Mujer, lucha y resistencia
marzo 3, 2020 La Bola

Mujer, lucha y resistencia: El feminismo en Colombia

Por Luisa Fernanda Rodríguez Machado

La constitución política de 1886, orientada principalmente por principios ideológicos conservadores, entregó gran poder a la iglesia católica, la cual tenía un régimen fiscal especial y además, controlaba la educación a través de la planeación de los currículos escolares en Colombia. Esta constitución, no reflejaba los verdaderos intereses de la población colombiana y mucho menos las necesidades y requerimientos de las mujeres, pues sus leyes eran el reflejo de la sociedad patriarcal que permeaba todos los espacios y sobre los cuales se sostenían las relaciones desiguales entre hombres y mujeres, lo que conllevaba a la reproducción de la violencia y discriminación.

El despertar feminista, aunque no se reconocía aun tal calificativo, comienza con revoluciones obreras, las cuales marcan un hito para las mujeres colombianas, quienes se ponen frente a las filas para luchar por sus derechos, apenas incipientes. En las textileras antioqueñas, las mujeres debían trabajar doce horas, su salario era la mitad que el de los hombres, y se les exigía ir descalzas a la fábrica, debido a que llegaban tarde por evitar ensuciar sus zapatos de barro y pese a su esfuerzo por evitarlo, éste terminaba de alguna manera manchando las telas. De este modo, debían lavar sus pies al entrar, lo que les ocasionaba problemas de salud. Además, constantemente eran víctimas de abuso sexual por parte de sus patronos.
La primera huelga de mujeres obreras fue el 12 de febrero de 1920 en la textilera de Bello, Antioquia, más de cuatrocientas mujeres adolescentes, trabajadoras de esta fábrica, se organizaron bajo el liderazgo de Betsabé Espinal para exigir garantías en el ejercicio de su labor obrera y así dignificar el ejercicio de su profesión logrando, después de veintiún días de protesta, el total de sus peticiones, lo que fue un triunfo para ellas ya que se les redujo la jornada laboral a nueve horas y cincuenta minutos, se les aumento el salario un 40% y se despidió a los patrones abusadores.

Estas mujeres rebeldes e intelectuales, comprendieron a cabalidad las dinámicas de la sociedad patriarcal y emprendieron una utópica lucha que se encuentra aún vigente, y que quizás, lo estará por mucho tiempo más. Colombia es un país cuya historia se ha escrito con sangre de grandes personalidades que lideraron causas sociales y sindicales, gracias a quienes con valentía nos precedieron, hoy gozamos de derechos  que en aquellas épocas eran quizás, utopías, como el acceso a la educación superior, independencia económica y control de los bienes, incluso, la posibilidad del divorcio. No obstante, algunos derechos que aún están sólo en papel, requieren de unidad y dedicación femenina para la consecución de una victoria real que nos brinde reconocimiento, dignidad y autonomía para construir nuestro proyecto de vida, y voz, para romper silencios cómplices, pero sobre todo, requiere de políticas públicas encaminadas a romper los estereotipos de género infundados, los cuales replican la desigualdad y discriminación y sostienen un discurso machista que ha puesto a las mujeres a lo largo de la historia en una posición de inferioridad.

<< ¿Es posible que el antónimo de “olvidar” no sea “recordar”, sino “justicia”?>> cita con la cual el historiador Yerushalmi nos invita a reflexionar sobre nuestras realidades y nos demuestra que cada conquista se convierte en un logro político, que dota a todas las mujeres de herramientas prácticas para el ejercicio del activismo en sus diversas ramas. Los movimientos de reivindicación y liberación en Colombia fueron perseguidos y violentados por parte del estado opresor, cuyas políticas de seguridad beneficiaban a grandes terratenientes y ponían en el ojo del cañón a aquellos que abanderaban nobles causas.

María Cano, reconocida como la flor del trabajo, fue la primera mujer en dirigir luchas por los derechos civiles y políticos, se enfocó especialmente en el sector obrero , sumado a la lucha de Betsabé Espinal, en la cual se resaltó la importancia de una articulación entre la realidad social y las políticas públicas. Sobre el año 1928, una huelga de trabajadores de la United Fruit Company, fue brutalmente reprimida por el gobierno, produciéndose en la ciudad de Ciénaga, la histórica masacre de las bananeras que fue la matanza de cientos de obreros que protestaban por mejorar sus condiciones laborales. Esta represión llevo a María Cano a la cárcel  acusada de rebelión, por presuntamente instigar la huelga de las bananeras.

