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Reorganizar para dominar. Los primeros años de la ciudad de México

Por Alba Sofía Espinosa Leal

Lo que conocemos como ciudad de México ha cambiado a lo largo de su historia. En los primeros años después de la conquista de 1521, hubo varios escenarios hasta su consolidación urbana. Una de las primeras imágenes, sin duda alguna, es la de una ciudad abatida: a excepción del gran teocalli del recinto sagrado, todos los edificios estaban maltrechos, sin techo, con los muros destrozados o incendiados.

Hay que imaginarse que no sólo la ciudad había quedado casi destruida, sino que había muchos cadáveres en estado de putrefacción, por lo que una de las primeras instrucciones fue que, tanto españoles como indios, salieran de ella para evitar la propagación de enfermedades, además, había carestía de alimento y de agua en la zona. Según los relatos, las calzadas se llenaron de sobrevivientes mexicas, los cuales se reunieron con parientes o amigos que vivían en los pueblos de las riberas del lago, mientras que los españoles se movilizaron hacia Coyoacán.

Dibujado por orden de Hernán Cortés, Mapa de Nüremberg, ca.1524, en segunda carta de relación de Hernán Cortés, Praeclara Fernandi Cortesii de Noua Maris Oceani Hyspania Narratio…, Nüremberg. Imagen tomada de: http://www.motecuhzoma.de/Ten%20Nuern.JPG

Los primeros años del espacio que se consolidó como la ciudad de México son difíciles de rastrear por las pocas fuentes que existen. El paso inicial, después de que los españoles se instauraran durante un tiempo en Coyoacán, fue decidir en donde se iba a establecer la sede del dominio español. La elección por parte de Hernán Cortés fue el mismo sitio que se había asediado meses atrás: Mexico-Tenochtitlan, aunque muchos de sus soldados propusieron crear el asentamiento en Coyoacán o incluso en Tacuba. Hacia finales de 1521, la siguiente etapa fue llevar a cabo obras de saneamiento, sobre todo la limpieza de los canales y la remoción de los cadáveres.

Posteriormente, a principios de 1522, todavía con la sede del gobierno en Coyoacán, empezó la traza y el reparto de solares (es decir, de porciones de tierra para edificar) en la ciudad de México, además se reinstaló la infraestructura de la urbe: las calzadas se aderezaron, lo puentes estaban en proceso de reconstrucción, las acequias fueron recuperando el cause del agua e iniciaron la demolición del gran teocalli del recinto sagrado. Estos elementos distinguían a la ciudad de Mexico-Tenochtitlan, los cuales fueron llevados a cabo como parte de las estrategias de conquista y de las que hablaré a continuación.

Una ciudad sobre el agua

La ciudad de Mexico-Tenochtitlan tenía una característica esencial: el ser una urbe rodeada de agua. Por ello, muchos de los conquistadores no estuvieron de acuerdo con la decisión de Hernán Cortés de establecer la ciudad principal en la antigua sede del poderío mexica. Algunos argumentaban que Coyoacán sería un mejor lugar porque era un sitio defendible, contaba con drenaje, pero sobre todo porque no tenía la problemática de estar ubicada en medio de varios lagos, es decir, Coyoacán era más estable por las características de su suelo.

Detalle de Coyoacán en el Mapa de Uppsala, ca. 1550, 75×144 cm., Biblioteca de la Universidad de Uppsala, Imagen tomada de: https://cdn.local.mx/wp-content/uploads/2018/09/410.jpg

Sin embargo, Cortés tomó la decisión de reconstruir la ciudad y conservarla en su emplazamiento original, entre otras razones, por el simbolismo que representaba ese espacio. Era una forma de mostrar que el mismo poderío que se tenía desde tiempos de los mexicas se mantendría, aunque ahora en manos de la Corona española. En este sentido, me parece esencial hacer hincapié en que la palabra “reconstrucción” aparece en muchas de las fuentes de la época, lo cual muestra una idea de continuidad. Así, la ciudad de México no fue una urbe que inició desde cero sino que, contó con elementos esenciales que se mantuvieron a lo largo de su reorganización.

Al ser una ciudad edificada sobre un lago, ésta tenía características urbanas que le permitieron desarrollarse en un espacio tan particular. Por ejemplo, las calzadas y las acequias eran indispensables, y, junto con el acueducto que proveía de agua potable, fueron atacadas durante el asedio que terminó con el sitio de Mexico-Tenochtitlan. Después de la caída de la ciudad, estos componentes fueron inamovibles y pasaron a formar parte de la traza española, además de la presencia del gran teocalli, cuya estructura era de tan grandes dimensiones que se tardaron mucho tiempo en derrumbarlo. En ese sentido, ahondaré en el papel que jugaron estos elementos que se heredaron desde la ciudad prehispánica.

