La conquista de México-Tenochtitlan
agosto 13, 2019 La Bola

La conquista de México-Tenochtitlan

Por Marcos Thomas Peñaloza Gómez

A través de este artículo haremos un recorrido en la historia de la ruta de Cortés a Tenochtitlán. Resaltaremos diversas acciones diplomáticas y militares que sostuvo el hispano para lograr la conquista de la capital del imperio mexica en el año de 1521.

Un año que cambió el destino de un hombre: 1519

Desde que llegó a la isla de Cuba en 1511, Hernán Cortés comenzó su carrera militar dentro de las tropas lideradas por Diego de Velázquez. Gracias a su participación en la conquista de la isla y a su juventud (26 años), Velázquez le ofreció la mano en matrimonio de su cuñada Catalina Suárez. Así, a través de su estrecho vínculo con el gobernador de Cuba, Cortés también participó en la política con un puesto de alcalde, en la ciudad de Santiago de Cuba.

En 1519, tras ocho años de amistad, Diego de Velázquez encomendó a Cortés dirigir su tercera expedición a la región de Yucatán. El inicio de la expedición de Cortés tuvo como primer enclave la zona de Cozumel, lugar donde recibió noticias de un par de hispanos que habían naufragado hacia 1511, se trataba de Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero. Sin embargo, tras el arribo de Cortés sólo Aguilar acudió a su encuentro, pues Gonzalo se había casado con la hija de un cacique maya y para ese momento ya tenía dos hijos, por lo que decidió quedarse con su nueva familia. En cuanto a Jerónimo, éste se unió a la expedición de Cortés y se convirtió en el intérprete del maya al español.

En marzo de ese mismo año, Cortés fondeó en la desembocadura del río Grijalva, con el objetivo de hallar agua y alimentos. Desde allí emprendió una expedición que lo llevó a encontrar la ciudad de Potonchán, para luego librar la batalla de Centla, en la que obtuvo la victoria. Además, en aquel lugar Cortés fundó la primera ciudad española en este territorio, a la que nombró Santa María de la Victoria, y obtuvo regalos del cacique local. El más importante fue la india Malinalli, gracias a la cual pudo comunicarse con los habitantes del territorio mexica.

Tres semanas después, Cortés llegó a la región de San Juan de Ulúa. En este lugar, los nativos acogieron a los hispanos con amabilidad, quienes se establecieron en las cercanías de un mercado local, donde los totonacas y mexicas se reunían. Aquí Cortés recibió la visita de un enviado de Moctezuma, Teudile. Ambos se estudiaron mutuamente. Cortés trató de evaluar la riqueza de Moctezuma, mientras que Teudile recabó información sobre los externos, para dársela a conocer al Tlatoani en Tenochtitlan.

Tlacochcálcatl, señor de Cempoala invitó a los hispanos a visitar su tierra, y fue allí donde puso al tanto a Cortés sobre todo lo que debía saber acerca del poderoso Tlatoani de Tenochtitlan, es decir, sobre la situación y poder de la gran metrópoli, de sus enemigos como Tlaxcala o Huejotzingo, del deseo que muchos tenían de ver extinto el dominio mexica, y de la posible ayuda que para esta causa podía encontrar. Asimismo, el 1 de julio de 1519, Cortés se animó a lograr una campaña en el interior del territorio, cuando llegó a Veracruz una carabela con 60 hombres y algunos caballos a bordo, que fueron bien recibidos por el hispano.

Así, un mes después, el 16 de agosto de 1519, Cortés emprendió el camino a Tenochtitlan. En Xocotlah (Zautla), donde se detuvieron varios días, los hispanos comenzaron a desvelar el interés que tenían por el oro. Olintecle, el cacique local fue el primero que entregó, sin la previa autorización de Moctezuma, algunas piezas de oro con el objetivo de alejar a los externos. Ante esta acción, Cortés aprisionó al cacique y lo obligó a decirle de dónde obtenía el producto. Tras el interrogatorio, Cortés fue aconsejado por sus nuevos aliados cempoaltecas, de tomar rumbo hacia Tlaxcala, en donde sería factible encontrar ayuda y más oro.

De acuerdo con algunos autores como José Luis Martínez y Marco Antonio Cervera, a partir de este momento, Cortés comenzó a explorar el territorio y a hacer uso de grupos avanzados de exploración, ya que se enteró que los tlaxcaltecas se preparaban para la guerra. De forma inesperada se produjo el primer enfrentamiento en territorio tlaxcalteca contra los valientes y experimentados guerreros otomíes. Durante el combate los hispanos perdieron dos de sus preciados caballos y fueron heridos varios soldados. Esa noche, la del 31 de agosto, durmieron a la intemperie y comieron carne de las crías de los perros. Las batallas contra los otomíes y tlaxcaltecas continuaron a lo largo de días posteriores hasta que acaeció el combate definitivo en el que, según las crónicas, los españoles tuvieron que enfrentarse a varias huestes de otomíes.

