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La empresa transnacional de las drogas. Del contrabando a la economía del narcotráfico

Por Xavier Alexander Martínez Jarillo

Cuando hablamos de narcotráfico solemos pensar en personas con sombreros anchos, camionetas blindadas y armas por todos lados. Pero, más allá de cualquier parecido con esta idea, lo cierto es que el narcotráfico es un fenómeno mucho más amplio. Incluso la palabra que en principio sólo se usaba para designar al tráfico de drogas, hoy en día abarca una serie de actividades que se han desarrollado dentro del crimen organizado durante las últimas décadas y que lo han convertido en una empresa transnacional con “inversión” en múltiples ramos de la economía.

Del consumo lúdico a la prohibición

Hace cerca de 100 años podíamos comprar algunas sustancias hoy prohibidas. Así lo señala Luis Astorga en su libro El siglo de las drogas:

Los vinos (cordiales) con coca y los cigarrillos de marihuana (para combatir el asma, por ejemplo), formaban parte de los productos que se ofrecían normalmente en las farmacias. En periódicos y revistas de finales del siglo XIX y todavía hasta los años treinta del siglo XX, se anunciaban estos fármacos y las propiedades curativas que se les atribuían.

Durante las primeras décadas del siglo XX, el opio fue una de las drogas que se consumió por considerarse que era elegante pues, además de la población china asentada en Sinaloa, las clases altas lo ingerían imitando a las élites francesas, quienes señalaban que se trataba de “un vicio elegante, caro y suntuoso”. Sin embargo, a partir de los años 20 las autoridades mexicanas comenzaron a clasificar a los narcóticos como “degeneradores de la raza” cuando eran recetados sin ningún fundamento médico y utilizados con fines meramente lúdicos. Lo anterior llevó a su paulatina prohibición y a la condena moral del consumo de sustancias como la marihuana y otras drogas como la cocaína.

Mujer fumadora de “opio”, Casasola, ca. 1925, Fototeca Nacional. Imagen tomada de: https://www.mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/fotografia%3A4917

A partir de la segunda década del siglo XX las medidas prohibitivas contra las drogas y su consumo se fueron extendiendo. En 1925 se decretó la prohibición del opio y la marihuana para uso lúdico, y se determinaron una serie de especificaciones sobre la comercialización de otro tipo de sustancias. Al año siguiente, se promulgó un nuevo Código Sanitario en el que se estipuló que el consumo y venta de opio, morfina, cocaína, heroína y marihuana serían meritorios a multas, pero el acontecimiento que marcaría un punto y aparte en la criminalización de las drogas fue la reforma al Código Penal Federal en 1929, donde se incluyeron como “delitos contra la salud” a la adulteración, el comercio sin regulación, la importación, la exportación, la siembra, el cultivo, la cosecha, la compra, la venta, la enajenación y el uso de diversas drogas como la marihuana, el opio, la cocaína, entre otras.

La prohibición motivó el tráfico ilegal de estupefacientes y quienes comenzaron a incursionar en esta actividad se dedicaron a traficar simultáneamente otro tipo de productos. Tal es el caso de Enrique Fernández Puerta, el Al Capone de Juárez, quien contrabandeaba alcohol y falsificaba dólares antes de traficar marihuana y heroína hacia los Estados Unidos. El caso de Fernández es interesante porque con él se ven algunas dinámicas que otros narcotraficantes retomarían y que persisten hasta la actualidad: el pacto con políticos y policías para la protección de los productos comercializados y el paso libre por la frontera hacia los Estados Unidos, lo cual incluía la compra de favores y, por consecuencia, la expansión de la corrupción. De esta manera, Astorga señala que “Su poder era tal que llegó a controlar el Ayuntamiento y sirvió de escalón para enriquecer a muchos individuos que han vivido de la cosa pública de Chihuahua, entre ellos tres gobernadores”. Con el cambio de gobierno en Chihuahua, las nuevas autoridades lo expulsaron de Ciudad Juárez por medio de las armas, obligándolo a irse a la Ciudad de México en donde se enfrentaría con agrupaciones locales por el control del tráfico de drogas, siendo asesinado a principios de los años 30.

