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Diario del año de la peste
mayo 21, 2020 La Bola

Defoe, Daniel, Diario del año de la peste, Traducción de Pablo de Grosschmid, Madrid, Editorial Impedimenta, 2010.

 

 

Cuando en el año de 1720 surgió un nuevo brote de la peste en la ciudad francesa de Marsella, en Europa se temió una nueva ola de contagio de esta terrible y mortal enfermedad. Como consecuencia, Daniel Defoe –reconocido escritor inglés tras su novela Robinson Crusoe– escribió su Diario del año de la peste, el cual sería publicado en Londres en 1722. En este libro, que puede catalogarse ya sea como relato periodístico, novela, ensayo, disertación, etc., el autor británico narra cómo la epidemia asoló la ciudad de Londres en 1665. Lo hizo como si él mismo –quien tan solo contaba con 4 años de edad en ese tiempo– hubiera sido testigo presencial de los días aciagos que sufrieron los londinenses. Para Defoe como para muchos de sus compatriotas letrados, la experiencia propia definía el conocimiento que se tenía del mundo, por esta razón no es casual que el narrador describa los hechos en primera persona.

Además de gozar de la pluma de uno de los grandes de la literatura moderna occidental, en esta obra encontraremos un “espejo” de lo que nos ha tocado vivir en este calamitoso año 2020. No pareciera que desde 1665 hayan pasado más de 350 años cuando encontramos pasajes como el siguiente: “…muchas familias, al prever la llegada de la peste, acopiaron reservas de provisiones suficientes para toda la familia, y se encerraron tan a cal y canto que no se les vio ni oyó hasta que la infección hubo cesado, momento en el que reaparecieron sanos y salvos… pues indudablemente era la medida más efectiva… ya que estando encerrados era como si estuvieran a mil millas de distancia“.

A pesar de los siglos o años que transcurran, las crisis de salud ponen en jaque la tan anhelada normalidad. ¿Y es que somos tan distintos a los habitantes del siglo XVII? todo indica que no: “…había en la ciudad tantas prisiones como casas cerradas; y como las gentes así confinadas o encarceladas no eran culpables de crimen alguno y estaban encerradas por causa de infortunio, esto era, efectivamente, intolerable en grado sumo para ellas.”

José C. Vales, en el estudio introductorio que hace en la edición española de 2010, hace notar que, en su Diario, Defoe “comenta si las cifras de muertos que se publicaban se ajustaban a la realidad, critica las acciones de la Corte y los clérigos, duda de algunas historias que le han contado, propone métodos para enfrentarse a una nueva epidemia, evalúa “científicamente” las opiniones generales…” nada alejado de la realidad presente, podría decirse que Defoe es uno más de las cientos de miles de personas que vierten su opinión, ahora, en las redes sociales.