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Por Tamara Gleason Freidberg

A mediados de la década de 1930, cualquier transeúnte podía caminar sobre la calle de Jesús María en dirección a Plaza Loreto y escuchar conversaciones en judeo-árabe, ladino e idish, así como otras lenguas. En el centro de la ciudad de México habitaban, durante esos años, grupos diversos de inmigrantes con un objetivo común: mejorar la situación precaria de vida que los había obligado a migrar de Europa y Asia hacia las américas. Entre estos grupos encontramos a los judíos, quienes no hablaban la misma lengua y se reunían principalmente conforme a su lugar de origen. Provenientes de contextos muy diferentes, con tradiciones particulares e idiomas ininteligibles uno del otro, tenían solamente un foro común informal para discutir intereses compartidos, entre los que destacaban el antisemitismo recalcitrante de grupos de extrema derecha –como las Camisas Doradas, fundadas en 1934–, o las nuevas reglas de inmigración que habían declarado a los judíos, chinos y gitanos “inmigrantes no deseados”. La organización judía se formó como respuesta a los linchamientos y ataques sucedidos en la Alemania nazi en la Noche de los Cristales Rotos (9 y 10 de noviembre de 1938), con el propósito, además, de procurar visas de inmigración a más judíos y ayudar a los pocos afortunados que lograron entrar a México.

Judíos en México

La presencia judía no era nueva en la ciudad de México, que había sido testigo de la quema inquisitorial del converso Luis Carvajal en la época de la Nueva España. Por otra parte, había una presencia de “cripto-judíos” en Venta Prieta (Pachuca, Hidalgo) y otras localidades del país. Durante el Porfiriato varias familias de negociantes judíos provenientes de Europa Central se habían establecido en la ciudad, aunque la gran mayoría huyó durante la Revolución Mexicana. Sin embargo, los migrantes judíos que empezaron a llegar después del conflicto armado tenían otras costumbres y prácticas, mismas que reprodujeron en el corazón de la ciudad. Los diferentes grupos judíos que llegaron entonces pueden ser divididos, principalmente, entre Sefaradíes, Mizrahíes y Ashkenazíes.

Los sefaradíes provenían principalmente del extinto Imperio Otomano y hablaban ladino, una lengua judía muy parecida al español. Los Mizrahíes, provenían de Siria, así como de otros países de Medio Oriente, y hablaban judeo-árabe. Por último, los Ashkenazíes provenían principalmente de Europa Central y Europa del Este, pero se encontraban divididos según su región de origen e ideología. Entre los idiomas que hablaban los Ashkenazíes se encuentran principalmente el alemán, el polaco, el ruso y el idish (lengua de fusión germánica con elementos eslavos y hebraísmos).

Si bien los judíos Ashkenazíes religiosos de Polonia rezaban en casas distintas que los judíos Ashkenazíes provenientes de Rusia y Lituania, aquellos no religiosos formaron grupos de acuerdo a su ideología política. En este diverso grupo de inmigrantes de origen europeo encontramos a varios judíos socialistas y anarquistas, que aprovecharon el México posrevolucionario para forjar nuevas amistades con la izquierda mexicana, así como para reencontrarse con viejos amigos antifascistas que durante la Segunda Guerra Mundial se refugiaron en México. Es en estos grupos en los que nos enfocaremos en las siguientes líneas.

Judíos de izquierda

¿Judíos socialistas? ¿A qué me refiero con esto? Con judíos socialistas me refiero a aquellas personas que se autodefinían como judíos y creían que el sistema capitalista caería, de manera democrática o violenta, para dar paso a un sistema en el que los medios de producción no estarían en manos del capital privado. La gran mayoría de ellos veía la Revolución Rusa como una fuente de inspiración, más no todos coincidían en que la Unión Soviética fuera un modelo a seguir, ya que grupos anarquistas y bundistas habían sido fuertemente reprimidos por los bolcheviques.

A México llegaron judíos de izquierda de países como Estados Unidos, Alemania o Europa del Este, que de manera individual tuvieron gran influencia en el país, ya que fungieron como consejeros de trabajadores gubernamentales o de políticos de gran importancia. Entre otros, podemos encontrar a Alfons Goldscmidt, quien trabajó para José Vasconcelos cuando era ministro de la SEP (antes del romance de Vasconcelos con el nazismo); otros como Leo Katz trabajaron en la Universidad Obrera de Vicente Lombardo Toledano. En el mundo cultural de México, ese nuevo mundo postrevolucionario en el que se redefinía mediante murales públicos y nuevas propuestas interpretativas lo que era “el ser mexicano”, las judías Anita Brenner y Frances Toor tuvieron un papel importante en el desarrollo de la antropología en México.