Miembros del ministerio público muestran caja con pipa para fumar opio, Casasola, ca. 1930, Fototeca Nacional.  Imagen tomada de: https://www.mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/fotografia%3A12756

Durante la década siguiente el cultivo y comercialización ilegal de marihuana y opio se vieron beneficiados debido a que el incremento en su demanda durante y después de la Segunda Guerra Mundial subieron sus precios. A partir de esa década comenzó a hacerse más visible que las autoridades mexicanas eran incapaces o estaban desinteresadas, en combatir el tráfico de drogas que se hallaba en expansión.

A partir de los años 50 y sobre todo en los 60 comenzó a utilizarse el concepto de narcotráfico para designar a toda aquella persona que cultivara, procesara, consumiera o traficara fármacos o narcóticos prohibidos. Esto es interesante, pues el concepto como tal refería sólo al tráfico, pero debido a que las personas que lo hacían también incurrían en las otras actividades, el concepto de narcotráfico abarcó prácticamente todas las acciones alrededor de ellas.

La consolidación de la empresa transnacional de las drogas

Los años 60 fueron muy importantes para la consolidación de la empresa transnacional de las drogas. La década vivió la aparición de un movimiento contracultural (más fuerte en los Estados Unidos) que buscaba oponerse a los estándares morales de la época; en él, el consumo de drogas se presentó como una transgresión al buen comportamiento y como una forma distinta de experimentar el cuerpo y la realidad.

Reunión de jóvenes hippies, Arsen Lionel Yakoubian Kurkjian, ca. 1970, Fototeca Nacional. Imagen tomada de: https://www.mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/fotografia%3A482923

Frente a esta postura, el gobierno norteamericano lanzó una política más intolerante contra las drogas: “La criminalización creciente y concomitante de la droga hizo fácil para el público norteamericano concluir que la drogadicción era fruto de la promoción del vicio realizada por organizaciones delictuales [sic]”.

Para el gobierno de la Unión Americana era fundamental preservar los supuestos valores e integridad de la cultura norteamericana, pues en el contexto de la guerra fría no se podía mostrar ningún símbolo de desestabilidad social.

Al mismo tiempo, algunas organizaciones del narcotráfico habían consolidado en México redes de corrupción, producción y tráfico de drogas hacia los Estados Unidos. De acuerdo con Astorga, “según la Interpol, México ya había desplazado a Cuba como centro transatlántico de estupefacientes”. Por ejemplo, en 1964 fue detenido Jorge Moreno Chauvet, “traficante conectado con altos círculos sociales, artísticos y turísticos, quien de momento aparece como jefe en México, de una organización internacional de traficantes de drogas” y que además tenía a sus órdenes a funcionarios públicos nacionales y norteamericanos.

La presión mediática ante el incremento de un problema de salud pública llevó a que en 1969 el presidente Nixon efectuara la Operación Intercepción, mediante la cual se inspeccionaron cientos de vehículos y personas en la frontera entre México y su vecino del norte, decomisando menos drogas de las que se esperaba, y paralizando la economía fronteriza durante casi 20 días que duró el operativo.

Richard Nixón y su esposa en el aeropuerto durante su visita a México, Casasola, ca. 1969, Fototeca Nacional. Imagen tomada de: https://mediateca.inah.gob.mx/repositorio/islandora/object/fotografia%3A43473

La Operación Intercepción fue un fracaso, pues además de que no obtuvo los logros esperados, sus consecuencias fueron negativas para la economía local y generaron dudas en la opinión pública que cuestionó el alcance de la soberanía y de las instituciones mexicanas al permitir la intervención de otro gobierno en territorio mexicano.

