El color del amor
febrero 21, 2021 La Bola

El color del amor

Por Iván de Jesús Cabrera Badajoz

Me tuviste miedo.

Me había pintado, en las rosas,

de rojo los dedos.

 

Miedo, Jaime Torres Bodet.

 

Los colores han acompañado a los seres humanos desde su origen, quienes a través del tiempo les han otorgado importantes simbolismos que perduran hasta nuestros días. Grandes eventos son asociados con tonos específicos, y múltiples actores de la historia como la Iglesia, la política, la ciencia, etc., los han empleado para transmitir de una forma efectiva sus mensajes, haciendo que permanezcan en la memoria colectiva.

El color no es un elemento tangible, ni siquiera es una propiedad de la materia, se trata de un fenómeno de percepción que únicamente pueden experimentar aquellos cuyo sentido de la vista se encuentre en condiciones de orientarse por determinadas radiaciones de energía. El fenómeno físico del color sucede cuando la luz (radiación electromagnética) es registrada por células receptoras llamadas conos y bastoncillos que se ubican en la retina del ojo, éstas tienen la función de captar energía de la radiación; sin embargo, la luz no viaja en línea recta sino en forma de ondas, y el ojo humano es capaz de percibir únicamente aquellas cuya longitud esté comprendida entre 380 y 770 nanómetros. Una vez que la radiación ha sido captada se transforma en impulsos eléctricos que se codifican en el sistema nervioso, el cual envía la información al cerebro donde ocurre el proceso que genera la sensación de color que conocemos.

Algo tan cotidiano como el color sucede mediante un fenómeno neurofisiológico muy complejo, e igualmente complejas son sus implicaciones en prácticamente todos los aspectos de la vida. A diferencia de otras especies, los seres humanos reconocemos nuestro entorno principalmente mediante el uso de la vista: el 80% de la información que captamos la obtenemos a través de los ojos, de modo que identificamos distancias, formas y colores para reconocer visualmente. Los colores nos acompañan desde el nacimiento, los vemos a diario, nos generan sensaciones diferentes, inciden en nuestro estado de ánimo, existen muchos de ellos y, sin embargo, cuando se nos pide nombrarlos, podemos señalar apenas unos cuantos. Pensamos en el azul del cielo, en el amarillo de un girasol, en el verde de las hojas de los árboles, pero existe un color que sobresale, al que quizá se le han atribuido más simbolismos a lo largo del tiempo y que, a pesar de encontrarse escasamente en la naturaleza, está siempre presente en nuestra mente: el rojo.

El rojo se ha asociado durante mucho tiempo a diversas causas, movimientos políticos y sociales, marcas, etc., pero son las pasiones humanas las más ligadas con dicho tono, de entre todas, el amor es la que guarda el vínculo más estrecho. Claro ejemplo es que cuando intentamos expresar el amor visualmente, resulta muy común que el rojo se convierta en protagonista de las composiciones más bellas. ¿Por qué será que el matiz de la sangre está tan relacionado con el más irresistible de todos los impulsos? ¿Qué tiene el «color del fuego» que lo hace tan seductor y tan recurrente al tratar de expresar dicho afecto? En este texto se explicará a través de algunos ejemplos gráficos cómo es que el rojo se ha insertado en el imaginario colectivo como el color del amor.

Arte de la serie de animación japonesa Elfen Lied (2004), basada en la obra The Kiss de Gustav Klimt. Imagen tomada de aquí: https://www.pinterest.com.mx/pin/386324474259204178/

Fuego y sangre

Los colores no poseen significado per se y, como signos visuales, no son universales, los efectos que se obtienen a partir de su percepción son interpretaciones que dependen de la experiencia personal y colectiva de quien los mira, así como del contexto en que se ubiquen, de tal manera que se encuentran cargados de informaciones y sentidos distintos que pueden ser incluso contradictorios. Ya que se conocen más sentimientos que colores, un mismo tono puede incidir de manera diferente en momentos distintos, y el contexto determinará si resulta positivo o negativo. Aunque existen diversas acepciones respecto a los efectos de un color, el trasfondo psicológico, histórico y cultural permite ver que presentan cierta regularidad y, por su capacidad polisémica, mantienen una afinidad profunda con las emociones. De todos los colores el rojo es, indudablemente, el que más simbolismos ha adquirido a través de la historia: se asocia a la ambición y al poder, atraviesa la pasión y la violencia, y también puede representar el frenesí, la gallardía y, por su puesto, el amor.