La legislación colombiana fue cambiando paulatinamente, incluyó mínimamente a la mujer como sujeto de derechos, aunque con restricciones con base en la errónea asignación de roles de género. Las mujeres eran de cierto modo interdictos judiciales, no podían administras sus bienes y estos pasaban de padre a esposo, fue hasta 1932 cuando las mujeres adquirieron cierta autonomía económica respecto de sus propiedades. Un año después, la conquista fue académica, se permitió estudiar bachillerato y carreras profesionales, estas delimitadas y asignadas específicamente en las denominadas profesiones blandas, es decir, aquellas enfocadas en las humanidades y el cuidado, reforzando así el imaginario de la mujer abnegada cuya única esencia y vocación era el servir.

En 1936 el gobierno colombiano permitió a la mujer ejercer cargos públicos con el fin de mostrar avances en asuntos de inclusión. Sin embargo, ninguna mujer pudo posicionarse ya que no tenían cedula, lo que era un requisito esencial y privilegio de los hombres, quienes con ella, tenían reconocimiento como ciudadanos y además, a través del voto, podían ejercer la insipiente democracia que excluía al 49% de la población que representaba el género femenino.

Curiosamente, Colombia es el único país en el mundo, que bajo una dictadura reconoció el derecho al voto de las mujeres, siendo esto en 1954 , luego de incansables luchas lideradas por el movimiento femenino sufragista, en el que mujeres como Ofelia Uribe, señalaron la necesidad de la intervención de las mujeres en asuntos públicos como principio de contradicción frente al accionar gubernamental que se tejía en masculino. Así, fue como nació la revista Agitación Femenina, donde se propagaron mensajes alentadores del preámbulo de lo que será el feminismo en Colombia.

La legislación Colombiana avanzaba de manera significativa con la consolidación de macro estrategias en torno a la igualdad y equidad de las mujeres y aunque los cambios estructurales no se evidenciaban fuertemente, dos mujeres, Esmeralda Arboleda y Josefina Valencia, primeras abogadas graduadas en universidades colombianas, abanderaron asuntos políticos con enfoque de género a través de la apertura y la implementación de nuevas ideas

En la historia de las mujeres alrededor del mundo, se entretejen historias cargadas de sueños y libertades, de anhelos por lograr la autonomía no solo en los territorios sino, como primera medida, en nuestros cuerpos. Por tal motivo, en los años sesenta la aparición de la píldora anticonceptiva reveló el desarrollo en el campo de los derechos en salud sexual y reproductiva y permitió a las mujeres la toma libre y consciente de decisiones trascendentales como el ejercicio de la sexualidad y la maternidad. En una minúscula pastilla cargada de hormonas estaban inmersos los sueños de quienes no se les permitía vivir con plenitud su sexualidad, ya que la única función de la mujer era servir como vehículo de goce exclusivo para el marido y como objeto de reproducción y cría de humanos.

Esta pastilla anticonceptiva, redujo de manera drástica los embarazos no deseados y por fin permitió a las mujeres la autonomía en la decisión de su maternidad. Así mismo, en relación con la educación, pudieron entender, conocer y aceptar sus cuerpos, y comenzar a disfrutar de las bondades del sexo recreativo. Tan pequeño objeto, se convirtió en el símbolo de la liberación femenina.

Las familias heteroparentales tradicionales, algunas conformadas por matrimonios arreglados, donde el rol establecido para la mujer era enteramente la reproducción sin disfrute mínimo del sexo y, adicionalmente, el cuidado del hogar ligado a la crianza de los hijos, que en su mayoría pudieron ser no deseados, sino producto de fallidas estrategias “anticonceptivas” tales como el método del ritmo o duchas vaginales, fueron hogares que perduraban en el tiempo y donde la sociedad juzgaba e intervenía.

Durante los años de 1968 a 1976 se estableció el régimen de alimentos a favor de los hijos menores, se reconoció la igualdad marital, el divorcio ante notario y la cesación de efectos civiles del matrimonio católico, lo que significó el comienzo de la separación entre la Iglesia y el Estado .

Al inicio de los años noventa, el descontento de la población y la necesidad de una visión holística, en el marco de los masculinizados derechos humanos, se dio inicio a la efervescencia de las luchas sociales, en palabras del Dr. Carlos Medina Gallego, “al calor del tropel” se fueron fusionando historias y tejiendo realidades de poblaciones marginadas y altamente vulneradas, territorios con ausencia del Estado, corroídos por grandes necesidades esenciales. Con ellas, comenzó la lucha de los invisibles para la consecución de sus derechos, materializada en magnas movilizaciones sociales, que llevaron al gobierno en 1991 a la conformación de la Asamblea Nacional Constituyente con la que finalmente entregaron al pueblo la nueva constitución política que convierte a Colombia en un estado social de derecho al dar apertura, espacio y reconocimiento a las minorías y diversidades del país.

