Del conejillo de indias al ser humano: la vacuna anticolérica
abril 26, 2021 La Bola

Del conejillo de indias al ser humano: la vacuna anticolérica

Por Marisol Hernández Rivas

 

El médico español Jaime Ferrán desarrolló la primera vacuna contra el cólera entre 1884 y 1885 en el contexto de la quinta pandemia de esta enfermedad. Las siguientes líneas relatan la forma de experimentación con diversas especies animales para identificar el modo de infección y ensayar posibles métodos de inmunización. Así mismo, describen cómo Ferrán y sus colaboradores iniciaron la vacunación a gran escala en varios pueblos españoles y cómo este evento suscitó un gran debate científico y político.

La historia de la primera vacuna contra el cólera permite ver la conexión entre los factores propios de la bacteria y el laboratorio con el mundo político de finales del siglo XIX. Hacia 1884, por un lado, eran pocas las vacunas que se habían desarrollado en laboratorio y éstas eran de uso veterinario; ninguna se había desarrollado para prevenir enfermedades humanas. Por otro lado, la ciencia estaba recibiendo especial atención por parte de los estados nacionales, era ámbito donde se enfrentaban los intereses políticos y económicos de las potencias europeas.

El cólera es una peligrosa enfermedad diarreica capaz de provocar una deshidratación fulminante en cuestión de horas (pueden perderse más de veinte litros de líquidos por día). La referencia más antigua que se conoce sobre ella es la inscripción en un monolito en Gujrat, India, que data de la época de la invasión de Alejandro Magno, y dice:

Los labios azules, la cara cadavérica, los ojos y el estómago hundido y los miembros contraídos y arrugados como si hubieran sido quemados son los signos de la gran enfermedad que, invocada por la maldición de los sacerdotes, mata a los bravos guerreros.

Se considera que su origen es el Valle del Ganges en la India, donde fue endémica por mucho tiempo, pero a partir del siglo XIX se extendió por todo el mundo gracias a la modernización de los transportes, el comercio internacional, las guerras y las peregrinaciones. Esta terrible enfermedad ha sido responsable de siete pandemias desde 1817, y durante gran parte del siglo XIX no se supo su causa ni su cura, por lo que murieron miles de personas. Actualmente, la Organización Mundial de la Salud calcula que hay entre 1.3 y 4 millones de casos al año a nivel mundial. Su existencia es un indicador de la carencia de agua potable y servicios de saneamiento en varias regiones del mundo.

Joven veneciana representada antes y después de contraer el cólera, lámina tomada del libro de Roy Porter, Breve Historia de la Medicina de la Antigüedad a nuestros días, Madrid, Taurus, 2003, p. 44.

Los cuyos: héroes y mártires de la investigación

El catalán Jaime Ferrán y Clúa nació en Corbera del Ebro, Tarragona, en 1852. Estudió medicina en Barcelona, donde obtuvo su título en 1873. Poco después, se volvió un entusiasta estudiante de los trabajos de Louis Pasteur y Robert Koch y consiguió su propio microscopio para estudiar enfermedades en laboratorio. A partir de 1880, Ferrán inició la experimentación con vacunas y al poco tiempo se ganó el reconocimiento de sus colegas y de las autoridades sanitarias.

En 1882 inició la quinta pandemia de cólera en Asia. Dos años después, el médico y bacteriólogo alemán Robert Koch regresó a Alemania tras su expedición a Alejandría y Calcuta donde había logrado aislar la bacteria causante del cólera; para entonces, la pandemia cruzaba el Mediterráneo y tocaba tierra en Marsella. Ante esta situación, el Ayuntamiento de Barcelona envió a Jaime Ferrán a estudiar in situ la enfermedad, el médico se instaló en el hospital del Palacio del Pharo en Marsella, donde los doctores franceses William Nicatti y Maximilien Rietsch habían dispuesto un laboratorio. Muy pronto Ferrán envió una nota a la Academia de Ciencias de París en la que describía sus trabajos de experimentación. Sin embargo, como señaló Ángel Pulido –un bacteriólogo colaborador de Ferrán– esta carta fue ignorada debido a que fue escrita por un médico español sin reputación. Posteriormente, Ferrán envió su trabajo a la Academia de Medicina de Barcelona y, luego de esto, fue publicado en diversos periódicos.

