Feminicidio… ¿Industria para el entretenimiento?
marzo 8, 2020 La Bola

Feminicidio… ¿Industria para el entretenimiento?

Por Isela G. Cabrera Badajoz

Cuando me encontraba en la etapa de la infancia, recuerdo que en la televisión, la programación nocturna era una telenovela en donde se abordaba una especie de amor casi perfecto para un sistema dominante, haciendo creer a las audiencias que el rol de la mujer en la sociedad estaba al lado de un hombre, convirtiéndose ella, casi al final de la historia, en una buena esposa y quitando con todo ese amor a cualquier rival (frecuentemente femenino con un final trágico) para ser feliz con aquel príncipe azul. Al término del capítulo telenovelero, seguía la transmisión del noticiero. En él vi por primera vez los casos de “las muertas de Juárez” y quedó muy grabado en mi memoria la imagen de la arena, el cielo azul y una cruz en la que se marcaba el nombre de una mujer asesinada o desparecida en ese lugar. En la infancia y con acceso a aquella  programación contrastaban dos miradas: la primera, la mujer es una princesa que necesita a un príncipe para ser feliz, en donde la construcción del amor se da con base en el sufrimiento, sometimiento y dominación; y la segunda, la cruda realidad de un México violento, indiferente y feminicida.

Hablar de feminicidio actualmente resulta tan complejo para su análisis como cada vez más común entre la población en general, sin embargo, lo anterior no significa que se dimensionen realmente las consecuencias que esta problemática puede generar socialmente. Las distintas estrategias de diferentes colectivas y grupos feministas han llevado a la visibilización de la situación actual, teniendo como respuesta la minimización de la problemática, o bien, una serie de soluciones paliativas que, lejos de proteger y garantizar la seguridad e incluso la vida de las mujeres, han dejado al descubierto que continuamos en un país en extremo machista, cada vez más inseguro, desatando el odio hacia estas movilizaciones y a las mujeres que en ellas participan.

A diario, aparecen en los medios de comunicación casos distintos de asesinatos de mujeres, las instituciones presentan cifras que van en aumento y se dan a conocer iniciativas que funcionan únicamente en los discursos, los cuales también condenan enérgicamente la violencia contra la mujer. Por otra parte, existe la exposición pública de la violencia y el feminicidio que fomenta la naturalización de éstos.

 Feminicidio ficticio

Para fines de este texto es indispensable considerar que el feminicidio no es únicamente el acto de asesinar a una mujer por el hecho de ser mujer, sino como lo mencionan Jane Caputi y Diana Russell en su ensayo titulado Feminicidio: sexismo terrorista contra mujeres: “Son feminicidas, la forma más extrema de terrorismo sexista motivado por odio, desprecio, placer o sentido de propiedad sobre la mujer”. Es necesario tomar en cuenta los últimos dos elementos que se mencionan en la definición puesto que tienen gran relevancia en lo que llamaremos feminicido ficticio.

Por otra parte, la Real Academia de la Lengua define como ficticio lo “fingido, imaginario o falso”. Por consiguiente, el feminicidio ficticio se definirá como el asesinato a mujeres de manera falsa o fingida. Este tipo de feminicidios son aquellos que se dan socialmente como un hecho natural, transmitidos en diferentes medios de comunicación que constituyen una industria del entretenimiento de fácil acceso, con un público consolidado en diferentes grupos generacionales y que perduran gracias a los registros y formatos en que se hacen: libros, vídeos, telenovelas, películas, canciones, entre otros, que posteriormente se convierten en elementos culturales, incluso ganadores de reconocimiento y admiración por parte de algunos grupos poblacionales.

Uno de los formatos de registro de feminicidios ficticios es la cinematografía gorenográfica que tiene como finalidad mostrar asesinatos, donde la sangre y brutalidad de las escenas son indispensables y las relaciones de poder son indiscutibles: existe siempre una víctima y un victimario. Cabe mencionar que en este tipo de películas existe el asesinato a hombres, niños y animales; sin embargo,  el de la figura femenina es recurrente. Jane Caputi en el libro Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres recogió el comentario del director Herschell Gordon Lewis, quién expreso lo siguiente: “Naturalmente una mujer destripando a un hombre sería una mala taquilla que no excitaría ni llenaría de energía al público”.

Existe una gran cantidad de filmes de este género, por ejemplo, la película japonesa “La flor de carne y sangre” (1985) de la casa productora Guinea Pig. La historia trata de una mujer que sale del transporte público y es perseguida y raptada por quien será su victimario. Posteriormente, la mujer despierta y se da cuenta que está atada de brazos y piernas a las extremidades de una cama. Ahí comienza la “acción gore”. El victimario en cada anuncio de estación del año va desmembrando a la mujer, no hay nada a la imaginación: corta pies, manos, la cabeza, entre otras partes. Persiste el sufrimiento, la tortura y la sangre. No existe la penetración sexual durante la trama puesto que en estas películas no es un elemento necesario, ya que como lo documenta Jane Caputi, a través de diferentes investigaciones realizadas, se ha determinado que “descripciones puramente violentas estimulan a un número significativo de hombres”.

