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Cuando las prensas gritan. Los impresos novohispanos entre 1820 y 1821

Por Laura Martínez Domínguez

Del silencio a la algarabía. Los impresos novohispanos, 1814-1821

En 1814, a partir del restablecimiento del absolutismo en España, la revolución de independencia en la Nueva España fue combatida con un nuevo empuje militar y con una férrea política de silencio. De esta manera, la captura y ejecución de Morelos, así como la dispersión y atomización de la insurgencia, se combinó con la reinstalación de la Inquisición y con ello, la censura previa y represiva hacia los papeles públicos. Así, todo impreso que se quisiera publicar por la vía legal debía ser primero examinado, para luego ser fuertemente vigilado por una infinidad de ojos y orejas. Tal como podemos imaginarnos, pronunciarse a favor de la ruptura con la Metrópoli era una tarea arriesgada y temeraria. Sin embargo, tras varios años de guerra y a la luz de la experiencia constitucional de 1812, las autoridades novohispanas tuvieron problemas para amordazar por completo las voces críticas y contrarias al régimen colonial.

Alegoría del triunfo de España y Fernando VII sobre Napoleón, ca. 1814. Colección: Biblioteca Digital Memoria de Madrid. Imagen tomada de aquí: http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=4551&num_id=1&num_total=144#

Como vemos, desde 1814 el absolutismo español había procurado desintegrar y silenciar a sus disidentes. No obstante, a principios de 1820, algunas fuerzas políticas y militares se reagruparon para dar un golpe de timón. Esta vez, los que habían abrazado el liberalismo alrededor de la Constitución de Cádiz de 1812 y, que habían sido repudiados por el rey Fernando VII, regresaron con un rostro más radical e impusieron el restablecimiento constitucional en España y en los dominios de la monarquía. Tal suceso cruzó el Atlántico de manera intempestiva, de tal suerte que para mayo ya se tenían noticias reservadas que circulaban con tiento entre las acongojadas autoridades novohispanas. Un mes después la marea constitucionalista fue imposible de contener, de modo que se tuvo que jurar la Constitución  de 1812, con lo que se dio paso a la convocatoria para elegir nuevas autoridades representativas, a la vez que se restableció la libertad de imprenta contenida en el artículo 371º. La mordaza que se había dispuesto para los habitantes de la Nueva España cayó una vez más. Y, entonces, algo insólito ocurrió, pues las prensas redoblaron sus trabajos como nunca antes, como veremos a continuación. 

Rasgos centrales de la súper producción de impresos, 1820-1821

Entre 1820 y 1821 la producción de impresos se multiplicó al pasar  de 258 impresos por año entre 1808 y 1819 a un promedio de 1092. Como si hubieran salido imprentas hasta por debajo de las piedras, tal como podemos observar en la siguiente gráfica.

El gran número de papeles que inundaron los espacios públicos novohispanos es la primera de una serie de características que pueden examinarse de este fenómeno editorial. ¿Por qué se produjeron tantos impresos entre 1820 y 1821? Sin duda, la entrada en vigencia de la libertad de imprenta permitió que las personas pudieran publicar sus ideas sin censura previa. Bajo el amparo de este derecho aquellos y aquellas que pudieran y quisieran mandar imprimir o reimprimir algún texto podrían realizarlo. Desde luego, otra de las explicaciones acerca de esta gran producción editorial estriba en la gravedad del momento político. En este sentido, las diferentes fuerzas políticas que se habían batido durante diez años de guerra se vieron cara a cara para debatir y confrontarse por escrito con gran estridencia.

Alegoría de la jura de la Constitución por Fernando VII, Rey de España, ca. 1820, colección: Biblioteca Digital Memoria de Madrid. Imagen tomada de aquí: http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=5505&num_id=20&num_total=191

Una segunda característica que vale la pena anotar es la del formato de estos cientos de papeles. La inmensa mayoría de estos impresos eran hojas sueltas y folletos que tenían un tamaño pequeño de 14 x 20 cm., y una extensión de entre una a cuatro páginas. Estos dos rasgos nos pueden sugerir que su portabilidad era óptima para difundirse con facilidad. De igual manera, puede plantearse que un texto breve no debió ser tan costoso de imprimir ni de comprar, lo cual favoreció tanto a los autores como a los compradores que leyeron o escucharon leer su contenido. Tal vez no sea aventurado suponer que estos impresos se produjeran deliberadamente para ser accesibles a un mayor número de personas, pues el mensaje que se buscaba difundir era grave y urgente. Pensemos que durante un proceso revolucionario la percepción del tiempo se precipita o acelera, de ahí que estos papeles públicos en general abordaran las noticias más recientes que estaban sucediendo en los diferentes bandos. 