Grabado de las observaciones del Dr. Ferrán publicado en El Diario del Hogar, 23 de agosto de 1885. Colección: Hemeroteca Nacional Digital de México. Imagen tomada de aquí: http://www.hndm.unam.mx/consulta/resultados/visualizar/558a36f07d1ed64f16d08b28?resultado=45&tipo=pagina&intPagina=4&palabras=c%C3%B3lera

Algunos meses atrás, Robert Koch, en Egipto y en la India, había intentado contagiar de cólera a perros, gallinas y conejos alimentándolos con evacuaciones humanas, pero no lo logró, ya que la bacteria naturalmente no les provoca ninguna enfermedad. Por lo tanto, los nuevos experimentos estuvieron enfocados en modificar las condiciones de los animales para hacerlos susceptibles al cólera. Se había observado que la acidez del estómago fulminaba al bacilo impidiendo así que lograra llegar con vida al intestino, lugar donde eventualmente se reproduce y provoca la enfermedad. De esta manera, la experimentación consistió en diversos métodos para evitar que el ácido acabara con las bacterias. Igualmente, era importante cultivar los bacilos en medios alcalinos para asegurar un alto grado de «virulencia», término que en aquella época significaba: «la propiedad que tienen [los gérmenes] de vivir y multiplicarse en un ser vivo, produciendo sustancias químicas, más o menos tóxicas para el hombre, los animales y las plantas.»

Los primeros experimentos consistieron en ligar el conducto biliar de los animales para evitar la presencia de bilis en los intestinos y posteriormente inyectar cultivos de la bacteria en el duodeno (parte del intestino delgado). De esa manera, Nicatti y Rietsch, transmitieron exitosamente el cólera a perros y conejillos de indias. Más tarde, replicando esos experimentos en Berlín, el equipo de Koch notó que la ligadura era complicada, ya que los animales morían a los pocos días por peritonitis o septicemia a causa de complicaciones tras la operación o debido a la manipulación. Pronto, se ingeniaron múltiples formas de hacer enfermar a los cuyos sin tener que ligar el conducto biliar; por ejemplo, dándoles los bacilos encapsulados para facilitar la llegada de éstos al intestino; suministrándoles aceite de ricino o trementina para provocar diarreas y propensión intestinal al cólera; haciéndoles beber carbonato de sodio, tintura de yodo, glicerina, alcohol u opio para contrarrestar la acidez intestinal. Este tipo de experimentos fueron llevados a cabo por Nicatti, Rietsch, Ferrán y Koch.

Los doctores Ferrán, Nicatti y Rietsch en el Hospital de Pharo, Marsella, 1884. Colección: Real Academia Nacional de Medicina de España. Imagen tomada de aqui: https://www.bancodeimagenesmedicina.com/index.php/banco-de-imagenes/retratos/ferran-con-los-dres-nicatti-y-rietsch-hospital-pharo-marsella-1884-2149#joomimg

En una carta enviada a París, Ferrán comunicó que si los cobayas eran suministrados con una dosis baja de bacterias quedaban inmunizados ante infecciones posteriores. Su intención no era sólo experimentar con animales, sino que tenía un plan más ambicioso. En posteriores comunicados con la academia parisina, informó que él mismo se había vacunado junto con otros médicos, al beber una dosis pequeña de cultivos coléricos, incapaz de provocar un cólera real. Perfeccionó su método hasta establecer que la inmunidad se conseguía con la inyección subcutánea de 0.5 centímetros cúbicos en cada brazo, misma que provocaba una reacción fuerte, muy similar a los ataques de cólera, la cual podía durar hasta tres días: «enfriamiento, estado lipotímico (pérdida breve del conocimiento), calambres, vómitos, sudores fríos, evacuaciones más frecuentes que de ordinario, sin llegar a verdadero cólera.» Ferrán recomendaba revacunar en un lapso de cinco días para provocar una nueva infección y así «vigorizar más las resistencias (defensas) y los cambios de sustancias en el organismo, que son el fundamento de la inmunidad.»