En la década de los 70, Turquía, uno de los principales productores ilegales de opio, abandonó el mercado de drogas gracias al apoyo financiero de los Estados Unidos en actividades policiales de persecución de esa actividad. Por consecuencia, de acuerdo con Astorga, “se abrió así una ventana de oportunidad para una docena de empresas criminales en México que, en menos de tres años, lograron incrementar su cuota de abasto de heroína al mercado estadounidense de 10-15% a 80% en 1974”.

Las presiones norteamericanas para combatir al narcotráfico prosiguieron y el 30 de septiembre de 1976 el secretario de la Defensa, Félix Galván López, lanzó la Operación Cóndor con el objetivo de erradicar la marihuana y la adormidera en los estados de Chihuahua, Sinaloa y Durango. Durante los 4 años que duró esta Operación se logró la destrucción de miles de hectáreas de plantíos y de decenas de miles de kilogramos de diversas drogas, así como la detención de más de 4 000 personas.

Para el gobierno estadounidense la Operación Cóndor, acompañada del Plan Canador (acrónimo de cannabis y adormidera), fue un éxito por disminuir la oferta de drogas, y lograr la detención de algunos líderes del narcotráfico de ese momento: Alberto Sicilia Falcón, Jorge Azaf, entre otros.

En cambio, en algunas poblaciones como en Badiguarato, Sinaloa, donde se efectuó la Operación, los resultados fueron graves, pues en muchas ocasiones la economía de los campesinos dependía de los campos dedicados a las drogas, ya fuera porque los rentaban para su cultivo, o bien porque trabajaban como jornaleros. Entre los métodos que se utilizaron para combatir el narcotráfico, se llevó a cabo el uso de químicos probados en la Guerra de Vietnam para quemar cultivos y la tortura a campesinos y supuestos narcotraficantes por parte del Ejército Mexicano y de la Policía Judicial Federal como una práctica común para obtener información. Ante los ojos del gobierno vecino, poco importaba el coste social si en términos cuantitativos daba frutos.

Fragmento de la primera plana de El Informador, 22 de septiembre de 1969. Imagen tomada de: https://www.informador.mx/Mexico-y-Estados-Unidos-una-vecindad-compleja-l201710100003.html

La economía del narcotráfico

Los años 80 vivieron un crecimiento de las organizaciones del narcotráfico a nivel regional nunca visto. Si bien durante los años anteriores México se había convertido en un importante productor y distribuidor de drogas para los Estados Unidos, los operativos en nuestro país llevaron a mover los espacios de cultivo hacia el sur del continente.

Así, durante los años 70 y 80 comenzó a crecer el narcotráfico en Colombia, donde aparecieron figuras como Pablo Escobar Gaviria y los cárteles de Medellín y Cali. Las montañas de Bolivia y Perú sirvieron como zonas de cultivo de coca para que después se procesara en Colombia y fuera enviada a Estados Unidos a través del Caribe, principalmente, por suelo y aire mexicano. Sobre esto último tendrían una participación fundamental organizaciones que se estaban consolidando en México como el Cártel de Juárez, a cargo de Amado Carrillo “El señor de los cielos” y el de Guadalajara bajo el control de los hermanos Arellano Félix.

Pablo Escobar detenido por la Policía Nacional de Colombia, 1976. Imagen tomada de: https://es.wikipedia.org/wiki/Narcotr%C3%A1fico_en_Colombia#/media/Archivo:Pablo_Escobar_Mug.jpg

En estos años el narcotráfico mostró sus capacidades de adaptación a escala local e internacional. Por un lado, en los años 80 el gobierno del presidente norteamericano Reagan impulsó una guerra contra las drogas en Perú y Bolivia que, si bien logró erradicar en su mayoría la producción de coca, no impidió que los cárteles colombianos se apoderaran del mercado. En consecuencia, en la década de los 90 estas organizaciones habían crecido tanto que para el gobierno norteamericano era una necesidad eliminarlas, lo que cambió la balanza a favor de los cárteles mexicanos quienes se consolidaron como productores y comercializadores de drogas.

