla entre la llamada «baby boom» y la generación X), lo cuál ocasionó una sobrepoblación que aunada a ciertas problemáticas económicas ocasionaría un grave desempleo durante toda la década de los ochenta. En el caso particular de Euskadi, la «reconversión industrial» (política económica adaptada con la finalidad de equilibrar oferta y demanda) causó que empresas importantes para la economía vasca como Euskalduna, General Electric o Altos Hornos cerraran la mayoría de sus plantas, dejando a decenas de miles sin empleo, y a la mayoría de los vascos sin la seguridad financiera que estas compañías habían proporcionado a las familias durante generaciones.

A esto hay que sumar el tenso ambiente político que existía en Euskal Herria durante aquellos años. Euskadi Ta Askatasuna (ETA), organización armada que buscaba la independencia de País Vasco de España y la fundación de un Estado de corte socialista, estaba en activo desde finales de los años sesenta, y muchos jóvenes desalentados por las políticas del Estado español veían en las ideas separatistas de la izquierda abertzale (nacionalista vasca) una salida a la crisis imperante. Muchos de ellos recurrían a la llamada kale borroka (euskera para lucha callejera), que consistía en batallas campales contra la policía, como una forma de expresar su malestar.

El desempleo y la crisis económica también ocasionó que muchas personas se quedaran sin hogar, por lo que se vio a la ocupación ilegal de viviendas abandonadas (fenómeno conocido como okupa) como una forma legítima de buscar el bienestar de las familias vascas en riesgo. El okupa también fue una forma común en que los jóvenes podían salir de casa de sus padres, ya que era imposible hacerlo de una forma legal. La mayoría de los «chavales» okupas no se iban a vivir solos, sino con grupos de amigos, con su «cuadrilla», y establecían una especie de comunas, que en ocasiones se convertían en centros culturales y comunitarios improvisados, conocidos como gaztetxes (casa de la juventud en euskera). Ritxi Aizpuru, crítico musical, comenta al respecto: “No había dónde vivir, se «okupó»; no había dónde escribir, se hicieron fanzines; no había dónde hablar en las radios, pues se hicieron radios libres; no había dónde hacer arte, dónde pintar, pues en los gaztetxes«.

Los gaztetxes conformaron el centro de la vida social de gran parte de la juventud vasca de aquellos años. En ellos dieron sus primeros conciertos las bandas de rock locales, fueron la cuna de la «movida vasca», del movimiento «punki»; y, por supuesto, ahí inició para muchos su historia con «el caballo», es decir, la heroína.

Mapa de España con País Vasco resaltado en rojo, disponible en: [https://es.wikipedia.org/wiki/Pa%C3%ADs_Vasco#/media/Archivo:Pais_Vasco_in_Spain_(plus_Canarias).svg]

LLEGADA DE LA HEROÍNA A EUSKADI Y PRIMEROS CASOS DETECTADOS DE SIDA

La heroína se descubrió a finales del siglo XIX buscando una sustancia menos adictiva que la morfina para tratar tuberculosis. La empresa alemana Bayer la patenta y la saca al mercado con la promesa de curar desde los nervios hasta enfermedades estomacales. Poco tiempo después se establece la seriedad de sus efectos y lo alarmante de su potencial adictivo. Se retira del mercado pero se mantiene como droga recreativa ilegal desde entonces hasta nuestros días, siendo probablemente la droga conocida más adictiva y  peligrosa.

Si bien la heroína llegó a territorio español desde inicios del siglo XX, su popularización entre las masas se daría hasta los años ochenta. Como la mayoría de las cosas provenientes del exterior, su uso se extendería primero en Madrid, la capital, para luego llegar al resto de las ciudades grandes como Valencia, Barcelona, Sevilla y Bilbao. Al igual que en Madrid, para el caso vasco, el consumo de heroína iniciaría con la joven burguesía, quién veía la idealización que se hacía de esta sustancia por parte de la «movida madrileña». Sin embargo, pronto su uso se extendería a la periferia industrial de las ciudades vascas como San Sebastián y, sobre todo, Bilbao, en donde encontraría sintonía con la naciente cultura «punki» de los jóvenes vascos de clase obrera.

