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La lucha tecnológica contra el coronavirus. Desarrollo de las vacunas contra el SARS-CoV-2

Por Cecilia Contreras Cubas

La actual pandemia del coronavirus 2, causante del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2 por sus siglas en inglés Severe Acute Respiratory Syndrome Coronavirus 2), que desencadena la enfermedad por coronavirus de 2019 (COVID-19), ha provocado hasta mediados de abril del 2021 un total de 2,997,250 muertes a nivel mundial.

Datos de casos y muertes acumulados, globales y por país, desde el inicio de la pandemia hasta el 16 de abril del 2021 de acuerdo a la Universidad Johns Hopkins. Imagen tomada de: https://coronavirus.jhu.edu/map.html

Descrito por primera vez en Wuhan, en la Provincia de Hubei, China, en diciembre del 2019, al poco tiempo fue detectado en países europeos occidentales como Italia. El 11 de marzo del 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la COVID-19 como una pandemia. En México se detectó el primer caso el 27 de febrero del 2020 y para el 30 de abril se reportó un total de 19, 224 casos confirmados y 1,859 defunciones.

Resulta interesante que este no es el primer coronavirus detectado con potencial riesgo pandémico, ya que en noviembre del 2002 se detectó al primer caso con el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés: Severe Acute Respiratory Syndrome) en Foshan, China. En marzo del 2003, la OMS determinó que el causante de esta enfermedad era el coronavirus SARS-CoV, el cual causó 774 muertes reportadas en 27 países. En julio del 2003, gracias a las medidas de control de infecciones, se declaró a la pandemia de SARS por terminada.

Por otra parte, en junio del 2012 en Arabia Saudita se detectó al nuevo coronavirus causante del síndrome respiratorio del Medio Oriente (MERS-CoV, por sus siglas en inglés: Middle East Respiratory Syndrome Coronavirus). Para el 26 de abril del 2016 se habían confirmado 1,728 casos y 624 muertes en 27 países.

De esta manera, la historia de estos coronavirus emergentes nos lleva a pensar en la importancia de estrategias de detección temprana de virus con potencial pandémico en los humanos, así como estrategias de control de infección y dispersión para evitar pandemias como la que estamos viviendo. Pero ¿qué son los coronavirus? ¿cómo podemos detectarlos y sobre todo, cómo podemos mitigar su potencial pandémico?

Un virus es una partícula formada de ácidos nucleicos (moléculas que participan en el almacenamiento y expresión de la información genética), ya sea de ADN (ácido desoxiribunocleico) o ARN (ácido ribonucleico), en su mayoría encapsulados en una vesícula de proteínas. Al no poder hacer copias de si mismo (replicarse), infecta a células aprovechándose de su maquinaria para lograr este fin. Los coronavirus SARS-CoV-2 pertenecen a la familia Coronaviridae, tienen un genoma de una sola cadena de 27,900 nucleótidos de ARN con polaridad positiva, el cual está cubierto por una envoltura compuesta por la proteína de envoltura E, la glicoproteína de membrana (M), la proteína de nucleocápside (N) y la proteína espícula (S) que conforma a las espículas que le permiten internalizarse a las células humanas.

Estructura del coronavirus SARS-CoV-2 en el que se muestra las diferentes proteínas que forman su envoltura. Destacan las proteínas de espícula a través de las cuales se une el virus a las células humanas. Imagen disponible en: https://theconversation.com/coronavirus-conociendo-al-enemigo-134489

El SARS-CoV-2 se transmite entre humanos a través de gotas de saliva expulsadas al hablar, respirar, toser o estornudar. Una vez que el virus es inhalado, infecta a células del epitelio nasal mediante la unión de su proteína S con la enzima convertidora de angiotensina-2 (ACE-2) de la célula, componente importante de la vía regulación de la presión arterial. De esta manera se replica e infecta a un mayor número de células. Aquí es cuando se puede hablar de carga viral, término que se refiere a la cantidad de partículas virales que en un momento determinado presenta un individuo. Esto es de suma importancia ya que un individuo con alta carga viral (mayor número de partículas virales) presenta una mayor capacidad para infectar a otros. Además, se ha observado que cuando un individuo es infectado con una elevada carga viral, por lo general, presenta una mayor probabilidad de desarrollar una forma grave de COVID-19.

