Zapata: donde se unen los colores
octubre 14, 2019 La Bola

Zapata: donde se unen los colores

Por Moroni Spencer Hernández de Olarte

El movimiento zapatista no se restringió espacialmente a la zona sur del altiplano central de la República Mexicana. De hecho, tuvo simpatizantes en  varias localidades del país y en otras partes del mundo. Asimismo, aunque los militantes del zapatismo se han identificado como mayormente campesinos, hubo personas de otros sectores sociales, a veces insospechados, que por sus convicciones y por motivos ideológicos apoyaron el movimiento suriano. En el presente artículo, Moroni Hernández de Olarte brinda algunos ejemplos poco conocidos de lo anterior: un general colombiano que tomó las armas en aras de lograr justicia social y comunidades mormonas que cooperaron con recursos materiales y humanos.  

Era la mañana de un frío lunes de noviembre de 2009 cuando me dirigí a la casa de Don Juanito, un anciano de casi 90 años que vivía en una pequeña habitación de adobe en medio de un huerto de capulines. Nunca imaginé que aquel día recibiría la lección más importante de mi carrera académica, por lo menos a lo que al zapatismo se refiere.

Al llegar vi a Don Juanito esperándome sentado en una silla de madera. Iniciamos la entrevista, la cual duró cerca de dos horas, casi al terminar el abuelito -como le decían cariñosamente sus nietos- me miró a los ojos y me dijo:

Lo que yo le quiero decir a usted es lo que mi santo padre me decía… a Zapata lo siguieron muchos, Zapata hizo muchas cosas y los zapatistas eran de muchos lados, no solo de uno, por eso no eran iguales… para pronto joven: El zapatismo no es como el cielo, azul todo, el zapatismo es como el arcoíris, unión de colores.

Estas palabras sencillas pero profundas, expresadas por un anciano lleno de sabiduría, aquella que “se enraíza en la experiencia personal y directa con el mundo”, explican la fuerza, continuidad y vigencia del movimiento que Emiliano Zapata dirigió, el cual consintió la unión de distintas visiones y/o realidades bajo su bandera, característica que le permitió trascender tiempo y espacio.

Gracias a la pluma de varios zapatólogos como John Womack, Francisco Pineda, Felipe Ávila, Laura Espejel, Salvador Rueda, Carlos Barreto Mark, Carlos Barreto Zamudio, Mario Martínez, Baruc Martínez, Moroni H. de Olarte, Edgar Castro Zapata, entre otros, el zapatismo ya no es visto como un monolito en donde todos pensaron y actuaron igual, ya no es enteramente campesino, totalmente agrario o morelense. Hoy, es como el arcoíris, unión de colores,… aquí dos ejemplos.

Julio Cuadros Caldas: un coronel zapatista colombiano

Julio Cuadros Caldas nació en Cali, Colombia en 1885 y arribó a México en 1909. Desde su llegada le interesó la dinámica social del país que lo recibía. Su actuar lo llevó a relacionarse con personajes importantes de la vida política como: Andrés Molina Enríquez, Juan Andrew Almazán, entre otros.

En 1912 Cuadros Caldas se enlistó en las filas del Ejército Libertador del Sur en Tochimilco, Puebla, bajo las órdenes del general Fortino Ayaquica. A causa del buen desempeño en el campo de batalla ascendió rápidamente en el escalafón militar hasta obtener el grado de Coronel, el cual le fue otorgado por el mismo Emiliano Zapata.

Coronel Julio Cuadros Caldas. Imagen de dominio público

A principios de 1913 su general en jefe -F. Ayaquica- le ordenó servir de enlace entre el campamento poblano y las demás regiones zapatistas, gracias a lo cual el jefe Cuadros­ –como lo llamaban los jefes zapatistas–­ participó en acciones militares en los estados de Morelos, Puebla, México, Guerrero y Ciudad de México.