Anita Brenner retratada por Tina Modotti. Imagen tomada de: https://www.quien.com/cultura/2019/11/07/anita-brenner-un-vistazo-al-modernismo-mexicano-en-el-munal

Además de estas personalidades, bastante ya estudiadas por historiadores de México, vivían en la ciudad grupos judíos de izquierda que tenían por misión radicalizar a los demás inmigrantes Ashkenazíes mediante revistas y eventos culturales en idish. Algunos de ellos, como el anarquista Jacobo Abrams, Jacobo Glantz (padre de la novelista Margo Glantz) o el comunista Efraín Comarofsky eran muy activos tanto en organizaciones de izquierda mexicanas como en las recién formadas organizaciones de izquierda Ashkenazíes. Ellos sirvieron como puente entre ambas e invitaron a activistas, exiliados y políticos mexicanos a hablar en foros judíos. Para entender cómo los grupos Ashkenazíes de izquierda conciliaban su expresa identidad judía con la ideología socialista o anarquista debemos explorar brevemente cómo surgieron estas ideologías y cómo fueron practicadas en el este de Europa, de donde ellos provenían, misma que adaptarían a la situación comunitaria local y del país una vez llegados a México.

Las ideologías de Europa del Este

A fines del siglo XIX, el judaísmo en Europa se vio influido por el espíritu de cambio reinante. Los principales cambios consistían en la urbanización, industrialización, la masificación de la educación y la politización de las diferencias económicas. Junto con dichos cambios se estaba dando un movimiento de secularización que dio por resultado el surgimiento de nuevas ideologías que luchaban por la justicia social, la autonomía cultural y la liberación nacional. Los judíos de Europa del Este no se quedaron al margen de estos movimientos, sino que adaptaron ideologías como el socialismo, el comunismo y el nacionalismo a su situación específica. Entonces, innovaron y desarrollaron nuevos movimientos sociales con la finalidad de resolver sus problemas.

Por otra parte, desde el siglo XVIII se había dado un proceso de secularización judía que proponía formas de identificación alejadas de la religión. Fue así, que al calor de las ideas socialistas y de la secularización judía, se fundaron diversos movimientos de izquierda que proponían una solución a la “cuestión judía”. Las soluciones eran radicalmente opuestas y las podemos dividir principalmente en bundismo, sionismo de izquierda y comunismo.

El bundismo (fundado en 1897) proponía la autonomía cultural judía, rechazaba el territorialismo y concluía que lo más importante era aliarse a la lucha obrera mundial, pero sin perder sus características identitarias (idioma idish y cultura), pérdida que entendían como consecuencia opresiva del capitalismo. Diametralmente opuesto al bundismo, el sionismo socialista planteaba que para acabar con la opresión nacional de la que los judíos eran víctimas en diversos países, los judíos debían de establecer un Estado-nación judío con un sistema económico socialista. Por su parte, el comunismo se oponía a cualquier reclamo de carácter nacional ya que el mismo Stalin había puesto en tela de juicio su existencia como nación pese a su apoyo al proyecto regional de Birobidjan. Si bien los bundistas apoyaron la Revolución Rusa, fueron perseguidos (así como muchos otros grupos) por no adherirse a los lineamientos de la Comintern, que significaban su disolución. Fue así como empezó una historia de persecución que se expresó físicamente en México en 1943, con el ataque de comunistas mexicanos a los bundistas y poumistas (simpatizantes del Partido Obrero de Unificación Marxista español) en el Centro Cultural Ibero-Mexicano.

Las agrupaciones de izquierda

Pese a estas rivalidades nacidas en Europa, inicialmente los judíos de izquierda en México se agruparon hacia 1922 en la unión Y. L. Peretz, ubicada en la ciudad de México. La unión es interesante si la comparamos con la división de grupos ideológicos de inmigrantes en Estados Unidos y Argentina durante esas fechas, pero es necesario resaltar que la comunidad Ashkenazí en México era pequeña y por lo tanto los judíos de izquierda se vieron obligados a trabajar conjuntamente. Estos grupos tan disímiles trabajaron en conjunto en un local en el centro capitalino, hasta que las discusiones en torno al rol de socialistas, anarquistas y comunistas en la Guerra Civil Española y su fracaso, así como las noticias sobre el pacto de no agresión Molotov-Ribbentrop (URSS-Alemania), asestaron un golpe final a la frágil colaboración entre bundistas y comunistas.