La Red Nacional de Mujeres, en el marco de la construcción y consolidación de la constitución política, a través de la Asamblea Nacional Constituyente, logró la inclusión de significativos artículos en materia de igualdad entre hombres y mujeres, así como la inclusión de la convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, -CEDAW- a la cual Colombia se adhirió en 1981. Estas iniciativas requerían con urgencia de un marco normativo que las reglamentara y aterrizara en la población, con el firme propósito de generar grandes cambios, no solo a nivel político, sino especialmente a nivel social y estructural, para permitir a las nuevas generaciones la construcción de relaciones de pareja basadas en la igualdad, el respeto y el apoyo mutuo.

El marco normativo, articulado con el bloque de constitucionalidad y las acciones constitucionales, como herramientas para el reconocimiento de las mujeres como sujetos de especial protección, dieron apertura a una oleada de leyes con enfoque diferencial de género, las cuales comenzaron a cuestionar desde la intervención Estatal, la discriminación y desigualdad existente en los diversos ámbitos, para que las mujeres pudieran gozar de sus derechos, desarrollar un proyecto de vida digno y obtener la autonomía sobre sí mismas.

En Colombia, el feminismo como movimiento ético y político se fue consolidando con los pensamientos y posturas radicales, pero sobre todo no tradicionales de Florence Thomas, psicóloga francesa con Magíster en Psicología Social, vinculada a la Universidad Nacional de Colombia como profesora titular y emérita del Departamento de Psicología y coordinadora del Grupo Mujer y Sociedad. Eminencia de mujer que nuestro país adopta como ciudadana, quien dedica su vida al estudio del comportamiento humano y las relaciones asociadas al género, enfocando su trabajo intelectual en el capitalismo, el patriarcado y la lucha de las mujeres por lograr autonomía en sus cuerpos y territorios.

Fotografía de Florence Thomas. Imagen tomada de https://www.fucsia.co/edicion-impresa/articulo/florence-thomas/4563

Es por medio del semillero de investigación denominado por Florence: “mujer y sociedad” donde se fue adquiriendo voz en medio de la academia y se permitió la investigación minuciosa de ciertas situaciones para generar esa chispa de cambio, aquella que permanece incandescente desde que vemos el mundo con las gafas violetas.

Es entonces, donde se inician ciclos de debates sobre temas socialmente trascendentales, pero de impacto exclusivo en las mujeres, temas como el aborto, la anticoncepción, la adopción de parejas homosexuales y las violencias de género salieron a la palestra pública con un respaldo femenino a las mujeres, con una postura clara y contundente de referencia académica que comenzó a hacer eco en miles de mujeres colombianas, que al igual que yo, dedicamos nuestra vida a buscar nuevas y mejores formas de relacionarnos para construir sociedades con relaciones horizontales que permitan la equidad entre los géneros.

Muchas mujeres vemos en Florence el inicio del feminismo , ya que ella introduce en nuestra agenda a la mujer y pone en entre dicho la estructura social que margina y violenta, habla por primera vez de feminismo sin tapujos ni tabúes, y comienza así a consolidarse una verdadera militancia, que derriba las barreras impuestas que nos han dividido y se da inicio a un expansionismo femenino, en el cual revolucionariamente desafiamos los designios machistas que encasillan a las mujeres como enemigas naturales, nos reconocemos y reafirmamos como iguales, articulamos intereses y coincidimos en puntos de inflexión que debemos arrebatar de manera organizada a quienes ostentan el poder, porque si algo aprendimos de Florence es que el amor de las mujeres es la herramienta de transformación social más poderosa, y el amor propio el acto revolucionario más grande, en medio de unas sociedad que nos ha enseñado a odiar nuestro cuerpo y a dudar enormemente de nuestras capacidades, somos nosotras las llamadas a hacer de este mundo un lugar libre de discriminación y violencias para las mujeres.

Tuvimos grandes predecesoras que marcaron un legado de fuerza y poder femenino, encaminados al liderazgo de acciones utópicas para su época, que desafiaron por completo el statu quo y rompieron los roles asignados para las féminas, mujeres en la historia independentista como Manuelita Sáenz, conocida como la “libertadora del libertador”, sobrenombre que recibe de Simón Bolívar al salvarle la vida en una emboscada en el palacio presidencial en 1828, cuando este era presidente de la Gran Colombia. Pese a su notable liderazgo, ímpetu y gallardía, no se habló de lucha feminista, ni de reconocimiento igualitario de derechos basados en la discriminación histórica de las mujeres, sino que esta lucha se enfocó en la batalla de independencia. Betsabé Espinal y María Cano, quienes enarbolaron las banderas de la reivindicación de los derechos laborales de las mujeres, fueron el punto de partida para el reconocimiento de las diferencias de género.