El experimento en humanos: la campaña de vacunación

En 1885, durante el avance de la pandemia por el Este de España, Ferrán viajó a Valencia y comenzó una experimentación a gran escala con el fin de contener la enfermedad. La campaña masiva consistió en llevar la vacuna a diversos pueblos. Los ayuntamientos que solicitaban los servicios de Ferrán designaban un equipo de médicos vacunadores al que subvencionaban en apoyo a la campaña, los demás gastos se sostenían con el cobro de la vacuna. Fueron vacunados más de cincuenta mil individuos con ayuda de los doctores Amalio Gimeno, Inocencio Pauli y Ángel Pulido, entre muchas otras personas que han quedado en el anonimato. Durante este tiempo, las noticias de la vacuna anticolérica fueron anunciadas ampliamente por la prensa europea e incluso suscitaron fuertes debates. En México el nombre de Ferrán fue también leído en diversos periódicos mientras se temía el avance de la pandemia hacia el continente americano.

Conforme avanzaba la pandemia por el territorio valenciano, muchos pueblos quedaban desolados, la gente sobreviviente huía hacia las montañas y por eso hubo lugares donde no fue posible vacunar. La mayoría de las personas aceptaban la vacuna, pero algunos la rechazaban por motivos religiosos o ciertas reservas por lo novedoso del método. El proceso de la vacunación fue difícil, especialmente cuando se aplicó masivamente, ya que no siempre se contaba con las condiciones adecuadas; además, era una práctica nueva y los médicos no estaban capacitados para realizarla; sin embargo, los resultados fueron significativos. Las familias de médicos o allegadas a ellos fueron grupos de individuos cuya evolución se observó de cerca y se llevó registro de ello. De acuerdo con el médico vacunador Ángel Pulido:

Como si fueran lotes de conejos, las 19 familias componían un total de 126 individuos; de ellos fueron vacunados 92, y ninguno de éstos contrajo el cólera. La cifra de atacados y de fallecidos, se expresó por 0. Sin vacunar, por resistencias naturales, quedaron 34 y enfermaron 29, todos los cuales fallecieron, ¡29 entre 34! Este hecho repetido con frecuencia, era por extremo impresionante.

También hubo factores que impidieron un resultado favorable. Por un lado, se observó que en los lugares con un gran número de enfermos, aquellos que se vacunaban al final no siempre se libraban del cólera. Por otro lado, cuando las personas llegaban con dolencias o patologías previas, al ser inoculadas su organismo sufría una fuerte reacción a la vacuna y al final sus debilitadas defensas no conseguían la inmunidad. Así, a medida que avanzaba la campaña de vacunación corrieron rumores a favor y en contra.

Entre flores y pedradas: el fin de la obra

Ante el inicio de la vacunación, la prensa española se encontraba plagada de debates científicos y médicos.  Uno de los opositores fue el médico Santiago Ramón y Cajal, quien aseguraba que el cólera experimental no existía y, además, consideraba muy apresurado iniciar el uso de la vacuna en humanos. Pasteur, por su parte, no creía en la eficacia de la vacuna, aun cuando Ferrán había comunicado en diversas cartas cada detalle del procedimiento. Hubo quien llamó al bacteriólogo español charlatán, la prensa que lo atacaba decía que nunca había dado a conocer cómo es que obtuvo la vacuna, e incluso, los vacunadores fueron juzgados por cobrarla cuando se esperaba que hicieran su trabajo «gratis», como un bien a la humanidad en tiempos de pandemia.