Uno de los principales errores de las distintas estrategias que han emprendido el gobierno norteamericano y, en distintos momentos, los gobiernos sudamericanos y el mexicano, ha sido atacar unilateralmente la producción de drogas, bajo el supuesto de que al hacerlo se reducirá su demanda. Sin embargo, sucede todo lo contrario, pues ante la reducción de su disponibilidad y el incremento de su consumo en los Estados Unidos, su precio ha ido al alza, convirtiéndose el narcotráfico en una actividad económica muy lucrativa.

En México solemos creer que la violencia relacionada con el narcotráfico se originó durante el sexenio de Felipe Calderón (2006-2012). No obstante, desde los años 80 y 90 la violencia se presentaba como una constante entre los propios cárteles de la droga por el control de las redes de distribución de la mercancía.

Es un hecho que durante estos años los cárteles del narcotráfico operaban en conjunto con autoridades políticas de distintos niveles que habían logrado consolidar su poder bajo el dominio del PRI. Pero en los últimos años del siglo XX el poder centralizado comenzó a fragmentarse paulatinamente cuando el PAN y el PRD ganaron gobernaturas y otras administraciones locales. Esto obligó a que algunos pactos entre organizaciones criminales y políticos se rehicieran y que otros se rompieran, ya fuera por la búsqueda de independencia de las organizaciones criminales o por el interés de las nuevas autoridades por acabar con el narcotráfico.

Sin un control central o un pacto implícito por parte de las autoridades federales y los cárteles, estos últimos buscaron acrecentar aún más su poder. Por ejemplo, en los años 90 se había consolidado en Tamaulipas el Cártel del Golfo, cuyo líder, Osiel Cárdenas, contrató como su escolta personal en 1998 al exmilitar de élite Arturo Guzmán Decena. La función de Guzmán Decena, alias el Z-1, era asesinar a los rivales de Osiel Cárdenas, lo que provocó un giro rotundo en las actividades del narcotráfico.

Guzmán Decena era un exmilitar del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales, un cuerpo de élite del ejército mexicano entrenado en la Escuela de las Américas en tácticas de contrainsurgencia que incluso habían participado en el combate al EZLN en 1994. Las tácticas empleadas para hacerse del control del mercado de drogas, pronto se harían famosas por su brutalidad dándole mayor renombre a Guzmán y su comando, los Zetas. Asesinatos de civiles, cuerpos decapitados y desmembrados arrojados en lugares públicos, extorsiones, secuestros, trata de migrantes, cobros de derecho de piso; entre otras actividades fueron su signo representativo.

A inicios del siglo XXI el Cártel de Sinaloa tendría una ruptura al interior, comenzando una violenta guerra contra el Cártel de los Beltrán Leyva y, al mismo tiempo, con el Cártel del Golfo y los Zetas, todo por el control de las ciudades fronterizas y su importancia estratégica para el tráfico de drogas.

La violencia desatada por estos enfrentamientos fue una de las causas por las que el presidente Felipe Calderón declaró la guerra contra el narcotráfico a pocos días de iniciado su sexenio, a lo que señaló:

“Sé, que restablecer la seguridad no será fácil ni rápido, que tomará tiempo, que costará mucho dinero, e incluso y por desgracia, vidas humanas. Pero ténganlo por seguro, esta es una batalla en la que yo estaré al frente, es una batalla que tenemos que librar y que unidos los mexicanos vamos a ganar a la delincuencia”.

