Feminismo y feminización en Argelia
marzo 2, 2020 La Bola

Feminismo y feminización en Argelia: aproximaciones históricas, 1962-2000

Por Luis Fernando Moreno Trejo

La violencia patriarcal que en el transcurso de la historia fue legitimada ha continuado en el devenir posicionándose como formadora de la gramática y de las relaciones sociales en las que se forma, no solo la subjetividad masculina, sino también la femenina. Es desatinado pensar al sujeto fuera de la sociedad y del momento contextual en el que se sitúa, por consiguiente, él mismo deviene como tal en toda interacción social. Así mismo, al tratarse de un sistema estructural de dominación, de violencia y silenciamiento hacia la mujer en Argelia, las discursividades dentro de la norma patriarcal generaron pensamientos y acciones que se vivieron como un ordenamiento social que las pusieron como una otredad en el mundo circundante.

A continuación, se presentará un esbozo histórico y teórico del movimiento feminista en Argelia y, a su vez una aproximación que explique la posición enajenada de la mujer, quiero decir, la feminización del mundo. Para que así se logre el análisis del pasado y la valoración del presente feminista.

Antecedentes al movimiento feminista en Argelia

La Argelia Francesa, durante el siglo XX, vivió transformaciones en todos los ámbitos (social, político, cultural, religioso, etc.) que fueron determinando nuevas relaciones sociales entre todos los sectores. A inicios del siglo, se encuentra el nacimiento de la movilización femenina para exigirle al gobierno francés más y mejores reformas que beneficiaran directamente su posición social. A pesar de no trascender, estas reivindicaciones fueron retomadas por los emergentes partidos políticos que se desarrollaron a partir de los años cuarenta y, sobre todo, por el Frente de Liberación Nacional (FLN) en la Guerra de Independencia (1954-1962). Con diversos orígenes y con diferentes roles a cumplir dentro de la lucha independista, las mujeres fueron piezas clave en las distintas etapas de la descolonización. La participación de mujeres en la guerrilla urbana se convirtió en algo impresionante y nunca antes visto. En un primer aspecto, trasgredieron prohibiciones ancestrales islámicas y su labor fue fundamental ya que, a diferencia de lo que sucedía en el contexto de la guerrilla rural, en las ciudades lograron ocupar cargos de jerarquía en el FLN. Estas experiencias significaron grandes modificaciones y avances considerables en busca de su emancipación.

Durante este proceso, las mujeres se quitaron el haik (prenda femenina tradicional destinada a cubrir la cabeza y el rostro) y salieron a las calles sin la compañía de un hombre. Este cambio fue disruptivo teniendo en cuenta que muchas de estas mujeres no solo no habían salido a la calle sin el velo, sino que además nunca lo habían hecho sin la compañía de un hombre. Sin embargo, para 1962, los avances políticos generados cesaron, produciéndose un retroceso.

Lograda la independencia, se produjo un sistema de partido único. El FLN encabezó toda acción política, en la que encauzó a la población femenina en una sola asociación (Unión de Mujeres Argelinas), generando un corporativismo social y prohibiendo todo tipo de organización fuera de las filas del partido. Los representantes del poder desarrollaron una política y cultura patrimonialista y patriarcal (crearon el Estado independiente, que luego les perteneció). El presidente Ben Bella comunicaba: “la Constitución de 1963 donde se incluyen parte de los objetivos de la revolución democrática y popular con la instauración de una política social, son para el beneficio de las masas, para elevar el nivel de vida de los trabajadores, acelerar la emancipación de la mujer con objeto de vincularla a la gestión de los asuntos públicos y al desarrollo del país”. En teoría se buscaba la emancipación total de las mujeres, sin embargo, se quedaba solo en el discurso retórico.