El rojo es el primero en todo. Cuando a alguien se le pide nombrar un color, a menudo menciona el rojo; en una composición gráfica siempre parece el más cercano, el que está en primer plano; fue, además, el primero en recibir nombre. Su denominación es tan antigua que existen palabras asociadas al concepto propio de «color» que coinciden o derivan del rojo, como coloratus en latín o colorado en español, no es extraño, entonces, escuchar expresiones como «te pusiste colorado» para señalar a alguien cuyo rostro se ha ruborizado como reacción a ciertas emociones. Asimismo, el sistema cromático de la antigüedad estaba basado en tres matices: el blanco para nombrar a lo que carecía de color, el negro para referirse a lo sucio y el rojo que era el color en sí mismo.

Los simbolismos atribuidos al color rojo se deben, en primera instancia, a que los humanos primitivos — desde el Paleolítico Inferior hasta el Neolítico (35000 al 4000 a.C.) — lograron fabricar una gama de pigmentos en tonos cálidos sustrayéndolos de materiales como la tierra y óxidos de hierro amarillos y rojos, con los cuales registraron pinturas en cuevas como las de Altamira en España. Sin embargo, los más afianzados se deben a dos experiencias elementales: el fuego y la sangre. Ambos conceptos pueden encontrarse en todas las culturas que han existido en el mundo y en cada una de ellas ocupan una posición central que remite a significados existenciales. De ahí se puede decir que el rojo se encuentra estrechamente relacionado con múltiples emociones humanas porque lo llevamos por dentro y al provenir del interior expresa las pasiones más intensas. En el libro Psicología del color: cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón de Eva Heller se establece que el 75% de las personas asocia el rojo con el amor, basándose en una encuesta realizada a dos mil hombres y mujeres de entre 14 y 97 años, con diferentes ocupaciones en Alemania. De la misma manera, un 62% lo relaciona con la pasión y un 50% con el deseo.

La relación que la sangre tiene con la vida hace que los efectos psicológicos y simbólicos del matiz de este fluido se asocien a muchas cualidades y emociones positivas, pues el rojo transmite fuerza y vigorosidad, y ya desde la antigüedad se vio ligado al poder debido a que los pigmentos para teñir las telas de rojo se obtenían de especies animales, vegetales y minerales muy difíciles de conseguir. Muchas religiones lo utilizaron para comunicar sus ideas y rituales: diversas culturas antiguas ofrecían sacrificios sangrientos para honrar a los dioses y ganar su favor; y la Iglesia cristiana se apropió del rojo a través de la «Sangre de Cristo», expiación de Jesús para beneficio de los hombres, un auténtico acto de amor.

Cristo crucificado de la iglesia de Santa María de Belén en Portugal. Fotografía: Luiyo, 2011. Imagen tomada de aquí: https://es.wikipedia.org/wiki/Cristo_crucificado#/media/Archivo:2011-04-23_Portugal_488_-_Lisboa_(5695359605).jpg

Por otra parte, el vínculo del color rojo con el fuego es tan estrecho que arde. A pesar de que las llamas son principalmente amarillas y azules, en el imaginario colectivo se tiñen de rojo, el calor que emanan también se asocia con dicho tono y es por eso que sus derivados, el naranja y el amarillo, se perciben cálidos. A la distancia adecuada, el fuego nos permite sobrevivir en climas inhóspitos, pero al acercarnos demasiado nos hierve la sangre, esta sensación se relaciona con la pasión, que arde y consume como lo hacen las llamas, es así que el concepto de fuego y sangre se entrelazan. Al igual que con la sangre, la Iglesia se apropió del simbolismo del fuego y lo volvió divino a través de la «llama del Espíritu Santo». Por otro lado, la historia del robo del fuego para beneficio de la humanidad se repite en múltiples culturas, la más conocida es aquella que narra la falta cometida por Prometeo al robar el fuego de los dioses para darlo a los hombres recibiendo por ello el castigo Zeus, un sacrificio teñido de rojo por amor.