Caricatura elaborada por el Dr. Pastor y publicada en La Moma, 6 de junio de 1885. Colección: Banco de imágenes de la Real Academia Nacional de Medicina de España. Imagen tomada de aquí: https://www.bancodeimagenesmedicina.com/index.php/component/joomgallery/retratos/caricaturas/ferran-y-clua-jaime-dibujo-dr-pastor-2144?Itemid=143

El mismo gobierno español mandó investigar dos veces la campaña de vacunación. La primera vez, la comisión evaluadora determinó que la vacuna era segura y eficaz; sin embargo, la prensa contribuyó con la politización del tema por lo que fue discutido en el Congreso, donde algunos llamaban al gobierno a subvencionar a Ferrán para que continuara con su trabajo, tal como Francia y Alemania hacía con sus célebres científicos: Pasteur y Koch. No obstante, los conservadores terminaron por denostarlo. La segunda comisión enviada a investigar la campaña declaró que la vacuna era peligrosa y, por lo tanto, fue prohibida. A pesar de ello, muchas personas siguieron buscando la vacuna de Ferrán, pues en plena pandemia era la única esperanza.

El Dr. Ferrán con una cobaya, el animal de experimentación más eficaz
colaborador de sus investigaciones. Colección: Real Academia Nacional de Medicina de España. Imagen tomada de aquí: https://www.bancodeimagenesmedicina.com/index.php/component/joomgallery/retratos/ferran-i-clua-jaime-1851-1929-3484?Itemid=143

La prensa que lo apoyaba llegó a decir: «Ferrán no ha tenido para España otro inconveniente que ser español; este ‘defecto’ le ha impedido adquirir todo prestigio que hubiera adquirido siendo alemán, francés o ruso.» Al poco tiempo, se desató otra controversia por la primacía de la vacuna. En el año 1885, la Academia de Ciencias de París ofreció el premio Bréant para quien lograra crear la cura del cólera. El Prix Bréant consistía en una aportación económica proveniente de particulares, mediante la intervención de dicha academia. En 1888, tres años después de la campaña anticolérica, el jurado consideró ofrecer el premio a un colaborador de Pasteur, el ruso Nikolai Gamaleia. Al no existir hasta ese momento una cura para la enfermedad, el premio se ofreció a quien hubiera colaborado mayormente al estudio del cólera y su prevención.

Nicolay Gamaleya, c 1900. Imagen tomada de Wikimedia Commons: https://en.wikipedia.org/wiki/Nikolay_Gamaleya

Cuando Ferrán se enteró del suceso escribió cartas tanto a Pasteur –en su carácter de secretario de la Academia– como a Gamaleia, para reclamar que el ruso se presentaba como acreedor del premio con el mismo método usado por él cuatro años antes, con la única diferencia de que las especies usadas en la experimentación fueron palomas en lugar de cobayas. La entrega del premio se vio aplazada debido a la controversia, pero finalmente éste le fue concedido a Ferrán en 1907 en reconocimiento a sus estudios. Posteriormente, en 1909 España aprobó el uso de la vacuna y fue adquirida por diversos países alrededor del mundo, esto permitió que fuera usada durante la Primera Guerra Mundial para inmunizar a los soldados.

En 1918, los estudiantes valencianos de medicina colocaron una lápida en honor a Jaime Ferrán. La losa muestra al doctor inyectando a un cuyo y está adornada con laureles y un par de estos animales en el marco. En 1921 se publicó la obra apologética de Ángel Pulido sobre la vacuna de Ferrán. Durante el resto de su vida, el médico español continuó desenvolviéndose en el campo de la bacteriología. Pocos meses antes de su muerte, y ya consolidado como un científico nacional, recibió en su laboratorio en Barcelona al rey Alfonso XIII, quien, según la crónica, le dijo: «Ferrán, tras lo visto y oído le felicito muy de veras. ¡Es usted el rey de los microbios, que es mucho mejor que serlo de los hombres!» Finalmente, murió el 22 de noviembre de 1929.