Imagen tomada de: https://thesociologicalcinema.tumblr.com/post/88830867465/algiers-algeria-the-clos-salembier-district

En 1963 el Estado independiente argelino proclamó como religión oficial el islam y con ello, se islamizó la moral, la ley y el aparato institucional, por lo que no se ajustó a las necesidades que la población femenina pregonaba, ya que se excluyó a las mujeres del devenir económico, político y cultural del país. Esta dinámica se generó con el fin de tener un control social sobre la mitad de la población y así, evitar el desorden estatal, religioso y económico, lo que dio pauta para confinar a las mujeres al espacio privado. De este modo, se creó toda una estructura, un mundo formal de relaciones, de formas de vida y muerte que crearon un estado ambivalente y categorías fijas para su entendimiento y sus relaciones sociales.

El sistema de dominación que se gestó en Argelia fue estructural, puesto que todas las acciones políticas, económicas, religiosas y educativas que se llevaron a cabo, desembocaron en la exclusión femenina de la esfera pública. En el ámbito educativo, ellas sufrían especialmente el analfabetismo desde el Estado independiente, es decir, desde los años sesenta. Según Fernández Rojas (2015), menos del 14% estaban alfabetizadas, frente al 38% de los hombres. Sólo el 37% de las argelinas de 6 a 15 años accedían a la escuela, frente al 57% de los varones. Estos porcentajes se explican con los siguientes puntos: ante la falta de recursos económicos, las familias privilegiaban la escolarización de los hombres, si la escuela quedaba lejos del hogar, las mujeres no iban, además se casaban bastante jóvenes y dejaban de asistir a la escuela o bien, se quedaban en casa a ayudar a las madres en las labores domésticas. El Estado aplicó normas de carácter socialista sin cuestionar las estructuras patriarcales que estaban enraizadas en la socio-culturalidad argelina. Por lo tanto, se priorizó a aquellos sujetos que para el Estado eran más importantes e inmediatos en su dinámica socio-económica, es decir, los hombres.  Hasta el siglo XX, y Argelia situándose dentro de ese contexto, la mujer como concepto de objetividad y no abstracto había sido inexplorado. Incluso, se puede ir a los filósofos clásicos y en ellos poder encontrar el pensamiento abstracto y subjetivo sobre la mujer, Kant, por ejemplo, la describe como un ser determinado, siempre igual. Entonces, si hablamos que las bases políticas e islámicas aplicadas descansan sobre cimientos patriarcales, se entiende la marginación educativa de las mujeres.

Historia del movimiento feminista argelino (1962-2000) y el Código de Familia (1984)

El nacimiento del movimiento feminista argelino estuvo estrechamente ligado a las acciones políticas del Estado para implantar legislaciones islámicas tradicionales. Para hablar de la organización feminista hay que entender el contexto en el que se situó. A inicios de los años ochenta se contempló la promulgación de un Código de Familia, sin embargo, las mujeres se antepusieron y lograron retirar la iniciativa legislativa. No obstante, tan solo consiguieron derogarla hasta 1984, año de su promulgación como ley estatal. El Código de Familia que se fundamenta en el islam, no hace ninguna referencia al derecho de la mujer, al trabajo ni a su educación, y la única función que ésta tiene asignada en la sociedad es la de reproductora y la de velar por el bienestar de su familia.

Los artículos con más controversia dentro del Código y que sitúan a la mujer con desventajas claras frente al hombre son:

  • Artículo 8. Legaliza la institución de la poligamia, mediante la cual un hombre puede contraer matrimonio hasta con un máximo de 4 esposas.
  • Artículo 31. Prohíbe a las mujeres que contraigan matrimonio con un no musulmán. Esto es porque la mujer es considerada uno de los pilares fundamentales de la identidad musulmana y las continuadoras del linaje cultural.
  • Artículos 36 al 39. Se encuentran las diferencias abismales entre los derechos y deberes de hombres y mujeres dentro del matrimonio. Donde la mujer siempre es considerada como una eterna menor dependiente del marido, mientras que los hombres son los jefes de familia. Aquí se expresa que la mujer pierde toda autonomía y le debe de pedir permiso al cónyuge para realizar cualquier actividad dentro y fuera del hogar. Inclusive, si existen relaciones sexuales fuera del matrimonio se catalogan como prostitutas.
  • Artículo 52 al 54. Versan sobre el divorcio, en donde bajo cualquier situación la mujer divorciada queda en una muy mala situación. Además, si el esposo quiere divorciarse lo hace sin ninguna traba, mientras que la mujer tiene que presentar requisitos que no se pueden obtener.

