Las conquistas después de «la Conquista»
agosto 11, 2019 La Bola

Las conquistas después de “la Conquista”. La expansión de los españoles en Mesoamérica después de la caída de México-Tenochtitlan

Por Misael Chavoya Cruz

La llamada “conquista” no se define solamente con la caída de México-Tenochtitlan. Antes y después de 1521, las huestes de Cortés y de otros conquistadores forjaron diversos pactos, así como pugnas, con diversas comunidades indígenas. En el presente texto se explica la configuración de múltiples alianzas entre europeos y americanos que hicieron posible la expansión del reducido número de españoles, lo que permitió el control político y social de amplias zonas del sur, del occidente del territorio mesoamericano, y de la Mixteca Alta.

¿A qué le llamamos “conquista”? El Diccionario de Autoridades de 1729 define este concepto como “Ganáncia o adquisición conseguida a fuerza de armas de alguna Plaza, Ciudad, Réino o Provincia”. ¿El conjunto de procesos sucedidos en el mundo mesoamericano a partir de 1519 se define cabalmente por esta palabra?

Tanto en la narrativa tradicional como en la que pretende dar una visión nueva sobre “la Conquista de México”, se sigue manteniendo la idea de que el punto culminante de este proceso fue la caída de la ciudad de México-Tenochtlitlan, capital del imperio colhua-mexica, la Triple Alianza o Excan Tlatoloyan, como se denominaba en náhuatl. La dominación del Nuevo Mundo por la monarquía hispánica se enmarca en un proceso más amplio que bien puede rastrearse desde varios siglos atrás en la península ibérica, y al menos hasta finales del siglo XVIII, con la conquista y colonización del norte de la Nueva España y otras regiones de Sudamérica. Se trata, pues, de un proceso sumamente complejo, que desde la época en que sucedía fue dando motivos para ser interpretado de distintas maneras, hasta nuestros días.

Una de las características del conocimiento histórico es justamente la reinterpretación de las causas, las consecuencias y los significados de los acontecimientos. La conquista de México del relato convencional hace referencia a la conquista de Cem Anáhuac (“La tierra rodeada de agua”), es decir, del mundo conocido por los mexicas, los pueblos sometidos a su imperio y otros grupos rivales. Es un proceso que a quinientos años de distancia se reinterpreta a la luz de nuevas circunstancias del nacionalismo mexicano, de la relación de los historiadores con la construcción del conocimiento histórico, de la posición que el poder y las instituciones tienen frente al pasado; pero también con documentos que durante las últimas décadas han sido encontrados o reinterpretados, y que arrojan información sobre las distintas miradas que se construyeron en torno a este importantísimo proceso.

Se debe tomar en cuenta que cada región de Mesoamérica enfrentó el inicio del dominio europeo de formas distintas, con base en las negociaciones o enfrentamientos que los diversos pueblos nativos establecieron con los invasores. Pero lo cierto es que la pregunta sobre quién conquistó México ya no se responde sosteniendo que fue un puñado de españoles liderado por Hernán Cortés. Es fundamental mencionar que la historia de la conquista y la de sus fuentes convencionales está basada casi completamente en la mirada española, en la que la participación de los indios aliados fue invisibilizada o minimizada de forma extrema. Entonces, ¿cómo fueron posibles tan asombrosas hazañas, en las que un puñado de europeos —y algunos africanos— conquistó un territorio inmenso, lleno de grupos diversos que conformaban una población de varios millones de habitantes? El relato de la conquista está construido desde el centro de México, tanto en los relatos de Hernán Cortés, Bernal Díaz del Castillo y un buen número de cronistas; como en las interpretaciones posteriores. Con ello no pretendo minimizar la guerra en Tlaxcala, Cholula y México-Tenochtitlan, sino más bien situar estos acontecimientos en el contexto que le corresponden.