 Cortés y sus hombres entraron a Tlaxcala el 18 de septiembre de 1519, donde fueron acogidos, esta vez sí, de forma amistosa. Durante su estancia, Cortés se logró forjar una alianza duradera que trajo beneficios comunes. Entre tanto, los emisarios de Moctezuma intentaban convencer a Cortés de que no fuera hasta Tenochtitlan. Moctezuma no quería bajo ningún concepto que los externos llegaran a la capital.

El 12 de octubre, Cortés y un importante número de tlaxcaltecas emprendieron una marcha de varios días con rumbo a Cholula, urbe tributaria de Tenochtitlan. Allí también se les trató bien en un principio, aunque con el paso de los días las atenciones fueron menguando. Más tarde y de acuerdo con el cronista Bernal Díaz del Castillo, se supo que fue el propio Moctezuma quien ordenó que no se proporcionara ninguna ayuda a los hispanos. Como castigo a Cholula, Cortés procedió a la toma y saqueo de la ciudad, durante la cual se produjo una matanza terrible.

El 1 de noviembre partieron de Cholula para llegar hasta Calpan, una ciudad de gran tamaño donde Cortés recibió a emisarios de la ciudad aliada de Huejotzingo, que le pusieron al tanto de las intenciones de Moctezuma. Luego partieron hasta Huehuecalco, desde cuyas alturas divisaron a tan solo 16 km el lago de Tezcoco. Los emisarios mexicas, en su empeño de evitar la llegada de Cortés continuaron el ofrecimiento de oro y otros objetos preciosos.

El camino hispano continuó a través de Amecameca (3 de noviembre) donde pasaron dos noches, para llegar luego a Chalco, la primera ciudad a orillas del gran lago donde se localizaba Tenochtitlan. Posteriormente se dirigieron hasta Iztapalapa, territorio desde el que ya se podía apreciar todo el esplendor de la capital mexica y que servía como la calzada principal hasta la capital. En los últimos kilómetros hasta allí, los hispanos pudieron conocer otras ciudades como Coyoacán y Huitzilopochco, hasta que finalmente entraron a Tenochtitlan, donde Moctezuma fuertemente contrariado por la situación accedió a recibirles el 8 de noviembre de 1519. Moctezuma decidió albergar a los visitantes en el Palacio de Axayácatl, ahí Cortés junto con su ejército permanecerían los siguientes meses.

En los subsiguientes días algo contradictorio sucedió, Cortés tomó como prisionero a Moctezuma y lo obligó a vivir en el palacio de Axayácatl. La actitud vacilante de Moctezuma hizo que el gobernante perdiera prestigio ante sus súbditos y fieles aliados, de tal forma que poco a poco el panorama político militar comenzó a cambiar.

 

 

Las alianzas de Cortés y el fin del dominio mexica

A inicios de mayo de 1520, Cortés recibió noticias de que el capitán Pánfilo de Narváez junto con un ejército bien conformado venían con la intención de aprehenderlo. Ante el informe, el hispano marchó a su encuentro, pero le indicó a Pedro de Alvarado que se quedara en Tenochtitlan para continuar con la diplomacia (decisión que no fue la más acertada). Mientras Cortés logró convencer a los soldados de Narváez para unirse a su causa, Pedro de Alvarado masacró a la élite mexica durante la celebración del Tóchcatl, fiesta dedicada al dios Huitzilopochtli. Cuando Cortés regresó con refuerzos a la capital mexica, se encontró con un panorama hostil y poco benéfico para continuar con la política de corregencia junto a Moctezuma.

No obstante, tras el incidente, Cortés y Moctezuma acordaron que este último debía calmar a su pueblo, ya que la acción del hispano Narváez y sus soldados no fue con la intención de eliminar la amistad entre estos dos. Ante esta situación, Moctezuma fue apedreado por su propia gente y, posteriormente perdió la vida a manos de los mismos hispanos o de su Cihuacóatl Cuitláhuac.

Frente al caos y la inestabilidad en la capital, la noche del 30 de junio de 1520 los hispanos decidieron huir de la ciudad por la calzada que lleva a Tacuba y dirigirse a Tlaxcala. Sin embargo, no tardaron en ser descubiertos, y pronto el caos y la desesperación se hicieron evidentes. Los pocos soldados que sobrevivieron se pusieron a salvo en tierra firme en la región conocida como Tacuba. Tras esta derrota, Cortés miró probablemente con gran desaliento que la poca ventaja que quizás había ganado estaba perdida, y que lo único que le quedaba era intentar vencer a los mexicas aprovechando las alianzas hechas con los pueblos enemigos y con su ingenio para guerrear.