Detalle del mural de Diego Rivera,  Epopeya del pueblo mexicano, 1935. Esta famosa obra se encuentra en Palacio Nacional. Imagen disponible en: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Archivo:Murales_Rivera_-_Markt_in_Tlatelolco_3.jpg

Primero, las calzadas representaban la conexión con tierra firme, es decir, el espacio urbano de Tenochtitlan estaba comunicado a partir de tres de ellas: Tacuba-Tlacopan hacia el poniente, Iztapalapa hacia el sur y la del Tepeyac hacia el norte, de la cual se desprendía la calzada que conducía a Tlatelolco, éstas se extendían hasta las afueras del lago para conectar al recinto ceremonial central, por lo que fueron una estructura indispensable para el desarrollo de la urbe.

Las calzadas eran unas largas plataformas elevadas que se alzaban sobre el agua, por lo que, a pesar de permitir la conexión con tierra firme, no eran un espacio por el que se pudiera transitar de forma continua, ya que en su trayecto estaban construidos puentes y diques, los primeros servían para conectar las casas que estaban en los lados de las calzadas, y los segundos contenían el paso del agua. Éstas mantuvieron su anchura de origen prehispánico, no obstante, al interior de lo que se consolidó como la traza española se convirtieron en calles y se redujo su tamaño, tales fueron los casos de Tacuba e Iztapalapa.

Representación del valle de México, en Matthew Restall, Cuando Moctezuma conoció a Cortés, Taurus, 2019. Imagen tomada de: https://academicxsmty43.files.wordpress.com/2020/06/rsz_mey-500ac3b1os-mapa.jpg?w=449&h=465

De igual forma, las acequias fueron esenciales, ya que la construcción de las casas, la repartición de solares y la distribución de las calles se vieron condicionadas por el transitar de estos canales. Además, las acequias eran las vías de entrada para muchos de los productos que se comercializaban, en ellas transitaban las canoas y tuvieron otra función esencial al recolectar el agua de lluvia y residual para conducirla afuera de la ciudad, lo cual ayudaba a que la urbe no se inundara tan fácilmente.

Por último, la destrucción del Templo Mayor representó un problema en el esquema de la nueva traza y, a su vez, generó que el núcleo prehispánico quedara descentrado, el cual estaba conformado por el gran teocalli, pero también por todo el centro ceremonial, los palacios de los tlatoque y otras construcciones de gobierno. Así, el resultado fue una modificación en el orden de los espacios mexicas. También, las grandes dimensiones del inmueble requirieron de mucho tiempo  que fuese derrumbado, por lo que el otorgar y ocupar solares a su alrededor fue conflictivo, ya que los vestigios impedían una correcta cimentación. Del estrago de algunos edificios, además de las ruinas de otros, fue que se tomaron los materiales para la reconstrucción de varios de los inmuebles, pues otro de los problemas a los que tuvieron que enfrentarse, por encontrarse dentro de una isla, fue que la piedra o la madera también se traían desde zonas aledañas.

En este tenor de ideas, cabe precisar que los conquistadores se apropiaron del centro del islote donde los mexicas a su vez tenían el núcleo de su ciudad. Por su parte, la zona habitacional de la mayoría de la población mexica se encontraba alrededor de este núcleo, por lo que estos volvieron a sus tierras repartidas en cuatro sectores que se conocieron como barrios: Moyotlán, Teopan, Aztacualco y Cuepopan.

Según la tradición, el centro de la ciudad se fundó al centro del islote. Códice Durán, siglo XVI. Imagen tomada de: https://www.artehistoria.com/es/obra/c%C3%B3dice-dur%C3%A1n-fundaci%C3%B3n-de-tenochtitlan

La organización de la ciudad de México

En este punto, quisiera reafirmar el hecho de que en estos primeros años la ciudad se estaba reorganizando, esto significaba que, a pesar de que hubo ciertos elementos que se mantuvieron, la urbe se fue acoplando según las necesidades de gobierno y las diferentes alianzas de quienes ostentaron el poder. En este sentido, se ha pensado que desde el momento en que la ciudad fue rehabitada había unos límites muy claros, los españoles en el centro y los indios en los barrios de los alrededores. Sin embargo, esto no pudo haber sido tan tajante, primero porque la nobleza indígena siguió ocupando espacios cercanos al antiguo núcleo prehispánico y segundo porque la misma traza se fue adecuando a la densidad de la población, en esta primera etapa lo esencial fue afianzar ciertos lugares que fungieran como símbolos de los gobiernos políticos y religiosos, además de mantener segura la urbe de una posible rebelión.