Una vez que el virus se encuentra en el tracto respiratorio superior, continua replicándose e infectando más células hasta llegar al tracto respiratorio inferior, momento en el que comienzan a manifestarse los síntomas de esta enfermedad con un promedio de 5-6 días después de la infección y hasta 14 días después de ésta. Entre los síntomas más comunes se encuentra fiebre, tos seca, fatiga (dolor muscular y en articulaciones), dificultad para respirar, pérdida del sentido del gusto y del olor.

Una cuestión interesante de este virus es que del total de personas que se infectan, el 40% no desarrollará síntomas (denominados asintomáticos), es decir, estos individuos tendrán la capacidad de dispersar más al virus, infectando a más personas. De ahí la importancia de realizar pruebas que permitan determinar quiénes se encuentran infectados y poder aislar a estos individuos antes que convivan con un mayor número de personas e infectarlas.

Del 60 % restante, el 80% de estos desarrollan una enfermedad leve o moderada, en la cual presentan uno o varios de los síntomas previamente mencionados, sin necesidad de alguna intervención médica; el 15 % desarrolla neumonía con un cuadro de hipoxemia, la disminución de la saturación de oxígeno (SPO2) menor que 90%  con requerimiento de oxigenoterapia; el 5% de los individuos sintomáticos desarrolla una forma de COVID-19 grave, la cual se caracteriza por neumonía que causa un daño pulmonar más grave y generalmente el paciente presenta el síndrome de distrés respiratorio agudo (SDRA), por lo que esto pacientes necesitan soporte con ventilación mecánica, y en muchos de los casos necesitan ser intubados. También se observa que la gran mayoría de estos pacientes presentan trombosis generalizada que causa disfunción multiorgánica y finalmente la muerte. Del 1-3% de los pacientes con síntomas de COVID-19 fallecen.

Así, el manejo de la pandemia por la elevada capacidad infectiva de este virus exige medidas de contención drásticas tales como el confinamiento de la mayoría de la población mundial. Esto ha sido complicado, en especial por el cierre de la gran mayoría de la actividades humanas que han llevado a una crisis económica, sociocultural y sanitaria sin precedentes. De acuerdo al Fondo Monetario Internacional (FMI), la economía mundial disminuyó 4.4% en el 2020, describiéndolo como el peor después de la Gran Depresión de 1930.

Debido a todo lo anterior, la prioridad de la comunidad científica ha sido la búsqueda de posibles fármacos que contenga la infección viral, así como el desarrollo y producción de vacunas contra el SARS-CoV-2. Ha sido la última estrategia la que ha tenido, como nunca antes en la historia, un éxito tanto en el desarrollo como en la producción  de estas en un periodo de tiempo corto.

Las vacunas

El humano ha estado expuesto al surgimiento de virus patogénicos a lo largo de su historia evolutiva. El registro de las pandemias se remonta a tiempos tan antiguos como la Grecia Antigua. Por su parte, los registros de la inoculación con un agente infeccioso con el fin de desarrollar inmunidad remonta al año 200 a.C en China e India, encontrando escritos relacionados con la vacunación en la literatura china que datan del siglo XI.

Sin embargo, no es hasta 1718 que se cuenta con el testimonio de Lady Mary Wortley Montagu en Inglaterra, quien inoculó a sus hijos con el virus de la viruela y tuvo éxito, a lo cual se le dio el nombre de variolización. Le siguieron los experimentos realizados por Edward Jenner, quien en 1796 inventó en Inglaterra la primera vacuna contra la viruela.