El discurso del mestizaje como resultado de la mezcla entre españoles e indios forma parte del mito fundacional de la nación mexicana, impulsado por el estado mexicano posrrevolucionario. Una de las expresiones más evidentes fue el muralismo mexicano. “La Malinche y Cortés”, mural de José Clemente Orozco, Colegio de San Ildefonso, 1926. Foto: Noticonquista, Instituto de Investigaciones Históricas, UNAM. https://www.noticonquista.unam.mx/galeria/363/363

Los invasores establecieron múltiples alianzas con la población mesoamericana tan pronto como desembarcaron camino a la capital del imperio colhua-mexica. Sin ellas la empresa conquistadora y colonizadora iniciada en las costas del Golfo de México en 1519 simplemente no hubiera sido posible, pues durante la mayor parte del proceso los españoles dependieron completamente de los nativos. El pacto más relevante fue con los tlaxcaltecas, y posibilitó el avance inicial hacia el sur, occidente y norte mesoamericanos después de la caída de México-Tenochtitlan.

Otros aliados de los españoles fueron cempoaltecas, cholultecas, xochimilcas, chalcas, huejotzingas, texcocanos, matlatzincas, otomíes, chinantecos mixtecos y zapotecos; todos ellos sometidos por la Triple Alianza como tributarios. No obstante, en todas las regiones de avance español, durante las siguientes décadas después de 1521, fueron constantes las alianzas que establecieron con pueblos mayas, oaxaqueños, nahuas y purépechas; una estrategia de supervivencia y organización recurrente entre los pueblos mesoamericanos desde mucho antes de la llegada de los europeos.

Algunos historiadores han acogido la idea de que la conquista de México fue hecha por indios, hipótesis que ha generado interesantísimas investigaciones, pero que lamentablemente no han hecho contrapeso suficiente a la corriente dominante de interpretación. ¿Cuántos indios participaron en las conquistas? No hay forma de conocer un número preciso, pero con toda certeza se puede asegurar que se trató de cientos de miles de hombres y mujeres que fungieron como guerreros, cargadores, cocineros, mensajeros, espías e intérpretes. Los ejércitos multitudinarios que se trasladaron por toda Mesoamérica y otras regiones norteñas eran verdaderos conjuntos multiétnicos no sólo conformados por guerreros; muchas veces, buena parte de esos grupos se convirtieron en los colonizadores de las zonas reclamadas para el rey español.

Ya que la conquista no terminó con la caída de la capital tenochca, en las siguientes líneas haré un recorrido general sobre las conquistas en el sur, occidente y norte del territorio mesoamericano, denominado muy tempranamente “Nueva España” por Hernán Cortés en su Segunda carta de relación al Rey Carlos I, en 1520. Me interesa especialmente hacer énfasis final en la región  Ñuudzahui o Mixteca Alta —en el actual estado de Oaxaca— para mostrar que la guerra de conquista no fue una totalidad, aunque sí una tendencia en todo el territorio.

 

Las conquistas después de la Conquista

La búsqueda de “la Mar del Sur”, con el fin de encontrar un paso a las Indias Orientales, fue uno de los motivos de expansión hacia el sur por los españoles al mismo tiempo que organizaban el sometimiento de la ciudad de México-Tenochtitlan y del centro del imperio colhua-mexica. Por ello, las expediciones hacia el actual estado de Guerrero, iniciaron desde 1519. Con la caída de la gran ciudad mexica, muchos de los grupos que habitaban los territorios sureños se sometieron a los españoles, y otros más se aliaron con éstos con el objetivo de buscar beneficios políticos y económicos. Esta región tenía poco valor tributario, además de que el sometimiento mexica durante el siglo XV había debilitado a sus habitantes. No obstante, muy pronto se descubrieron los yacimientos de plata en la región de Taxco, y en 1523 los europeos fueron conducidos a Acapulco, en donde fundaron el asentamiento español de Villa Fuerte.

De forma paralela, a mediados de 1522, Cristóbal de Olid salió de Coyoacán rumbo a tierras purépechas, después de una expedición de exploración de la que los emisarios de Cortés, españoles e indios, regresaron con prometedoras noticias sobre lo que ahí vieron. Junto con un ejército de cerca de 200 hombres, en su mayoría indios tlaxcaltecas y matlatzincas, De Olid fue conducido por Toluca, Maravatío y Zitácuaro antes de llegar a Tzintzuntzan, la capital de los purépechas, un poderoso pueblo que no había podido ser sometido por la Triple Alianza (México-Tenochtitlan, Texcoco y Tacuba).