Durante su actuar como revolucionario, el colombiano Cuadros entabló amistad con Everardo González Vergara, general zapatista del estado de México. Las misivas que intercambiaron atesoran una gran riqueza en información, además son una muestra irrefutable de la influencia que el movimiento suriano –como también se le conoce al movimiento zapatista– tuvo sobre Cuadros Caldas.

El 29 de septiembre de 1915 el general Everardo González escribió…

      1. Julio Cuadros Caldas.

            Donde se halle.

Estimado amigo sirva la presente para agradecer el apoyo que usted tuvo a bien darnos el quince próximo pasado en la toma de la plaza de Chalco… la defensa de la causa sagrada en la que usted y yo participamos tiene como único fin dar al campesino la dignidad de la que fue despojado… el apoyo que usted le da a mi pueblo es más decidido que el de muchos mexicanos… La tierra de donde usted viene sentirá orgullo al saber que uno de sus hijos apoyó a México en la lucha por su libertad…

Su amigo y compañero.

General Everardo González (rúbrica).

General Everardo González a caballo. Cortesía de Carlota Cortés.

Como respuesta a la misiva, Julio Cuadros redactó una carta llena de reflexiones y sentimientos:

Las montañas del Popocatépetl me recuerdan las de mi tierra… el lugar que tuvo a bien otorgarme como cuartel me recordó los sonidos y olores de los pueblos de mi patria…

Me pregunta ¿por qué apoyo a los mexicanos? por que [sic] creo en los ideales del Plan de Ayala, espero que, al triunfo de nuestra causa, los ideales por los cuales luchamos se extiendan a los pueblos hermanos del sur…

Mi compromiso al igual que el de nuestro jefe supremo Emiliano Zapata es y será siempre con los pueblos… mientras exista injustica seguiremos con las armas en las manos.

Durante la Revolución, Cuadros defendió la idea de extender los postulados zapatistas a su natal Colombia y de ahí proyectarlos a los demás países latinoamericanos. La carta que escribió en febrero de 1918 es el epítome de sus anhelos, los cuales intentó efectuar desde que se incorporó al Ejército Libertador del Sur…

El cambio social iniciado en México debe extenderse a toda la América para beneficiar a los más humildes…. Mi nación experimenta las mismas injusticias que mis ojos han visto aquí, lo que me asegura que el Plan de Ayala será abrazado por un buen número de mis compatriotas… espero que al triunfo de la causa llevemos la lucha al sur hasta que la influencia de nuestro ideal llegue a todos los países que llamamos hermanos.

Al concluir el movimiento armado se refugió en el trabajo intelectual, publicó dos libros que tituló: México Soviet y Comunismo Criollo. Finalmente, Julio Cuadros Caldas regresó a su natal Colombia en 1933.

Hoy a más de 100 años del actuar revolucionario del Jefe Cuadros, sus palabras aún resuenan en los pueblos por los que combatió durante la gesta zapatista… Colombia me dio la vida y México me enseñó lo que significa luchar por un bien mayor.

 

Dólares en el Ejército Libertador del Sur

A finales de 1914 Margarito Bautista Valencia recorrió los estados de Idaho, Utah, Arizona y Nevada con el objetivo de reunir dinero de las sociedades de amigos -que él había ayudado a fundar- para enviarlo a José de la Luz Bautista -su padre- como apoyo a la “causa que defiende el general Zapata y los que quieren un nuevo y mejor México”. Al leer lo anterior, salta a la mente la pregunta: ¿Ciudadanos estadounidenses apoyaron la lucha zapatista?

 

Margarito Bautista Valencia. Cortesía de Idalid Bautista

 

Durante la mañana del 6 de abril de 1881, Moses Thatcher –apóstol de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (IJSUD), mundialmente conocida con el nombre de Iglesia Mormona– acompañado de James Z. Stewart, Feramors Little Young, Silvano Arteaga, Fernando A. Lara, Ventura Páez y Lino Zarate ascendieron al volcán Popocatépetl, al llegar al Pico del Fraile, Thatcher pronunció una oración especial en la cual dedicó el país para la prédica del mensaje mormón. Con aquel ritual inició la labor misional de la IJSUD en la región que años más tarde Emiliano Zapata llamó: La Tierra Fría de los Volcanes.