Figura 7.Placa conmemorativa dedicada a Jaime Ferrán, elaborada por José L. Fresquet Febrer y colocada en la calle de Pascual y Genís a iniciativa de los estudiantes de medicina de Valencia, 2019. Imagen tomada de aquí: https://historiadelamedicina.wordpress.com/2019/10/04/homenaje-d

Esta breve historia nos ha mostrado que la campaña de vacunación fue un episodio que suscitó un gran debate médico y político, por un lado, era bastante novedoso y atrevido en ese momento aplicar en miles de seres humanos algo que hasta entonces sólo se había ensayado en animales; por otro lado, hay que pensar en la desesperación que la pandemia provocaba, pues no existía una cura para el cólera y mucha gente moría a causa de ésta enferdad. Hoy, más que nunca, sabemos lo difícil que es vivir en medio de una pandemia: de pronto, todo aquello que creíamos inamovible cambia, se nos imponen nuevas reglas para resguardar la salud colectiva, al tiempo que esperamos ansiosos que la ciencia nos dé una respuesta sobre la causa y la cura de la enfermedad.

En la época de Ferrán sucedía algo similar, ante el peligro de la pandemia hubo muchos esfuerzos por encontrar la cura, tanto financiados por el gobierno como independientes. Lamentablemente, en España no solía apoyarse la microbiología como sí pasaba en Francia y Alemania; no obstante, a marchas forzadas y fuera de los círculos privilegiados, el bacteriólogo español desarrolló la primera vacuna de laboratorio para humanos y logró que se aplicara masivamente con buenos resultados, gracias a los vacunadores y a toda la gente que lo apoyó. Su caso es una muestra de cómo los factores políticos son determinantes en el desarrollo de la ciencia, ya que, debido a la centralización de la autoridad científica que ejercía Francia, además de la discusión política en España, la vacuna no logró validez y aceptación local ni internacional en ese momento. Además, esta historia nos deja ver cómo, durante una pandemia el desarrollo de vacunas está envuelto en una nube de incertidumbres, miedos, esperanzas y las ventajas de ciertos grupos sobre otros.

Para saber más

Durich Espuñes, Juan, “Ferrán, bacteriólogo y sanitario” en Anales de la Universidad de Valencia, vol. 25, cuaderno 3, 1951, p. 26-42.

Huber, Valeska, “The unification of the globe by disease? The international sanitary conferences on cholera, 1851–1894” en The Historical Journal, volume 49, número 2, junio de 2006, p. 453-476.

Lacabe Uzcanga, Clara, Las referencias españolas de las primeras discusiones sobre enfermedades infecciosas entre bacteriólogos (Pasteur, Koch) e higienistas (Pettenkofer): Jaime Ferrán (1852-1929) y Ph. Hauser (1832-1925), Tesis Doctoral, Facultad de Filosofía-Universidad Nacional de Educación a Distancia, España, 2017.

Marset Campos, Pedro et al., “El cólera de 1885 y las polémicas doctrinales en la prensa” en Llull: Revista de la Sociedad Española de Historia de las Ciencias y de las Técnicas, volumen. 20, número. 38, 1997, p. 273-292.

Pulido, Ángel, Væ inventoribus magnis!: La Odisea de un descubrimiento médico grandioso, Barcelona, Imprenta La Renaixensa, 1921, 524 p.

“Homenaje de los estudiantes de medicina de Valencia a Jaime Ferrán (1918)”, capsula del canal de YouTube Medicina, Historia y Sociedad, disponible aquí: https://www.youtube.com/watch?v=YsO7a9F3Yc4&t=280s&ab_channel=Medicina%2Chistoriaysociedad

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