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El Teatro Campesino y la lucha de los agricultores mexicanos en California

Por Marian M. Gómez

La migración mexicana a California

Desde el siglo XIX, California se ha perfilado como un gran receptor de migrantes, muchos de ellos subcontratados para trabajar en el campo. Mexicanos, chinos y filipinos, buscaron dejar atrás condiciones precarias y nulas oportunidades de trabajo en sus países. Sin embargo, su indocumentación y su etnia crearon conflictos en la búsqueda del “sueño americano”, enfrentándose así a una experiencia de discriminación, xenofobia y explotación laboral.

Desde la década de 1870, la zona del valle central de California ha sido centro de innovación tecnológica en la agricultura industrial. Un avance que ha sido posible por el aprovechamiento de los excedentes de mano de obra migrante. Desde inicios del siglo XX, Estados Unidos se encargó de absorber a miles de trabajadores mexicanos que cruzaron la frontera durante las olas migratorias más importantes, como lo fueron la Revolución Mexicana y el Programa Bracero (1942-1964) – un sistema de contratación masiva de fuerza de trabajo, supuestamente, bajo el control del Estado, del que fueron beneficiarios aproximadamente cinco millones de personas–.

Campesinos del Programa Bracero. Colección: Bettmann Archive / Getty Images. Imagen tomada de: https://www.thoughtco.com/the-bracero-program-4175798

Como mecanismo de regulación, los anglosajones generaron políticas de migración restrictivas y al mismo tiempo hacían públicos los discursos antiinmigrantes. En estos, los trabajadores indocumentados eran clasificados como una amenaza a la nación y un sujeto antagónico en la conformación de un país blanco; sin embargo, económicamente eran un gran beneficio para Estados Unidos.

Finalizando el Programa Bracero en 1964, “la experiencia de ser migrante mexicano” tuvo un giro importante al empaparse de las nociones sobre el derecho y la dignidad, con lo cual los trabajadores fueron conscientes de su entorno hostil y las posibilidades de darle solución a su situación laboral a través de la lucha y la organización. Con la promulgación de la Ley de Derechos Civiles y Ley de Inmigración y Nacionalidad por parte del presidente Lydon B. Johnson en 1964 y 1964 respectivamente, se estipuló que los ciudadanos, cual fuera su color de piel, tenían derechos de ejercer su vida ciudadana con las mismas oportunidades que la población blanca. En el caso de los migrantes de color, por ley tenían las mismas oportunidades de acceso que los migrantes anglosajones. Sin embargo, con la tradición supremacista en la unión americana, las cosas se vieron complicadas.

La presión para que se promulgaran estas leyes se percibió en la década de los cincuenta, con el surgimiento de los movimientos por los derechos civiles y la protesta contra la discriminación racial que llevaba a cabo la “minoría” afroamericana. Su actividad política y social abrió un camino de conciencia ciudadana y derecho a demandar. Destacaron de manera importante el poder de la organización y la dignificación de su cultura, la cual muchas veces fue sobajada por el racismo y la exclusión. Sus acciones directas no violentas como disidencia civil inspiraron a las comunidades de origen mexicano en Estados Unidos, así como a la población migrante del mismo origen.

Sobre este contexto surgió el Movimiento Chicano: la lucha por los derechos civiles de los mexicoestadounidenses, el cual tuvo sus primeras manifestaciones justamente en Delano, en el valle central de California, donde la uva es cultivada para la producción de vino. Por lo tanto, los primeros objetivos del movimiento incluyeron demandas de corte laboral y los derechos humanos del sector migrante.

César Chávez y Dolores Huerta se perfilaron como los líderes de esta etapa inicial del Movimiento Chicano en Delano. En un principio, para ellos, no era una opción incorporar a los migrantes porque no eran ciudadanos, sin embargo, muy pronto abrieron pauta y reconocieron que el campo estaba formado por muchos migrantes mexicanos. A través de meetings se dirigieron a los campesinos para hablarles de los abusos laborales a los que estaban expuestos y también eran invitados a unirse a las huelgas con el fin de exigir a los terratenientes mejores condiciones de trabajo. El movimiento huelguista en Delano inició el 8 de septiembre de 1965 bajo la organización de Comité Organizativo de Trabajadores Agrícolas y la Asociación Nacional de Trabajadores Agrícolas. Sin embargo, tras una serie de huelgas exitosas, en 1966 surge la célebre Unión de Campesinos (United Farm Workers UFW), a quien se le atribuye la sindicalización de estos trabajadores. Este hecho dejó en evidencia el poder de la organización no sólo entre mexicoestadounidenses, sino también entre migrantes mexicanos. Este proceso no hubiera tenido los logros que se le reconocen sin el trabajo del Teatro Campesino.