Ya de camino a Tlaxcala, aproximadamente el 2 de julio del mismo año, Cortés y sus tropas realizaban su primera parada tras el repliegue en Otonteocalco. Allí sufrieron varios ataques, aunque sin consecuencia alguna para los hispanos. Ya de madrugada reanudaron de nuevo su camino. Después de una marcha forzada, Cortés y sus hombres llegaron a Teocalhueyecan, donde fueron recibidos por el cacique local, que los acogió amablemente debido a su enemistad con los mexicas. Allí pudieron descansar y comer en abundancia, lo que contribuyó a mejorar el estado físico y la moral de todos los soldados.

Al amanecer, Cortés partió hacia Tepotzotlán y posteriormente a Citlaltépetl, cuyos habitantes habían huido a las montañas tras enterarse de la llegada del hispano. Con la ciudad vacía y las reservas de alimentos repletas, Cortés y sus soldados pudieron volver a descansar y comer en buenas condiciones.

 

Antes de llegar a Otumba los hispanos recorrieron durante varios días unos pocos kilómetros y fueron provocados constantemente por pueblos que intentaron debilitar al grueso del ejército de Cortés. Uno de esos enfrentamientos se produjo en Xoloc.  Ulteriormente, en la primera quincena de julio, en Otumba, el mismo Cortés y Bernal Díaz del Castillo afirman en sus textos que se libró una de las batallas más importantes de toda la campaña. La derrota final mexica despejó definitivamente el camino hacia Tlaxcala. La victoria sirvió para difundir confianza a los hispanos, pero también para crear discrepancias entre los mexicas, que discutían el liderazgo de Cuitláhuac.

Representación de la batalla de Otumba, la cual se llevó a cabo en Temalacatitlán. Lienzo de Tlaxcala, 1773. Disponible en: http://cort.as/-MWUr

Después de la batalla en Otumba, los hispanos llegaron a Hueyotlipan, ciudad del señorío de Tlaxcala, donde fueron acomodados y alimentados durante tres días. Allí Maxixcatzin, el más poderoso de los tlaxcaltecas fue a visitar a Cortés con un gran número de refuerzos. Pese a que Cortés y sus soldados ya se encontraban a salvo en Hueyotlipan, los guerreros tlaxcaltecas atacaron a los mexicas que habían penetrado en su territorio y los expulsaron más allá de sus fronteras.

La llegada a Tlaxcala se presume entre el 12 y 13 de julio. Allí fueron recibidos por los tlaxcaltecas de forma amistosa, aunque les impusieron algunas condiciones para acogerles. Cortés siempre temió encontrarse un ambiente hostil a su regreso a Tlaxcala, pero la lealtad y la alianza con los tlaxcaltecas se mantuvo firme, incluso frente a las hostilidades de los mexicas.

A pocos meses de la salida de los hispanos, en la capital mexica se vivieron momentos de gran tensión e incertidumbre. Cuitláhuac tomó el poder y comenzó una política para recuperar y fortalecer sus alianzas con sus vecinos al reducir tributos y obligaciones militares. Sin embargo, esto no resultó del todo efectivo, pues pronto tanto enemigos como aliados se percataron de la vulnerabilidad de los mexicas y muchos de ellos decidieron aliarse con los hispanos.

Igualmente, durante los primeros días de octubre de 1520 se desató una epidemia de viruela llamada en náhuatl cocoliztli. Ésta diezmó en gran medida a la población mexica, pues alcanzó al mismo Tlatoani Cuitláhuac, lo que provocó gran miedo y desconcierto entre la población indígena, ya que, de acuerdo con las profecías, el dominio mexica llegaría a su fin y muy probablemente estos hombres externos serían el nuevo pueblo dominante.

 

 

El fin de un imperio: la operación anfibia hispana y el asedio de Tenochtitlan

De acuerdo con Isabel Bueno y Marco Antonio Cervera, ya en Tlaxcala, entre el mes de agosto y diciembre de 1520, Cortés ordenó la construcción de bergantines al mando de Martín López en el río Zahuapan. Una vez acabados, se desmontaron y fueron trasladados hacia el lago de Texcoco. De esta forma, Cortés pretendió iniciar una operación anfibia para cortar el suministro a la ciudad procedente de los distintos pueblos aliados de Tenochtitlan y desembarcar en sus cercanías para limitarse a luchar por el dominio del valle de México y el lago de Texcoco.

