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Por Huitzilihuitl Pallares Gutiérrez

No hay objeto en la historia que haya repercutido a tal grado en la sexualidad de la humanidad como el condón. La invención de este artefacto se remonta a épocas tan antiguas que es imposible precisar con exactitud cuándo y en dónde surgió. Existen indicios de la fabricación de fundas para el pene con telas o intestinos de animales desde por lo menos el siglo XIII a. C. en el antiguo Egipto. Sin embargo, el uso del condón como método para la prevención de enfermedades venéreas y para el control de la natalidad, se popularizó muchos siglos más tarde.

Veamos a grandes rasgos la historia del condón: el cambió que sufrió en su fabricación en el siglo XIX, su industrialización y distribución masiva un siglo después y las reacciones que ha provocado su uso en algunos sectores sociales de nuestro país. Esta historia es parte de cómo la humanidad ha concebido la relación entre los sexos y de cómo ha ejercido su sexualidad a lo largo del tiempo.

Condones primitivos

La característica de los condones más antiguos que se conservan y se refieren en algunos archivos y museos del mundo es su hechura con cuero o intestinos de animales como vacas u ovejas. Por ejemplo, en la cultura japonesa, el condón formaba parte de un catálogo de juguetes sexuales para el placer de las mujeres. Según los grabados atribuidos al artista Keisai Eisen y conservados en el Museo Británico, durante el otoño se aconsejaba tener dos veces al día relaciones sexuales, emplear una bolsa de cuero para el pene para mantener un buen estado de salud y un anillo de celos o castidad para inducir dolor en el hombre en  caso de que tuviera una erección frente a otra mujer. La serie de cuatro grabados del artista japonés fue realizada al iniciar la segunda década del siglo XIX y presenta estampas de diversos juguetes sexuales que corresponden a las cuatro estaciones del año, acompañados por breves consejos de cómo y cuándo utilizarlos.

Grabado de una bolsa de cuero para falo de la serie Juguetes sexuales para el placer de las mujeres de Keisai Eisen (atribuido), ca. 1822, colección Museo Británico. Imagen tomada de aquí: https://www.britishmuseum.org/collection/object/A_2012-3051-3

En ese mismo tiempo pero en este lado del mundo, se ha escrito que el subteniente de milicias de Campeche Gerónimo López de Llergo y Calderón usaba fundas de piel muy fina para recubrir su miembro y “fornicar sin peligro de contaminarse con las rameras ni de fecundizar a las recatadas que conociese carnalmente”. López de Llergo fue denunciado en agosto de 1818 ante el tribunal de la Inquisición de la ciudad de México por divulgar el empleo de este método y así evitar el precepto de la religión cristiana de la concepción. Según da cuenta el periodista Antonio Bertrán, este militar, acantonado en Mérida Yucatán en plena guerra de Independencia, contaba con cinco fundas —en la época llamadas “condoes”— que tenían una cinta en la boquilla para poder fijarse por debajo de los testículos.

La industrialización del látex

Al finalizar la década de 1830 se descubrió la vulcanización del caucho, proceso químico que permitió fabricar condones más resistentes, elásticos y delgados. El caucho es una sustancia que se origina del látex o jugo lechoso de algunos árboles tropicales, su extracción y empleo en la elaboración de vasijas data de épocas precoloniales en la región del Amazonas; sin embargo, la vulcanización permitió volverlo duro, impermeable y resistente, sin perder su elasticidad natural. Se atribuye a Charles Goodyear el  descubrimiento de este proceso químico que consiste en someter al fuego caucho crudo con una dosis de azufre. Pronto este invento permitió la fabricación masiva de neumáticos y, en consecuencia, la emergencia de la llamada “fiebre del caucho” que provocó la explotación desenfrenada de látex en territorios americanos y africanos por parte de los Estados Unidos y de las potencias europeas.

De esta manera, los condones pasaron de ser elaborados con intestinos de animales a fabricados con látex, aunque continuaron siendo reutilizables hasta que su uso los rompiera definitivamente; de hecho se vendían con instructivos para su cuidado y correcto lavado. Esta industria del látex se empezó a desarrollar paulatinamente en la segunda mitad del siglo XIX.