Imagen tomada de https://www.morbidofest.com/archivos/25186

Existen también otro tipo de películas que son clasificadas en terror, suspenso o algún otro género cinematográfico, son más comerciales e incluso transmitidas en televisión abierta. Tal es el caso de “Psicópata americano” (2000), dirigida por Marry Harron y que con tan solo buscar el título en internet aparecen las nominaciones y premios que ganó. La película trata de un magnate hombre de negocios que asesina a mujeres. Aunque las escenas no son tan gráficas como en la gorenografía, sí se muestra la violencia y feminicidio. El desenlace de esta película es aún más abrumador, pues aunque el protagonista está por ser descubierto logran encubrirlo para que siga en total libertad. Sea cual sea la finalidad de la película, lo que muestra es que un asesinato de una mujer (aunque sea fingido) se puede ver con total libertad desde la comodidad de nuestro hogar, naturalizando así el acto por el hecho de ser ficticio.

Por otro lado, en la industria del entretenimiento existen otro tipo de formatos de registros tales como la música que incluye mensajes feminicidas. Géneros como el gore grind y porno gore (utilizados como ejemplos por ser los más explícitos) narran en sus canciones torturas, violaciones, mutilaciones, entre otras cosas. Cabe destacar que, al igual que las películas, estos géneros musicales no se enfocan solamente en el feminicidio, sin embargo, es un tema recurrente en sus letras. Claro ejemplo es la banda española Tu carne quien compuso una canción llamada “Una vez derretida” y expresa lo siguiente:

La carne que salta no me deja verte, sin brazos ni piernas no podrás moverte.

Ahora tranquila y tendida en la cama consigo excitarme con la sangre que emana. Ácido sulfúrico y una bomba manual.

Una vez derretida, solo quedan nueve kilos, sustancia grasienta de color amarillo.

En la literatura también se enmarca el feminicidio como tema recurrente, como el caso del Marqués de Sade y su libro 120 días de Sodoma (1904), en dónde se narran diferentes asesinatos y torturas sexuales a niños, hombres y mujeres y que hasta ahora, después de 115 años de su publicación, es un libro considerado “de culto” para los lectores de literatura erótica.

En televisión abierta se trasmitió la telenovela Alguien te mira, adaptación estadounidense por Telemundo de la teleserie chilena que lleva el mismo nombre. La trama: un asesino en serie mata mujeres que, en la adaptación estadounidense, son malas madres, les saca el corazón y los colecciona. Al final el asesino muere, pero su hijo tomará su lugar. En México, la telenovela fue transmitida dos veces en diferentes canales.

Con estos ejemplos es evidente que nos encontramos inmersos en registros violentos y feminicidas ficticios. El avance tecnológico ha contribuido a escenas cada vez más realistas. También hemos de considerar que hoy día, el acceso a internet y el ataque publicitario y de medios de comunicación son cada vez más constantes y podemos encontrar con mayor facilidad imágenes de mujeres asesinadas de manera violenta, naturalizando el acto porque no son muertes reales.

Lo anterior no necesariamente determina que todo aquel que consuma este tipo de industria  cometerá  un  feminicidio,  sin  embargo,  existen  registros de testimonios  que evidencian que algunas personas que cometieron o intentaron llevarlo a cabo fueron estimuladas o influidas por alguna película o algún otro tipo de registro de feminicidio ficticio, imitando así lo que se consume.

Actualmente nos encontramos en una sociedad que tiene como referentes culturales a asesinos seriales como Jack “el destripador”, se realizan películas de sus vidas, la mercadotecnia los muestra como algo fascinante para que sean productos generadores de dinero y todo se enmarca desde la brutalidad de sus crímenes. Aquí surgen las interrogantes ¿Cuándo será prioridad el daño social que genera un personaje como Jack “el destripador”? ¿Cuándo será anunciado con tal importancia un registro en documental, por decir alguno, donde se refleje el feminicidio no desde una manera morbosa, sino desde una problemática que afecta a todos? ¿Qué sucede cuando el feminicidio ficticio rompe la barrera de lo falso, lo fingido?

