Difundir la historia a través de la radio, una experiencia
diciembre 29, 2019 La Bola

Difundir historia a través de la radio, una experiencia

 

Por Elsa Aguilar Casas

La historia es un tema de gran interés en la sociedad mexicana por ello es imperante que los historiadores tomen conciencia sobre la necesidad de compartir el resultado de su trabajo con el público no especializado. Elsa Aguilar Casas nos comparte una reflexión de su experiencia en la producción de programas radiofónicos ideados para comunicar el conocimiento histórico con el gran público desde el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México, una institución que ha sostenido un plan de difusión y divulgación de la historia desde los primeros años de este siglo.

[…] quienes conocen la historia, si son gobernantes tomarán buenas decisiones con base en la experiencia del pasado, y si son ciudadanos, el conocimiento de la historia los hará mejores ciudadanos.

Javier Garciadiego.

 

Hacer historia para el público

Llevar el conocimiento histórico fuera de las aulas y de los centros de investigación no es una discusión nueva, hace mucho tiempo que se debate sobre eso. En nuestro país, célebres historiadores como Luis González y González y Álvaro Matute, por mencionar sólo algunos,  debatieron sobre ese tema hace décadas.

Al ingresar como miembro de El Colegio Nacional, en noviembre de 1978, don Luis González dio lectura al texto titulado “La historia académica y el rezongo popular”, en el que planteó la importancia del acercamiento del historiador profesional con el público interesado en la historia, y advirtió que “La historia, más que ninguna otra de las ciencias sociales, está en aptitud de servirse de las nuevas formas de expresión que les marcan el paso a las masas contemporáneas.” Por su parte, Álvaro Matute, en su artículo titulado “De los episodios nacionales a las telenovelas. Balance de la divulgación histórica”, publicado en 2001, parte de la premisa de las tres vertientes implícitas en la producción del saber histórico “Investigación, enseñanzas y divulgación”, y elabora un recorrido por las distintas formas y medios por los que se lleva la historia al público general.

Si bien se ha conseguido flexibilizar la postura de algunos historiadores que aceptan la necesidad de compartir el resultado de su trabajo con el público no especializado, también es cierto que entre otros hay resistencia por hacerlo. Esa es una de las primeras reflexiones que se suscitan en el seminario taller sobre difusión de la historia que imparto en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM: el desdén de algunos por sacar la historia de las aulas para llevarla a otros espacios.

El hecho de que se incluyan asignaturas como esa y las que imparten otros colegas que también tienen experiencia en la difusión, es significativo porque representa que se reconoce la importancia de aprender cómo transmitir la historia a un público amplio, al tiempo que se plantea al estudiante la posibilidad de experimentar otros campos en el ejercicio profesional al egresar de la licenciatura. Antes ni siquiera se pensaba en ello; en los años noventa del siglo pasado, cuando estudié la licenciatura, se le veía como algo irrelevante y poco serio, hacer difusión no se consideraba, por la mayoría de los profesores, como un deber del historiador. Desde mi punto de vista es un compromiso social.

Independientemente de esa función social, desde la perspectiva del estudiante es importante considerar que las áreas de desarrollo profesional para los licenciados en Historia suele pensarse que se limitan a dos: docencia e investigación, y se ha omitido en la formación de los alumnos el conocimiento, o tan sólo el acercamiento, a la difusión de la historia, un área que idealmente debe ser atendida por historiadores profesionales capacitados para transmitir contenidos basados en investigación científica al amplio público, no especializado, interesado en la historia.

Está demostrado que en la sociedad mexicana la historia es una materia de gran interés -por experiencia profesional puedo afirmarlo, pues me he desarrollado muchos años en ese rubro- y que ha cobrado más relevancia gracias a los diferentes medios de comunicación con los que se cuenta en la actualidad, los cuales permiten leer, ver o escuchar historia por diferentes vías y en el momento que se desee: podcast, YouTube, Facebook, streaming, y los tradicionales prensa escrita, televisión, radio, cine. Todos estos medios son canales para hacer productos con contenido histórico, por ello es importante que los estudiantes de Historia aprendan cómo difundir, pues ellos se forman con bases sólidas para realizar investigaciones serias y bien estructuradas. La tarea complementaria es conocer las herramientas de las que se puede valer para hacer asequible su trabajo a grupos numerosos.