La Tierra Fría de los Volcanes. Cortesía de Marcos Cano Jasso

Fue tal el éxito del trabajo proselitista en estos lugares que en agosto de 1901, Ammón M. Tenney –representante de la IJSUD en México– organizó en Tecalco, municipio de Ozumba la segunda congregación mormona más importante del país. De 1901 a 1910 varias personas mexicanas convertidas a esta fe se mudaron a Estados Unidos.

Los miembros de la Iglesia que no emigraron ayudaron a fundar congregaciones en pueblos como Amecameca, Ozumba, Atlautla y Tepetlixpa en el estado de México y en Cuautla, Yautepec y Cuernavaca en el estado de Morelos. Para 1910 estas agrupaciones estaban en franco crecimiento.

Al estallar la Revolución Mexicana los mormones asentados en la Tierra Fría de los Volcanes se mantuvieron neutrales. Sin embargo, en 1913 la situación del país se desborda, Francisco I. Madero es asesinado y con ello inicia el periodo más cruento del proceso revolucionario. Los miembros de la IJSUD en el centro de México se enfrentaron a una disyuntiva: mantener la neutralidad o elegir a que facción apoyar.

Es Emiliano Zapata y su movimiento quien capta su atención. A mediados de 1913 la mayoría de los mormones de Ozumba, Atlautla y Tecalco pidieron refugio en el cuartel zapatista de Tecomaxusco. El general Gregorio S. Rivero encargado de dicha guarnición, solicitó autorización a Emiliano Zapata para aceptar a miembros no católicos en su campamento. La respuesta fue positiva.

General Gregorio S. Rivero a caballo. Cortesía de Juanita Rivero

En un primer momento los miembros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días sólo ayudaban en tareas domésticas: juntar leña, buscar alimentos, reparar y limpiar armas, mantener limpio el terreno, entre otras cosas. No obstante, mientras convivían con los zapatistas de Teco y escuchaban los ideales por los cuales se peleaba, comenzaron a asimilarlos. Las frases: “Reforma, Libertad, Justicia y Ley” y “Tierras, Aguas y Montes”, ya no les fueron extrañas y se preguntaron si era correcto tomar las armas en defensa de principios que ahora consideraban suyos. La respuesta la encontraron en el texto que para todo mormón es palabra directa de Dios: El Libro de Mormón. Recordaron las historias que por años Thatcher y Tenney les habían leído, como la del capitán Moroni quien, oponiéndose a Amalickíah -un político corrupto – organizó un ejército e izó el Estandarte de la Libertad  como recordatorio que es menester pelear por Dios, por la libertad y por la familia o la de Helamán y sus dos mil jóvenes guerreros, quienes pelearon por defender a sus padres de un mal gobierno. Este estandarte decía: “En memoria de nuestro Dios, nuestra religión, y libertad, y nuestra paz, nuestras esposas y nuestros hijos”.

Influenciados por estos y otros relatos, llegaron a la conclusión que el Libro de Mormón demostraba que podían tomar las armas y derramar sangre, si necesario fuese, para defender la religión, la patria o la familia, es decir, para defender causas justas y los ideales zapatistas a sus ojos lo eran. Gradualmente los miembros de la IJSUD del campamento de Tecomaxusco comenzaron a participar en combates.

Uno de los mormones que abiertamente dio su apoyo a Emiliano Zapata fue José de la Luz Bautista. En las primeras etapas de la Revolución, José de la Luz apoyó a Francisco I. Madero utilizando su influencia para propagar sus ideales entre algunas comunidades. En 1913 Bautista se adhiere al movimiento zapatista ya que consideraba que “la causa es justa y tiene la bendición del creador”, lo que le permitió forjar amistad con los principales jefes surianos de las regiones morelense y mexiquense.