Así, para estos primeros momentos, a lo que se ha llamado traza española, fue una planificación a cargo de Alonso Gracía Bravo, cuya labor consistió en definir la disposición de las calles, las manzanas y la división de solares o terrenos a repartirse, no obstante la edificación y apropiación de los inmuebles llevó más tiempo. De esta forma, García Bravo debió adaptar los elementos prehispánicos antes mencionados y hacer un esquema que permitiera cubrir las necesidades de una población española reducida.

En lo que respecta al mando político, en 1522 Hernán Cortés fue nombrado gobernador y capitán general de la Nueva España. Sin embargo, desde la caída de Mexico-Tenochtitlan había tomado el poder y poco tiempo después consolidó una de las corporaciones esenciales para el control y establecimiento de nuevas poblaciones: el cabildo. Oficialmente, el tiempo que tuvo el cargo fue hasta 1526. No obstante, desde el 12 de octubre de 1524 abandonó la ciudad para poner fin al levantamiento de uno de sus capitanes que había enviado a la conquista de las Hibueras (actual Honduras), por lo que dejó a los miembros del ayuntamiento a cargo. Por lo anterior, se puede considerar que el periodo de planeación y desarrollo de esta ciudad cortesiana duró de 1521 a 1524.

La repartición de solares consistió en la entrega de terrenos a los conquistadores y posteriormente a los pobladores que fueron llegando a la Nueva España, este acto fue llevado a cabo por Cortés y el cabildo como las máximas autoridades. Sin embargo, otro de los retos fue lograr que dichos conquistadores se establecieran y permanecieran en la ciudad, pues algunos se fueron a someter diferentes tierras y a veces se quedaban en ellas, otros regresaban a sus lugares de origen en la España peninsular, y sólo unos cuantos eran los que mandaban a construir sus casas, las cercaban y las habitaban. Así, conseguir el arraigo de esta población fue esencial, ya que muchos de ellos seguían deseosos de lograr la fortuna que no habían conseguido con la conquista de Mexico-Tenochtitlan.

Las actas del cabildo reflejan estas problemáticas e insistían en que, más allá del repartimiento de los solares, se debían cercar y construir casas en los lugares concedidos. Uno de los principales miedos fue que la ciudad  quedara despoblada, lo cual hubiera hecho más factible una rebelión indígena, un temor que se mantuvo constante durante la primera mitad del siglo XVI. De hecho, dentro de esta distribución, los primeros solares que fueron ocupados estuvieron en las calzadas, en donde Iztapalapa y Tacuba fueron de las más solicitadas debido a sus posiciones estratégicas como “vías de escape”. A su vez, las casas debieron construirse unas junto a otras para que se pudiera contar con una especie de defensa.

Dentro de la memoria de los conquistadores, hubo un episodio que quedó marcado en su recuerdo y en donde usaron las calzadas como vías de escape. Esto ocurrió a finales de junio de 1520, y fue un suceso que se conoció como la noche triste, en el cual, muchos soldados murieron y tuvieron que huir por Tacuba. Después de este momento, las calzadas no dejaron de tener un papel primigenio, incluso, en los relatos del asedio a Mexico-Tenochtitlan en 1521 hablan de ellas como posiciones estratégicas. Su peso era tal que Cortés y demás capitanes sabían “que sin los bergantines no podríamos entrar por las calzadas para combatir a México”.  Las calzadas fueron frentes de batalla, a partir de ellas los españoles y sus aliados empezaron a destruir las casas de los alrededores, cegaban los puentes, etc. A grandes rasgos, iban ganando terreno para acercarse a la ciudad.

Más allá de todas las razones antes mencionadas, no se puede olvidar que las calzadas eran las únicas vías que conectaban con tierra firme. Por todo lo anterior, fueron lugares privilegiados dentro de los primeros años de la ciudad. De hecho, no suena raro que en ellas también se establecieron los inmuebles que recordaran el triunfo de la conquista, tal sería el caso de la ermita de los mártires, pero también los edificios indispensables para el desarrollo de la ciudad cortesiana; estos fueron el convento de San Francisco y el Palacio de Axayácatl.

El palacio de Axayácatl fue el sitio que sirvió como morada de Hernán Cortés, y espacio de gobierno para él y el cabildo, por lo que también fungieron como centro de control político. Así, dentro del reparto de solares, el conquistador se quedó con los predios que pertenecieron a dos de los gobernantes mexicas: Axayacátl y Moctezuma II. Estos edificios se conocieron como las casas viejas (hoy Nacional Monte de Piedad) y casas nuevas (hoy Palacio Nacional), el primero se encontraba al poniente y el segundo al oriente de la traza.