Grupo bundista en México celebra 40 años del establecimiento del Bund, con la participación de un invitado del movimiento comunista judío y del anarquista Jack Abrams, octubre 1937. Colección: Fondo particular Lily Sheinman.

Todos estos grupos mantenían una relación fuerte con otros movimientos en Estados Unidos y Europa. Estas relaciones transnacionales fueron de gran importancia para conocer las noticias sobre el exterminio de judíos por los nazis, tener relevancia política para la izquierda mexicana, así como para llevar a cabo trabajos de salvataje. Durante la Segunda Guerra Mundial, los bundistas se preocuparon arduamente por rescatar a sus camaradas que corrían peligro de muerte en Europa y Asia e hicieron un trabajo impresionante pese a la corrupción y las trabas burocráticas del gobierno de México, quien no abrió sus puertas a los judíos como lo hizo frente a los exiliados españoles. Los bundistas fungieron como filial del Jewish Labor Committe (Unión Judía Obrera), que se encargó de enviarles listas de los nombres de los camaradas, así como dinero para pagar la corrupción que los trámites de visas conllevaban. Aunada a las trabas burocráticas de las secretarias de exterior y gobernación, los bundistas encontraron otra traba burocrática que costó la vida de muchos: entre los años de 1941 y 1942 en Marsella el cónsul Gilberto Bosques, de inclinaciones comunistas, se negó a entregar varias visas de refugiados previamente aceptadas por la Secretaría de Gobernación bajo pretextos ridículos, condenando a dichos refugiados a muerte.

Los grupos judíos de izquierda también dedicaron muchos esfuerzos a recopilar dinero entre miembros de la comunidad judía con la finalidad de apoyar diversos proyectos de ayuda y salvataje. Las colectas propiciaron pugnas y pleitos ya que cada grupo de izquierda buscaba apoyar a campañas de sus movimientos. Los bundistas recopilaron dinero para los refugiados judíos polacos en la Unión Soviética, así como para el movimiento clandestino judío que operaba en los guetos. Los comunistas juntaron fondos para el Ejército Rojo, mientras que los sionistas lo hicieron para el establecimiento del Estado de Israel.

Un frente común contra el antisemitismo nazi

Si bien, los grupos judíos de izquierda solamente pudieron salvar a varias decenas de judíos, tuvieron más éxito con la izquierda mexicana y con otros grupos de exiliados socialistas en la difusión de las noticias sobre el Holocausto una vez que la Unión Soviética se había unido a la lucha contra de los Nazis, como consecuencia de que los últimos rompieran el pacto de no agresión, invadiendo a la Unión Soviética. Adicionalmente, la entrada de México a la Segunda Guerra Mundial posibilitó a las izquierdas de México encuadrar su lucha  bajo el esquema de una lucha de carácter nacional posrevolucionario, pues la Segunda Guerra Mundial fue explicada como un enfrentamiento entre las democracias y el barbarismo, entre los ideales de la Revolución Mexicana y los ideales de los explotadores.  Como ejemplo del éxito en esta colaboración encontramos la difusión de varios artículos que los activistas judíos tradujeron del idish al español para que la opinión pública tuviera información precisa sobre el Holocausto. También encontramos la interesante colaboración de sionistas de izquierda y comunistas judíos y mexicanos en la publicación de Tribuna Israelita, que contaba con sendos artículos sobre el extermino. Dicha colaboración se dio en un momento en el que la Unión Soviética apoyaba el establecimiento del Estado de Israel.

Portada de Tribuna Israelita de septiembre de 1946, en la que aparece una fotografía de niños judíos en una colonia agrícola en Palestina. Imagen tomada de: https://ufdcimages.uflib.ufl.edu/AA/00/03/97/72/00011/AA00039772_00011.pdf