Piquetes reunidos en el campo de uvas instando a los trabajadores a unirse a la huelga, Ted Streshinsky. Colección: Archivo Bettmann / Getty Images. Imagen tomada de: https://www.history.com/news/chavez-itliong-delano-grape-strike

El Teatro Campesino

El Teatro Campesino surgió el 16 de septiembre de 1965 entre el ambiente de huelgas en Delano. Luis Valdez, su fundador y creador recién graduado de la licenciatura en inglés por la Universidad Estatal de San José en California, inmediatamente conectó con la necesidad de una organización campesina. Hijo de padres campesinos migrantes, Valdez integró su experiencia y sus conocimientos sobre dramaturgia y  teatro popular, los cuales creía que tenían diversos alcances para llamar a la gente, concientizarla y dirigirla a la lucha laboral. Hacia 1966, Valdez afirmó en un artículo titulado “Theatre: El Teatro Campesino” en la revista Ramparts: “Nuestro objetivo primordial es llegar a los campesinos. Todos los actores son campesinos y nuestro único tópico es la huelga”.

Luis Valdez con poco material convocó a campesinos e interesados diciéndoles que no era necesario ser actor para participar, pues “la experiencia más importante en este teatro se obtiene por medio del piquete de la huelga”. Para él, el teatro campesino era un “foro público para expresar no solo las quejas presentes en la lucha […] sino también un espacio donde los antiguos silenciosos de California podrían no sólo expresar sus presentes agravios, sino también sus futuras esperanzas”.

Luis Valdez, fundador del Teatro Campesino. Colección: Farmworker Movement Online Gallery. Imagen tomada de: https://libraries.ucsd.edu/farmworkermovement/gallery/displayimage.php?pid=1214

Es así como el Teatro Campesino configuró los llamados “actos”, piezas teatrales que, en palabras de Valdez: “inspiran a la audiencia a la acción social, iluminan puntos específicos acerca de los problemas sociales, satirizan a la oposición, muestran una solución y expresan lo que la gente está pensando”. Para representar los actos teatrales se servían de lo que tenían a la mano, improvisaban y operaban con pocos recursos económicos: sólo poseían una lona, ocupaban las luces de las camionetas como iluminación del escenario y los personajes se colocaban anuncios indicando el papel que representaban a falta de vestuario o disfraces –de esta manera se señalaba quien era “la migra”, “el esquirol”, “el patrón”, “el coyote”–.

Cartel de El Teatro campesino, 1965. Colección: Smithsonian American Art Museum. Imagen tomada de: https://americanart.si.edu/artwork/el-teatro-campesino-viva-la-huelga-34730

Las dos caras del patroncito y La quinta temporada

Los dos actos más importantes del Teatro Campesino en los años de huelga fueron Las dos caras del patroncito y La quinta temporada, ambos de 1966 y dirigidos en inglés y español. Estos actos representaban las vivencias y experiencias de los migrantes al llegar a California para tomar su nuevo trabajo en el campo. En las dos puestas se advertía a los migrantes sobre las operaciones y relaciones de poder en la red de subcontrataciones del sector agrícola, con el fin de que no cayeran en las trampas y mentiras.

En estos actos los trabajadores campesinos reconocieron los abusos laborales y la falta de derechos. Valdez les explicaba cómo eran restringidos por ser migrantes y, al mismo tiempo, promovía una ciudadanía que no se basaba en el papel y el estatus legal sino en generar una ciudadanía performativa, es decir, una construcción de lazos comunitarios a través de la huelga, donde se crea un mundo sin distinción entre nativo y extranjero. Esto requería no sólo de construir el sentido de unidad, sino también de cuestionar el sistema de subcontratación y la sociedad dominante en Estados Unidos.