Grabado que muestra a Edward Jenner vacunando a su hijo. Imagen disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Vacuna#/media/Archivo:Edward_Jenner,_vaccinating_his_young_child,_held_by_Mrs_Jenn_Wellcome_L0011550.jpg

De ahí en adelante, la invención y aplicación de vacunas ha sido constante, con un mayor auge en el siglo XX. El desarrollo y la implementación de cada vacuna que hoy en día son utilizadas de manera rutinaria en la clínica, han sido procesos que toman tiempo y que han sido evaluadas de manera rigurosa antes de ser aplicadas a la población. El desarrollo y proceso de prueba y validación de una nueva vacuna toma por lo menos de 12 a 18 meses.

Es por esta razón que el desarrollo en 10 meses de las diferentes vacunas contra el SARS-CoV-2 ha sido una proeza científica sin precedentes. Hasta finales de marzo del 2021, se encuentran en fase de aplicación por lo menos 7 vacunas producidas mediante diferentes procedimientos técnicos: vacunas de ARN,  ADN en vectores virales y vacunas basadas en proteínas virales.

En 1999, la OMS fundó el Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas, el cual evalúa científicamente de manera rigurosa las vacunas desarrolladas antes de ser implementadas a la población mundial. Este procedimiento consiste en una fase preclínica y las fases clínicas I, II, III y IV. La fase preclínica consiste en el desarrollo de la vacuna en un laboratorio de investigación, en donde se desarrolla la tecnología de esta y se realizan experimentos in vitro (sistemas de cultivo de tejidos o cultivos de células), así como ensayos en animales de laboratorio (ratones o monos) que permiten determinar que estas y todos sus componentes sean eficaces en su capacidad inmunogénica y de calidad para su desarrollo y distribución.

Desarrollo en el laboratorio en el Instituto Jenner de Oxford de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19 o AZD1222 de Oxford-AstraZeneca. Imagen disponible en: https://apnews.com/article/astrazeneca-vaccine-third-cheaper-oxford-c99d26eb2946f6fde45a1edc002ff028/gallery/8b587eebeac14f5f99ada8c96545aac6

Posteriormente, se llevan a cabo las cuatro fases clínicas. La fase I consiste en la prueba de la vacuna en un número reducido de humanos, generalmente 100 adultos sanos, para evaluar la seguridad y efectos biológicos,  incluida la respuesta inmunológica frente a la vacuna. Durante la fase II, la vacuna es probada en un número mayor de personas, entre 200 y 500, para probar la eficacia, es decir, la protección contra la enfermedad que esta brinda. En esta fase se evalúa la seguridad, capacidad inmunógena, las dosis y métodos de administración. En la fase III  se incluyen de cientos a miles de participantes de varios países para examinar la seguridad y la eficacia a mayor escala. Se realizan pruebas aleatorias y doble ciego, así como placebos para corroborar los ensayos precedentes. Finalmente, en la fase IV la vacuna es aplicada en la población general y es en esta fase que se tienen datos de efectividad, es decir, la protección real que brinda la vacuna contra la enfermedad, además se siguen monitoreando los eventos adversos que esta pueda generar. Es importante mencionar que el desarrollo de estas vacunas ha sido posible gracias a una colaboración multidisciplinaria e internacional nunca antes vista.

Fase clínica de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19 o AZD1222 de Oxford-AstraZeneca. Imagen disponible en: https://apnews.com/article/astrazeneca-vaccine-third-cheaper-oxford-c99d26eb2946f6fde45a1edc002ff028

Vacunas de ARN mensajero (ARNm)

El desarrollo de este tipo de vacunas ha implicado un gran avance científico y tecnológico, ya que es la primera vez que se utilizan y han demostrado un porcentaje elevado de efectividad.

Las dos vacunas que se basan en ARN mensajero (ARNm) son las vacunas de Moderna y Pfizer-BioNTech. El ARNm es la molécula que se encarga de traducir la información codificada en forma de ADN en nuestro genoma a proteínas, las cuales tienen una función específica en las células, tejidos y en consecuencia en el funcionamiento de nuestro cuerpo. Ejemplos de proteínas son la hemoglobina que se encarga del transporte de oxígeno en todo nuestro cuerpo, la queratina que forma los tejidos del cabello, uñas y epidermis, entre muchas más. El ARNm es reconocido por la maquinaria celular y consecuentemente es traducido a una proteína.