Los sentimientos buenos asociados al rojo son populares, pero como se conocen más sentimientos que colores, llega el punto en que un color representa tanto lo positivo como lo negativo, de manera que, así como el amor se tiñe de rojo el odio también lo hace. El rojo es ambivalente porque los simbolismos de la sangre y el fuego lo son igualmente: a la vez que la sangre se ofrecía en sacrificio por amor, también se derrama violentamente como consecuencia de la guerra. El dios romano Marte encuentra en el rojo un tono digno de su naturaleza, pues tenía entre sus atributos ser dios de la guerra, la violencia, la pasión; y muchos crímenes, pecados e impurezas que los mojigatos manifiestan en diversas religiones también son de naturaleza sanguinaria.

Por su parte, el fuego es purificador (las llamas caen desde el cielo en forma de rayos, se manifiestan en la tierra y apuntan siempre hacia arriba tratando de retornar) y posee la capacidad de reducir a ceniza todo lo que se interpone en su camino, siendo la muerte por quemaduras una de las más dolorosas que existen, pues al dolor que provoca el fuego se une el miedo de saber de lo que está sucediendo. Timor, la personificación del miedo, era hijo del dios Marte. Finalmente, el color del atardecer es alerta de las llamas del infierno, el reino de «la bestia».

Como se ha mencionado previamente, los efectos de los colores no son universales; sin embargo, la constante asociación que hacemos de determinadas emociones con ciertos tonos ha permitido que las artes gráficas y los medios audiovisuales recurran a ellos para transmitir mensajes mucho más sólidos y generalizados. De tal manera los colores se convierten en signos que nos permiten identificar una idea respecto a ciertas emociones y gamas cromáticas que permean en el imaginario colectivo. A continuación, se mencionan algunas obras y productos contemporáneos que han empleado gamas cromáticas bien estudiadas en las que el rojo se ha convertido en protagonista.

Romeo y Julieta, el valor del rojo

No hay en el imaginario colectivo una historia que describa mejor el concepto del amor que Romeo y Julieta. William Shakespeare escribe esta tragedia en la cual un par de adolescentes se convierten en arquetipo de los amantes desventurados: Romeo y Julieta son hijos de dos familias rivales, ambos se enamoran perdidamente y deciden vivir su amor de forma clandestina. A pesar de la rivalidad a muerte de sus familias, los amantes determinan casarse y vivir juntos, pero una serie de factores terminan complicando las cosas, de tal forma que, al verse incapaces de estar juntos, terminan suicidándose.

En un momento de la obra Romeo se ve obligado a separarse de Julieta, este instante que vemos en la famosa «escena del balcón» es retomado por el pintor Ford Madox Brown en su obra Romeo and Juliet. Esta versión pictórica fue realizada entre 1869 y 1870 y es una de sus obras más conocidas, en ella se puede apreciar al joven en el balcón de su amada despidiéndose al amanecer. En la conmovedora estampa Romeo debe separarse de Julieta, por lo que su figura expresa la contradicción emocional que experimenta: por un lado, la tentación de quedarse con ella, aferrándose a su cuerpo con el brazo derecho, el brazo hábil; mientras el brazo izquierdo permanece extendido y firme, y una de sus piernas se ubica sobre la barandilla del balcón simbolizando la obligación de salir de Verona. Madox representa magistralmente la escena incluso en la gama cromática, pues podemos ver a Romeo enfundado en un traje rojo, tono que en el siglo XVI (época en que sucede la acción de Romeo y Julieta) aún se asociaba con frecuencia al poder, pues se trataba de un matiz brillante que pocos podían portar, al tiempo que seguía siendo un tono típicamente para hombres. El rojo masculino es la fuerza, la actividad y la agresividad, es el rojo vivo de la Sangre de Cristo en contraposición al azul tranquilo y suave de la virgen María. La composición se complementa con tonos cálidos plasmados en los ladrillos de la estructura arquitectónica, los acabados en madera rojiza y la propia barandilla que significa el latente peligro y el riesgo al que Romeo está expuesto en tan complicada situación. Julieta se ve ardiente, aferrada a su amante, cubierta con un vestido amarillo que exalta su blanca piel y su noble melena, una auténtica belleza dorada. La mano izquierda de Romeo se ubica plenamente en el espacio designado para el cielo azul y contrasta fuertemente con él, un azul distante que indica que el joven debe partir a un lugar lejano. Cabe mencionar que el rojo que viste Romeo vaticina su desgracia, los duelos a muerte y la sangre que una pareja de amantes desventurados tiene que derramar para vivir la pasión y el amor que tanto desean.