Los campesinos veían representados gran parte de sus inconformidades y frustraciones ante la experiencia migratoria y la explotación. El espectador inevitablemente reflexionaba sobre su entorno. Como consecuencia, los actos provocaban una catarsis donde los campesinos e indocumentados tomaban conciencia de sí mismos y los elementos que los hacían sentir sin valor. Por tanto, el Teatro Campesino era un espacio “seguro” en el que los trabajadores agrícolas podían ver en perspectiva su cotidianidad y, ante los asuntos en común entre los actores y los espectadores, experimentar la colectividad y la comunión a través de la risa, la tristeza y el silencio.

El acto Las dos caras del patroncito cuenta la historia de un migrante que llega a trabajar a los campos de uva y no tarda en enfrentarse a la hipocresía y explotación de su patrón. El migrante se presenta a la audiencia y les comenta que es un migrante originario de México. Inmediatamente, el personaje del patrón sale con una máscara de cerdo y un letrero que dice “Patroncito (Little Boss)”. Con humor, el patrón rápidamente revela su posición y opinión respecto a la huelga, la compara con prácticas comunistas que le causan cierta paranoia. El patrón le confiesa al migrante supuestos anhelos de ser trabajador agrícola y adula a una versión romantizada del trabajo en el campo, con el fin de hacerle creer que hace lo correcto al aceptar las condiciones laborales que le ofrece:

“Voy a contarte un pequeño secreto. A veces me siento allí en mi oficina y pienso para mí mismo: desearía ser mexicano… Solo uno de mis propios chicos. Viajar en los camiones, el pelo al viento, sentir toda esa libertad, salir aquí a los campos, trabajar bajo las enredaderas verdes, fumar un cigarrillo, mis manos en la tierra suave y fresca, bajo el cielo azul, con nubes a la deriva, mirando las montañas, escuchando cantar a los pajaritos.”

Los personajes de “el patroncito” y “el esquirol” en una puesta en escena. Imagen tomada de: https://blogs.sjsu.edu/humanities-arts/2015/02/16/el-teatro-campesino/

En el acto, el trabajador y el patrón invierten sus papeles en una extraña metamorfosis. Así, el patrón comienza a preocuparse de que el juego haya ido demasiado lejos y, por otro lado, el trabajador agrícola convertido en jefe se niega a renunciar a su nuevo poder; incluso reduce el salario por hora de sus trabajadores y se vuelve más opresivo que el verdadero patrón. Una de las moralejas principales demuestra cuán fácilmente uno puede dejarse llevar por la ganancia material a expensas de los demás.

En este desafió a la autoridad del jefe con el uso de la comedia, el Teatro Campesino también buscó disminuir el miedo que muchos campesinos le tenían al patrón, de esta manera los actos ponen de relieve las contradicciones que permean en la economía y la sociedad de los Estados Unidos. Las dos caras… trató de recordar a los trabajadores agrícolas lo que ya sabían: “que su posición inferior en el mundo no es causado por sus propias deficiencias, sino más bien por un sistema corrupto. Su objetivo era revolucionar el sistema de una manera que el sentido de inferioridad, superioridad, ciudadano y extranjero fuera completamente obsoleto”, en palabras del profesor Randy J. Ontiveros.

En La quinta temporada, presentada por primera vez en una reunión sindical en el Filipino Hall de Delano, se intenta mostrar todo el esquema de fraude y engaño con el que convive el trabajador migrante en el sistema de la subcontratación de mano de obra mexicana. Las relaciones del migrante con este sistema se traducen en relaciones de explotación y de robo, un contexto de abuso laboral que los migrantes identifican mientras se divierten con la comedia.

