Carlos María de Bustamante. El indigenismo como raíz de la nación mexicana
agosto 11, 2019 La Bola

Carlos María de Bustamante. El indigenismo como raíz de la nación mexicana.

Por Laura Martínez Domínguez

Una vez lograda la Independencia en 1821, se construyó una historia en la que el mundo prehispánico sería la única raíz valiosa en la cual se podía sostener la identidad de la nueva nación mexicana. Carlos María de Bustamante, notable abogado y principal ideólogo del pensamiento insurgente, fue el promotor de esta visión en la que se exaltaba el pasado del antiguo imperio mexicano y se justificaba la guerra de independencia como una lucha para recobrar la soberanía de la nación mexicana usurpada por los españoles tras los crueles acontecimientos de la conquista. El artículo muestra cómo se fue construyendo la visión indigenista en la obra de Carlos María de Bustamante y cómo fue esta característica un bastión político de cara a la formación de la nación mexicana

Carlos María de Bustamante (Oaxaca, 1774- Ciudad de México, 1848) fue el historiador y cronista militante más importante de la insurgencia. Bustamante también fue abogado y ocupó numerosos cargos públicos a lo largo de toda su vida. Es probable que haya sido el escritor más prolífico del México independiente, pues su obra alcanzó más de 19 000 páginas. Su producción como redactor, editor y colaborador no sólo fue vasta sino diversa, pues lo mismo publicó libros y periódicos que folletos, diálogos, cartas y un sinfín de documentos más. Carlos María de Bustamante fue un insurgente acérrimo, era profundamente religioso, republicano hasta la médula y centralista convencido; nunca perdió la oportunidad de hacer sudar las prensas para discutir y polemizar sobre política y otros asuntos del día, cuestión que le granjeó persecuciones y estancias en prisión. Entre su enorme obra se puede distinguir tres grandes temas: el provincialismo, el indigenismo y la insurgencia, los cuales a menudo se entrecruzaron.

Carlos María de Bustamante se unió al movimiento insurgente en 1812, en ese año llegó a la comandancia militar de Zacatlán  en la Sierra Norte de Puebla para colaborar  con el rebelde Francisco Osorno.  Retrato de Carlos María de Bustamante,  Odilón Ríos, 1977. Museo Nacional de Historia, INAH. Imagen tomada de aquí: https://www.lugares.inah.gob.mx/images/exposiciones/catalogos/catalogo_553.pdf 

 

Pese a lo atractivo que resulta a primera vista conocer los escritos de Bustamante como fuentes para la guerra de independencia y las primeras décadas del México independiente, estos no son los preferidos por los académicos e investigadores. Una primera razón se debe a lo difícil que es estudiar sus textos, ya que no siguen un “orden riguroso”, “científico” y “académico”, lo cual es previsible puesto que sus obras no fueron escritas con el propósito de ser una fuente sistemática y exacta de los eventos, sino que fueron relatos y testimonios hechos muchas veces al calor de los acontecimientos, inclusive, redactados en los cuarteles de batalla y en prisión. El reproche hacia su imprecisión no es nueva, sino que vino enseguida tras la muerte de nuestro autor. Así, en 1853 Joaquín García Icazbalzeta calificó al Cuadro Histórico (1843-1846), la obra más extensa de Bustamante sobre la insurgencia, como una compilación confusa de sucesos. No obstante, la crítica a la falta de rigor iba más allá de una mera pulcritud académica, pues tenía un trasfondo político, como veremos más adelante.

La segunda razón por lo cual no se consulta más la obra de Bustamante radica en lo rebuscado de su lenguaje y en las formas literarias de sus textos. Leerlo no es una tarea nada sencilla, es preciso un diccionario de latín, otro más de castellano y algún ejemplar de historia grecolatina para seguirle el paso. De entrada sus relatos no son cronológicos o temáticos, sino que están llenos de arcaísmos y latinismos. Este rasgo del estilo de Bustamante no es extravagante para la época, pues es común encontrarse con este tipo de expresiones en otros autores. Aunque a decir verdad, parece que a nuestro escritor le fascinaban. Esta forma de escribir seguramente se debe a la nutrida formación académica en lenguas e historia de la Antigüedad que se recibía en los colegios, seminarios y universidades. De hecho, también es recurrente que Bustamante presente en sus escritos un complejo despliegue y combinación entre la historia clásica y la prehispánica.