Romeo and Juliet de Ford Madox Brown, 1870. Colección: Delaware Art Museum. Imagen tomada de aquí: https://en.wikipedia.org/wiki/Ford_Madox_Brown#/media/File:Romeo_and_juliet_brown.jpg

El rojo femenino: entre el amor, el odio y el sexo

Si bien históricamente el rojo se vinculó principalmente con el sexo masculino, la Reforma influyó para que este color pasara a ligarse con las mujeres. El rojo masculino es brillante, puro y gallardo, pero era también el color de los partidarios del Papa, quienes consideraban que el rojo simbolizaba la sangre de Cristo; por el contrario, los luteranos consideraban este tono como inmoral, entre otras razones, por ser el que vestía la ramera de Babilonia, era entonces necesario eliminar el rojo de todo buen cristiano. Las consecuencias de esta reforma dieron pie a que a partir del siglo XVI los hombres comenzaran a abandonar el rojo en la vestimenta, optando por el azul que era más discreto, sólo los cardenales continuaron utilizándolo; sin embargo, las mujeres católicas aún podían portarlo. Con el paso del tiempo la tendencia se fue afianzando y en la década de 1930 se consolida, de manera que el azul se establece para los recién nacidos masculinos, mientras el rosa (derivado del rojo) queda para las mujeres. Cabe destacar que en las culturas donde la relación con la naturaleza es más cercana, la sangre y el sexo convergen, por lo cual, el rojo brillante se considera sanguíneo y carnal, mientras el rojo oscuro simboliza la sangre de la menstruación. No hay que olvidar que el color rojo representa para muchos el amor y, para otros tantos, el odio, por lo que el negro se asocia también con este último. Un rojo oscuro presenta entonces una carga que tiende al odio y al deseo.

Durante el siglo XX veremos cómo en el imaginario colectivo el rojo se va afianzando cada vez más con el género femenino y con las ideas de sensualidad y pasión. Al cambiar los cánones de belleza, la industria del entretenimiento ayuda a fijar la idea de que el rojo es un color que transmite pasión y sensualidad, creando múltiples personajes femeninos cuya gama cromática abarca tonos cálidos. Uno de los más conocidos es Jessica Rabbit, personaje de la cinta de 1988 Who framed Roger Rabbit. Jessica es un dibujo animado voluptuoso: pechos grandes, cintura breve y caderas bien definidas, pero lo más importante es su melena pelirroja y el vestido de la misma gama cromática, rematando con un pintalabios rojo y unos guantes largos de color púrpura, haciendo juego con su actitud sexual, mezcla de erotismo y agresividad hacia los hombres. El rojo aquí se vuelve una faceta de Eros, dios del amor y el deseo sexual, mientras el púrpura (que tiene una porción de rojo y era un matiz antiguamente reservado para los nobles) sentencia que Jessica es inalcanzable, todo su cuerpo se vuelve una fantasía. El toque final es que su esposo se llama Roger Rabbit, Roger es un nombre de origen alemán que deriva de la palabra hrod, fonéticamente parecida a rot, que significa rojo.

Fotograma de película Who framed Roger Rabbit (1988), durante un show de Jessica Rabbit.

Por otra parte, en la serie Mad Men, situada en la Nueva York de los años 1960, se  puede apreciar otro ejemplo del uso del rojo femenino, pero en un contexto más realista. La actriz Cristina Hendricks interpreta a Joan Holloway, jefa de secretarias de la empresa publicitaria Sterling Cooper Draper Pryce. Como personaje femenino, es probablemente quien mejor comprende las presiones a las que está expuesta, ella representa el paradigma de la belleza femenina para los hombres, y por su excepcional atractivo es víctima (al igual que otras de sus compañeras) del machismo y las presiones laborales. Nuevamente nos encontramos con una mujer de figura voluptuosa, pero que hace uso de sus atributos de manera consciente, porque sus cualidades no son sólo físicas, ya que es una mujer excepcionalmente inteligente capaz de abrirse paso en esa jungla machista.