Sin embargo, uno de los momentos cúspide de esta relación entre la izquierda mexicana y la izquierda judía en México se dio cuando el bundista Tuvia Maizel convenció a Vicente Lombardo Toledano de movilizar a la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y a la Central de Trabajadores de América Latina (CTAL) para protestar contra la Solución Final, es decir, contra el plan de los nazis para exterminar al pueblo judío. Las noticias sobre la Solución Final se dieron a conocer en el ámbito de las redes trasnacionales judías y los movimientos de izquierda judía fuera de Europa, por lo que pronto buscaron solidaridad entre los movimientos obreros. En Estados Unidos, por ejemplo, diferentes movimientos de trabajadores no duraron en expresar su horror y solidaridad. Cuando las noticias funestas llegaron a México, la comunidad judía se movilizó para difundirlas a gran escala y el contacto con Vicente Lombardo Toledano fue fundamental. Así, el 11 de diciembre de 1942, la CTM orquestó un paro de labores de 15 minutos y difundió en la radio información sobre las atrocidades cometidas por los nazis. El apoyo del movimiento obrero en la difusión de las noticias sobre el exterminio tuvo un gran efecto en la comunidad judía de México. Posteriormente, Vicente Lombardo Toledano también apoyó a la izquierda judía en otras ocasiones, por ejemplo, para conseguirles visas a refugiados y otorgarles ciertos permisos gubernamentales.

Cartel para el mitin de protesta contra el antisemitismo nazi en el que participó Vicente Lombardo Toledano, agosto 1942. Colección: Archivo del Centro de Documentación  e Investigación Judío de México.

El activismo de la izquierda judía en México, sin embargo, se fue eclipsando durante la Guerra Fría debido a dos razones. La mayoría de los inmigrantes habían ascendido económicamente en México durante la Segunda Guerra Mundial y no había una base real de trabajadores judíos en el país. Por otra parte, el comunismo en México perdió fuerza y la comunidad judía empezó a protestar fuertemente contra las matanzas y represiones de Stalin a judíos comunistas. Los bundistas, por su parte, pasaron por una crisis muy severa debido a que su principal proyecto, el desarrollo de la clase obrera idish-parlante, parecía imposible debido a que la mayoría de los obreros judíos fueron asesinados en el Holocausto.  Debido a esto, los bundistas en México se abocaron a fortalecer la identidad secular judía en las escuelas y promover el uso del idish. Finalmente, los sionistas de izquierda continuaron su apoyo al Estado de Israel y al movimiento kibutziano –comunas agrícolas de carácter socialista establecidas en ese país–, para, posteriormente, muchos de ellos emigrar a Israel.

La comunidad judía en México hoy en día sigue siendo diversa ideológicamente. Siempre ha habido individuos que se han destacado por su activismo político de izquierda, por ejemplo Ilan Semo y Gaby Lasky. Ella es una judía destacada de izquierda que nació y creció en México al calor del sionismo socialista, abogada de izquierda, luchadora por los derechos humanos y recién nombrada parlamentaria israelí. Por otra parte, nos encontramos a descendientes de judíos de izquierda que activan fuera de la comunidad judía y tienen poca relación con ella. Entre ellos se destaca Claudia Sheinbaum, actual jefa de gobierno de la Ciudad de México, cuyos abuelos eran muy activos en uno de los movimientos de izquierda idish-parlantes.

 

Para saber más

Acle-Kreysing, Andrea, “Antifascismo: Un espacio de encuentro entre el exilio y la política nacional. El caso de Vicente Lombardo Toledano en México (1936-1945)”, en Revista de Indias, volumen 76, número 267, 2016, p. 573–609.

Acle-Kreysing, Andrea, “El exilio de habla alemana y la recepción del Holocausto en México: El caso de ‘Tribuna Israelita’ (1944-1947)”. Verbum et Lingua, número 12, 2018, p 84–99.

Cimet, A., Ashkenazi Jews in Mexico: Ideologies in the Structuring of a Community, Nueva York, State University of New York Press, 1997.

Gleason, Tamara, “El antifascismo y la movilización de la comunidad judía frente al exterminio” en Leonardo Senkman y Avraham Milgram. Cultura, Ideología y Fascismo. Sociedad Civil iberoamericana y el Holocausto, Madris, Iberoamericana Vervuert, 2020, p. 375-430.

Gleason, Tamara, Di Shvue: los bundistas en México y su participación en la comunidad judía. México, Palabra de Clío, 2016,

Gojman Goldberg, Alicia, “La Acción Democrática Internacional y su lucha contra la violencia nazifascista en México”, en Mauricio Pilatowsky y Guillermo Castillo, Los intelectuales y la configuración de los imaginarios mexicanos, México, UNAM, 2015, p. 151-174.

Gurvich, N., La memoria rescatada: La izquierda judía en México: Fraiwelt y la Liga Popular Israelita 1942-1946, México, Universidad Iberoamericana, 2004.