La entrada a Texcoco resultó tranquila debido a que gran parte de la población, incluido el caudillo Coanacochatzin la había abandonado y se dirigió a Tenochtitlan, ante el temor de un gran ejército liderado por Cortés. Esto dio ventaja a los hispanos, ya que el camino al lago de Texcoco quedó despejado. A partir de ese momento, Texcoco se convirtió en la base de operaciones de Cortés, y en el lugar de apoyo para explorar las regiones circundantes al lago y a la misma capital del imperio mexica.

A finales de marzo de 1521, los hispanos decidieron sitiar Tenochtitlan. Lo primero que hicieron fue cortar el acueducto de Chapultepec, el cual llevaba agua dulce a la ciudad, forzando a los pobladores a tomar agua salobre y sucia del lago, causando más bajas entre los mexicas. Asimismo, los puentes que comunicaban las principales avenidas de la ciudad con tierra firme habían sido removidos. Olid y Alvarado se apostaron en las posiciones y calzadas de Tlacopan y Coyoacán respectivamente. Mientras que a Sandoval se le ordenó bloquear Iztapalapa.

Cortés ideó la manera de penetrar a la ciudad, y al adentrarse en ella, tras la conquista de la isla de Tepepolco, él y sus bergantines fueron atacados por una flotilla de canoas mexicas, a las que derrotó. Al frente de 200 españoles, 40000 texcocanos y un número indeterminado de aliados, se adentró en el territorio enemigo hasta llegar a la región de Iztapalapa. Los mexicas intentaron defender a la población, sin embargo, la ruptura del dique que dividía al lago evitó que los mexicas triunfaran.

Tras su arribo a Iztapalapa, Cortés recibió el apoyo de los chalcas y estos le solicitaron ayuda para expulsar a los mexicas de esta parte del lago. Fue así como Sandoval y Francisco de Lugo junto con 200 hispanos y varios aliados indígenas liberaron Chalco de la presencia mexica. Posteriormente, los españoles atacaron Xaltocan que, unida a tierra firme por calzadas fue asaltada y saqueada. La incursión prosiguió limpiando el territorio de fuerzas mexicas hasta llegar a Cuautitlán que fue previamente abandonada por sus habitantes.

La columna hispana se adentró en territorio tepenaca, frente a la misma Tenochtitlan. Ahí permaneció unos días en los que se saqueó y luchó ciudad por ciudad. Tras una operación de 15 días, Cortés regresó a Texcoco donde, durante varias semanas obtuvo más refuerzos de diferentes regiones sometidas por los mexicas. También recibió ayuda de otros expedicionarios hispanos que llegaron al territorio con hombres, armas y pólvora, como fue el caso de Gerónimo Ruiz de Mota y Julián de Alderete. A partir del mes de abril, Cortés asaltó Xochimilco y avanzó hacia Coyoacán con el propósito de estudiar el territorio y sitiar la capital mexica.

La última ofensiva hispana se libró entre el mes de junio y agosto de 1521. En esta fase, el príncipe texcocano Ixtlilxóchitl brindó información suficiente a Cortés para sitiar las diferentes entradas y plazas de Tenochtitlan y Tlatelolco. Igualmente, el constante humo de los incendios y la llegada de contingentes indígenas aliados a los hispanos provocó que las dos ciudades del imperio mexica cayeran ante el avance de las tropas de Cortés.

Mapa del Valle de México en 1521. Disponible en: http://cort.as/-MWXH

Asimismo, la fuerza y poderío militar mexica se había evaporado y, tras ser derrotados los últimos contingentes mexicas en la entrada Tepeyac por las fuerzas de Alvarado, el 12 de agosto de 1521, después de casi 5 meses de sitio, el dominio mexica sucumbió ante la coalición de hispanos e indígenas. A pesar de ello, es importante mencionar que el hecho de vencer a los mexicas no representó la conquista de todos los pueblos mesoamericanos. La civilización mexica fue la potencia dominante de la región del altiplano central, pero aún hacía falta dominar a los pueblos del Norte y Suroeste mesoamericano, por lo que el proceso de conquista tomó varias décadas posterior a la caída de Tenochtitlan.

Para saber más

Bueno, Isabel, La guerra mesoamericana en época mexica, Tesis doctoral, Madrid, Universidad Complutense de Madrid, 2003.

Cervera Obregón, Marco Antonio, Breve historia de los aztecas, Madrid, Nowtilus, 2010.

Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de Nueva, México, Porrúa, 2000.

Hernán, Cortes. Cartas de relación de la conquista de la Nueva España, México, Porrúa, 2005.

Martínez, José Luis, Hernán Cortes, México, Fondo de Cultura Económica, 1992.