Flujo de la información genética: a partir de una molécula de ADN de doble cadena que contiene las instrucciones se sintetiza una molécula de ARNm de cadena sencilla, la cual contiene las instrucciones necesarias para la síntesis de una proteína. Imagen disponible en: https://metabolicas.sjdhospitalbarcelona.org/noticia/relacion-tienen-mecanismos-epigeneticos-adn

Tomando esta ventaja, las compañías de Moderna y Pfizer-BioNTech generaron un ARNm que contiene las instrucciones para producir la proteína S del virus SARS-CoV-2, el cual se encuentra envuelto en burbujas de aceite hechas de nanopartículas de lípidos. Lo anterior permite que cada partícula de ARNm se fusione a la membrana de las células y así sea internalizada en la célula para que a través de la maquinaria de esta se produzca solamente la proteína S del virus, la cual es el antígeno. Cabe resaltar que es a través de la proteína S que el SARS-CoV-2 entra a la célula.

Esquema de cómo actúa la vacuna de ARNm. Imagen disponible en: https://www.bbc.com/mundo/noticias-55091870

De esta manera, el sistema inmune de las personas vacunadas reconocerá a la proteína S como un agente extraño y se producirá la respuesta inmunológica, produciendo finalmente anticuerpos que reconozcan a esta proteína. Así, si un individuo inmunizado con estas vacunas es infectado, su sistema inmune ya tendrá suficientes anticuerpos que reconozcan a la proteína S y el virus será destruido y evitará la infección de más células impidiendo que la proteína S se una a otras células. El sistema inmune también tiene la capacidad de activar a células que busquen y destruyan a aquellas células infectadas por el SARS-CoV-2 por lo que de esta manera no solo se evita tanto el desarrollo de síntomas de COVID-19, sino también se reduce la infectividad de la persona. Es de suma importancia mencionar que estas dos vacunas presentan un esquema de doble dosis, administradas con 21 días de diferencia. No es hasta 15 días después de la aplicación de la segunda dosis que la persona inmunizada estará protegida contra el SARS-CoV-2, con una efectividad mayor que 95%.

La molécula de ARNm, por sus características químicas y físicas,  es una molécula inestable razón por la cual el almacenamiento de las vacunas requiere condiciones de ultracongelacion, -70ºC para la de Pfizer-BioNTech y -20ºC para la de Moderna. Esta característica dificulta no solo el almacenamiento de la vacuna, sino su transporte a poblados lejanos y con condiciones climáticas drásticas. La inestabilidad del ARNm dificultó por mucho tiempo el desarrollo de partículas coadyuvantes que permitieran su internalización en las células de manera adecuada.

Los científicos Robert Langer (izquierda) y Phillip Sharp (derecha) publicaron el primer estudio en el que se demuestra que es posible encapsular ácidos nucleicos para ser introducidos en las células, trabajo que ha sido determinante para el desarrollo de las vacunas actuales de ARNm contra SARS-CoV-2. Imágenes disponibles en: https://www.aiche.org/giving/impact/funds/langer-prizes-endowment y https://biology.mit.edu/profile/phillip-a-sharp/

Fue hasta el desarrollo de moléculas de burbujas de aceite llamadas nanopartículas de lípidos que fueron altamente efectivas como coadyuvantes de este tipo de vacunas. Ambas vacunas de ARNm se encuentran embebidas en nanopartículas de lípidos con polietilen glicol.

Este es sin duda, un hito para el desarrollo de vacunas de ARNm utilizadas como terapia para enfermedades como el cáncer, otras infecciones virales como la producida por el virus de inmunodeficiencia human (VIH), entre otras.