Otra complicación adicional para su lectura actual, más no necesariamente para su época, es la forma en la que escribió sus textos. Una parte importante de su obra está redactada en cartas y en diálogos. De hecho, el mismo Cuadro Histórico está compuesto de 141 misivas que se hicieron originalmente por entregas y que no fueron consecutivas ni temáticas –lo que explica la falta de orden cronológico–. El género epistolar también acompañó a sus producciones periodísticas, como El Diario de México (1805-1817), los Juguetillos (1812, 1820) y el Correo Americano del Sur (1813), entre otros. Igualmente, Bustamante escribió numerosos diálogos que se publicaron en folletos e incluso en formato de libro como las Mañanas de la alameda de México (1836), en las que se estamparon las conversaciones entre algunas señoritas sobre la historia antigua de su país. Bustamante no recurrió a la epístola y a los diálogos de forma gratuita, pues ambos géneros resultaban familiares para amplios sectores sociales. Es decir, podemos suponer que Bustamante escribía en estos géneros literarios para poder ser leído y escuchado leer por un público de amplio espectro social. De hecho, nuestro autor era muy popular en la época, pues sus textos solían venderse como pan caliente en la calle, mercados, plazas, imprentas y librerías. En consecuencia, no es arriesgado suponer que él escribió muchos de sus textos pensando en difundir sus ideas para estos lectores y escuchas, quizá por ello se explica la presencia de tantos diálogos, que seguramente iban a ser leídos en voz alta.

La tercera razón y quizá la más relevante por la cual consideramos que Bustamante no suele tomarse mucho en cuenta, se debe a su posición política de carácter insurgente, la cual fue tachada y desdeñada como idealista y chabacana tanto por sus contemporáneos como por los estudiosos de hoy en día. Quizá el detractor más significativo por su impacto haya sido Lucas Alamán, quien se sabe escribió su Historia de México con el propósito, entre otros asuntos, de ser una contestación al Cuadro Histórico. La réplica corrió en varios sentidos, pues la Historia de Alamán es un relato sumamente ordenado y sistemático, no por ello imparcial, desde luego. Pero, sobre todo, la cuestión de fondo es que Alamán se propuso combatir la insurgencia y en consecuencia desdeñar el pasado prehispánico presentes en el Cuadro de Bustamante; en contraste, exalta con ahínco la herencia española.

La versión de Alamán parece haberse llevado el triunfo al paso de los años, pues en general,  mientras se acepta el peso de la hispanidad como un referente de la historia mexicana –que sin duda lo tiene–, valorar y reivindicar el indigenismo es visto como irrisorio e ingenuo. Es verdad que en la tarea de inventar la nación mexicana –como ha sucedido con el proceso de creación de todas las naciones– Bustamante evocó un pasado indígena ideal, univoco e impreciso como parte de la justificación y reivindicación que tenía el movimiento insurgente para re-establecer desde su perspectiva el poder político ahora en manos de los alzados; así lo podemos leer en el “Discurso” que redactó él y que pronunció Morelos en la apertura del Congreso de Chilpancingo en 1813. Por consiguiente, vale la pena detenerse en pensar cómo y por qué nuestro personaje forjó su idea de que la lucha insurgente, era también una lucha por el pasado y presente indígena.

 

En 1813, Bustamante propuso la organización de una asamblea constituyente para declarar formalmente la Independencia y elaborar una constitución que normara el nuevo estado. Su propuesta fue aceptada por José María Morelos, quien le encargó la redacción del discurso inaugurar. En el discurso elaborado por Bustamante y leído por Morelos se puede leer una clara relación entre la conquista y el movimiento independentista: “Al 12 de agosto de 1521 sucedió el 14 de septiembre de 1813, en aquél se apretaron las cadenas de nuestra servidumbre en México-Tenoctitlan; en éste se rompen para siempre en el venturoso pueblo de Chilpancingo”. Imagen tomada de aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Congreso_de_An%C3%A1huac

Bustamante nació y vivió sus primeros años en Oaxaca, una ciudad que como toda la Nueva España tenía una población mayoritariamente indígena. Ahí mismo conoció los vestigios de Mitla, los cuales le causaron una profunda impresión, pues destinó varios de sus textos para referirse a la historia antigua de su tierra, tales como los que se encuentran en la Memoria estadística de Oaxaca (1821) y en algunos números de los periódicos El Diario de México (1805-1817) y El Centzontli (1823). Otro aspecto que contribuyó a su indigenismo fue su formación académica ilustrada que comprendía desde la exploración científica de las ruinas prehispánicas hasta la búsqueda de una identidad “propia” distinta a la hispana. De ahí que fueron notables las lecturas que hizo de Bernal Díaz del Castillo, Cortés, Gómara, Acosta, Herrera, Torquemada, Sigüenza, Boturini, Clavijero, León y Gama, Álzate y Humboldt, singular caleidoscopio que le procuró una mirada más reflexiva no sólo del pasado prehispánico sino de la precaria situación de los indígenas de su entorno.