Una tercera y notable característica tiene que ver con el lugar de edición. De los impresos que salieron a la luz entre junio de 1820 a septiembre de 1821, encontramos que la mayoría fue publicada en la ciudad de México, ya que concentró casi el 80% de la producción, asunto que no debe extrañar al tratarse del corazón editorial de la Nueva España. Muy atrás estuvo Puebla con apenas 14%, ciudad que además de ser otro centro editorial, tuvo una relevancia política clave para la consumación de la independencia. Tan sólo hay que recordar que el Plan de Iguala fue publicado en el periódico La Abeja Poblana, y después reimpreso en la ciudad de México. Por ello, el estudio de los puntos de impresión puede ser significativo para comprender los sectores en lucha. Tal fue el caso del Diario Político Militar Mejicano, órgano del ejército de las Tres Garantías, publicado en Tepozotlán, cuyo ejemplar del lunes 10 de septiembre de 1821 fue repartido en Puebla. De hecho, uno de los rasgos editoriales de este momento fue el interés por la reimpresión de algunas lecturas polémicas. Por ejemplo, se pueden encontrar hojas reimpresas de Madrid, pero también de documentos muy importantes como la Constitución de Apatzingán de 1814 vuelta a publicar en 1821 en la ciudad de México. 

Una cuarta característica a examinar es el contenido de los sucesos recogidos en los papeles públicos de junio de 1820 a septiembre de 1821. Durante este periodo, la mayoría de los papeles polemizaron “a gritos y sombrerazos” sobre asuntos políticos, pero no de cualquier tipo, sino de los inmediatos o más recientes que concernían a las alianzas y rupturas que se iban entretejiendo al paso de los días entre las élites regionales, los insurgentes, la Iglesia y las fuerzas armadas. A grandes rasgos, puede distinguirse dos grandes ejes temáticos de este boom editorial.

Tertulia de pulquería, Agustín Arrieta, 1851. Colección: Andrés Blaisten. Imagen tomada de aquí: https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/a0/Arrietatertulia1.jpg 

De la Constitución a la Independencia: los temas más constantes

En la  primera etapa que va de junio de 1820 a enero de 1821 se discutió acerca del restablecimiento de la Constitución de Cádiz. Decenas y decenas de autores que firmaron con seudónimos y siglas se apresuraron a celebrar los derechos reconocidos en la Carta. Es, en esta etapa, cuando encontramos numerosas reimpresiones españolas que se dispersaron por doquier. Así ocurrió con el papel titulado El Amante de la Constitución, impreso en Madrid, después en Veracruz y al final en la ciudad de México. Su segunda parte se estampó en Cádiz y luego en la ciudad de México. De hecho, vale la pena mencionar que muchos de estos folletos tuvieron segundas o terceras partes o, que dieron pie a otras tantas contestaciones y réplicas como fue el caso de: Dar que vienen dando, o respuesta a lo que estampó el Observador en el suplemento al Noticioso, no. 751. O el caso del impreso: Contra el papel titulado El Amante de la Constitución, el cual, como vimos, tuvo una prolífica reimpresión. Por su parte, como una muestra del debate sobre la conveniencia de reinstalar la Carta de 1812, encontramos un documento que apostaba por la aceptación de ésta en detrimento de los rebeldes encabezados por Guerrero en Los insurgentes rendidos a la Constitución. Asimismo, se publicaron impresos que plantearon discutir la viabilidad de la Carta como, ¿Conviene que haya Constitución en Nueva España?; a la vez que hubo plumas que se decantaron por ella en: Diálogo de los amantes de la religión y constitución y Clamores del hijo de la Constitución. Dentro de este periodo también se hizo alusión a las elecciones, como se aprecia en los siguientes títulos: Abuso de las elecciones populares, el Directorio político de Alcaldes Constitucionales, e Instrucción que ha formado la Junta Preparatoria de la ciudad de Guadalaxara. 