Vacunas de ADN en vectores de adenovirus

Otro tipo de vacunas que se desarrollaron contra el SARS-CoV-2 son las de ADN insertas en otro virus, en este caso un adenovirus, virus de ADN que no se encuentra encapsulado y que causa la gripe común. Al igual que las vacunas de ARNm, las vacunas basadas en ADN contienen la información para producir la proteína S del SARS-CoV-2. A diferencia del ARN, el ADN es una molécula de doble hebra que es más estable. Ésta es introducida en un esqueleto de adenovirus, capaz de adherirse a la superficie de la célula, la cual lo envuelve y, de esta manera, es internalizado junto con el ADN, lo que produce la proteína S. El adenovirus está modificado de manera tal que no puede replicarse, pero el ADN sí puede ser detectado por la célula para producir la proteína.

Modo de acción de las tres vacunas basadas en el uso del adenovirus: Sputnik V, AstraZeneca y Johnson & Johnson. Imagen disponible en: https://www.eulixe.com/articulo/infografia-del-dia/algunos-ha-sorprendido-vacuna-rusa-sputnik-v/20210205105700022430.html

Las vacunas de uso actual que utilizan esta tecnología son: la Oxford-AstraZeneca, la Johnson & Johnson y la Sputnik V de Rusia, cada una con sus respectivas variaciones.  Este tipo de vacunas basadas en adenovirus también son el resultado de décadas de investigación y han sido recientemente aceptadas para su aplicación en poblaciones humanas. La primera vacuna aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés: Food and Drug Administration) que utiliza esta tecnología ha sido la que combate al virus del Ébola, de la farmacéutica Johnson & Johnson y se autorizó en julio del 2020. Le siguieron la aprobación de las tres vacunas contra el SARS-CoV-2 antes mencionadas.

En el caso de la vacuna de Oxford-AstraZeneca, se utilizó una versión modificada del adenovirus que infecta al chimpancé. Esta vacuna también presenta un esquema de doble dosis, administradas con un intervalo de cuatro semanas. De manera interesante, desde su aprobación esta ha sido la vacuna contra SARS-CoV-2 que ha causado mayor controversia, ya que desde el ensayo clínico los investigadores admitieron, tiempo después, haber administrado por error a algunos voluntarios sólo la mitad de la dosis. No obstante, se observó que la administración de las dosis completas tuvieron únicamente una eficacia del 62%, mientras que las que se administraron parcialmente tuvieron un 90% de eficacia. La admisión de este error en noviembre del 2020 frenó su aprobación, la cual finalmente tuvo lugar a finales de diciembre del mismo año. Recientemente, se ha originado una nueva controversia con esta vacuna por asociarla con algunos eventos trombóticos que se dieron entre algunas personas menores a 50 años de edad, lo cual sigue bajo investigación.

Por su parte, la vacuna de la farmacéutica Johnson & Johnson, se basa también en la introducción de un fragmento de ADN que contiene la información de la proteína S en el Adenovirus 26 modificado, con capacidad para infectar al humano. Cabe mencionar que Johnson & Johnson lleva décadas investigando el desarrollo de vacunas basadas en vectores de adenovirus, y antes de la pandemia se encontraba desarrollando otras vacunas del mismo tipo contra los virus del Zika y VIH. Su vacuna contra el virus SARS-CoV-2 es de dosis única, y se ha reportado un porcentaje de eficacia en los Estados Unidos del 72% y una menor eficacia en países en los donde se han detectado variantes del SARS-CoV-2 más contagiosas.

Por último, la vacuna desarrollada por el Centro Nacional de Investigación de Epidemiología y Microbiología Gamaleya de Rusia, conocida como Sputnik V también contiene la instrucción para la síntesis de la proteína S contenida en ADN pero con el uso de dos adenovirus, el Ad26 y el Ad5, cada uno administrado en la primera y segunda dosis, respectivamente. De acuerdo a los datos recientemente publicados por el Instituto Gamaleya, esta vacuna tiene un porcentaje de eficacia del 91.4%.

Las tres vacunas, al basarse en la molécula de ADN (más estable que la de ARN) y al estar contenida en un vector de adenovirus, facilitan las condiciones de su almacenamiento y de su transporte al requerir solamente refrigeración (de 2 a 8ºC).