El expresidente Felipe Calderón, anunció, endiciembre de 2006, el inicio de la guerra contra el narcotráfico. Imagen tomada de: https://www.chicagotribune.com/hoy/ct-hoy-8766718-la-guerra-contra-el-narco-en-mexico-costosa-cara-y-mortal-story.html 

La guerra contra las drogas siguió el mismo eje que los combates emprendidos en décadas pasadas: combatir la producción y el tráfico en lugar de la demanda. El resultado fueron miles de muertos y la diversificación de las actividades de los cárteles del narcotráfico. Esto es muy importante, pues, aunque esta guerra redujo algunas organizaciones como La Familia Michoacana y Los Zetas, no logró erradicar el problema. Por el contrario, al ser quemados los plantíos y detenidos los principales líderes de los cárteles, se adoptaron estrategias propias del grupo de los Zetas. Por ejemplo, estas organizaciones han incursionado en la explotación forestal; en la agricultura a través del cobro de tarifas a los agricultores de aguacate y limón; en el robo de hidrocarburos, reflejado en el llamado huachicoleo e incluso en la pesca ilegal de Totoaba en las costas de Sonora. Además de ello, llevaron a cabo secuestros y participaron en el tráfico de personas y de órganos, así como en el control de buena parte del comercio de productos piratas. Todo lo anterior llevó a que los cárteles expandieran sus actividades y se consolidaran como empresas trasnacionales, pues estas actividades trascendieron las fronteras nacionales y se expandieron por el globo.

Como parte de lo anterior, es un hecho que el cártel de Sinaloa adquirió presencia en casi todos los continentes, participando en redes de tráfico de drogas y personas incluso en Asia y Europa. El tráfico de Totoaba, por ejemplo, es una actividad muy valiosa en el mercado chino. Además, en su momento, el Cártel de Sinaloa se enfrentó a Los Zetas por el control de las plazas de distribución de drogas en Guatemala. De esta forma, los cárteles del narcotráfico se han convertido en empresas transnacionales que operan con el apoyo de autoridades y otras organizaciones locales e internacionales como la Mara Salvatrucha, entre otras.

A manera de conclusión

Es importante considerar que el fenómeno que conocemos como narcotráfico nunca ha seguido un proceso lineal, sino que, al contrario, ha presentado una dinámica de enorme adaptación a las circunstancias políticas a las cuales se enfrentan. Esto ocasiona un problema enorme al momento de querer hacerle frente, pues su capacidad de cambio es tal que incluso la captura de los grandes capos no ha logrado la desintegración de las organizaciones criminales. Pero no solo eso. La diversificación de sus actividades económicas de cierta forma invisibiliza a estas organizaciones porque están presentes en la gran mayoría de las actividades ilegales en México. Acabar con este problema implica dejar de verlo como un asunto ligado exclusivamente con el tráfico de drogas, comprender su capacidad de adaptación permitiría analizar el fenómeno en toda su complejidad para buscar así políticas concretas que puedan enfrentarse al complejo andamiaje de la economía del narcotráfico.

Para saber más

Astorga, Luis, El siglo de las drogas. Del porfiriato al nuevo milenio, México, Debolsillo, 2016.

Bustamante, Fernando, “La política de Estados Unidos contra el narcotráfico y su impacto en América Latina”, Estudios Internacionales, volumen 23, número 90, abril-junio, 1990, p. 240-271.

Correa-Cabrera, Gabriela, Los Zetas Inc, México, Planeta de Libros, 2018.

Martínez Jarillo, Xavier Alexander, “Las funciones políticas del concepto de narcotráfico en el Plan Nacional de Desarrollo y los seis Informes de Gobierno de Felipe Calderón Hinojosa, 2006-2012” tesis para obtener el grado de licenciado en Historia, UNAM, 2021.

Rosen, Jonathan Daniel y Roberto Zepeda Martínez, “La guerra contra el narcotráfico en México: una guerra perdida”, Revista Reflexiones, volumen 94, número 1, 2015, p. 153-168.

Williams, Phil, “El crimen organizado y la violencia en México: una perspectiva comparativa”, Istor: Revista de Historia Internacional, año 11, número 42, 2010, p. 15-40.