El feminicidio real y la industria del entretenimiento

¿Cómo se relaciona un feminicidio con la industria del entretenimiento? Para responder a lo anterior es necesario hablar de las películas del género snuff. Jane Caputi las define como “películas que describen o pretenden describir, la tortura, la mutilación y asesinatos reales de una actriz”. El antecedente más destacado de éstas se da cuando las mujeres eran condenadas por herejía en la Edad Media. Eran dibujadas mientras se les castigaba y las imágenes eran colocadas en espacios públicos. Hoy en día existen no sólo películas con este contenido, también hay fotografías, vídeos cortos o audios.

Estás películas son poco accesibles pues tienen un precio muy elevado. Es decir, no cualquier persona que sobrevive día con día podría obtener una filmación de esta magnitud. Este tipo de películas pueden ser vinculadas con la pornografía sádica. En México existen estudios que señalan que mujeres asesinadas, por ejemplo en Ciudad Juárez, han sido utilizadas para esta industria.

En 2015, una noticia casi oculta en la web se tituló: “Los feminicidios de Ciudad Juárez revelan pornografía sádica”. La doctora Patricia Revelo, señaló en un informe del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social “que las víctimas presentan mutilaciones de mama, ocular y vísceras, así como lesiones dentales, cortes en la piel y cortes irregulares en el cabello que determinan la existencia de un parámetro de pornografía sádica».

Por su parte en la página de internet del INAH, en la revista de Estudios de Antropología Sexual, se puede consultar un documento titulado “Mar de indicios. Imágenes de la violencia feminicida y la pornografía sádica en Ciudad Juárez”, realizado por la investigadora Rosa María González Ramírez, quien realiza un registro visual de distintas fuentes para contrastarlas con reportes forenses. La hipótesis de la investigadora es “que existe una industria que distribuye estás imágenes de la tortura, dolor, etc. Dentro de esto existen ciertos patrones como el peso, talla, ataduras en pies y manos, desprendimiento del cuero cabelludo, y mutilaciones entre otras”. En su investigación, describe aparatos de tortura, así como su posible uso y finalidad. También se pueden observar imágenes que explican determinados cortes, mutilaciones o condiciones en que se encuentran los cuerpos debido a los patrones encontrados.

Grabado japonés del siglo XIV. Imagen tomada de: http://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/articulo:9590

Investigaciones importantes como las citadas, son sólo algunas que demuestran que existe una industria bien constituida que también mata mujeres, sin embargo, algunas autoridades del Estado siguen presentando estos casos como violencia intrafamiliar.

Se puede pensar entonces que el feminicidio, bajo estas circunstancias deja de ser, como algunas personas creen, una muerte únicamente de odio y hay intereses incluso económicos bien definidos. La mujer deja de ser una persona con dignidad y derechos, para convertirse en una mercancía.

Por otra parte, el acceso a internet, principalmente a redes sociales, ha permitido que los contenidos snuff sean más fáciles de consultar. Desde medios oficiales que fotografían a una mujer asesinada y lo complementan con títulos sensacionalistas, hasta cuentas de Twitter o grupos de Facebook que son específicos para colgar en la red imágenes y vídeos snuff.

Aunque la problemática es grave, parece que en la agenda de las autoridades competentes este tema no es tan importante y se evaden las interrogantes que grupos de mujeres tienen para que la violencia hacia la mujer y el feminicidio disminuya. Ante esto se ha convocado a diversas movilizaciones y formas de protesta que, por una parte, los medios de comunicación determinan como vandalismo, y por otra, al menos en los últimos veinte años, no se había logrado visibilizar de esta manera la violencia hacia la mujer que se vive día a día.

Cuando se habla de grupos feministas realizando acciones contra todo lo descrito a lo largo de este artículo, se les criminaliza, se les señala, se les tilda de vandalismo, la nota no es “Mujeres se han comenzado a organizar”, sino “Mujeres rayan monumentos, incendian, realizan marchas separatistas”. Pero bueno, de alguna manera tendrían que voltear a ver que una cifra diaria en aumento a la lista de feminicidio trae como consecuencia la movilización social, y que las respuestas solo en tinta de las instituciones, traen consigo la organización de mujeres que buscan justicia para todas aquellas que están en la larga e interminable lista del feminicidio.

Imagen tomada de: https://ustea.es/new/ni-una-menos/

Para saber más

Rarford, Jill y Diana E. H. Russell, Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres, UNAM, México, 2006, 716 p.

González Ramírez, Rosa María, “Mar de indicios. Imágenes de la violencia feminicida y la pornografía sádica en Ciudad Juárez” en Revista de Antropología Sexual, vol. 1. 2011. Disponible en: http://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/articulo:9590

“Los feminicidios de Ciudad Juárez revelan “pornografía sádica”. Notimétrica, 2015. Disponible en: https://www.notimerica.com/sociedad/noticia-feminicidios-ciudad-juarez- revelan-parametro-pornografia-sadica-20150717201907.html