Como sucede con Jessica Rabitt, el personaje de Joan tiene como protagonista cromático al rojo. Si bien el personaje hace cambios abruptos de color a lo largo de la serie, son los atuendos rojos los que más se quedan grabados, quizá porque los vestidos wiggle que usa están diseñados para enfatizar la cintura, el busto y las caderas, de manera que la figura femenina se ve beneficiada, y cuando este estilo se tiñe de rojo se vuelve el centro de atención. Encontramos nuevamente a una pelirroja: Joan emplea su melena cobriza «besada por el fuego» para generar un estilo óptico magnetizante, sexual y erótico que se sincroniza con su vestuario. Por si fuera poco su labial también está en armonía: en aquella época dominaban los rojos mate, corales y rosas brillantes, por lo que es exactamente esa gama la que vemos en los labios del personaje, un tono rojo semi-mate que puede interpretarse como invitación para ganar el favor de aquellos que están a su alrededor, una invitación imposible de rechazar porque genera un deseo incontrolable.

Christina Hendricks como Joan Holloway. Imagen tomada de aquí: https://dujour.com/style/mad-men-janie-bryant-joan-holloway-style-outfits/

Finalmente, en la serie Game of Thrones de la cadena televisiva HBO, aparece el personaje de Malisandre, una sacerdotisa que venera a un dios ficticio llamado R’hollor, Señor del Fuego. Ella viaja hasta un continente conocido como Westeros donde conoce a Stanis Baratheon, un guerrero de origen noble que reclama para sí el trono del continente, pues se considera el legítimo heredero. La sacerdotisa se convierte en su aliada, ya que piensa que él es la reencarnación del «príncipe que fue prometido», un legendario guerrero, heraldo del dios R’ohllor, quién blandirá la espada de fuego conocida como «Dueña de Luz», con la que combatirá a un mal que se hará presente cuando una fría oscuridad descienda sobre el mundo.

En el universo televisivo, Melisandre es una mujer de rostro afilado y ojos celestes, aunque en la obra escrita sus ojos se mencionan de color rojo. Posee una magnífica belleza y una cabellera pelirroja que contrasta fuertemente con su piel blanca, al tiempo que su figura emana una sensualidad similar a la de los ejemplos descritos previamente. En este personaje podemos ver de nuevo los elementos rojos que la industria del entretenimiento ha tratado de establecer como sinónimo de sensualidad femenina, tales como la cabellera peliroja y una figura voluptuosa. Pero con Melisandre las caracteristicas son más profundas en cuanto a la indumentaria, pues el rojo que viste es uno oscuro relacionado con la menstruación, este matiz tiene una porción de negro y cabe recordar que el negro a menudo transmite odio; además, porta un collar con una piedra preciosa roja, el cual es mágico y le permite permancer joven, una carácterística más de este color en la industria televisiva,  el rojo femenino debe ser joven.

El personaje conjuga muchas de las connotaciones negativas del color del amor: entre los guerreros se le conoce como «la mujer roja», los más osados la llaman simplemente bruja, y es que esta sacerdotisa ofrece sacrificios sanguinarios a su dios con tal de cumplir los deseos que ella interpreta de él, mismos que puede leer a través de las llamas. Rituales con sanguijuelas, sentencias a muerte en la hoguera y el color rojo asociado con las rameras del continente se conjugan en la figura de Melisandre, quien, por su parte, considera al fuego un elemento purificador, por ser un corazón llameante el símbolo de su Señor. Los conceptos elementales de vida y muerte ligados  al fuego y a la sangre se encuentran en el personaje de la sacerdotisa, pues lo mismo puede dar vida a criaturas monstruosas y revivir muertos, que asesinar inocentes ofreciéndolos en sacrificio o castigar sanguinariamente a los escépticos; sin embargo, el trasfondo del personaje, con un pasado como esclava del Templo de R’hollor, contrasta con sus métodos y da pie a analizar su naturaleza desde una perspectiva distinta.