A partir de esta reglamentación oficial, se hace ley lo que se había manejado como costumbre islámica. El Código de Familia se presenta como comprensivo y flexible para hombres y represivo para mujeres, negando absolutamente toda relación de igualdad entre ambos sexos. Se vislumbró el binarismo de género en las mujeres en dos únicas funciones: madres y esposas ejemplares. Es decir, una simple procreadora de hijos sometida al varón, su dueño. El Estado es, entonces, el principal impulsor y generador de violencia patriarcal en la Argelia independiente. Kate Millet en Política Sexual (1970) definió al patriarcado como una organización social ancestral que se organiza en torno a una doble jerarquía, según la cual el hombre ejerce su dominio sobre la mujer y el adulto sobre el joven, con el fin de monopolizar todo lo circundante y evitar la segmentación de poderes. De este modo, se generaron relaciones sociales jerarquizadas, de dominación, de autoridad y coercitivas.

Socialmente, el ser mujer quiere decir femineidad, lo cual significa atractivo sexual y disponibilidad sexual en términos definidos por los hombres. Lo que define a la mujer como tal es lo que atrae a los hombres. Las niñas buenas son «atractivas», las malas son » provocadoras». La socialización de género es el proceso a través del cual las mujeres llegan a identificarse a sí mismas como seres sexuales, como seres que existen para los hombres. Ese proceso a través del cual las mujeres internalizan una imagen elaborada por los hombres de su sexualidad como su identidad de mujeres, es el proceso por el cual hacen suya esa imagen y no es sólo una ilusión (MacKinnon, 1982).

La organización y movimiento feminista tuvo grandes avances, pero a la vez enormes retrocesos. La islamización de la sociedad, el sistema patriarcal junto a las acciones del Estado, hicieron que cualquier avance feminista fuera lento. Sin embargo, se convirtieron en las principales luchadoras democratizantes de la sociedad, en donde dialécticamente lograron abrir espacios de estudio y discusión sobre los problemas de género, más las constantes movilizaciones realizadas en las calles. Durante la década de la promulgación del Código, la lucha reivindicativa conjunta de las asociaciones femeninas y feministas de Argelia giró en torno a la defensa de la educación mixta y del deporte femenil, la lucha contra las amenazas y agresiones contra las mujeres y la lucha en favor de la modificación de la Ley Electoral. En esa misma década, en 1989, se organizó una movilización en la ciudad de Argel con la participación de más de 10 mil mujeres que tenían como meta la derogación total del Código. Fue un momento en el que se comprendió la necesidad de unir los esfuerzos, lo cual generó, en ese mismo año, el Primer Encuentro Nacional de Mujeres, elaborándose un programa de tareas a cumplir a nivel laboral, religioso, económico y político. Dos años después se consiguió el derecho al voto individual porque hasta entonces el hombre votaba en nombre de la mujer. Respecto a la organización como medio de emancipación, en una conferencia realizada por el Grupo de Investigación sobre las Mujeres Argelinas, se decía lo siguiente:

Si los trabajadores han obtenido derechos cada vez más importantes es porque se han organizado y han representado una fuerza social que se ha impuesto a la clase dirigente y que ha reclamado sus derechos. Ahora bien, las mujeres no han constituido nunca una verdadera fuerza cuyas reivindicaciones sean tomadas en consideración. Así, las mujeres sólo lograrán que se les reconozcan sus derechos si se organizan para destruir el sistema patriarcal, fijando programas a corto y largo plazo. Las mujeres participan en las luchas de liberación de sus países, pero una vez terminadas regresan a sus cocinas, o como mucho se ocupan de proyectos sociales (los huérfanos…). Se trata de que las mujeres tomen conciencia de su opresión y que luchen contra ella. (Nawal Saadaoui, 1982).