El gobierno pronto detectaría el creciente número de heroinómanos en la comunidad autónoma vasca, por lo que respondería con una política pública que ellos pensaron sería, sencilla e infalible: prohibieron la venta de jeringuillas en las farmacias, con operativos y vigilancia para asegurar el cumplimiento de la nueva ley. Esto, por supuesto, no causaría el fin del consumo de la sustancia ilegal, sino que ocasionaría que los jóvenes comenzaran a reutilizar y compartir jeringuillas, debido a lo difícil de obtenerlas. Francisco Campos, ex-drogadicto y seropositivo, quién iniciara en el consumo de heroína a los quince años, recuerda: «Había farmacias en las que cuando estaban de guardia no vendían jeringuillas. Entonces, la gente subía ahí a un parque que había donde el cementerio y tenía que recoger las jeringuillas que habían usado otros, estaba el suelo lleno de jeringuillas». Sobra decir que este testimonio es el común denominador de la mayoría de los adictos durante estos años. El uso compartido de jeringuillas usadas causaría infecciones en un primer momento y serían el principal factor de transmisión del VIH-SIDA.

La primera muerte por SIDA oficialmente detectada en País Vasco ocurrió el 25 de abril de 1985. Se trató de José Ramón González, un ex-drogadicto. El doctor Gabriel Zubillaga, entonces jefe de Medicina Interna del Hospital Provincial de Guipúzcoa, declaraba en conferencia de prensa: “Es una enfermedad nueva […] se está extendiendo de una forma increíble. El futuro de esta epidemia es realmente incierto”. El doctor Zubillaga, de alguna manera, anticipaba con estas declaraciones el oscuro destino que deparaba esta terrible enfermedad.

Este caso sería sólo el primero de los muchos que se detectarían en País Vasco durante los años siguientes. El caso vasco sería particularmente grave, ya que según datos de EITB,  en 1988, en el Estado español había 47 afectados de SIDA por cada millón de habitantes, mientras que la media en Euskadi era de 88, casi del doble. Una auténtica epidemia, de la que el uso compartido de jeringuillas y el extendido uso de la heroína entre los jóvenes serían los factores responsables. Pero, ¿estaba esto relacionado con el movimiento contracultural vasco? Intentaremos responderlo a continuación.

Imagen de El Pico (1983, Eloy de la Iglesia), con José Luis Manzano como Paco, disponible en: [https://ctxt.es/es/20180117/Politica/17297/Esteban-Ordo%C3%B1ez-heroina-estado-espa%C3%B1a-arriola-droga.htm]

LA HEROÍNA Y LA CULTURA «PUNKI» DE EUSKADI

El periodista español David López Frías, como muchos otros antes que él, afirma que la llegada de la cultura y música punk llegó simultáneamente al uso extendido de la heroína. Cómo ya se mencionó, el ambiente festivo de la liberación post-franquismo contribuyó en buena medida que existiera un gran deseo de la juventud vasca de experimentar nuevas emociones que les habían prohibido hasta hace pocos años. Dos de éstas eran la música punk y la heroína.

A finales de los años setenta se había popularizado en Inglaterra la banda de punk Sex Pistols, que en su canción ‘God save the Queen’ gritaban a todo pulmón: “No future” (no hay futuro). Los jóvenes ingleses de la década del ochenta, azotados por el desempleo, la crisis económica y las políticas de Margaret Thatcher, encontrarían en este verso casi un mantra que definía totalmente el desencanto, frustración y nihilismo que sentían. Así pues, la cultura punk que llegó a Euskadi en aquellos años estaba impregnada de aquel espíritu: del «no future», que los jóvenes vascos comprenderían, adoptarían y reinterpretarían de inmediato.

A diferencia de otras «movidas» como la madrileña o la catalana, la «movida» vasca fue excepcionalmente dura. Dureza en la música, dureza en el contexto, dureza en las circunstancias y dureza en las consecuencias, como afirma David López. La escena contracultural madrileña era más «bohemia», más marcada por el glamour, con un halo de intelectualidad, mientras que la escena vasca se convirtió en algo más crudo y agresivo.

Lo resume bien Roberto Moso (cantante): “La Movida en Madrid era una cuestión más estética que otra cosa. Era elegancia, new wave, ‘fiestuki’ y «Terror en el hipermercado». Y en Euskadi veíamos todo eso y pensábamos: aquí no estamos para ‘fiestuki’, ¿de qué coño nos habláis?”. Las dificultades económicas, el hastío, la furia adolescente de la juventud vasca se enamoró de inmediato de la música y cultura punk británica. Ésta significaba algo totalmente nuevo, emocionante y desafiante. “Nosotros recibíamos todos aquellos estímulos y flipábamos. Leíamos una revista sobre rock, un fanzine sobre punk, veíamos que en Inglaterra uno se había pintado la cresta de colores, que otro escupía en los conciertos… que, en definitiva, el rock podía molestar. Y decías hostia, me apunto”, recuerda el mismo Roberto Moso, integrante de Zamara, una de las bandas emblemáticas de aquélla «movida», y cuyo nombre, por cierto, significa “Basura” en euskera.

