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Por Augusto Motte

El 20 de noviembre de 1910, Francisco I. Madero, miembro de una acaudalada familia de hacendados coahuilenses, inició uno de los movimientos políticos y sociales más importantes de la historia de México: La Revolución Mexicana. 

Este llamado a las armas comenzó a gestarse desde el período porfirista, principalmente por los pocos espacios de participación política que permitía el régimen a los sectores medios y altos, así como a las condiciones de explotación laboral de un importante número de trabajadores del campo y la ciudad, quienes por diversos canales intentaron dar solución a sus demandas y no encontraron más que la represión por parte del gobierno, tal y como sucedió en las huelgas obreras de Cananea y Río Blanco.

Aunado a dicho ambiente de malestar, no podemos olvidar las declaraciones de Porfirio Díaz en la entrevista Díaz-Creelman de 1908, donde el presidente aseguró, que: “El pueblo de México se encontraba listo para la Democracia […] y que vería con buenos ojos la formación de partidos políticos”, cuestión que originó la movilización de diversos sectores económicos y sociales para contender por la silla presidencial en las elecciones de 1910. Sin embargo, Díaz no cumpliría su palabra y llegaría por sexta ocasión consecutiva al Poder Ejecutivo, no sin antes sacar de la jugada a toda clase de oposición, como fue el caso del exilio obligado del general Bernardo Reyes y la aprehensión de Madero días antes de la justa electoral. 

En este contexto de represión política contra opositores al régimen, Francisco I. Madero, liberado de su encierro en San Luis Potosí, se trasladó a principios del mes de octubre a la ciudad de San Antonio, Texas; lugar donde, junto con sus seguidores, redactó el Plan de San Luis de 1910, el cual, denunciaba el fraude electoral de junio; así como todo el aparato de gobierno emanado de la elección y la devolución de las tierras usurpadas a sus antiguos propietarios durante el régimen porfirista; entre otros puntos. Idearios políticos mediante los cuales se hizo un llamado a la sociedad mexicana para tomar las armas bajo el lema de: “Sufragio Efectivo. No Reelección”.

La convocatoria de Madero aglutinó en sus primeros meses a miles de personas provenientes de diversos estratos sociales, quienes se unieron a la bola para resarcir viejas rencillas contra las élites porfiristas locales y se sumaron a las filas revolucionarias para luchar por demandas de cambio político y social. Así, se gestó un movimiento variopinto que en unos meses terminó por derrotar al ejército federal, obligando al octogenario presidente a firmar su renuncia y a exiliarse en París a finales de mayo de 1911.

De este modo, se consumó la primera etapa de la revolución mexicana con un gobierno emanado de la lucha armada, pero que rápidamente comenzó a mostrar deficiencias debido a que Madero mantuvo casi intacta la estructura política y económica del Antiguo Régimen. Esto le valió la crítica de quienes le habían apoyado para llegar al poder meses atrás, puesto que las esperanzas de cambio social comenzaron a verse lejanas, entre otras cosas, por la renuencia del presidente a modificar el viejo orden oligárquico de propiedad de la tierra. Por tal motivo, se generó la ruptura entre el maderismo y sus aliados surianos, los zapatistas, quienes se habían unido a la revuelta gracias a las promesas de restitución agraria vertidas en el artículo tercero del Plan de San Luis.

A raíz de esto último, se inició un nuevo período de guerra civil, cuyos actores, motivados por la traición de Madero, decidieron continuar con la revolución iniciada por él un año atrás. Esta fase se caracterizó por la violencia que se ejerció contra la población pacífica a quien el ejército federal utilizó cómo botín de guerra para minar el apoyo de sus enemigos, una cuestión que sería el común denominador durante los siguientes años del período armado en México. 

En suma, la decisiones tomadas por Madero tras su llegada al poder determinaron más adelante su caída mediante el golpe de Estado que efectuó el ejército en febrero de 1913, mismo que fue apoyado por los sectores que a pesar del cambio de régimen mantuvieron sus privilegios, puesto que apostaban en su mayoría por la reestructuración del viejo orden al considerar que el actual gobierno era incapaz de apaciguar los constantes levantamientos armados como el encabezado por Emiliano Zapata en el sur y el de Pascual Orozco al norte del país. 

Así, culminó esta etapa de la revolución iniciada el 20 noviembre de 1910, misma que dio apertura a un nuevo momento donde luego del asesinato del Apóstol de la Democracia, diversos actores buscaron la defensa del orden constitucional a través de las armas para destituir al gobierno golpista de Victoriano Huerta. Y que más tarde forjarían los cimientos para la construcción del nuevo Estado revolucionario, que recogería las ideas de transformación política y social generadas durante el porfiriato y la revolución.

Si bien la Revolución Mexicana fue un proceso que determinó la historia del México contemporáneo, es importante analizar las similitudes que existen entre este periodo y nuestro presente más inmediato; principalmente en los aspectos que corresponden al cambio de régimen político, ya que hoy en día como hace más de 100 años se vive un clima de tensión entre un gobierno emanado de una elección legítima y sectores cuyas demandas políticas no han sido cumplidas, a pesar de haber apoyado la lucha democrática desde los diversos movimientos sociales de finales del siglo XX y principios del XXI.

Asimismo, se observa un escenario donde actores pertenecientes a las cúpulas del poder político y empresarial, intentan por diversos medios influir en la opinión pública para socavar al nuevo gobierno con el fin de mantener intactos sus privilegios; un ciclo que parece ser compartido en la historia latinoamericana reciente, donde el viraje hacia el conservadurismo es una cuestión inminente ante cualquier sospecha de cambio que atente contra el status quo.

Para saber más

Azuela, Mariano, Los de abajo, México, Fondo de Cultura Económica, 2015. (Colección Letras Mexicanas).