Ahora, pareciese que estuviésemos viviendo un retroceso, que hubiésemos viajado en el tiempo, donde los debates están cargados de moral y atomizados por pensamientos retrógrados pertenecientes a la Iglesia la cual busca imponerse a toda costa como verdad absoluta, sembrando temor entre las mujeres , para así condicionarlas y sobre todo coaccionarlas para que no ejerzan a plenitud sus derechos. Debates sobre la despenalización del aborto ponen en juicio la autonomía de la mujer, aunque este normado a través de sentencia judicial. La doble moral de nuestra ciudadanía ha querido lapidar a aquellas mujeres que han ejercido libremente su derecho a decidir, pero ese mismo moralismo les impide ver las más de cuatrocientas mil muertes de mujeres que abortan en la clandestinidad, las alarmantes cifras de violencia de género y los reiterados casos de feminicidios. Quedan completamente cegados frente al abandono de cientos de menores, a la violencia sexual que se ejerce sobre sus cuerpos y a las indignas y deplorables condiciones en que viven grandes porcentajes de niñas, niños y adolescentes de este país.

La dignidad humana debe desarrollarse a través una visión integral del ser, donde las necesidades vitales se satisfagan y los derechos humanos se garanticen. Gobiernos de ultra derecha han aumentado estas brechas de desigualdad y frente a ello se ha requerido poner el acento sobre el enfoque de género y por ende del feminismo, de manera que logre calar en cada movilización social, donde se dé cabida a la diversidad de las mujeres tienen cabida y sobre todo, a realidades diferentes a la de los hombres. El exterminio sistemático de líderes y lideresas ha llevado a la unidad y organización, como apoyo a quienes se juegan la vida en un país con políticas neoliberales que asesinan y desangran al pueblo colombiano.

Es así, como el concepto de sororidad logra calar en el clamor de este pueblo agobiado y doliente, las organizaciones de mujeres y movimientos feministas se han articulado para buscar acciones alternativas y para lograr la formación académica de la militancia, donde las mujeres tengan plenos conocimientos históricos, jurídicos y sociales que le posibiliten un campo de acción enorme y así generar acciones afirmativas en beneficio de las mujeres.

Teniendo en cuenta que este grupo poblacional no es uniforme ni estático, nos enfrentamos a un constante proceso de reformas metodológicas y participativas que permitan la inclusión de todas las formas de ser mujer, para así consolidar paulatinamente un movimiento integral y diverso de mujeres colombianas, que avance sin frenos y que tenga la capacidad de autodeterminación para encontrar salidas a los flagelos que como mujeres nos atañen.

Colombia se encuentra en el marco de la implementación de los acuerdos de paz entre el gobierno y las guerrillas de las FARC. Histórica lucha de más de cincuenta años, en donde el campesinado víctima de abusos y atrocidades por parte del estado, decidió levantarse en armas con miras a tomar el poder político y generar así trasformaciones sociales. A más de medio siglo de conflicto armado interno que cobró miles de víctimas, se logró un acuerdo cuya implementación traería a Colombia justicia social, poniendo fin a las desigualdades sociales que dieron origen a la guerra. En medio de esta dinámica de reincorporación a la vida civil pudimos conocer otra forma de vida en medio de la violencia, mujeres (ex) combatientes cuyo estilo de vida, roles y estereotipos eran diferentes a los que comúnmente conocemos en occidente, dando origen al feminismo Fariano (FARC), que evoca la autonomía y empoderamiento femenino en medio de un conflicto armado y ahora, en el marco de la resocialización y que logra cautivar ya que en la construcción social y en los imaginarios, el débil y delicado cuerpo de las mujeres no podrá empuñar siquiera un arma blanca.

Es así, como las mujeres rebeldes, intelectuales y valientes que nos precedieron, que estuvieron en frente de luchas obreras y populares, y que sin saber tejían feminismos, nos sirvieron de faro para guiar procesos organizativos en nuestras comunidades, para avanzar en la academia y colonizar esos espacios que nos eran negados.

El feminismo en Colombia aún es joven, pero estamos firmes y combativas, formándonos y preparándonos para que la militancia violeta crezca, para que el llamarnos “feministas” no cause temor ni vergüenza, sino por el contrario llene de orgullo y finalmente logremos nuestro cometido, un sólido movimiento colombiano en donde todas encajemos.

Paro nacional colombiano del 21 de noviembre de 2019, Villavicencio, Meta. Mujeres de organizaciones feministas.

Para saber más

Martínez Carreño, Aida, Presencia femenina en la Historia de Colombia, Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1997.

Medina Gallego, Carlos, Conflicto armado y procesos de paz en Colombia, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales, Centro de Extensión, Instituto Unidad de Investigaciones Jurídico-Sociales “Gerardo Molina”, 2009.

Thomas, Florence, El macho y la hembra reconstruidos: aportes en relación con los conceptos de masculinidad y feminidad en algunos mass-media colombinos: fotonovela, canción, comerciales, Bogotá, Universidad Nacional de Colombia, 1984.