La revolución cultural y el erotismo del látex

A pesar que en Alemania comenzó la producción masiva de condones de látex en las primeras décadas del siglo XX, su uso no se extendió a todos los países y a todos los sectores sociales. De hecho, en algunas naciones como Estados Unidos se prohibió la distribución del condón o algún otro método anticonceptivo desde 1873. Esta ley federal, que impedía el envío por correo de cualquier artículo destinado a la prevención de la concepción, provocó que durante la Primera Guerra Mundial el ejército estadounidense tuviera numerosas bajas a consecuencia de la infección de sífilis y gonorrea. Años después, durante la Segunda Guerra Mundial, el presidente Franklin Roosevelt dio marcho atrás a esta ley y ordenó la distribución de preservativos entre los soldados y la difusión de campañas para promover su uso. No obstante, en las décadas siguientes el condón se vio desplazado por el empleo de otros métodos anticonceptivos.

En efecto, a pesar de la liberación extraordinaria en la conducta sexual, las relaciones de pareja y la procreación enarbolada por los jóvenes del mundo occidental en los años sesenta, el condón fue sustituido por el uso de la píldora bajo el supuesto de que ésta era el método anticonceptivo con menor porcentaje de falla. La píldora anticonceptiva es un medicamento que fue desarrollado a base de hormonas en Estados Unidos en la década de 1950 y es tomado por las mujeres en forma de pastillas por 21 días para impedir la ovulación y así evitar el embarazo. No obstante, la píldora a diferencia del condón no protege contra infecciones de transmisión sexual. En México pronto se debatió su uso, según reportó el periódico Excélsior el 19 de abril de 1969, se efectuó una mesa redonda entre un ginecólogo, un sicoanalista, un economicista, una estudiante de historia del arte y tres sacerdotes (un rabino, un evangelista y otro luterano), en la que todos aprobaron el uso de la píldora ante las enormes ventajas que ofrecía en la planeación familiar, frente al papel de la mujer en el desarrollo económico y social y sobre otros métodos más graves como el aborto. La mayoría del público reunido en Instituto Cultural Mexicano Israelí, estimado en doscientas personas, sin embargo, “reprobó esta coincidencia a favor y la falta de un sacerdote católico”.

Aunque los jóvenes de los años sesenta y setenta rechazaron el uso del condón, realizaron una revolución cultural en la que el sexo y las drogas eran una forma de romper con las leyes y normas impuestas por el Estado y la sociedad. Así surgieron movimientos de liberación homosexual que lucharon públicamente por la defensa de sus derechos y con ello rechazaron el antiguo ordenamiento social fundamentado en la acción binaria entre los sexos. En 1978, justo el año cuando emergió el movimiento lésbico gay en México, el fotógrafo Armando Cristeto realizó una serie de desnudos donde el condón fue el protagonista. Se trata de dos tomas que parten la imagen del joven modelo masculino: la de arriba muestra el rostro y el tórax y la de abajo el abdomen, los genitales y las piernas; en ambas aparecen las manos con guantes de látex, mientras que el pene aparece enfundado en un condón. La composición logra un erotismo extraordinario que otorga al látex una relación impresionante con el placer sexual. Este proyecto fotográfico fue uno de los primeros que realizó su autor y, según recuerda, lo hizo “como algo erótico pero mezclando una investigación clínica que estaba desarrollando como estudiante de medicina. Era en 1978, con ese proceso estetizante y de nuevos lenguajes, nuevas lecturas. Era todo un fetiche sin duda”.

Fotografía de la serie El condón de Armando Cristeto, 1978, colección Museo Universitario Arte Contemporáneo, UNAM. Imagen tomada de aquí: https://muac.unam.mx/colecciones

La irrupción del sida y las campañas para promover el uso del condón

Con la aparición del VIH/sida en 1981, el uso del condón se comenzó a promover entre la población mexicana. Instituciones de salud pública y algunas organizaciones civiles diseñaron campañas educativas ante la emergencia sanitaria, que irrumpió en México en 1983, cuando se registraron los primeros casos de personas con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en el Instituto Nacional de Nutrición. En su etapa más avanzada, este virus provoca que la persona adquiera el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida), en la que el sistema inmunológico se ve ampliamente atacado provocando que el organismo disminuya su capacidad para combatir otras infecciones y enfermedades. El VIH/sida es una de las peores pandemias que ha azotado a la humanidad, los primeros casos de esta enfermedad se reportaron en la ciudad de Los Ángeles y se asociaron con el estilo de vida homosexual; sin embargo, tiempo después se identificó el virus sin ser exclusivo de algún grupo o sector social en particular.