Y es que en la escena «punki» el nombre de la banda era algo realmente importante. Así existían agrupaciones como Vómito, Cicatriz en la matriz, La polla récords (polla es argot para pene), MCD (siglas para Me cago en Dios) o la banda emblema del movimiento: Eskorbuto.

Esta escena musical halló su morada en los gaztetxes, que como ya mencionamos se habían convertido en los centros de la vida social para los jóvenes vascos. En ellos se formó una contracultura que tenía como rasgos principales el rock, la estética punk, la libertad y, por supuesto, la heroína. Parecía que en aquellos años, para un adolescente vasco de clase obrera, todo lo que realmente era importante ocurría en el gaztetxe. Edurne Portela, historiadora y escritora vasca que vivió aquéllos años convulsos, afirma: «La juventud veía que los gobiernos no hacían nada por ellos, pero que pegándole una patada a la puerta de un edificio cerrado y cambiando la cerradura, te hacías con tu sitio. Se montaban conciertos, se editaban revistas, se hacían fotos… y todos éramos parte de aquello. Tan importante era el cantante que estaba pegando gritos en el escenario como el público que estaba debajo bailando, animando y descargando toda la furia”.

Edurne Portela define este movimiento como «cultura radikal vasca». Pero, ¿era esta cultura inseparable del «caballo», es decir, la heroína? Teresa Laespada, socióloga especialista en adicciones apunta: “Yo creo que hay una relación entre música y drogas porque el movimiento juvenil lleva, lidera los dos procesos. No porque ambos estén entre sí unidos.».

De cualquier modo, la juventud vasca consumía más heroína que los de cualquier otra provincia autónoma, y debido a las políticas públicas que ya mencionamos, el uso  compartido de jeringuillas era una práctica común para ellos. Sin saberlo, no sólo el «caballo» corría por sus venas, sino también un virus terrible que se llevaría la vida de más de la mitad de los infectados.

EL FACTOR CULTURAL EN EL OCULTAMIENTO DE LA ENFERMEDAD

La noticia de los primeras muertes confirmadas debido a VIH-SIDA no contribuyó a la prevención del contagio, al tratamiento de los enfermos o al diagnóstico de los posibles contagiados, sino, por el contrario, a la condena moral y al tabú.

Para comprender esto primero hay que apuntar que en el País Vasco, como en otras partes del Estado español, la religión católica toma un rol muy importante para la moral de los individuos. Por lo tanto, cuando se hizo pública una posible epidemia cuyos contagiados eran casi exclusivamente homosexuales o drogadictos, el escarnio popular no se hizo esperar. La mayoría de las familias que tenían a un miembro heroinómano preferían ocultarlo por vergüenza, por lo que si éste resultaba ser portador del virus la situación resultaba aún más complicada.

Rafael Cortés del ‘Proyecto Hombre’ de la ONG Gizakia comenta: «Ante algo que se desconoce, ante algo que da miedo, ante algo que se une de entrada con el vicio, con la delincuencia, con ese tipo de situaciones más morales que otra cosa, pues hay muchas reacciones de rechazo». Por su parte, Paki Lucha –de la Comisión Ciudadana Anti-SIDA de Guipúzcoa quien perdió a su hermano por la enfermedad, recuerda: «Es muy duro perder a alguien que quieres y que encima te tengas que callar. Y que no puedas decir de que se ha muerto, y que te señalen con el dedo, ¿no? Entonces, mi madre todavía no creo que se atreva a decir que mi hermano ha muerto de SIDA».

Hay muchísimos testimonios de este tipo, en los que se describe que por temor a la discriminación, la crítica pública o el abandono, una gran cantidad de personas contagiadas prefería no acudir al médico a ser diagnosticado, ya fuera por decisión propia o por influencia de la familia. Esto tuvo dos consecuencias funestas: por un lado, que estas personas no recibieron ningún tipo de tratamiento, por lo que la mayoría de ellos murieron; y, por otro, al desconocer que eran portadores del VIH contagiaron a otras personas, ya fuera por vía sexual o por el uso compartido de jeringuillas. Sin duda, el ocultamiento de la enfermedad también fue un factor importante en el desarrollo de la epidemia.