Después de un breve enfrentamiento previo a la llegada a la ciudad, el cazonzi —título que recibía el máximo gobernante purépecha— huyó a Uruapam y el ejército de De Olid entró a la Tzintzuntzan sin problemas, en donde fue recibido amistosamente. Durante los siguientes meses se dedicaron a reunir oro, plata, textiles y otros materiales que fueron obteniendo del saqueo de templos y tumbas de los antiguos gobernantes; todo fue enviado a Cortés. En ese momento, el extremeño supo que el cazonzi estaba vivo, por lo que le mandó decir que no tenía nada qué temer. Muy pronto se establecieron estrechas relaciones con la región purépecha, de la que se obtenían enormes tributos.

Hay que recordar que para esos momentos, los europeos precisaban encontrar un paso a la mar del sur —aún no llegaban a Acapulco— por ello, Cristóbal de Olid continuó su camino hacia occidente en donde su ejército se enfrentó con indios en Colima y fue derrotado. Posteriormente, Hernán Cortés lo designó para que encabezara una nueva expedición por mar hacia el sur del mar Caribe; no obstante, De Olid regresó a Cuba y se puso bajo el mando de Diego Velázquez, quien le ofreció ser gobernador de Honduras una vez que sometiera a la región. Al enterarse, Cortés lo enfrentó y después de derrotarlo y enjuiciarlo, lo decapitó en el poblado Naco en 1524.

Años más tarde, en 1529 la expansión europea hacia el occidente se reinició con Nuño de Guzmán. Este español había sido designado por el rey, primero para gobernar el territorio de Pánuco, pero después —en 1528— para fundar la Real Audiencia de la Nueva España. Su presencia en el recién controlado territorio mesoamericano tenía el objetivo de frenar el poder de Hernán Cortés, así que de inmediato entró en conflicto con éste. Al no poder detenerlo, y después de que fuese nombrado Capitán General de la Nueva España, Nuño de Guzmán renunció a su cargo como Presidente de la Real Audiencia e hizo una expedición rumbo a Jalisco y Sinaloa.

Durante dicho recorrido, su ejército de trescientos españoles y diez mil indios de diversos grupos se detuvo en Michoacán, en donde se le adhirieron mil purépechas más. No obstante que este pueblo tenía excelentes relaciones con Hernán Cortés, Nuño de Guzmán comenzó a exigir enormes cantidades de oro y otras materias como tributo, pero al no poder cumplir con ello los indios, torturó y asesinó a su gobernante. Este fue el inicio de un proceso de sometimiento sangriento en Michoacán, Jalisco y Nayarit, pues Nuño de Guzmán, al frente de su enorme ejército indio-español, saqueó e incendió innumerables pueblos; muchos de ellos —ahuacatecos, ixtlecos, otomíes, purépechas y grupos chichimecas— trataron de hacerle frente pero no tuvieron éxito.

Genealogías indias de Tenochtitlan y Tlatelolco que aparecen vinculadas con el escudo de armas de la monarquía hispánica. Códice García Granados. Siglo XVII. Estado de México. Papel Amate. Foto: BNAH-INAH. https://www.inah.gob.mx/images/boletines/2016_146/demo/#img/foto1.jpg

Cuando fue gobernador de Pánuco, Nuño de Guzmán esclavizó y vendió a miles de indios, y en su campaña de occidente repitió la misma práctica. Ordenaba marcar con hierros incandescentes a los indios en la cara, sin importar si eran hombres mujeres, niños o bebés. La noticia del trato que su ejército daba a la población se difundió rápidamente, así que en muchos lugares los indios huían de sus pueblos al enterarse de la presencia de Guzmán y sus huestes. Pero además de la esclavitud y las masacres, las epidemias dieron un duro golpe contra los habitantes de esta región que no contaban con formas de hacerles frente.

A finales de 1530, Nuño de Guzmán fue conducido hasta el actual Sinaloa, en donde se asentó hasta octubre del siguiente año. Al mismo tiempo que fundaba pueblos españoles, constituidos por algunos españoles y decenas de indios, destruía todo rastro de asentamientos nativos; en este proceso fundó el reino de Nueva Galicia, en Compostela, Nayarit.