Carice Van Houten como Melisandre en la segunda temporada de Game of Thrones (2011). Imagen tomada de aquí: https://www.hbo.com/game-of-thrones/cast-and-crew/melisandre

El rojo se ha establecido en la actualidad como un color femenino y en los  casos revisados se determina que este tono es interpretado como motor de muchos señalamientos despectivos hacia las mujeres que lo portan, probablemente porque la figura de la ramera de Babilonia, que aparece en el Apocalipsis, sigue presente de forma inconsciente en el imaginario colectivo y la pasión que se aprecia mediante el rojo está en función de la percepción de los hombres, quienes han creado y diseñado muchos de estos personajes femeninos en la industria del entretenimiento. No es extraño ver que a pesar de que el rojo se extienda como tendencia y esté relacionado con la pasión y el amor, haya personas que miren despectivamente a las mujeres que visten de rojo, unas con recelo y otras como presas.

El amor es un camino cubierto de sangre

Hemos visto que los efectos psicológicos de la sangre se han asociado al amor porque es elemental para la vida. Al respecto, podemos ver que en la actualidad la animación japonesa tiene muy bien asimilados muchos rasgos de Occidente, la concepción del amor y su relación con la sangre no es la excepción. No son pocos los productos de animación que emplean argumentos sumamente complejos que desembocan en análisis poco convencionales de tan irresistible impulso.

En el año 2004, la serie Elfen Lied comenzó a emitirse. Analizando el uso de color en este producto televisivo, clasificado como gore, podremos apreciar que los grandes creadores pueden emplear una complejísima trama para llegar al más profundo análisis de las pasiones humanas.

Elfen Lied presenta la historia de Lucy, nombre que proviene del latín Lucius, derivado de lux (luz), y ya sabemos que la luz es fundamental para percibir los colores. La protagonista es una diclonius; es decir, una mutación de humano que posee una serie de recursos que en la serie se denominan «vectores», una especie de brazos largos e invisibles que vibran a  una frecuencia que permite a cortar con ellos materiales tan duros como el metal. Los humanos comunes comienzan a ver a estos mutantes como amenza y se proponen estudiarlos y/o cazarlos. Aunque en su mayoría parecen humanos, los diclonius son fácilmente reconocibles porque tienen algo similar a dos cuernos en la cabeza.

Desde el comienzo la historia se tiñe de rojo, un rojo violento, un auténtico baño de sangre: Lucy escapa de la fortaleza donde estaba cautiva y en el camino asesina a decenas de guardias, la primera escena de la serie nos muestra de forma cruda un brazo que ha sido arrancado de algún cuerpo y posteriormente se aprecian más extremidades y órganos humanos regados por doquier. Al final un francotirador alcanza a la protagonista con un disparo en la cabeza, pero no logra matarla, pues ella portaba un casco. A raíz  del trauma Lucy desarrolla dos personalidades, una dócil y amorosa y otra violenta y letal.

Fotograma del capítulo 1 de la serie animada Elfen lied (2004).

Lucy es la encarnación del amor y la violencia, lo cual representa perfectamente la ambivalencia del color rojo. El diseño cromático de la protagonista se basa en colores cálidos, su cabellera es de color rosa saturado y sus ojos son de un rojo intenso y brillante; el eje de su indumentaria son prendas rosadas que se equilibran con algunas rojas o amarillas (en últimas instancias lleva puesto un listón rojo oscuro en el cuello), las cuales contrastan con su piel blanca; en algunos capítulos, los accesorios que porta son de color violeta.

Fotograma del capítulo 5 de la serie animada Elfen lied (2004).

El hecho de que Lucy tenga dos personalidades es un factor que determina las variaciones cromáticas de las características en cada una de sus facetas: mientras se comporta amable y tranquila, su cabello se mantiene de color rosa; sin embargo, cuando pasa a su personalidad asesina su melena se torna un poco más saturada en tanto que sus ojos se aprecian de un rojo más oscuro. Además, el color se extiende a los escenarios, ya que en estado positivo la protagonista suele ubicarse en espacios iluminados, con tonos brillantes y fuertemente ligados a sensaciones de bienestar y tranquilidad, mientras que para enfatizar su personalidad violenta se eligen escenarios en el ocaso del día o al anochecer, donde aparecen tonos que van de rojizos y naranjas hasta violetas oscuros. También suelen elegirse espacios cerrados en los que hay poca iluminación, por lo que en medio de esa oscuridad, el rojo de la figura de Lucy sobresale.

Fotograma del capítulo 12 de la serie animada Elfen lied (2004).