UNA GENERACIÓN PERDIDA, ¿TRAGEDIA O DAÑOS COLATERALES?

Como ya mencioné al inicio del artículo, la epidemia se desarrolló en un contexto de inestabilidad política y movimientos sociales. ETA continuaba en su lucha por la liberación nacional del pueblo vasco, lo que suponía un riesgo para el Estado español, ahora democrático. El partido Herri Batasuna (Unidad Popular en euskera), por muchos considerado el brazo político de ETA, en un primer momento rechaza abiertamente el punk, al considerarlo contrario al espíritu nacional vasco y pervertidor de la consciencia de sus jóvenes. Sin embargo, pronto se da cuenta de que estos nuevos ritmos, y en general la cultura «radikal» de los gaztetxes, tenían muchísima más convocatoria e influencia entre la juventud vasca que la política abertzale, por lo que en algún momento busca convocar a estos adolescentes y adherirlos a su causa. Si bien fue una parte muy pequeña la que encontró simpatía por las ideas de Herri Batasuna (sobresale el caso de la banda Kortatu), para algunos investigadores, la  potencial organización de estos grupos juveniles podía significar una fuerza política real (similar a lo que hizo el National Front inglés al organizar y movilizar pandillas juveniles de skinheads) y una amenaza genuina a la cohesión del Estado español.

Aquí nace la hipótesis de que el uso tan extendido de la heroína en Euskadi en comparación con otras comunidades autónomas pudo haber sido, si no causado, al menos  promovido y aprovechado por parte del propio gobierno de España. Escritores como Justo Arriola, autor del libro A los pies del caballo: Narcotráfico, heroína y contrainsurgencia en Euskal Herria, defienden esta tesis en la que el gobierno prefería a una juventud «yonki» (adictos a la heroína) que dentro de ETA. Se ha llegado a especular que la propia policía trabajaba en conjunto con las organizaciones de narcotráfico para asegurar que los niveles de heroína en las calles vascas fuera mayor que en cualquier otra parte del país.

Y es que esta afirmación no está únicamente basada en la sospecha de algunos, sino que ha sido sustentada en documentos serios, entre los que sobresale el ‘Informe Navajas’ de 1989. Este informe es la investigación realizada por Luis Navajas, fiscal general de la Audiencia Provincial de Donostia (San Sebastián), en la que se reporta la existencia de traficantes a los que se permitía continuar con sus actividades a cambio de dar información sobre el movimiento popular o sobre ETA. Años después se demostró que el ‘Informe Navajas’ jamás llegó a los jueces que tenía como destinatarios, que se saboteó la investigación del fiscal y qué se buscó por todos los medios evitar que esta investigación llegara al público.

Existe también el testimonio del ex-lehendakari (expresidente del gobierno de la comunidad autónoma vasca) José Antonio Ardanza, quién recuerda que en 1981, cuando era alcalde de la localidad de Arrasate, ordenó que la policía municipal investigara el origen de las drogas que inundaban los bares locales. Los municipales siguieron la ruta de los traficantes, que llevaban matrículas falsas, hasta llegar a las puertas de los cuarteles policiales de Intxaurrondo y de La Salve (Bilbao). Para Arriola no hay dudas: son pruebas de que el Estado inundaba de drogas a la juventud movilizada y politizada para convertirla en una masa de adictos sin otra preocupación que conseguir otra dosis.

Josu Imanol Unanue, fundador de la asociación T4 coincide y apunta al respecto: «Hay más que una sospecha evidente de que existía una utilización política del tema. Un joven que pierde la consciencia, digamos en cuanto a la problemática existente de las demandas futuras que realmente le incumben… cuando pierde eso es un joven que es gravemente dócil, servil, incluso si se le tiene que eliminar, se le elimina”. A esto hay que sumar que para los que vivieron aquellos años esto no es una hipótesis, sino un secreto a voces que es vox populi en los barrios obreros de Bilbao o Donostia.

De ser demostrado, indiscutiblemente, esto supondría que miembros del gobierno español serían responsables de la peor epidemia en Euskadi de los últimos tiempos.

REFLEXIONES FINALES

Para 2009 existían más de 6000 personas portadoras del VIH en País Vasco. Si bien el gobierno vasco había propuesto un plan epidemiológico que tenía por meta erradicar la epidemia para 2030, en 2019 se rompió la tendencia decreciente que había tenido el número de contagios durante quince años, con un repunte de 25%. Los expertos consideran que este repentino aumento se debió a la minimización de la percepción del riesgo por parte de adolescentes con vida sexual activa.