Hasta aquí Bustamante iba a ser un defensor y un exponente más del indigenismo, cuyos escritos salieron a la luz pública en El Diario de México (1805-1817), entre otros impresos. La gran ruptura en su vida sucedió en 1812, cuando en la Nueva España se puso en vigor la libertad de imprenta establecida en la Constitución de Cádiz de ese mismo año. Prerrogativa que dio paso al cuestionamiento público acerca de la insurgencia que llevaba ya dos años en armas y que parecía imparable en ese momento. El debate fue estentóreo a tal grado, que el virrey Venegas no tardó en suspender dicha garantía. Aquí Bustamante se radicalizó y tomó el camino insurgente en su ciudad natal, Oaxaca. A partir de este momento, el indigenismo tan caro para él se fusionó con su militancia insurgente. En lo sucesivo, sus publicaciones, como el periódico El Correo Americano del Sur (1813) y desde luego el Cuadro Histórico recogieron los testimonios parciales de la visión de la historia insurgente, relato en el que se reconocía que sus cimientos estaban en el periodo anterior a la conquista.

Las derrotas militares de los insurgentes en 1815, sumadas a la detención y ejecución de Morelos y la fragmentación y dispersión del movimiento a partir de 1817, llevó a Bustamante a acogerse al indulto, decisión que le valió la prisión en San Juan de Ulúa hasta 1819. Es sabido que en las celdas escribió varios documentos que conformaron su Cuadro Histórico, los cuales en un intento de fuga fueron puestos en un navío inglés.

Para 1821, el proceso consumación de la independencia de la mano del proyecto político enarbolado por Iturbide, fue embestido sin dilación ni miramientos por nuestro escritor. Por ejemplo, en Puebla –que estaba inclinada a favor de la consumación a cargo de Iturbide–, Bustamante buscó reeditar sin éxito la Constitución de Apatzingán de 1814. Incansable, nuestro autor logró publicar en la ciudad de México una carta dedicada a Morelos, justo el 27 de septiembre ese mes, día de la entrada triunfal del ejército Trigarante.

De 1821 a 1848, Bustamante lejos de olvidar el indigenismo lo recobró con nuevos bríos, pues una de las tareas políticas fue la construcción del nacionalismo mexicano y de su historia. Sin duda, para Bustamante, las raíces históricas de la nueva nación estaban en el pasado prehispánico que más que idealizado, correspondía a su proyecto político que estaba fundado en la idea de que México debía tener un rostro y una presencia indígena reconocida y valorada. ¿A tal grado, incluso, para recobrar el gobierno sobre sus tierras? Es poco probable, por su condición de clase, que Bustamante sugiriera tal idea, pero lo cierto es que la sola insinuación de la valía del pasado indígena fue calificada como de demagogia durante el imperio de Iturbide y más adelante como de irrisorio y extravagante por parte de las élites que siguieron en el poder. Frente a eso, nuestro personaje no cedió ni un ápice y publicó verdaderos ríos de tinta para difundir su historia del pasado prehispánico como pilar de la conciencia nacional. Asimismo, empleó este pasado para ejemplificar los aciertos o la ruina de determinadas decisiones políticas.

Como mencionamos, a partir de 1821, Bustamante compiló y editó varias obras que referían la Historia Antigua de Oaxaca, lo mismo que datos estadísticos sobre ésta. De igual manera, estuvo al tanto de los estudios sobre las ruinas prehispánicas de Mitla, tal fue el caso de las ilustraciones de José de Castañeda para los dos tomos de la obra Antiquités Mexicaines de Guillermo Dupaix. También en sus diferentes publicaciones como El Juguetillo no. 9 (1821), La Abispa de Chilpancingo (1821) y El Centzontli (1823) difundió textos sobre las antigüedades mexicanas. La enseñanza del pasado indígena para la juventud mexicana fue otra de sus ocupaciones, en este sentido hizo las notas y la edición del libro Tezcoco en los últimos tiempos de sus antiguos reyes de 1826 y más adelante escribió, especialmente para las señoritas, Mañanas de la alameda de México en 1836. La remembranza de esta historia prehispánica como hemos insistido no constituye una fuente fidedigna de lo que ocurrió en el pasado, sino que su riqueza e importancia está en el uso político que Bustamante quiso darle y que no era otro que asegurarse que los mexicanos tuvieran por su suya la herencia indígena, no una mezcla –recordemos que el mestizaje étnico y cultural está muy lejos de ser realidad– y, por supuesto menos la hispana.