Vacuna basada en fragmentos de proteínas del virus y de virus inactivados

Hasta finales de marzo del 2021, solamente se ha aprobado una vacuna basada en la introducción de fragmentos de la proteína S del coronavirus SARS-CoV-2. La vacuna conocida como NVX-CoV2373 fue desarrollada por la compañía estadounidense Novavax y se basa en la tecnología de nanopartículas recombinantes y el adyuvante de Novavax llamado Matrix-M, para estimular una respuesta inmune e inducir la producción de niveles altos de anticuerpos neutralizantes. La estrategia que se utilizó para la producción de los fragmentos de la proteína S se basa en el uso de un virus que infecta a insectos (baculovirus), en el cual insertaron el ADN que contiene las instrucciones para producir dicha proteína. Posteriormente, se infectaron células de polilla del gusano cogollero para producir los fragmentos de la proteína S en forma de nanopartículas. Esta vacuna también se aplica en un esquema de doble dosis con una diferencia de 21 días, y debido a su composición, su almacenamiento y distribución se llevan a cabo en refrigeración (de 2 a 8ºC). Recientemente, la compañía ha anunciado la eficacia de su vacuna del 96% contra la variante original del coronavirus.

Por su parte, China generó la vacuna CoronaVac desarrollada por el laboratorio Sinovac LifeSciences. Esta vacuna se basa en la utilización del propio virus pero sin su capacidad infectiva (inactivación). La vacuna se produce a partir de células de riñón de monos verdes infectadas con el SARS-CoV-2, el cual es inactivado posteriormente de manera bioquímica. Esta forma de producción de vacunas ha sido previamente utilizada a lo largo de la historia como en vacunas contra la hepatitis A, la poliomielitis, entre otras.

El panorama actual de vacunación: Israel como país modelo.

De acuerdo a los datos recopilados por la Universidad de Johns Hopkins, en relación a las campañas de vacunación contra el SARS-CoV-2, hasta el 15 de abril del 2021 se han aplicado a nivel mundial 751,452,536 dosis. En México se han  administrado 9,232,815 que corresponden aproximadamente al 6% de la población. La primera vacuna aplicada en el mundo contra el SARS-CoV-2 fue la de Pfizer-BioNTech, aplicada el 8 de diciembre del 2020 a una mujer de 90 años de edad, Margaret Keenan en el Reino Unido. En México, el 24 de diciembre se aplicó la primera vacuna de la misma compañía a la Jefa de Enfermería de la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital General “Rubén Leñero” de la Ciudad de México, María Irene Ramírez, evento con el que comenzó la campaña de vacunación del personal de salud de primera línea. El 15 de febrero del 2021, comenzó la campaña de vacunación para adultos mayores de 60 años en todo el país.

María Irene Ramírez, primera persona vacunada en México. Imagen disponible en: https://covid19.cdmx.gob.mx/comunicacion/nota/inicia-aplicacion-de-vacuna-contra-covid-19-personal-de-salud-en-la-ciudad-de-mexico-24-dic-2020

Hasta abril de 2021, el país con mayor porcentaje de población con un esquema completo de vacunación es Israel con el 54.72%, sólo por debajo del territorio no autónomo de Gibraltar que cuenta con el 84.86%. Lo anterior ha permitido un descenso en el número de casos nuevos (927 al 12 de abril 2021) y una disminución considerable de muertes diarias por COVID-19 (23 al 12 de abril 2021). Es así que se toma a Israel como un país modelo en contra de la pandemia del SARS-CoV-2.

