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Se cumple el 49 aniversario luctuoso de Germán Cipriano Teodoro Gómez Valdés y Castillo (y no Germán Genaro Cipriano, como muchos años se manejó), el inolvidable Germán Valdés Tin Tan (1915-1973), uno de los más talentosos y queridos personajes de nuestro país de la pasada centuria, quien murió en la ciudad de México a la prematura edad de 57 años, durante el gobierno del polémico presidente Luis Echeverría.

Y es que desde 1943, año de su irrupción en el medio artístico nacional, al lado de su virtuoso compañero Marcelo Chávez –su inolvidable “carnal”–, Germán Valdés se consolidó como una figura de fama nacional y resonancia internacional y no sólo eso, con el paso de los años hasta el día de hoy, Tin Tan es uno de los personajes más queridos de la cultura popular, cuya excepcional –aunque también irregular– carrera, nos permite reflexionar en torno a la vigencia de una de las más fulgurantes estrellas del cine mexicano.

La vida de todo artista se asocia indudablemente a su vida personal y curiosamente en el caso de Germán Valdés Tin Tan no hay una distancia insalvable entre la figura pública y el ser humano bondadoso y divertido que siempre fue. Es decir, Germán Valdés a la par que se desenvolvió en múltiples actividades laborales como electricista, locutor radial, maestro de ceremonias, cantante, compositor, director, productor de cine, empresario, bailarín, coreógrafo y actor de doblaje; también se distinguió como un generoso hijo, padre, hermano, compañero y amigo.

Aunado a lo anterior y por la peculiar simbiosis que alienta la cinematografía entre los artistas y su público, para muchos de nosotros Tin Tan tiene o tuvo una gran repercusión en nuestras vidas. En mi caso, desde mi infancia tuve una enorme simpatía, admiración y curiosidad por esta luminaria, sin saber que, décadas después, en 2007, realizaría una tesis doctoral sobre su relevancia artística para posicionar a un personaje muy significativo de la cultura popular en el ámbito académico, que se resistía en aquellos años a abrirse a estos temas.

Así, a lo largo de 40 años de carrera artística (si nos remontamos a sus orígenes artísticos en la estación de radio XEJ de Ciudad Juárez, Chihuahua, hasta sus últimas presentaciones en teatros y carpas en 1973), Germán Valdés Tin Tan supo transitar del estereotipo pachuco que lo inmortalizó, al pícaro urbano de hilarantes películas citadinas que fueron dirigidas por el excelente cineasta Gilberto Martínez Solares, quien entendió mejor que nadie que estaba ante la presencia del mejor actor cómico mexicano de todos los tiempos, cuya genialidad la mostró en clásicos de nuestra cinematografía como: Calabacitas tiernas (1948); El rey del barrio (1949); o El revoltoso (1951).

Posteriormente, aquel pícaro urbano tintanesco se convirtió en el parodiador de todo lo parodiable. Por ello, Tin Tan fue “cantaor” español, pintor francés, maestro de música italiano, contador de cuentos árabe, káiser alemán, zar ruso, marinero, vizconde, “ratero sonso”, gánster, “revoltoso citadino”, “hombre mosca”, boxeador, luchador, fósil universitario, empresario musical, peluquero, fotógrafo, beisbolista, futbolista, ciclista, indígena, cavernícola, romano, mosquetero, vaquero, pirata, panadero, profesor escolar, aristócrata, vagabundo, mariachi, charro, carpero y un largo etcétera.

Desafortunadamente, la voracidad de los productores cinematográficos para amasar grandes fortuna (incluido el propio Germán Valdés que tenía su propia empresa fílmica); así como la errática toma de decisiones del actor que derivó en una pésima administración de su carrera, ocasionó que el muy popular personaje cinematográfico Tin Tan, se desgastara notablemente y con ello se dio el inevitable declive artístico del otrora novedoso actor cómico-pachuco.

Por lo anterior, la fama y el protagonismo de Tin Tan en la pantalla grande, se desvanecieron notoriamente, por lo que el cómico terminó su carrera artística como patiño en películas mediocres y con papeles muy menores a su grandes condiciones, al caracterizar roles que sólo servían para el lucimiento de nuevas estrellas de la pantalla (todo lo anterior en el contexto de una marcada crisis del cine nacional).

Sin embargo, si bien la extensa carrera artística de Germán Valdés fue muy irregular y sus películas transitaron de la genialidad a la decadencia, su trabajo profesional fue siempre muy honesto y es que contrario a lo que muchos afirman, a Germán Valdés Tin Tan, nunca le interesó revolucionar ni al cine mexicano, ni a la comicidad en nuestro país, sino que simplemente vivió su carrera artística como su propia existencia personal, es decir, un espacio para gozar y divertirse.

Por lo tanto, ese sentido lúdico, relajiento y generoso de entender la vida, Germán Valdés lo trasladó a su propuesta artística y esto le permitió, sin proponérselo, romper paradigmas y gestarse como un actor innovador que sacudió a la solemne cinematografía de la época y por ello confrontó y superó los absurdos esquemas moralistas, así como la inquisitorial censura de sectores conservadores que pegaban el grito en el cielo cuando Tin Tan interactuaba de manera gozosa con mujeres de extraordinaria belleza.

En este sentido, más que edificar a un personaje cinematográfico que se opusiera de manera consciente al cine dominante de la época (marcado por el melodrama moralizante y la censura al placer, en mi opinión, Tin Tan sólo ambicionó alargar su carrera artística lo más que pudo para divertirse, sostenerse económicamente y entretener a su vasto público, y ahí radicó la clave de su éxito.

Por este motivo, Tin Tan construyó mejor que nadie un particular discurso con rasgos que el propio artista encarnó, como el sincretismo cultural (que se evidenciaron en su identidad, moda y lenguaje) y, destaco sobre todo, en una muy valorable actitud lúdica (relajienta y picaresca) que resultó muy irreverente a los valores tradicionales y a las instituciones del Estado de la segunda mitad del siglo XX y que escandalizó lo mismo a intelectuales, académicos y a los sectores de derecha de aquellos años.

Tin Tan destacó en la época de oro del cine mexicano. Fotografía: Centro de Documentación, Filmoteca UNAM. 

Afortunadamente, para los millones de admiradores que Tin Tan ha sumado con el paso de las décadas, el actor fue un ser carismático, generoso, espontáneo, polifacético, anárquico, irresponsable y con momentos artísticos realmente geniales y que nutrieron a la cultura popular mexicana en los distintos escenarios artísticos en que Valdés mejor se desenvolvió: radio, cine, música, teatro, centro nocturno o como actor de doblaje.

En resumen, Tin Tan fue un genio virtuoso, sencillo, carismático y espontáneo; un ícono cultural con notable vigencia y múltiples lecturas (para muchos querido, para otros no tanto); muy generoso con su público y con sus compañeros de trabajo; tan o más vital que el simpático Oso Baloo de la película de Walt Disney El libro de la selva (1967) y quien hace 49 años falleció tempranamente, dejando para siempre un espacio imposible de llenar…

Para saber más

Rivero Mora, Jorge Alberto, Wachando a Tin Tan. Análisis historiográfico de un personaje fílmico, Tesis de doctorado en historiografía, México, UAM- Azcapotzalco, 2012.