Pese a esta euforia constitucional, no todos los derechos y libertades fueron acogidos con la misma aprobación. El caso más interesante fue el debate acerca de los límites de la libertad de imprenta. No había pasado ni un mes de haberse restablecido el régimen constitucional en junio de 1820, cuando numerosas opiniones hicieron rechinar las prensas para alertar sobre los peligros de que cualquiera pudiera estampar sus ideas políticas. En particular, si éstas denunciaban inconformidades hacia el liberalismo gaditano o, peor aún, que se pronunciaran por la ruptura con España o secundaran a los insurgentes apertrechados en las montañas del sur. En este tenor, encontramos papeles como: Bienes y males de la libertad de imprenta, La vapulación más cruel a escritores miserables, Los escritores deben sujetarse a las leyes, Enfermedad ejecutiva de los escritores modernos y La imprenta enferma y convaleciente. Veamos el contenido del papel: La verdad aunque amarga, es muchas veces el objeto precioso de la libertad de imprenta. El autor que firmó con una “N” se propuso relatar con la legislación de la prensa en la mano (se refiere al Reglamento de 10 de noviembre de 1810 que publicaron las Cortes extraordinarias en España) el caso de un escritor puesto en prisión:

He visto un papel titulado: Al que le venga el saco que se lo ponga, en que se refiere sencillamente la presión de D. Rafael Dávila, se declama contra ella, y se vierten otras especies vagas y generales, que hacen vacilar sobre el verdadero autor de este atentado; y no siendo justo que en el tribunal supremo del público aparezcan unos hechos tan graves […] usando de la santa libertad que me franquearon las Cortes, y con el mismo objeto precioso que se propusieron, me ha parecido describir este suceso escandaloso para que se pueda calificar debidamente.

De esta manera, el autor transcribió algunos de los artículos del reglamento de 1810 para cotejar si el procedimiento había sido bien o mal instrumentado. La libertad de imprenta se había colocado en el ojo del huracán público, ya fuera para vigilar su correcto uso y acompañar la reinstalación de la Carta de 1812, como para alentar otras propuestas políticas.

Los temores más graves no demoraron en volverse un peligro para el régimen constitucional, en especial cuando éste volvió a decepcionar a algunas élites regionales que no vieron satisfechas sus demandas políticas y económicas de equidad en una monarquía española que no dejó de marcar la desigualad en materia de representación. Por ejemplo, desde España se alzaron voces en papeles como, Manifiesto sobre los representantes que corresponden a los americanos en las inmediatas cortes e Incitativa de un mejicano a todos los españoles, en defensa de la que se publicó en la Península reclamando el número de diputados de Ultramar. La desigualdad en materia representativa fue la primera de muchas desavenencias que se estamparon en títulos como Quejas de una americana constitucional y Entierro de huesos del despotismo. Sin embargo, fue el embate de las Cortes de Madrid hacia los fueros y propiedades de la Iglesia a finales de 1820, lo que motivó a la Iglesia novohispana a buscar la separación de España con el propósito de evitar las reformas. Para ello, no sólo había que expresar el disgusto, sino buscar aliados para cristalizar el modo de la emancipación. En este nuevo giro de acontecimientos encontramos títulos como: Defensa de los bienes de la Iglesia Católica Apostólica Romana, El Militar ciudadano, Invitación al ejército mexicano y Verdadera explicación de la voz independencia. Papeles como estos se publicaron a raudales entre finales de 1820 e inicios de 1821.

José Joaquín Fernández de Lizardi, uno de los publicistas más prolíficos de la época escribió un papel que captura precisamente este debate sobre la independencia e incluso sobre la gran cantidad de impresos que circulaban. En el folleto Chamorro y Dominiquín. Diálogo jocoserio sobre la independencia de la América, escrito en forma de diálogo -forma típica del momento y que favorecía la lectura en voz alta- narró lo siguiente:

Chamorro: ¿Cómo va de novedades, Dominiquín?

Dominiquín: Como yo no leo ningún papelucho, no sé nada. 

Chamorro: Muy bien quedaremos con que todos piensen como, tú. ¿Y por qué no lees?

Dominiquín: porque ¿quién ha de tener paciencia para leer tantas boberas como se imprimen?

Chamorro: ¿Y tú, por qué calificas de boberas los impresos?

Dominiquín: Porque todos lo dicen. 

Chamorro: Pues todos lo necios; pero sábete que aunque es cierto que se imprimen muchas sandeces, también es cierto que se imprimen mil cosas buenas, y éstas son las más. […] ¡Desgraciada la tierra donde los que leen son pocos y los que hablan de todo en los portales, tertulias y cafés son muchos! Semejante lugar es el de la soberbia e ignorancia. Si nuestra América ha sido este lugar, no nos admiremos de las desgracias que hemos sufrido, ni nos atormente la memoria de las que nos faltan que sufrir. […]

Dominiquín: Bien, hombre y ¿cuál es el asunto del día?