Algunas instituciones ya tienen un camino recorrido en cuanto a la formación de historiadores con perfil del divulgadores, como el Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora, cuyo plan de estudios se divide en tres áreas, una de ellas, precisamente: divulgación de la historia.

La década de 1950 fue extraordinaria para los medios de comunicación masiva, surgió la televisión y la radio experimento la aparición de la frecuencia modulada (FM) y el desarrollo de todas sus frecuencias. Cassola, Locutor durante su programa de radio, ca. 1950, Sistema Nacional de Fototecas-INAH. Imagen tomada de aquí: https://mexicana.cultura.gob.mx/es/repositorio/detalle?id=_suri:FOTOTECA:TransObject:5bc7d5507a8a0222ef0ab49c.

Luego de esta reflexión sobre la importancia de difundir los trabajos que se generan en la academia, centraré la atención en la difusión de la historia a través de la radio. Si bien antes mencioné algunos de los medios que se han vuelto cotidianos gracias al internet, decidí dedicar este texto a la difusión de la historia en radio por ser uno de los medios tradicionales de mayor repercusión social, ya que se escucha en ámbitos familiares y laborales, urbanos y rurales. Tomaré como botón de muestra algunos de los proyectos radiofónicos realizados por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM), donde trabajé durante casi 15 años, para explicar la importancia de compartir el conocimiento histórico en medios de comunicación masiva y la recepción que esto tiene en la sociedad, pues representa el caso de una institución que ha sostenido un plan de difusión de la historia desde los primeros años de este siglo. Elijo este tema, también, porque participé en cinco de los ocho programas que hasta ahora se han transmitido, ya como parte del equipo operativo, como investigadora de contenidos y como conductora.

La historia a través de las ondas hertzianas

Las circunstancias políticas de la transición del año 2000 abrieron las puertas para que Javier Garciadiego, director del INEHRM entre 2001 y 2005, integrara un equipo de investigación convencido de que la difusión de la historia debía llevarse a la radio. La oportunidad contó con el apoyo institucional y se abrió el espacio para una serie radiofónica con el formato de revista de historia: Un país de todos, una historia de todos.

Este reto se logró sacar adelante por el trabajo en equipo de un grupo de historiadores formado por: Pablo Serrano, Jesús Méndez, Mario Contreras, Pedro Salmerón, María José García, Begoña Hernández, Diana Pérez, María del Rayo González y quien esto escribe. El programa se transmitió por la entonces llamada Radio de los Ciudadanos, del Instituto Mexicano de la Radio (IMER), de lunes a viernes, en vivo, de 5:00 a 5:30 de la tarde, en los años 2003 y 2004. Cada día se trataba una temática distinta, a cargo de uno o dos de los colegas. Se hablaba de historia política, de historia de la música, de la poesía, de historia económica, también de monumentos históricos, de museos, de la nomenclatura de la calles, y un día se dedicaba a historia para niños. Este programa tuvo una alta audiencia para los parámetros de la estación recién creada y permitió valorar la importancia de la difusión de la historia a un público mayoritariamente joven, de grupos socioeconómicos medios.

Inicié este texto con una cita de Garciadiego porque es uno de los historiadores mexicanos más preocupados y ocupados en la difusión de la historia, muestra de ello son los 15 años que ha dedicado a la conducción del programa Conversaciones sobre historia, que se transmite semanalmente por el IMER, espacio radiofónico que tomó, a propuesta de la entonces directora del IMER, Dolores Beistegui, a la muerte de su maestro Gastón García Cantú, quien codujo por más de diez años el programa Conversaciones.

El reto era mayúsculo, poder llevar a la radio un curso de estilo académico, por el orden cronológico y el rigor analítico que imprime a su programa cada semana. Y en efecto, Garciadiego empezó sus disertaciones explicando el Porfiriato a través de su desarrollo y las crisis que llevaron al fin del régimen, analizando, paralelamente, al liberalismo magonista convertido paulatinamente al anarquismo, para luego dedicarse de lleno al análisis de las diferentes etapas de la Revolución mexicana hasta concluir con el gobierno del presidente Lázaro Cárdenas, en un lapso de diez años en más de 500 programas.

Una de las características del programa es que se transmitió a través veintiún emisoras terrestres en todo el país, una emisión virtual y tres emisoras que se transmiten por canales digitales. Esto permitió llegar a 70% del territorio nacional, incluyendo lugares estratégicos de las fronteras Norte y Sur del país.