Con todo, los primeros en reaccionar no fueron las instituciones gubernamentales y de salud pública sino los grupos organizados dentro de la población lésbico gay. Se trató de una respuesta rápida y con un sentido de urgencia ante un padecimiento del que se sabía poco. Son dignos de subrayar los esfuerzos del Colectivo Sol dirigido por Juan Jacobo Hernández, que por medio de pláticas, conferencias, folletos y un condomóvil, difundía información para contrarrestar las creencias erróneas en torno al sida y promover el uso del condón como método eficaz para evitar su propagación. De acuerdo con Alejandro Brito, estas acciones al venir de los miembros de las comunidades afectadas, les otorgaban credibilidad y legitimidad entre sus pares, pues además, en comparación con las campañas oficiales, utilizaban materiales explícitos con el empleo de un leguaje e imágenes de manera más libre.

El gobierno mexicano reaccionó a la pandemia hasta 1986 cuando descubrió elevadas tasas de infección entre los donadores de sangre. Esto llevó a que un año después se reformara la Ley General de Salud en el sentido de prohibir el comercio de sangre y establecer la vigilancia epidemiológica de manera obligatoria. A la par, la Secretaría de Salud, bajo el liderazgo del doctor Guillermo Soberón, inició la primera campaña de difusión de información sobre el sida en los medios de comunicación con el lema “Disfruta el amor. Hazlo con responsabilidad”. Además, se comenzaron a distribuir en las calles de la ciudad de México los primeros condones en un empaque pequeño con la leyenda “Planifique con su pareja y gane un mejor futuro”.

En 1988, con la creación de El Consejo Nacional para la Prevención y Control del Sida (Conasida), estas campañas de distribución y disfunción del uso del condón se intensificaron. Cabe destacar la labor del fotógrafo Gabriel Figueroa Flores, quien desde el diseño gráfico y la producción de videoclips apoyó estas primeras actividades. Sin embargo, la mayoría de los folletos y diversos materiales que circularon ponían énfasis en los pasos a seguir para su correcto uso, olvidando relacionar el condón con el erotismo y placer sexual con el que se había dotado al látex décadas atrás.

Fotografía de punk con condón para la campaña de prevención del Censida, Gabriel Figueroa Flores, 1989, colección particular. Imagen tomada de aquí: https://muac.unam.mx/exposicion/expediente-seropositivo

La reacción conservadora

Ante los esfuerzos de las instituciones públicas y de las organizaciones civiles para combatir la propagación del sida, se dejó sentir la reacción conservadora de algunos sectores de la sociedad mexicana. En la prensa nacional no sólo abundaron artículos en contra de las campañas que promovían el uso del condón, también opiniones en este sentido de la gente común y corriente que se pueden leer en las “cartas o columnas de los lectores”. Es posible encontrarlas en abundancia después del 12 abril de 1988, cuando fue publicado un desplegado en los principales diarios nacionales, como El Universal y Excélsior, en el que se decía que frente al sida “el preservativo o condón es una eficaz medida de prevención de enfermedades de trasmisión sexual, ya que ofrece una barrera mecánica de protección cuyo uso adecuado evita enfermedades como el sida, la más grave de ellas, actualmente incurable y mortal”. El desplegado, publicado en una plana completa a iniciativa del Conasida, también argumentaba que “la palabra condón no debe considerase como un término vulgar” sino un “término científico  para describir la cubierta artificial que se utiliza en el órgano sexual masculino como mecanismo de protección durante el coito”.