Plano de la Plaza Mayor de México, edificios y calles adyacentes y la Acequia Real, ca. 1562, Archivo General de Indias, MP-México, 3. Imagen tomada de: http://pares.mcu.es/ParesBusquedas20/catalogo/show/20811?nm

Como he insistido, hubo espacios y componentes que se retomaron de la ciudad mexica: unos se reconstruyeron y otros se crearon desde cero debido a las necesidades de la población que poco a poco fue habitando la ciudad en estos primeros años de 1522 a 1524. Por ejemplo, las casas nuevas o palacio de Moctezuma II se reedificó y de hecho los predios que ocupaba se ampliaron. Así, este inmueble es un claro ejemplo de lo tardado que pudo haber sido el proceso constructivo, aunque la intención de Cortés era establecer ahí su residencia, no fue ocupado sino hasta la década de 1560 por los virreyes.

Más allá del control de gobierno, dentro de las prioridades españolas se necesitaban lugares de culto. En principio, las casas viejas también fungieron como un lugar para celebrar y tomar misa, pero en 1524 encontramos el ejemplo de uno de los inmuebles que se construyeron desde cero y formó parte del gobierno espiritual: el primer convento de San Francisco. Los historiadores Jessica Ramírez y Rossend Rovira han propuesto que éste se estableció en la calle de Tacuba 29, hoy esquina con Bolívar/Allende, de hecho este espacio se construiría antes que la iglesia mayor –su edificación inició en 1525, cuando el conquistador ya se había ido a las Hibueras–.

José Vivar y Valderrama, La consagración de los templos paganos y la primera misa en México-Tenochtitlán, 1752. Imagen tomada de: http://museopalaciodebellasartes.gob.mx/micrositios/op/include/imagen/nucleo-7/Obra/02.jpg

En lo que respecta a la ermita de los mártires se construyó en la calle de Tacuba, y funcionaba como un recordatorio de la conquista.  Aunque se desconoce la fecha exacta, fue de los inmuebles primigenios que se estableció en la ciudad de México. Ésta se edificó en el mismo lugar donde murieron varios de los conquistadores y sus aliados durante la noche triste, y ahí supuestamente se depositaron sus restos. A los soldados que fallecieron dentro del proceso de conquista se les consideró mártires de guerra, esto tenía una profunda carga simbólica porque perecieron en nombre de Dios con el único propósito de vencer a los infieles y propagar la verdadera fe.

Otro espacio que también fue tomando forma y con el paso del tiempo se colocó como el centro de la ciudad fue la Plaza Mayor, la cual es una clara muestra de la influencia renacentista, debido a que en esta corriente se planteaba a las plazas como el punto nodal de las urbes, desde las cuales partía toda su organización. Sin embargo, sostengo que en los primeros años de creación y desarrollo de la traza española, las calzadas tuvieron una mayor preeminencia, sobre todo porque en ellas se instalaron gran parte de los inmuebles que ayudaron al establecimiento español. También cabe señalar que, en principio, la plaza tuvo una forma rectangular y con la posterior construcción de la catedral, el palacio de los virreyes, el del cabildo y los portales de comerciantes, terminó por conseguir la forma cuadrangular e imagen del poder que se mantiene hasta el presente.

Así, la intención de este artículo fue dar un esbozo de las circunstancias y los espacios que se desarrollaron en los primeros años de la vida de la ciudad de México. Sin duda alguna, las calzadas, las acequias y el gran teocalli fueron elementos que formaron parte de la urbe, pero que también hicieron que la traza de la ciudad fuera cambiando. De esta forma, valdría la pena ahondar en los primeros inmuebles que se construyeron, porque en ellos se veían reflejadas las necesidades de la población, además de las adaptaciones que se hicieron y heredaron desde la ciudad de México-Tenochtitlan.

Para saber más

Arriaga Arriaga, Iván José, “La ciudad de México durante la Conquista. De la ciudad    prehispánica a la refundación de Hernán Cortés (1519-1522).” Tesis para obtener el título de licenciado en Historia. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras, 2013.

Cortés, Hernán, Cartas de Relación, México, Editorial Porrúa, 2005.

Huitrón Flores, Luis Gerardo,  “La reconstrucción histórica y virtual de la primera catedral de la ciudad de México (1525-1625).”, tesis de doctorado, México, Facultad de Filosofía y Letras/Instituto de Investigaciones Estéticas-UNAM, 2019.

Mundy, Bárbara E., La muerte de Tenochtitlán, la vida de México, México, Grano de Sal, 2018.

Ramírez Méndez Jessica y Rossend Rovira Mogrado, “De San Francisco el Viejo al Nuevo en la ciudad de México: una propuesta de relectura de la primigenia traza española (1524-1525)”, en Estudios de Historia Novohispana, México, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, núm.64, enero-junio 2021, pp. 161-205.