A pesar de que la serie tiene un argumento complejo, su fin principal es presentar una historia de amor entre dos adolescentes. El rojo se presenta femenino porque tanto Lucy, como otras mujeres de la serie, se diseñaron en tonos rojos, rosas y violetas, mientras los personajes masculinos oscilan entre el negro, el gris y el azul.

Lucy tiene un coprotagonista masculino de nombre Kouta y el contraste cromático entre ellos es evidente. A Kouta lo vemos vestido siempre en tonos fríos, principalmente azules, portando ocasionalmente algunas prendas blancas e incluso violetas; su cabellera es negra y sus ojos se perciben en tono azul que tiende a un gris oscuro. Con base en lo anterior se observa que el vínculo entre Lucy y Kouta está destinado a la desgracia, pues el rojo y el azul son colores psicológicamente opuestos, las sensaciones contrarias que emanan de ambos tonos permiten ver que la pareja no podrá unirse, pues mientras Lucy (rojo) es una asesina, Kouta (azul) manifiesta una personalidad tranquila y amable. Eventualmente se revela que que Lucy hizo daño a Kouta en el pasado por lo que no podrán permanecer juntos; sin embargo, basta con apreciar atentamente el uso del color para inferirlo desde el primer capítulo. Previamente se mencionó que ocasionalmente Lucy viste prendas violetas, color que deriva del rojo (pero que tiene también una porción de azul), es importante mencionarlo porque permite interpretar que a pesar del contraste crómatico con su coprotagonista, hay un punto en el que Lucy (rojo) y Kouta (azul) convergen y pueden tener instantes para experimentar el amor que sienten mutuamente.

Fotograma del capítulo 3 de la serie animada Elfen lied (2004).

Elfen Lied pone de manifiesto de forma extraordinaria las asociaciones positivas y negativas relativas al color rojo, lo vemos nuevamente ralacionado, en muchas de sus variantes, a la figura femenina. El rojo se convierte aquí en un tono que expresa el amor y el deseo, pues a Lucy la mueve un deseo intenso de reencontrarse con Kouta, el hombre que ama, y quien, pesar de todo, la ama también. En medio de ellos, sin embargo, se interpone un camino violento cubierto de sangre, una senda roja que nos dice que el amor duele, lastima y también puede matar.

 Conclusiones

Nunca hay que subestimar a los colores. Desde el origen de la humanidad nos ha acompañado y han quedado ligados a nuestras emociones, de ellas, las más intensas son de color rojo. Eros, el dios griego que representa el amor pasional y erótico, bien podría ser sinónimo de rojo  porque al igual que este color simboliza el amor, la pasión y el deseo. Las sensaciones que experimentamos al sentir  amor se generan en principio al idealizar los momentos con el ser amado, mezclando el deseo y la atracción sexual, que iluminan  nuestro entorno y nuestra mente  de rojo y sus variantes,  haciéndonos sentir el calor de la pasión. Sin embargo, sólo se necesita restar un poco de luz al color del amor para que poco a poco se transforme en algo diferente, algo opuesto y violento. No olvidemos que del odio al amor sólo hay un paso, y al igual que con las pasiones humanas, basta un pequeño cambio en los colores para pasar de una emoción a otra.

Para saber más

Cano, Laura, «La historia de los colores: El rojo», en AD España, 28 de julio 2020. Disponible aquí: https://www.revistaad.es/decoracion/articulos/historias-de-colores-rojo/26770

De la Peña, Luis, «La naturaleza de la luz», en Revista Digital Universitaria, volumen 19, número 3, mayo-junio 2018. Disponible aquí:  https://www.revista.unam.mx/2018v19n3/la-naturaleza-de-la-luz/

Fisher, Helen, Por qué amamos, Madrid, Taurus, 2010.

Heller, Eva, Psicología del color. Cómo actúan los colores sobre los sentimientos y la razón, Barcelona, Gustavo Gili, 2004.

Küppers, Harald, Fundamentos de la teoría de los colores, Barcelona, Gustavo Gili, 1992.

Pastoureau, Michel, Simonnet, Dominique, Breve historia de los colores, Barcelona, Paidós, 2006.

Paulik, Johannes, Teoría del color, Barcelona, Paidós, 1996.

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