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Harriet Jacobs y la transgresión de las fronteras esclavistas

Por Mariana Abreu Olvera

En 1813, nació Harriet Jacobs en Edenton, Carolina del Norte. Legalmente se le designó como esclava, pero ella era un alma libre que rechazó siempre esa condición. Fue hija de Delilah y Elijah, dos mulatos esclavizados, y tuvo un hermano menor llamado John. Su abuela Molly, vivió también la esclavitud durante buena parte de su vida, pero al morir su dueña legal, una mujer compró su libertad en una subasta esclavista.

Harriet Jacobs y su familia nacieron en un mundo en el que la esclavitud estaba en su máximo auge. Particularmente en el sur de Estados Unidos, durante la primera década del siglo XIX, el sistema esclavista se volvió el pilar de la economía de los estados de esta región. La revolución industrial que tenía lugar en Inglaterra y en otros países de Europa llevó a una producción masiva de algodón a cargo de las personas esclavizadas en los estados sureños y a su exportación para su uso en la industria textil europea.

Durante los primeros años de su vida, Harriet Jacobs no tuvo conciencia de su circunstancia legal. Fue a los seis años que, por pláticas a su alrededor, supo que esta era su situación. Margaret Horniblow, su primera dueña legal, le enseñó a leer, a escribir, a coser y le dio una instrucción moral religiosa. Quizás la intención de Horniblow era hacer de la esclavitud una institución “humana”, como parte de las reformas esclavistas que tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo XIX en el sur de Estados Unidos. Sea como fuese, Harriet Jacobs hizo de la escritura una experiencia propia que la acompañó a lo largo de toda su vida, y es gracias a la cual conocemos sus concepciones sobre las fronteras y la migración.

Para una mujer de origen africano en Estados Unidos en el siglo XIX era difícil pensar en una movilidad libre. Para empezar, muchas de las personas esclavizadas habían vivido ya una migración forzada en el comercio transatlántico de personas africanas. Otras, ya nacidas en Estados Unidos, la habían vivido al interior del país, al ser vendidas y trasladadas a otro estado. En muchas ocasiones, esto significaba la separación de familias completas, cuyos integrantes eran vendidos por separado.

La migración de una persona afroamericana de un estado a otro, o a otro país, era casi siempre forzada o en calidad de fugitiva. A partir de 1850, esto último se agudizó debido a la promulgación de la Ley de Esclavos Fugitivos, que permitía a cualquier persona blanca reclamar como esclava a toda persona afroamericana (incluso, fuera libre) sin derecho a juicio. En ese tiempo, muchas personas esclavizadas huyeron a Canadá, donde podían liberarse de la persecución esclavista. Sin embargo, muchas otras, vivían con un miedo constante de ser atrapadas y devueltas a la esclavitud, como fue el caso de Harriet Jacobs.

The Migration Gained in Momentum, Jacob Lawrence, 1941. Imagen tomada de:  https://www.blackhistory.mit.edu/archive/no-18-migration-gained-momentum-jacob-lawrence.

El miedo a migrar del sur al norte estaba influido también por las medidas racistas impuestas a los estados que supuestamente eran libres. En los medios de transporte, en los restaurantes y, en general, en los espacios públicos, las personas blancas establecieron una segregación racial que excluía a las personas afroamericanas. Las leyes, tanto en el norte como en el sur de Estados Unidos, estipulaban que una persona negra era equivalente a una persona esclava. Así, la consolidación de una ideología racista estableció condiciones inhóspitas para las personas afroamericanas y les impuso fronteras físicas y simbólicas que dificultaron la movilidad dentro su propio país. A pesar de las imposiciones del sistema esclavista y racista, muchas personas evadieron las leyes y lograron una libertad que les permitió trascender muchas fronteras. Harriet Jacobs fue una de ellas.

Siete años en un ático

Harriet Jacobs transgredió los límites físicos impuestos por las leyes esclavistas en múltiples ocasiones. La primera vez ocurrió cuando decidió intentar escapar, tras escuchar que su dueño, James Norcom, tenía intenciones de mandar a su hija y a su hijo a una plantación para que vivieran ahí permanentemente con ella. Sin embargo, su plan se vio frustrado, pues una serpiente la mordió en el camino. Jacobs se escondió  entonces en la casa de una mujer esclavista, amiga suya y de su abuela. Ahí, Harriet vivió durante unos meses. Sin embargo, Norcom la buscaba noche y día.