Efecto de la vacunación contra SARS-CoV-2 en el disminución en el número de casos nuevos y fallecimientos en Israel. Gráfica tomada de: https://covid19.who.int/region/euro/country/il

Aún y cuando las campañas de vacunación en Israel son alentadoras, otros países como Chile, que cuenta con el 21.58% de su población vacunada, se encuentran en la actualidad ante un nuevo confinamiento por el aumento acelerado de contagios. Una explicación sobre este comportamiento ha sido la evasión de las nuevas variantes del virus a los anticuerpos neutralizantes generados por la inmunización de las vacunas, ya que las mutaciones reportadas de las variantes detectadas hasta hoy, se localizan en la proteína S del virus. Así, las diferentes compañías e instituciones que han generado las vacunas se encuentran ahora realizando ensayos de laboratorio que permitan conocer la eficacia de estas contra las nuevas variantes del coronavirus. Otra explicación a este comportamiento es la relajación de las medidas de contención, principalmente al eliminar el confinamiento, así como el desuso de cubrebocas y la concurrencia de más de 5 personas en lugares cerrados y sin ventilación. Esto, en conjunto con una lenta campaña de vacunación, ha dado lugar a una tercera o cuarta ola epidémica como en Italia, Francia, Alemania y España, entre otros países. Un caso similar con el aumento más drástico de contagios hasta la fecha es Brasil, el cual ha presentado un promedio de 2,930 muertes diarias en la segunda semana de abril, con un total de 371,678 muertes acumuladas. Aún más, de manera preocupante, en esta tercera ola de contagios en Brasil se comienza a observar un aumento en muertes de adultos jóvenes entre 20-40 años de edad, lo que debe ser atendido de manera inmediata.

El presente escenario invita a pensar que el control de la pandemia, no radica sólo en la rápida administración de vacunas, sino en un control estricto de contención de nuevos casos, el cual implica un desconfinamiento gradual que permita reabrir las actividades económicas, sociales y culturales.

Finalmente, esta es la pandemia mejor documentada en la historia de la humanidad. La tecnología y el conocimiento científico aplicado, así como la interacción de múltiples disciplinas  han permitido desde distintos enfoques desarrollar estrategias y herramientas que han mitigado daños que pudieron ser mayores. Sin embargo, aún y cuando el desarrollo de vacunas con un elevado porcentaje de eficacia ha sido sin precedentes, los esquemas terapéuticos y la búsqueda de fármacos efectivos contra la infección del virus han sido muy lentas y se han implementado conforme ha ido avanzando el conocimiento acerca de la patogénesis del virus y sus implicaciones clínicas. Así, a un año de enfrentarnos contra un virus totalmente desconocido, el cual ha cambiado drásticamente el curso de las actividades humanas, contamos con una herramienta valiosa que son las vacunas en su sentido científico más aplicado, pero aún estamos enfrentándonos a nueva olas epidémicas con la circulación de variantes más patogénicas y letales, aunado a una crisis global sanitaria, económica, social y cultural.

Para saber más

Corum, Jonathan y Carl Zimmer, “How Nine Covid-19 Vaccines Work”, en The New York Times, marzo 22 de 2021. Texto disponible en: https://www.nytimes.com/interactive/2021/health/how-covid-19-vaccines-work.html

De Wit, Emmi, Neeltje van Doremalen, Darryl Falzarano y Vincent J. Munster, “SARS and MERS: recent insights into emerging coronaviruses”, en Nature Reviews Microbiology, vol. 14, núm. 8, agosto de 2016, pp. 523-34. Texto disponible en: https://www.nature.com/articles/nrmicro.2016.81

León Rodríguez, Saraí de, Brenda Hernández Rico, Guadalupe del Olmo Vázquez, Iván Cruz Dávalos y Laura C. Bonifaz, “SARS-CoV-2: previous coronaviruses, immune response, and development of vaccines”, en Boletín Médico del Hospital Infantil de México, vol. 77, núm.5, octubre de 2020, pp. 252-261. Texto disponible en: http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1665-11462020000500252

Tang, Daolin, Paul Comish y Rui Kang, “The hallmarks of COVID-19 disease”, en PLOS Pathogens, 22 de mayo de 2020. Texto disponible en: https://journals.plos.org/plospathogens/article?id=10.1371/journal.ppat.1008536

“Understanding Vaccination Progress”, John Hopkins University and Medicine, 2021, https://coronavirus.jhu.edu/vaccines/international

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