El público de El Teatro Campesino en Filipino Hall, 1966. Colección: Farmworker Movement Online Gallery. Imagen tomada de: https://libraries.ucsd.edu/farmworkermovement/gallery/displayimage.php?pid=1221

En este acto, José, un trabajador mexicano que llega al valle central, entra en escena declarando: “necesito enviar dinero a mi familia”. El personaje “Don Coyote”, el contratista, aparece inmediatamente y se acerca a José con promesas de dinero fácil, el conocido enganche. Con este acto, al auditorio se le muestra que el trabajador se desarrolla en una economía donde la ciudadanía restrictiva y la vida del extranjero no tienen el mismo valor que la vida del ciudadano estadounidense.

En esta especie de lecciones de civismo migrante, se señalan ciertas contradicciones como la de “Don Coyote” que, siendo mexicano, es el primero en dañar a otros compatriotas por su posición poderosa dentro del sistema agrícola de Estados Unidos. Se advierte que son los mismos contratistas los que proporcionan el transporte no regulado y exponen a los trabajadores agrícolas, enganchan haciendo falsas promesas y aseguran de que se cumpla con la disciplina laboral. El humor usado en esta situación, generaba una imagen recurrente de la explotación laboral vivida por los trabajadores, misma a la que José responde con enojo cuando descubre que está siendo engañado. El patrón, sin preocupaciones ante tal robo, premia al contratista con una recompensa, que se muestra en el acto a través de un hueso enorme con la palabra “Bonificación”.

El Teatro Campesino buscó ridiculizar a los contratistas con el fin de que apoyaran a los trabajadores. De igual manera se dejaba ver lo contradictorio que era el sistema de trabajo agrícola moderno, y así incitó a los espectadores a imaginar alternativas. Sobre este tenor, José le dice a “Don Coyote” y al “Patrón” que: “está en huelga y que solo trabajará cuando tenga un contrato bien firmadito”. En la escena, el patrón firma un contrato que lo compromete a otorgar un salario de dos dólares la hora y vacaciones pagadas; uno de los objetivos de dicho movimiento.

Las lecciones que dejaron los primeros actos del Teatro Campesino nos muestran una experiencia migrante cuando las “minorías” emprenden la conciencia de sus derechos, cuestionan al sistema anglosajón y se replantean como personas de origen mexicano. Ante la intención de generar una ciudadanía performativa, se hicieron evidentes las experiencias de explotación que los campesinos tenían en común, se definieron los sujetos antagónicos –como los “coyotes” y los “patrones”– para que el trabajador estuviera alerta ante los fraudes y así, finalmente, unirse a la huelga.

El Teatro Campesino más allá de Delano

Una vez otorgada la sindicalización de los huelguistas de la Unión de Campesinos (UFW) en 1967, el Teatro Campesino salió de Delano y recorrió toda California presentando actos con más temáticas y experiencias de la población mexicana. Este equipo teatral llamó la atención de otros países y la compañía recorrió varios puntos del mundo hasta llegar a la cúspide de la fama en Broadway con la pieza Zoot Suit en 1979, una problemática de jóvenes “rebeldes” de origen mexicano inmersos en la opresión del mundo anglosajón de los años cuarenta. Con esto, El Teatro Campesino de Luis Valdez muestra un repertorio de las vivencias de la población de origen mexicano en Estados Unidos, sin importar si son ciudadanos o migrantes, finalmente todos ellos se enfrentan a un país que los rechaza aun cuando los necesita.

Para saber más

Flores, Arturo C. “Acerca del Teatro Campesino de Luis Valdez”, Tramoya, número 22, enero-marzo de 1990, p. 31-41.

Huerta, Jorge A., “Chicano Agit-Prop: The Early Actos of El Teatro Campesino”, Latin American Theatre Review, volumen 10, número 2, marzo de 1977, p. 45-58,

Huerta, Jorge A., “Del templo al pueblo; el teatro chicano” en David R. Maciel, La historia del pueblo chicano, Ciudad Juárez, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 1996, p. 510-534.

Neighorn, Allen C., “Los Actos of El Teatro Campesino and Luis Valdez, 1965-1967: A Study with comparison to the early english morality play”, tesis de maestría en Artes, Universidad de Akron, agosto de 2008.

Ontiveros, Randy J., “Immigrant Actos: Citizenship and Performance in El Teatro Cmpesino”, en In the Spirit of a New People. The Cultural Politics of the Chicano Movement, New York, New York University Press, 2014, p. 131-169.