El indigenismo de Bustamante fue su bastión político en el siglo XIX de cara a la formación de la nación mexicana. Las raíces de su fijación con el indigenismo se extienden a su niñez y educación, pero cobraron sentido político y social cuando se hizo insurgente. Sus historias prehispánica y de la guerra de independencia desde luego que son parciales y que más que apuntar con precisión los hechos y testimonios que recreó o vivió, ofrecen en su lugar una pléyade de relatos confusos, sí, pero vivos y encarnados. Cerramos este texto con una invitación para aproximarse a la inmensísima obra de Bustamante, no con la idea de encontrar un fiel y exacto relato de los acontecimientos del siglo XIX, pero sí con el espíritu crítico de analizar sus documentos sobre el indigenismo como una campaña política que buscaba tanto justificar la revolución de independencia, como asentar en la memoria de la nación mexicana que su base irreductible es el pasado indígena.

La visión histórica promovida por Bustamante al iniciar el siglo XIX se consolidó durante ese siglo y perduró con gran fuerza luego del movimiento revolucionario de 1910. Esta visión exaltó como héroe de resistencia y figura del mundo prehispánico a Cuauhtémoc y como símbolo de la dominación española a Hernán Cortes. La gráfica muestra el frontispicio del primer tomo de México a través de los siglos, obra de historia general publicada en 1884, en la que se consolida dicha visión al exaltar la grandiosidad del pasado prehispánico.

Para saber más

Castelán Rueda, Roberto, La fuerza de la palabra impresa. Carlos María de Bustamante y el discurso de la modernidad, México, Fondo de Cultura Económica y Universidad de Guadalajara, 1997.

Bustamante, Carlos María de, Cuadro histórico de la Revolución Mexicana comenzada en 15 de septiembre de 1810 por el ciudadano Miguel Hidalgo y Costilla, cura del pueblo de Dolores, en el obispado de Michoacán, segunda edición corregida y aumentada por el mismo autor, México, Imprenta de J. Mariano de Lara, calle de la Palma, no. 4,  5 tomos, 1843-1846. Disponible en línea, tomo 1: http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017737_C/1080017737_T1/1080017737_MA.PDF Tomos 2-4: http://biblio.unam.mx/iih/index.php/recursos-enlinea/fondos-antiguos/120-cuadro-historico-revolucion-1810

Bustamante, Carlos María de, Diario histórico de México, 1822-1846, Josefina Zoraida Vázquez, Héctor Cuauhtémoc Silva (editores), México, El Colegio de México-CIESAS CD-1 (1822-1834) y CD-2 (1835-1848), 2001.

“Discurso pronunciado por el rebelde Morelos en la Junta Revolucionaria de Chilpancingo el 14 de septiembre de 1813, compuesto por el cabecilla Lic. Carlos María de Bustamante”. Disponible en http://mhiel.mx/Morelos/data/Congreso_Chilpancingo/ctl.php?id=18

Bustamante, Carlos María de, La república criolla, antología, introducción y notas de Alfredo Ávila (ed.), México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2015.

Bustamante, Carlos María de, Mañanas de la alameda de México. Publícalas para facilitar a las señoritas el estudio de la historia de su país, Carlos María de Bustamante, Tomo II, México, Imprenta de la Testamentaría de Valdés, a cargo de José María Gallegos, 1836. Disponible en línea: http://www.cervantesvirtual.com/obra/mananas-de-la-alameda-de-mexico-tomo-ii–0/

Bustamante, Carlos María de, Memoria estadística de Oaxaca y descripción del valle del mismo nombre, estractado de la que en grande trabajó el señor don José Murguía y Galardi, diputado en Córtes por aquello provincia. Publícala el licenciado don Carlos María de Bustamante, individuo de la Sociedad Patriótica de Goatemala con una descripción del antiguo palacio de Mictla, la historia militar de los Indios Zapotecos, Veracruz, Imprenta Constitucional, 1821. Disponible en línea: https://ia800502.us.archive.org/19/items/memoriaestadst00bustguat/memoriaestadst00bustguat.pdf

Bustamante, Carlos María de, Tezcoco en los últimos tiempos de sus antiguos reyes, ó sea relación tomada de los manuscritos inéditos de Boturini; redactados por el lic. Mariano Veytia. Publícalos con notas y adiciones para estudio de la juventud mexicana, Carlos María de Bustamante, México, Imprenta de Mariano Galván Rivera, 1826. Disponible en línea: http://cdigital.dgb.uanl.mx/la/1080017454/1080017454.PDF

Lemoine, Ernesto, Estudios historiográficos sobre Carlos María de Bustamante, edición, introducción y presentación de textos por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva, México, Universidad Autónoma Metropolitana- Azcapotzalco, 1997.