Chamorro: La independencia y la religión. […]

Dominiquín: Muy bien, Chamorro, pero dime, en resumidas cuentas, ¿qué es independencia?

Chamorro: Es la separación de este reino de España, o la substracción de su dominación; de suerte que ya se ha visto tratado como colonia por trescientos años, se vea como nación soberana e independiente de otra alguna…

Dominiquín: Cállate por Dios, Chamorrillo, cállate y no hables herejías, que nos llevarán al quemadero si nos oyen, o a buen componer a la cárcel. ¡Independencia! ¡Santo Dios! Si es lo que dices, no puede decirse impunemente.

El proyecto político del Plan de Iguala de febrero de 1821, expresa con claridad la alianza entre la Iglesia, el ejército y los sectores acomodados que se vislumbraba en la discusión pública unos meses atrás. Como puede suponerse, la segunda etapa temática de los impresos novohispanos la encontramos precisamente de febrero a septiembre de 1821, el asunto más relevante y numeroso que se discutió fue el de la independencia. Desde luego, la mayoría de los impresos se inclinaron por la ruptura como vemos en Ventajas de la independencia y en Reflexiones sobre la independencia, el cual, por ejemplo, salió de la imprenta del Ejército Imperial de las Tres Garantías, editado primero en Valladolid (hoy Morelia), luego en Puebla y después en Guadalajara. Otro caso es el Buscapiés a los españoles y americanos que aún sostienen temerariamente en Méjico el cómico gobierno del Sr. Novella, salido de la imprenta portátil del Ejército, impresa en Tepozotlán, cuyos siguientes números se estamparon en la ciudad de México.  La propaganda a favor de la independencia fue amplia y sonora. Ahora, los papeles se dirigían también a los insurgentes en A los ciudadanos militares que componen la división del Sr. D. Vicente Guerrero, un Americano y, a resaltar la figura de Iturbide como en Boleras en honor del inmortal gefe del ejército imperial mexicano. Para finales de septiembre de 1821, tras la firma del Acta de Independencia, los impresos no cesaron de hablar de libertad.

Generales del Ejército Trigarante, Ferdinand Bastin, ca. 1842. Imagen Wikimedia Commons: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Generales_del_Trigarante.jpg 

Conclusiones

El debate público entre 1820 y 1821 fue vasto y estridente, ya que los asuntos del día se precipitaron unos detrás de otros. La cuestión no era menor, pues nadie quería perderse de hablar sobre el nuevo golpe de timón en el que gracias a la libertad de imprenta, varios autores que representaban los intereses de diversos sectores políticos tomaron las prensas para difundir sus propuestas, lo mismo que para polemizar con sus adversarios. Como hemos podido observar, los protagonistas de este boom editorial se concentraron en la ciudad de México y en Puebla, sus textos fueron folletos de corta extensión en el que discutieron primero de la conveniencia del restablecimiento del constitucionalismo para luego pronunciarse por la Independencia de México. Para comprender mejor esta transformación es preciso estudiar las identidades e intereses detrás de estos impresos, pues si bien es indudable que los papeles de la Imprenta de la Ejército Imperial de las Tres Garantías abogaban por la emancipación, vale la pena interrogarse cómo sectores como la Iglesia y las oligarquías participaron de esta avalancha de impresos sobre los modos y los términos en que se sellaría el pacto por la Independencia mexicana.

Para saber más

Coudart, Laurence, “El Diario de México y la era de la actualidad”, Esther Martínez Luna (coord.). Bicentenario del Diario de México. Los albores de una cultura letrada en el México independiente 1805-2005, México, UNAM, 2009, pp. 197-225.

Ferrer, Manuel, “Impresos novohispanos de 1821: ¿independencia o sujeción a España?”, Secuencia, no. 37, enero-abril, 1997, pp. 3-34.

Garritz, Amaya, Virginia Guedea y Teresa Lozano (comps.), Impresos novohispanos, 1808-1821, México, UNAM, 1990, 2 tomos. 

Giron, Nicole et al., Folletería mexicana del siglo XIX (etapa 1), México, Instituto de Investigaciones Históricas Dr. José María Luis Mora/CONACYT, CD-ROM 2ª. Edición, 2004. 

Gómez Álvarez, Cristina, El alto clero poblano y la revolución de Independencia, 1808-1821, México, FFyL/UNAM/BUAP, 1997.

Martínez Domínguez, Laura, La prensa liberal y los primeros meses de la Independencia, El Sol, 1821-1822, México, Tesis de Maestría en Historia, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2010.