Después de unos meses, su tío Mark acondicionó un ático de la casa de la abuela Molly para que Harriet Jacobs pudiera esconderse. El espacio medía no más de un metro de altura, tres metros de largo y dos metros de ancho, y tenía solamente una cama. Harriet Jacobs no cabía de pie y tenía que estar acostada la mayor parte del tiempo. En ese pequeño ático pasó casi siete años escondida, pues le resultaba mejor estar encerrada en ese espacio que tener que enfrentar las agresiones de Norcom. Paradójicamente, estar oculta en el ático de su abuela le permitía más movilidad y más libertad que seguir viviendo con su dueño legal. Así lo decía ella misma: “Parecía horrible estar sentada o acostada en una posición incómoda día tras día, sin un destello de luz. Sin embargo, habría escogido esto, en lugar de mi suerte como esclava, a pesar de que las personas blancas la consideraban cómoda; y lo era a comparación del destino de otras […] Pero aunque mi vida en la esclavitud estaba relativamente exenta de dificultades, Dios tenga piedad de la mujer que está obligada a llevar esa vida.” Con sus palabras, Harriet Jacobs dejaba ver su rechazo tajante a cualquier forma de esclavitud y su determinación por hacer su propia voluntad.

Esconderse durante siete años en un ático fue una forma de trascender una primera frontera física y simbólica impuesta por la esclavitud. Además, Harriet Jacobs hizo creer a James Norcom que se encontraba en Nueva York, pues le pidió a un amigo que le enviara una carta desde esa ciudad e, incluso, tuvo acceso a un periódico para hacer referencia a calles precisas: “Era un pedazo del New York Herald y, para variar, el periódico que sistemáticamente abusa de las personas de color, se usó para rendirles un servicio.” Tenía un profundo conocimiento sobre la geografía y la política estadounidenses. Sabía que en el Norte existía cierta libertad de movilidad para las personas esclavizadas, al mismo tiempo que reconocía que el racismo invadía todos los rincones de Estados Unidos y que el norte supuestamente libre no se salvaba de sus manifestaciones. Harriet Jacobs pudo comprobarlo en carne propia cuando finalmente pudo escapar en 1842 a Filadelfia, de donde posteriormente se trasladó a Nueva York.

Experiencias de racismo en el norte

Cuando Harriet Jacobs huyó al norte, se encontró con que las leyes de segregación racial determinaban las experiencias de las personas afroamericanas en los espacios públicos. Así, a pesar de comprar un boleto de tren en primera clase, se le negó la posibilidad de ocupar su lugar. Al respecto, expresó su sentir: “Esto fue lo primero que enfrió mi entusiasmo sobre los estados libres. Las personas de color tenían permitido viajar en una caja sucia, detrás de las personas blancas, en el sur, pero aquí no tenían que pagar por el privilegio. Me hizo sentir triste saber cómo el norte imitaba las costumbres de la esclavitud.” La escritura de Harriet Jacobs deja ver cómo para las personas afroamericanas durante el siglo XIX existían fronteras dentro de la propia nación que habitaban, las cuales limitaban profundamente su libertad con base en una ideología racista.

Ilustración de Christina Chung para el artículo “The Jim Crow Car. The North, the South and the forgotten origins of racial separation” del The Washington Post, 20 de febrero de 2019. Imagen tomada de: https://www.washingtonpost.com/news/magazine/wp/2019/02/20/feature/the-forgotten-northern-pre-civil-war-origins-of-jim-crow/.

Al mismo tiempo, mostraba un ejemplo de cómo se concibieron actos de resistencia civil frente a las limitaciones impuestas. Harriet Jacobs hacía una invitación a las personas afroestadounidenses a rechazar los actos racistas que les impedían ocupar los espacios públicos. Así narraba su experiencia en el restaurante del hotel Pavilion en Rockaway, Nueva York, en donde las sirvientas afroamericanas no tenían permitido comer y debían hacerlo en la cocina. Frente a esto, ella decidió comer en su habitación; sin embargo, los empleados blancos del hotel se rehusaron a atenderla por razones discriminatorias. La autora hacía así la siguiente invitación:

Mi respuesta fue que los sirvientes de color deberían sentirse insatisfechos con ellos mismos, por no tener mucho auto-respeto para someterse a ese trato; que no había diferencia en el precio de la pensión para los sirvientes de color y los blancos, y que no había justificación para la diferencia en el trato. Me quedé un mes después de esto, y como vieron que estaba decidida a luchar por mis derechos, decidieron tratarme bien. Si todo hombre y toda mujer de color hacen esto, finalmente dejaremos de ser pisoteados por nuestros opresores.