Imagen tomada de https://algerianculture.tumblr.com/post/40285838542/zamaaanawal-algeria-1962

A pesar del intento por unir todas las agrupaciones de mujeres que luchaban, hubo dos tendencias con diferencias altamente marcadas: las asociaciones femeninas (moderadas) y las asociaciones feministas (radicales-liberales). Las primeras buscaron la realización de enmiendas en algunos artículos del Código, mientras que las segundas estaban totalmente en pugna con él, posicionándose en contra de cualquier exclusión y violencia en contra de ellas. Las principales tareas de estas últimas fueron las siguientes: la supresión total del Código de Familia, la democratización de la sociedad y la política, el derecho a la libertad de expresión y el acceso al desenvolvimiento laboral y, especialmente, el respeto a la integridad física y moral de las mujeres.

Las feministas radicales tenían una carga política e intelectual por pertenecer, principalmente, a las universidades del país. Por el contrario, las moderadas tenían una carga islamizada y buscaban salvaguardar los valores ético religiosos del islam y sus principales acciones (benéficas y humanitarias) rondaron en el asistencialismo al buscar la alfabetización y escolarización de las mujeres, además de la salud pública de estas. Es importante destacar que, después de que el Frente de Liberación Nacional dirigió toda acción femenina organizativa, estas asociaciones, especialmente las radicales, se encuentran fuera de la gobernabilidad estatal, situándose como feministas laico-marxistas. Considerando que se debe relegar la práctica del islam al ámbito privado de cada persona sin interferir en la vida política.

Las últimas décadas del siglo XX se han denominado como la “Primavera del Feminismo” por tratarse de un movimiento generalizado en una gran cantidad de países orientales. El movimiento feminista tuvo un gran auge y avances en la década de los ochenta e inicios de los noventa, donde se generaron rupturas culturales muy marcadas. La organización basó, principalmente, su manifestación y lucha en salir a las calles, en la creación de organizaciones de mujeres y en el ámbito académico se formaron talleres, jornadas, asambleas y conferencias para la discusión de la posición social de la mujer, además de libros que explicaban por qué eran víctima de una violencia estructural. Se generó un devenir dialéctico en la teoría y práctica feminista argelina donde lanzaron preguntas y atrajeron respuestas que fueron colocando a la mujer con posiciones de objeto y sujeto de transformación social. La propia violencia estructural y la exclusión las llevaron a cuestionarse su posición en el mundo.

A pesar de ello, la realidad social por la que atravesaron fue severa. El proceso de acceso y ocupación a trabajos fuera de la esfera privada fue lento pero significativo. En la década de los sesenta, la Oficina Nacional de la Mano de Obra registró 19 076 solicitudes de empleo, 1 289 de las demandas fueron emitidas por mujeres, aceptándose, hasta entonces, las solicitudes de empleo. Sin embargo, el Estado, a través de la legislación, accedía solamente si el trabajo no era una traba para la función principal de la mujer: esposa y madre. Al avanzar la lucha, las mujeres fueron permeando más y mejores espacios laborales, no obstante, con las convulsiones sociales, religiosas y políticas en el país en la década de los noventa cuando el islamismo se acrecentó emergiendo grupos fundamentalistas, las mujeres fueron acusadas de la crisis en el país. A partir del comunicado de Karima Benyelles en las Jornadas Mediterráneas del 2000, la acusación se puede observar en los siguientes puntos:

  • Las mujeres fueron presentadas como ladronas de empleos de los hombres jóvenes, a quienes se consideró ha de darse prioridad como futuros cabezas de familia.
  • Las niñas fueron sacadas de las escuelas para darles prioridad a los varones porque para ellas tan solo es un pasatiempo.
  • El trabajo femenino se consideró secundario y occidentalizado, además de mala calidad y de perversión para ellas.
  • Actos terroristas en contra de las mujeres. Las violaciones se consideraron corregimiento y no un crimen. Seguido a esto, en caso de embarazo dentro de la violación era penado el aborto.
  • Las infraestructuras durante los noventas se vieron afectadas, especialmente las de las zonas rurales. Las niñas fueron las primeras que sufrieron la exclusión escolar.
  • Se gestó una segregación laboral.
  • En 1991 se permitió, nuevamente, que los hombres votaran en nombre de las mujeres.

Se visibilizó al hombre como el sujeto realizado, posicionando a la mujer como una otredad. Lo femenino, entonces, se estableció como la oposición de lo masculino, su negativo y su reverso. Toda la feminidad se relegó y se naturalizó su violencia.

Según un estudio realizado en 2010 por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OECD), rastreando los antecedentes de la década de 1990, considera que el nivel de discriminación hacia la mujer en Argelia es Medio/Alto. Los diferentes tipos de violencia se intensificaron, dando como resultado que para esa década más del 53% de la población femenina sufriera violencia, siendo la domestica la más alta.

Con todo esto, el feminismo en Argelia se posicionó como el movimiento más radical y democratizante que llevó la dura tarea de deconstruir todos los conceptos y todas las atribuciones que se le aplicaron a la mujer, porque el patriarcado tiene sus raíces incrustadas en las mentalidades y las costumbres. Ardua tarea que no ha sido disipada. El movimiento feminista ha seguido adelante.

Conclusión

Es en el cuerpo femenino donde el Estado argelino y el islam formaron e inscribieron su marca de cohesión e identidad, destinándolas a la posición privada de la reproducción cultural de los valores tradicionales islámicos. Se creó toda una estructura patriarcal que tenía como único fin el control total de la población femenina mediante mecanismos de coerción y socialización. A pesar de ello, las asociaciones feministas generaron una ardua lucha emancipadora que las ubicó como sujetos radicales en busca de una democracia verdadera y representativa. Una de las tareas fundamentales de las asociaciones feministas fue la de deconstruir todos los conceptos que se tenía de la mujer, mostrando que la feminización del mundo ha sido un relato histórico, social y disociable. La conjugación de las mujeres en las manifestaciones las llevó a entender que la organización generada debía de politizarse porque las complicaciones, injusticias y la violencia recibida eran políticas y no naturales por ser mujeres. Por otro lado, las asociaciones femeninas se quedaron en la periferia del análisis político que explica la realidad social, porque la feminización del escalonamiento laboral y la universalización de los valores expresados como femeninos no pueden ser expresados como verdaderos poderes puesto que la igualdad formal (jurídica y laboral) no basta para producir igualdad real en las relaciones entre los sexos.

Para saber más

Beauvoir, Simone de, El segundo sexo. Buenos Aires, Siglo XX, 1982.

Escalante, Susana. “Esperando la primavera árabe: voz para las mujeres de Argelia” en Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos, núm. 13, 2002.

Fernández Rojas, Concepción, “Reflexiones en torno a las mujeres argelinas desde la colonización francesa (1830) hasta el siglo XXI” en Revista de Antropología Experimental, núm. 15, 2015.

Houaria Hadri, El Gotni, Los Derechos de la Mujer en Argelia entre la ley y la realidad. Su evolución desde la guerra civil hasta la fecha, España, Universitat de Barcelona, 2013-2014.

Pérez Beltrán, Carmelo. “Evolución del movimiento femenino y feminista en Argelia: las mujeres y la política” en Estudios de Asia y África, núm. 1, 1998.