Entre 1537 y 1542, las consecuencias de la guerra y el maltrato constante hacia la población esclavizada de occidente detonaron el levantamiento indio que dio inicio a la guerra del Mixtón, entre los Altos de Jalisco, el sur de Zacatecas y el poniente de Aguascalientes. Esto fue el inicio de medio siglo de resistencia de los caxcanes, zacatecos, tecuexes y otros grupos norteños ante el dominio español, en la que surgieron líderes indios como Francisco Tenamaxtle y murieron conquistadores cercanos a Cortés como Pedro de Alvarado. El conflicto fue neutralizado por un enorme ejército comandado por el virrey Antonio de Mendoza, conformado por un estimado de cincuenta mil personas, de las cuales poco más de una centésima parte eran españoles y el resto indios nahuas y purépechas.

El avance vino después hacia la Gran Chichimeca, en donde se libró una guerra de exterminio que finalizó con el siglo XVI. Uno de los problemas para conocer la historia de este inmenso territorio fue que no hubo registros de la diversidad de pueblos y culturas que lo habitaban, todos ellos de tradición nómada, y de un fuerte ímpetu por la defensa de sus territorios.

Por otra parte, la conquista del Mayab —región donde habitaban numerosos grupos étnicos, comprendida en los actuales estados mexicanos de Yucatán, Campeche y Quintana Roo; así como los territorios de Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador— fue un proceso que inició antes de la llegada de los europeos al centro de México y se prolongó hasta finales del siglo XVII. Los primeros contactos se hicieron en 1502, y en los siguientes años se llevaron a cabo algunas expediciones de exploración costera encabezadas por Francisco Hernández de Córdova, Juan de Grijalva y finalmente por Hernán Cortés.

Luego de la caída de México-Tenochtitlan, algunos reinos mayas enviaron emisarios a encontrarse con los españoles para expresar su lealtad al rey de España; no obstante, los quichés y kaqchikeles de la región del Soconusco fueron sometidos por medio de las armas por el ejército de Pedro de Alvarado en 1524. Al siguiente año, las expediciones de conquista fueron avanzando hacia el sur sobre Guatemala, región que se logró controlar completamente para inicios de la década de 1530. Hasta la actualidad existen numerosas comunidades en la región que fueron colonizadas por indios del centro de México.

Entre 1527 y 1546, Francisco de Montejo y su hijo, con el mismo nombre, encabezaron la conquista de Yucatán, Quintana Roo y Campeche con el derecho otorgado por el Rey, pero enfrentaron fuertes complicaciones por la resistencia india, por las condiciones climáticas de la península a las que no estaban acostumbrados los europeos; y por las constantes pugnas políticas por el control del territorio entre los mismos españoles. En 1528 Diego de Mazariegos lideró el proceso de conquista y colonización del territorio de Chiapas con el otorgamiento de encomiendas a los conquistadores europeos que llegaron con él y el sometimiento de la población nativa.

El mecanismo empleado para asegurar el control de las zonas de avance de los españoles  después de someter a los indios por las armas o por pactos políticos con los gobernantes, fue asignar a cada europeo el derecho de recibir tributo y trabajo no remunerado de un número determinado de indios, conservado las formas de tributación prehispánicas; este sistema es conocido como encomiendas, y cada español que gozó de este derecho se le denominó encomendero. La encomienda era una institución creada en la época de la reconquista de los territorios ocupados por los musulmanes en la península ibérica y ya había sido instaurada por Cristóbal Colón en las islas del mar Caribe.

El proceso de conquista de la gran región maya se consolidó hasta 1535 con la fundación de la Ciudad Real con Pedro de Alvarado como gobernador. La última zona en ser conquistada y sometida fue el Petén, en donde la guerra se mantuvo latente hasta 1697.

 

La llegada de los españoles a la Mixteca Alta

Una de las primeras expediciones españolas a la Mixteca Alta fue ordenada por Hernán Cortés y encabezada por Gonzalo de Umbría junto con indios nahuas en 1519 hacia las regiones de Sosola y Tamazulapam. Es probable que en esta expedición De Umbría pasara por el Valle de Nochixtlán y específicamente por la región de Yanhuitlán, pues era la ruta común entre Tamazulapam y Sosola. Los etnohistoriadores que han investigado esa época sostienen que dicha expedición y el contacto con los pobladores de la Mixteca fue “aparentemente pacífica y sin algún incidente notable”.