Al hacer esto, Harriet Jacobs volvió a transgredir las fronteras de una nación esclavista y racista que pretendía negar a las personas afroamericanas el derecho a habitarla libremente.

Un viaje a Inglaterra

En 1845, aún como esclava fugitiva, Harriet Jacobs viajó a Londres con el escritor Nathaniel Parker Willis y su hija. En ese momento, existía una relación importante entre los movimientos abolicionistas estadounidense e inglés. Muchas y muchos abolicionistas  norteamericanos fueron a Inglaterra y tuvieron un vínculo relevante con personajes anti-esclavistas ingleses. Posteriormente, Harriet Jacobs viajó nuevamente a principios de la década de 1860 para buscar la publicación de una edición inglesa de su autobiografía. En comparación con el profundo racismo estadounidense, su experiencia dentro de Inglaterra fue muy distinta:

Procedimos directamente a Londres, y nos hospedamos en el Hotel Adelaide. La cena me parecía menos lujosa que las que había visto en los hoteles estadounidenses; pero mi situación era indescriptiblemente más presente. Por primera vez en mi vida, estaba en un lugar en el que era tratada de acuerdo con mi comportamiento, sin referencia a mi físico. Sentí como si un gran peso hubiera sido levantado de mi pecho. Instalada en una habitación agradable, con mi pequeño equipaje, puse mi cabeza en mi almohada, por primera vez, con la exquisita consciencia de la libertad pura, inalterada.

Con esta experiencia, Harriet Jacobs no sólo burló las leyes esclavistas una vez más y logró ir más allá de las fronteras nacionales, sino que escribió una aguda crítica sobre el racismo norteamericano y narró cómo había sido su vivencia lejos de Estados Unidos.

La autora mostraba con su actuar que no asumía como propias las imposiciones que pretendían definirla como esclava. Tampoco aceptaba las fronteras establecidas por la Ley de Esclavos Fugitivos ni las leyes de segregación racial. Esto pone en duda la idea de que la esclavitud y el racismo hayan abarcado y definido la vida de las personas esclavizadas. También nos permite repensar cómo las personas en condición de esclavitud muchas veces pusieron en el centro de su vida la libertad, lo cual les permitió moverse de una región a otra, a pesar del intento por controlar su movilidad.

En 1852, Harriet Jacobs adquirió su libertad legal gracias a su amiga Cornelia Grinnell. Aunque ella sostenía la postura de que la libertad no debía ser comprada, este hecho la liberó de la amenaza de volver a la esclavitud. Poco después, comenzó a escribir su autobiografía, de cuya publicación también se encargó ella misma. El texto se publicó en enero de 1860. Unos meses después, comenzó la guerra civil, conflicto en el que encontró una auténtica revolución anti-esclavista y anti-racista que, deseablemente, terminaría con las fronteras impuestas sobre sus iguales.

Compañía E, 4ª Infantería de Color Estadounidense en Fort Lincoln. Colección: Biblioteca del Congreso, EUA. Imagen tomada de: https://www.nps.gov/articles/african-african-americans-and-the-civil-war-forts-of-dc.htm.

La lucha por una nación sin esclavitud ni racismo

Durante la guerra civil, Harriet Jacobs trabajó por mejorar las condiciones de vida de las personas afroamericanas. En 1862, de la mano con Julia Wilbur, visitó campos de refugiados afroamericanos y se dedicó a reportar la situación en la prensa. La organización The New York Friends la contrató, en enero de 1863, para que supervisara e investigara cómo eran las condiciones en los campos de refugiados y cómo se realizaba la distribución de los recursos donados. Entre octubre de 1863 y abril de 1865, se dedicó junto con su hija Louisa a recaudar fondos para personas afroamericanas refugiadas de la guerra, ya fueran soldados o personas en condición de esclavitud, y fundaron la escuela Jacobs Free School en Alexandria, Virginia. Hicieron una ardua labor y escribieron ampliamente al respecto.