El señor Marcos Hernández de la localidad de Aragón se opuso a la campaña implementada por el Conasida en su carta dirigida a El Universal a finales de 1988. Según escribió, el condón era un método ineficaz que promovía la infidelidad conyugal, relaciones sexuales sin responsabilidad entre los jóvenes e intenciones malsanas en los niños. Calificó a las campañas efectuadas en todo el país y en los medios de comunicación como bombardeos de publicidad totalmente descarada, y proponía la abstinencia sexual y las relaciones monogámicas en el matrimonio como únicos métodos “auténticos salvavidas” ante la pandemia del sida. Una opinión similar fue sostenida por José Carlos Caballero de la colonia Balbuena en diciembre de 1989 en el diario Excélsior. Según su argumentación, el uso del condón iba contra la ley de la naturaleza, pues “con condón o sin condón las relaciones genitales fuera del matrimonio implican perversión. […] Por eso el amor verdadero se encuentra únicamente en el matrimonio, base y cimiento de toda sociedad”.

También fue relacionado el uso del condón con una supuesta “degradación moral” de la sociedad, incluso se llegó a identificar con la promoción de la prostitución y la homosexualidad. Así lo sostuvo Daniel Mosqueira de Iztapalapa en mazo de 1989 en Excélsior, pues ante el temor de que el condón fuera incluido en la canasta básica argumentó que “al incluirlos en dicha canasta, las familias siempre tendrían suficiente dotación de condones, y como no se comen, se utilizarían para dedicarse al libertinaje sexual”. Para evitar el contagio del sida o alguna otra enfermedad venérea proponía como “la primer medida y la más eficaz” el aislamiento del enfermo “evitando tener contacto íntimo con alguien y menos el sexual”.

La oposición a las campañas que promovían el uso del condón también vino de parte de la Iglesia y de algunos padres de familia agrupados en una sociedad de supuesto carácter nacional. Así, en diciembre de 1989, según reportó El Universal, se manifestaron un grupo de padres de familia en la Avenida Paseo de la Reforma para denunciar la “enfermiza obsesión para la promoción del condón como único medio para combatir el sida” y en su lugar proponer “la impartición de cursos sobre la verdadera educación sexual, promover la fidelidad conyugal y proteger, así como promover, a la familia como célula básica de la sociedad”.

La Iglesia, por su parte, rechazó totalmente el uso del condón amparada en los argumentos de la encíclica Humanae Vitae publicada el 25 de julio de 1968 por el Papa Pablo VI. Ésta, a pesar de tener más de 50 años, continúa definiendo la doctrina de la iglesia católica sobre el aborto, los métodos anticonceptivos y la vida sexual. Por ello, no sorprende la propuesta sostenida, en agosto de 1997, por el sacerdote Jorge Palancia, secretario de la Pastoral de la Salud del D.F., de “ejercitar el sexo virtual como método seguro para evitar el sida y la promiscuidad humana”.

Expresiones artísticas desde la disidencia

Frente a la pandemia del sida diversos colectivos, agrupaciones y artistas se volcaron a organizar campañas para concientizar y combatir los discursos estigmatizantes en torno a la enfermedad. En ese sentido, el diseño de material gráfico fue fundamental para comunicar un mensaje claro para la prevención del VIH/sida. Desde el Taller de Documentación Visual de la Academia de San Carlos, un grupo de jóvenes liderados por Antonio Salazar generaron carteles, folletos, grabados, pinturas, fotografías y exposiciones con el propósito de combatir los silencios y la ignorancia de la pandemia. Son emblemáticos los carteles que promovían el uso del condón a través de imágenes de ángeles luchando contra el sida y de hombres desnudos que apelaban a la sensibilidad del espectador. Por ejemplo, el cartel diseñado en 1994 con la frase “No te hagas bolas ¡Usa condón!”, donde el texto, breve y original, guarda total relación con la composición de la imagen fotográfica que evoca el erotismo de las líneas y las formas de las obras escultóricas grecorromanas.