Otras expediciones a la región se hicieron también por orden de Cortés en 1520 con el objetivo de localizar los lugares de donde el tlatoani Moctezuma le había dicho que se extraía  oro y se tributaba a México-Tenochtitlan. De estas expediciones, Cortés obtuvo información de dos comunidades de la Mixteca: Ñuyagua o Tamazulapam y Yucuañe o Malinaltepec con ríos de los que se obtenía oro en polvo. Al parecer, en este último lugar se planeó hacer el primer asentamiento español pues ahí permanecieron algunos españoles; sin embargo, esta estancia no duró mucho tiempo.

Mapa de La Mixteca, siglo XVI. Tomada de Kevin Terreciano, Los mixtecos de la Oaxaca colonial, México, Fondo de Cultura Económica, 2013, p. 20.

Al año siguiente, una vez que México-Tenochtitlan había caído en manos de la alianza entre indios y españoles, se realizaron nuevas expediciones a la región de los ñudzahui o mixtecos. Francisco de Orozco fue conducido al Valle de Oaxaca pasando por Yodzocoo, Inguiterria o Coixtlahuaca y Atoco o Nochixtlán. En 1522, Andrés de Tapia pasó por estos mismos lugares y es posible que haya sido él quien encabezara el sometimiento del poderoso cacicazgo de Yanhuitlán, aunque no lo hizo con la región entera.

Réplica de lámina del Códice Yanhuitlán (mediados del siglo XVI), en la que se observan dos indios con sus nombres calendáricos acompañando a un fraile que escribe. Fuente: Mediateca INAH. https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/objetohistorico%3A1842

Hacia 1522 y 1523 el ejército de Pedro de Alvarado luchó contra mixtecos y zapotecos de la costa, región en la que la resistencia de los nativos fue muy fuerte, aunque quienes resistieron mucho más fueron los mixes, asentados en la zona serrana del norte del actual estado de Oaxaca. Por buena parte del siglo XVI se buscó someterlos militarmente con estrategias tan violentas como torturas y ataques de perros; no obstante, ante el fracaso de los conquistadores, fueron los frailes dominicos quienes paulatinamente incorporaron a los mixes al esquema cultural y político español por medio de la evangelización.

Como gobernador de la Nueva España, Cortés otorgó en 1523 el pueblo cabecera de Yanhuitlán y sus pueblos sujetos y barrios en encomienda —una de las más grandes de la Nueva España— a Francisco de las Casas, su primo, quien le había entregado las mercedes reales en las que se le nombraba Capitán General y Gobernador de las tierras recién conquistadas. No obstante, un buen número de españoles no estuvieron de acuerdo con dicha concesión, pues De las Casas no había peleado en la guerra. Para la mayor parte de ellos, los beneficios de la conquista —como tierras, mano de obra y muchas materias primas— debían ser otorgados a los conquistadores europeos.

En la Mixteca Alta, el sistema de tributación hacia los caciques se mantuvo, pero se añadió también el tributo para los nuevos encomenderos. Muchos de ellos, habían llegado al continente con Hernán Cortés y otros en la expedición de Pánfilo de Narváez. Algunos tenían una posición económica acomodada y habían ocupado cargos administrativos en las islas caribeñas, mientras que la mayoría de ellos no tenía recursos y había llegado al Nuevo Mundo en busca de fortuna.

En los siguientes años, los españoles establecieron un incipiente sistema de gobierno con poca resistencia por parte de los indios, y los religiosos dominicos ingresaron en la zona evangelizando a caciques e indios nobles con aparente sumisión. Los antiguos gobernantes  y la nobleza india fueron integrados al sistema político y económico europeo como justicias del rey, a través del establecimiento de gobiernos locales.

No obstante, a mediados del siglo XVI, había pocos europeos asentados en la zona, quizá entre el corregidor de Nochixtlán, algunos funcionarios del rey, los frailes dominicos del convento y encomendero de Yanhuitlán hacían una veintena de personas. Esta situación permitió que muchas de las dinámicas sociales y formas de entender el mundo por parte de los mixtecos perviviera casi sin modificaciones. No había forma de que los europeos pudieran controlar las acciones de los cientos de miles de indios que habitaban la Mixteca Alta.