Para Harriet Jacobs, y para su hija Louisa, la guerra civil era una lucha contra el racismo: “Un poder más fuerte que el hombre está guiando esta revolución; y aunque la justicia se mueve lentamente, llegará al fin. Las personas estadounidenses sobrevivirán a este prejuicio malvado contra el color de la piel. Tarde o temprano, aprenderán que ‘un hombre es un hombre por todo eso.’” La batalla era por un país que hasta ese momento las personas afroamericanas no habían podido asumir como suyo, pues sus propios compatriotas habían pretendido negarles la cualidad de seres humanos. Las ideas de la Harriet Jacobs formaban parte de un movimiento más amplio que concebía la guerra civil como la segunda revolución estadounidense, cuyo propósito era la libertad de todas las personas afroamericanas.

Único retrato formal de Harriet Jacobs, Gilbert Studios, Washington D. C, 1984. Imagen tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Gilbert_Studios_photograph_of_Harriet_Jacobs.jpg.

Aunque el fin de la guerra trajo consigo la abolición de la esclavitud, el racismo persistió como una ideología dominante. Harriet Jacobs vivió las consecuencias de esto durante las últimas décadas de su vida. En 1865, ella y su hija fundaron una nueva escuela, esta vez en Savannah, Virginia. Sin embargo, la reacción por parte de los habitantes blancos de esta ciudad fue hostil y tuvieron que dejar la ciudad.  En 1868, viajaron a Gran Bretaña, en búsqueda de recursos para construir un refugio. Sin embargo, a su regreso a Virginia, las condiciones no fueron adecuadas para su proyecto y se mudaron a Boston. En las décadas de 1880 y 1890, ambas vivieron en Washington D. C., en donde establecieron un hospicio. En 1897, Harriet Jacobs murió tras padecer de cáncer de mama.

Las ideas de Harriet Jacobs nos permiten conocer, por un lado, cuáles fueron las fronteras que se impusieron a las personas afroestadounidenses dentro de su propia nación. Por otro lado, su pensamiento y su vida son un ejemplo de cómo las personas esclavizadas rechazaron muchas veces las fronteras dominantes y pusieron en el centro  la necesidad vital de libertad y de movimiento. Esto puede llevar a cuestionar el prejuicio generalizado de que la esclavitud tenía un predominio casi omnipresente sobre la vida de las personas esclavizadas. También de esta forma podemos conocer otras concepciones sobre la movilidad, la geografía y las fronteras que existieron, al mismo tiempo que el orden dominante que burlaron en múltiples ocasiones.

El racismo y la xenofobia son ideologías que han definido la forma en que se percibe a las personas que migran a Estados Unidos. En un momento tan convulso, en el que la violencia en la frontera entre México y Estados Unidos ha cobrado manifestaciones tan brutales, es necesario volver a la historia para encontrar el origen del racismo que sostiene el manejo injusto de las fronteras y la migración vista como ilegal. También es necesario buscar referentes de personas que rechazaron y cuestionaron la existencia de la discriminación racial y el impedimento de su libre movilidad. Si comprendemos que la esclavitud y el racismo no han abarcado la vida entera de nadie ni la realidad entera, quizás entendamos que hoy en día el racismo y la xenofobia tampoco pueden hacerlo. Este puede ser un punto de partida para repensar nuestras concepciones en torno a la migración y a las fronteras.

Para saber más

Fagan Yellin, Jean (editor), The Harriet Jacobs Family Papers, 2 volúmenes, Chapel Hill, The University of North Carolina Press, 2008.

Fagan Yellin, Jean, Harriet Jacobs, a Life, Cambridge, Basic Civitas Book, 2004.

Fredrickson, George M., The Black Image in the White Mind: The Debate on Afro-american Character and Destiny, 1817-1914, Nueva York, Wesleyan, 1971.

Jacobs, Harriet, Incidents in the Life of a Slave Girl. Written by Herself, Boston, 1861.

Morris, Thomas D., Southern Slavery and the Law, 1619-1860, The University of North Carolina Press, Chapel Hill y Londres, 1996.

Terrazas y Basante, Marcela y Gerardo Gurza Lavalle, Las relaciones México-Estados Unidos, 1756-2010. Volumen I. Imperios, repúblicas y pueblos en pugna por el territorio 1756-1867, México, UNAM, IIH/CISAN/SRE, 2012