La experiencia de colaborar como parte del equipo de apoyo de ese programa entre los años 2004-2005, me permitió experimentar y comprender la importancia de llevar la historia a los medios masivos de comunicación, pues ahí me di cuenta que un programa de radio sobre historia generaba gran interés en los radioescuchas, quienes se comunicaban telefónicamente para hacer preguntas acerca del tema del día -o sobre aquello que siempre quisieron saber y nunca habían tenido a quién preguntarle-, y también para participar en el sorteo de un libro de los que se obsequiaban en cada emisión. A lo largo de los 60 minutos de la transmisión se recibían un promedio de cien llamadas. Era increíble que el teléfono no paraba de timbrar, impresionaba que tal cantidad de gente llamara a un programa de historia. Esas llamadas constataban la afición por la historia en todos los ámbitos sociales, pues los radioescuchas provenían de los diferentes grupos socioeconómicos, edades y nivel educativo, pero cuyo interés por la historia era palpable en sus comentarios y preguntas. Además, escuchar al público permitía tener un parámetro de temas que eran de interés popular, pues, aunque el programa abordara la Revolución mexicana, había personajes que siempre despertaban interés entre las mayorías: como Benito Juárez y Miguel Hidalgo.

El programa sigue al aire. A pesar de los cambios de administración en el IMER y de haber sido retirado el apoyo del INEHRM para su realización desde 2013, se ha consolidado este espacio radiofónico como un programa no institucional, con radioescuchas leales a las enseñanzas de Garciadiego.

Volviendo al arriba mencionado equipo de trabajo que realizó Un país de todos, una historia de todos, el quehacer continuó con otro formato, un programa semanal con duración de una hora, dedicado a entrevistas a especialistas en diversos temas. La conducción se alternaba cada semana entre algunos de los investigadores que seguían participando en ese proyecto.

Esto decantó en un solo programa que permaneció vigente hasta 2015, México y sus historiadores, en el que se presentaban colegas que compartían con el público sus conocimientos sobre su tema de estudio. Este programa se transmitió por Radio Ciudadana, los jueves, a las cinco de la tarde, y la conducción se alternaba entre Pablo Serrano y quien escribe. Este espacio representó una plataforma para que historiadores profesionales, consumados o recién egresados, expusieran el resultado de sus investigaciones, sus tesis, o sus novedades editoriales, en formato de entrevista y preguntas del público, lo que obligaba a explicar de manera sencilla y clara sus planteamientos. Conduje el programa de 2007 a 2014, ello representó un reto y una gran experiencia con la que aprendí, sobre la marcha, a hacer difusión de la historia.

Equidistante, con un sello personal, José Manuel Villalpando, director del INEHRM de 2008 a 2012, realizó el programa que llevó por nombre El siglo XIX, que se transmitía los domingos de 9:00 a 10:00 de la mañana, y estaba dedicado a analizar diversos episodios históricos de ese siglo sin orden cronológico, más apegados a la efeméride o a los temas de la propia obra del conductor.

Sin un carácter estrictamente institucional, El siglo XIX colocó una visión más biográfica que de conjunto, inclinada a las características particulares de los personajes en cuestión, a sus relaciones y a la desacralización de héroes para convertirlos en hombres y mujeres de carne y hueso.

Este estilo narrativo del memorioso José Manuel Villalpando logró conquistar a un numeroso público interesado en las fortalezas y debilidades de los personajes, en sus logros y en sus fracasos, más que en la explicación misma de la complejidad del proceso histórico en conjunto. Villalpando alcanzó a transmitir con pasión y con emociones los episodios históricos y a sus protagonistas. Eso le dio un alto rating a su programa, y le hizo ganar seguidores y detractores, por su carácter menos ceñido a la tradicional historia oficial priista. Uno de los aspectos que más sorprendían de esta emisión, era el poder de convocatoria, pues se estableció celebrar los aniversarios de El Siglo XIX con la realización de un programa con público en vivo, y el auditorio del IMER se llenaba con gente que llegaba a formarse desde las ocho de la mañana para entrar. Repito, la experiencia demuestra que a gente le interesa la historia.

Es importante señalar que antes de ser director del INEHRM, Villalpando tenía ya amplia experiencia como divulgador de la historia, tanto en radio como en televisión, en Radio Red y en la Televisión Educativa. Su programa, con otro nombre, continúa con igual éxito en Radio Fórmula.

El Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México fue creado en 1953 con el objetivo de rescatar testimonios, documentos históricos, material gráfico, audiovisual y sonoro sobre la Revolución Mexicana. La gráfica muestra la fachada de su sede actual en los primeros años de la década de 2010. Fotografía tomada de aquí: http://cdmxtravel.com/es/lugares/biblioteca-de-las-revoluciones-de-mexico-inehrm.html.

Hacer difusión de la historia es como aprender a andar en bicicleta

Los múltiples proyectos de difusión en los que he participado me llevan a concluir que no existe una fórmula ni un solo camino para comunicar la historia. El antiguo dilema de difundir o divulgar se disipa ante la praxis. Como suelo decir a mis alumnos: hacer difusión de la historia es como aprender a andar en bicicleta, hay que subirse y echarse a andar.

El trabajo desarrollado en diferentes proyectos de difusión me ha permitido conocer el proceso de creación radiofónica que incluye: desde la investigación y la producción, hasta las relaciones públicas, la conducción y el trabajo en equipo, todos elementos indispensables que se deben considerar al lanzarse a la aventura de un proyecto de difusión. Los retos de la difusión de la historia por radio son:

♦ La radio es resonancia. Usar un lenguaje claro y sencillo que permita explicar los hechos históricos de forma comprensible para personas no especializadas y, en ciertos casos, con ideas predeterminadas de la historia. Como dijo Luis González y González, se trata de “sustituir las palabras asombrosas por las palabras habituales”.

♦ La radio es afinidad. Lograr explicar incitando a la reflexión para una mejor compresión de los procesos históricos, es decir superar la historia anecdótica o llena de fechas.

♦ La radio es frecuencia vibratoria. Tratar de transmitir emociones, estados de ánimo de protagonistas con el objetivo de ubicarlos en un contexto humano en el entendimiento de las circunstancias que los rodearon, sin importar si fueron heroicos o no, y ceñidos a la objetividad, que ayude al entendimiento del hecho de estudio.

♦ La radio es sonoridad, recuerdo. Dirigirse al público respetuosamente. Esto no significa ser serio o ceremonioso frente al micrófono, puede ser un programa muy divertido, pero se trata de hablar al oyente con lenguaje correcto y partiendo de la premisa de que quienes escuchan son personas interesadas y por eso se les debe atención.

♦ La radio es diálogo. Atender las preguntas o comentarios de los radioescuchas. Este es el acto mínimo de reciprocidad con quien se toma el tiempo para escuchar y para comunicarse. Los programas se deben a su audiencia y ella gobierna los caminos de la emisión.

 

Transmisión en vivo del programa México y sus historiadores. En la gráfica se observa al historiador Santiago Portilla y a la conductora Elsa Aguilar Casas. México, enero de 2013. Foto: cortesía de la autora.

La vinculación de la historia con el contundente avance tecnológico en comunicaciones es abrumadora, desde aquellas viejas cintas VHS o formato CD-ROM en las que se hacían videos, hasta a las complejas redes de comunicación digital que expanden las posibilidades de comunicación. Así, más allá de las tradicionales y conocidas frecuencias de radio, se está dando un giro hacia la radio digital, esto significa que cualquier persona puede lanzar al ciber espacio su emisora y posicionar su punto de vista sobre determinado tema histórico. En un futuro no muy lejano el crecimiento exponencial de estos sitios hará que las posibilidades de la divulgación y el conocimiento histórico sean inéditas e infinitas.

Pero, quiero terminar con una pregunta, ante la facilidad de tener un medio individual para compartir el conocimiento ¿qué podrá contener el gran flujo de interpretaciones de la historia? No tengo la respuesta, sólo se me ocurre pensar en la importancia de la ética del quehacer histórico.

Para saber más

González, Luis, “La historia académica y el rezongo popular” en El oficio de historiar, México, Clío y El Colegio Nacional, 2004, p. 313-327.

Matute, Álvaro, “De los Episodios nacionales a las telenovelas, balance de divulgación histórica”, en Cuestiones de historiografía mexicana, México, UNAM-FFyL, 2014, p. 229-259.

Sosa Platas, Grabiel, Días de radio: Historia de la radio en México¸ México, Secretaría de Cultura, 2016.

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