José de la Luz Bautista y esposa. Cortesía de Church History Library, Salt Lake City, Utah, Estados Unidos de América.

José de la Luz sirvió a la causa como presidente municipal [Atlautla], correo e informante. Siendo un líder reconocido, Bautista debía efectuar gestiones en diferentes lugares, lo que le permitió obtener información del acontecer revolucionario en los estados de Morelos, Puebla y México. Información que compartía con su principal amigo, el general Gregorio S. Rivero y que sirvió -en algunos casos- para la planeación de importantes combates. Además, apoyó decididamente al campamento de Tecomaxusco, al cual dotaba de alimentos, madera y otros productos.

Cuando su hijo Margarito Bautista -quien había emigrado a EUA poco antes de la Revolución- se enteró de las acciones de su padre, prometió ayudarle. Comenzó en Salt Lake City, Utah, fundando una sociedad de amigos en la cual mormones mexicanos y estadounidenses se reunían para discutir la realidad que México atravezaba. Cuando Margarito les hizo saber que “muchos miembros de la iglesia” estaban siendo protegidos por el ejército que dirigía Emiliano Zapata, los integrantes de esta sociedad votaron por apoyarles. Bautista en compañía de otras personas viajó a Idaho, Arizona y Nevada en donde establecieron nuevas sociedades de amigos, las cuales enviaban recursos a José de la Luz Bautista quien los entregaba al general Gregorio S. Rivero y este a Emiliano Zapata.

De 1914 a 1918 dólares provenientes de estas agrupaciones entraron a las arcas del Ejército Libertador del Sur. Años después el mormón y embajador de Estados Unidos en México J. Reuben Clark Jr., en compañía de José de la Luz Bautista visitó Tecomaxusco, en aquella ocasión conoció al general Gregorio S. Rivero a quien agradeció el apoyo que otorgó a sus “hermanos en la fe”.  

A manera de conclusión

El nombre Emiliano Zapata fue conocido más allá de nuestras fronteras y su Plan de Ayala leído en lugares tan lejanos como Boise, Idaho en Estados Unidos o Cali, Colombia cuando aún El Jefe cabalgaba dirigiendo a su ejército.

Lo antes escrito demuestra que el zapatismo jamás fue un monolito y Emiliano Zapata Salazar siempre supo que esa era su principal fortaleza. Por ello, el Dr. Francisco Pineda sostuvo:

En mi oponión hay que recordar a Zapata junto con sus compañeros y junto con los pueblos insurrectos, no individualmente, por que Zapata siempre enfatizó… y se cansó de decir que él no era personalista… siempre trabajó al lado de su pueblo y su Ejército Libertador.

Resulta claro que la trascendencia en tiempo y espacio del zapatismo responde a una causa: la heterogeneidad del mismo, en la cual se encuentra la raíz y razón de la complejidad y a la misma vez sencillez del movimiento suriano.

Estoy seguro que los nuevos estudios demostrarán lo que Francisco Pineda -mi maestro y amigo- me dijo aquella tarde que salíamos del Instituto de Investigaciones Sociales [UNAM]:

El zapatismo sigue presente y tiene muchas aristas, el zapatismo no está agotado, aún tiene mucho que contar.

Dedico este artículo a la memoria del Dr. Francisco Pineda Gómez.

Para saber más

Archivo particular de la Familia Contreras

Archivo Particular de Everardo González Vergara

Archivo Particular de Adelaido González Vergara

Archivo Particular de José de la Luz Bautista

Archivo Particular de Perfecto Carmona

Archivo Particular de Gregorio S. Rivero

Archivo Particular de Josefa Páez Domínguez

Barrera Basols, Narciso y Víctor M. Toledo, “¿Qué son las sabidurías tradicionales?: Una aproximación etnoecológica”, en: La memoria biocultural. La importancia ecológica de las sabidurías tradicionales, Barcelona, España, Icaria, 2008

Entrevista a Francisco Pineda Gómez realizada por Carmen Aristegui, abril de 2019. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=_rAeYLfjGvY