Aun así, existieron intentos por hacerlo, como el famoso proceso inquisitorial contra el cacique y gobernador, y los alcaldes de Yanhuitlán, entre 1544 y 1546, que fueron acusados de idolatría por parte de otros indios. Aunque el proceso no tuvo una resolución conocida, fue uno de los pocos ensayos de procesamiento de la población india por el Santo Oficio, pues en las siguientes décadas fue prohibido porque se consideró que los indios eran neófitos en la religión cristiana.

Otra lectura de dicho proceso, es que la acusación de indios contra indios obedeció más a rivalidades políticas que a una vigilancia de la vida religiosa. Es evidente que durante las primeras décadas de presencia española en la Mixteca Alta, toda la población india continuó llevando a cabo sus actividades como solían hacerlas antes de la llegada de los europeos. El cambio fue paulatino, y diferenciado en relación con las zonas de esta región. Mientras que algunos españoles civiles y religiosos vivían en los grandes asentamientos, en donde fueron construidos los majestuosos conventos dominicos; en los lugares de población más dispersa y de difícil acceso, el control hispánico fue sumamente débil, y por algunos años inexistente.

En esta misma situación se encontraban muchas regiones de la Nueva España, en las que la conquista y colonización fue un proceso que se prolongó por varias décadas, e incluso siglos. Las enormes dificultades para controlar a la población, tan diversa entre sí, obligó a los españoles a establecer pactos con los gobernantes indios, y negociar permanentemente con ellos para mantener la administración de los recursos económicos. Ello no niega que buena parte del territorio novohispano haya sido vencida por medio de la guerra; pero no es apropiada una generalización que elimine de la historia la diversidad de formas en que sucedió este proceso.

Los cambios en las estructuras culturales mesoamericanas fueron desiguales, tanto en el tiempo como en el espacio, mientras que en algunas regiones el control hispano se consolidó durante el resto del siglo XVI, en otras como el lejano e inmenso septentrión novohispano el proceso se prolongó hasta el siglo XVIII. Sin duda, las epidemias y la debacle poblacional del siglo XVI fue un factor fundamental que benefició a los españoles. Si pudiera mostrarse el dominio europeo sobre el territorio hispanizado, se vería como muchas manchas intensas y tenues por doquier.

Para saber más

Barjau, Luis, “La alianza indígena con los españoles” [en línea], en Nexos, 1 de abril de 2019 [fecha de consulta: 10 de junio de 2019]. Disponible en: https://www.nexos.com.mx/?p=41839

“Estado de Guerrero” [en línea], en Enciclopedia de los municipios y delegaciones de México, Ciudad de México, Secretaría de Gobernación, 1987, [fecha de consulta, 8 de junio de 2019]. Disponible en: http://siglo.inafed.gob.mx/enciclopedia/EMM12guerrero/historia.html

Navarrete, Federico, “¿Quién conquistó México?” [en línea], en Letras libres, 31 de mayo de 2001 [fecha de consulta: 1 de junio de 2019]. Disponible en: https://www.letraslibres.com/mexico/quien-conquisto-mexico

Oudijk, Michel y Matthew Restall, Conquista de buenas palabras y de guerra: una visión indígena de la conquista, México, UNAM, 2013, 116 pp.

Palacios Díaz, Mario Arturo, “La guerra del Mixtón. El origen de la guerra chichimeca del siglo XVI”, en Horizonte histórico, núm. 20, Aguascalientes, Universidad Autónoma de Aguascalientes, 2010, pp. 49-52.

Spores, Ronald, Ñuu Ñudzahui. La Mixteca de Oaxaca. La evolución de la cultura Mixteca desde los primeros pueblos hasta la independencia, Oaxaca, Fondo Editorial del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca, 2007, 472 pp. (Colección Voces del Fondo; Serie: Etnohistoria)

Valle, Rafael Heliodoro, Semblanza de Cristóbal de Olid, Ciudad de México, Fondo de Cultura Económica, 1998, 71 pp. (Colección Fondo 2000).