En contraste, como ya se mencionó, dos terceras partes de los contagiados durante los ochenta lo hicieron por vía sanguínea al compartir jeringuilla para la administración de heroína. Estos, en su mayoría, desconocían el riesgo que encarnaba el VIH hasta que era muy tarde. Más de la mitad de los contagiados durante esta década murieron a los pocos días de ser diagnosticados: acudían al hospital hasta que el síndrome estaba muy avanzado y había muy poco que hacer. La vergüenza o el temor eran más grandes que el impulso de luchar.

Entonces, ¿cuál fue la verdadera causa de esta tragedia? ¿La influencia de la cultura «punki»? ¿El ocultamiento de la enfermedad por temor o vergüenza? ¿El gobierno de España? Considero que, como todo suceso histórico, no existe una sola causa, sino que fue un fenómeno multicausal y complejo en el que determinados elementos culturales tomaron un rol fundamental. La cultura «radikal» de «la movida», los tabús de la sociedad vasca, la cultura política ibérica de aquellos años, todo aunado a una juventud que había nacido durante una dictadura y ahora vivía tiempos convulsos (política, económica, social y culturalmente) fueron los ingredientes para una receta fatal, para una de las epidemias más graves en la historia de Euskadi. Durante las primeras dos décadas el VIH-SIDA fue la primera causa de muerte en relación con años de vida potenciales en País Vasco. Los jóvenes que consumían heroína iniciaban entre los 15 y los 20 años, por lo que los que morían, ya fuera de sobredosis o SIDA, lo hacían antes de cumplir los 30 años. Por ello se le ha conocido como la «generación perdida» de Euskadi.

La mayoría de las bandas importantes de la «movida» vasca perdieron al menos un integrante por sobredosis o SIDA. En el caso más extremo, los cuatro miembros originales de la banda Cicatriz morirían por heroína, tres de ellos de SIDA. Esto sólo es ilustrativo de la magnitud de la epidemia entre dicha generación.

Ante la pregunta si existió una generación perdida, Paki Lucha contesta con mirada nostálgica: “Si. […] de la edad de mi hermano pues están prácticamente… los de aquella «cuadrilla» han fallecido todos. No sé si quedan un par de ellos”.

Como epitafio quedan los versos de ‘Cerebros destruidos’ que dieron título y encabezado a este artículo:

Nuestras vidas se consumen

el cerebro se destruye

nuestros cuerpos caen rendidos

como una maldición…

 

 

 

Para saber más

Arriola Etxaniz, Justo. A los pies del caballo: Narcotráfico, heroína y contrainsurgencia en Euskal Herria. Tafalla, Txalaparta, 2016.

Boza Cordero, Ricardo. «Orígenes del VIH/SIDA», en Revista Clínica de la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica. UCR/Hospital de San Juan de Dios, volumen 6, número 4, 2016.

Gurpegui, Mikel G. «1985: La primera víctima del sida en Gipuzkoa», en El Diario Vasco (versión online), 28 de abril de 2010. Recuperado de https://www.diariovasco.com/v/20100428/san-sebastian/1985-primera-victima-sida-20100428_amp.html [consultado el 13 de abril de 2020].

López Frías, David. «La verdadera ‘movida’ de los 80 era la vasca: punk, heroína y kale borroka«, en El Español (versión online), 4 de febrero de 2018. Recuperado de https://www.elespanol.com/reportajes/20180204/verdadera-movida-vasca-punk-heroina-kale-borroka/282222042_0.amp.html [consultado el 13 de abril de 2020].

«Los 80: drogas, SIDA y rock» en La Caja Negra. Transmitido por Euskal Irrati Telebista (EITB) el 11 de noviembre de 2008. Recuperado de https://www.eitb.tv/es/video/la-caja-negra-los-80-drogas-sida-y-rock/1612/34725/la-caja-negra-los-80-drogas-sida-y-rock/ [consultado el 13 de abril de 2020].

Ordóñez, Esteban. «Heroína y Transición: ¿narcóticos de Estado o síntoma de una sociedad rota?», en CTXT [Revista Contexto], Madrid, 17 de enero de 2019. Recuperado de https://ctxt.es/es/20180117/Politica/17297/Esteban-Ordo%C3%B1ez-heroina-estado-espa%C3%B1a-arriola-droga.htm [consultado el 13 de abril de 2020].

 

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