Cartel de la lucha contra el sida, Taller de Documentación Visual, 1994, colección Facultad de Artes y Diseño, UNAM. Imagen tomada de aquí: http://academiasancarlos.unam.mx/PANDEMIAS/assets/img/works/4_VIH/6/7.png

Es digna de destacar la generosidad del artista oaxaqueño Francisco Toledo, pues a través de sus pinturas apoyó en varias ocasiones la lucha contra el sida. Sus series de calaveras pintadas en colores encarnados fueron donadas por el artista a asociaciones civiles y organismos gubernamentales para cubrir “las necesidades más apremiantes de las personas infectadas por el VIH”. Según el diario La Jornada, en agosto de 2000 Toledo donó 50 carpetas elaboradas en papel chichicaxtle con una pareja de esqueletos humanos pintados y separados por un enorme condón repujado en la portada; los recursos recabados tras la venta de éstas (cada una se ofertó en 800 pesos) fueron destinados al Consejo Estatal para la Prevención y Control del Sida de Oaxaca. Actualmente, en las colecciones de Carlos Monsiváis que resguarda el Museo del Estanquillo se encuentran algunas de estas “calaveras contra el sida”. En una de ellas se puede observar un esqueleto con un gran falo que espera ser enfundado en un condón que es sostenido por una calavera de menores dimensiones.

Innovaciones del mercado

La demanda de condones hizo que esa industria se propagara con gran rapidez por todo el mundo en la década de 1990. Aparecieron nuevas empresas, marcas y distribuidores que, por medio de enormes inversiones en campañas publicitarías, ofrecían a los consumidores resistencia, comodidad y seguridad. En septiembre de 1995, por ejemplo, fueron lanzados en el mercado mexicano los condones Playboy en dos presentaciones: lubricated y ultra sensitive. Esa marca irrumpió por primera vez en Taiwán en 1994 y posteriormente se expandió a Singapur, Malasia, Venezuela, Hong Kong, Perú, Pakistán y Rusia. También la industria de nuestro país comenzó incursionar en el mercado. A finales de 1996 la agencia de noticias Notimex informaba que la empresa mexicana Lyason, reconocida por producir condones resistentes y delicados, pretendía penetrar en el mercado centroamericano con un potencial de 32 millones de consumidores.

Aunque la venta de condones se hacía principalmente a través de las farmacias, poco a poco fueron abriendo establecimientos especializados, llamados popularmente “condonerias”, que ofrecían una amplia gama de preservativos. En algunos países del mundo, las autoridades también instalaron máquinas expendedoras para la comodidad de los usuarios. Con la llegada del  internet, estos establecimientos pasaron a ser tiendas online, una opción que permitía comprar de manera práctica y discreta. Según declararon a Excélsior en octubre de 2012 los jóvenes hermanos May y Sebastián Alba –pioneros en esta forma de negocio– las condonerias online eran “una alternativa para que la gente deje de tener pena a la hora de comprar los preservativos” y “una opción práctica, discreta y a un precio accesible hasta la puerta de su casa”.

No sólo se comenzaron a vender condones de diversos tamaños, colores, sabores y texturas, también se llegaron a comercializar con piezas musicales. En mayo de 1994 la agencia internacional de noticias EFE anunciaba la invención de un preservativo con música de Beethoven, que se activaba cuando se rompía el látex gracias a la sensibilidad de un microchip de cuatro milímetros. Doce años después, en Ucrania se anunciaba la venta de condones musicales que subían automáticamente el volumen y el ritmo de la canción de acuerdo con la intensidad del acto sexual.

No obstante estos ingeniosos inventos, la mayor innovación fue la fabricación de condones con poliuretano, un material químico más resistente y fino que el látex. Estos fueron una alternativa para aquellas personas alérgicas al látex. Además, este material dio paso a la invención del condón femenino, que para marzo de 1991, según reportó Excélsior, se había probado exitosamente en 34 mujeres del Hospital General del estado de Veracruz, lo que “podría hacer –anotó el periódico– que en breve este nuevo producto se comercialice como un nuevo método de planificación familiar y para evitar contagio de enfermedades venéreas”. El condón femenino había sido desarrollado en Estados Unidos y para entonces ya se encontraba circulando en Francia, Inglaterra y Canadá.

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Como se puede ver, el uso del condón tiene una larga historia que va desde su hechura con intestinos de animales hasta su fabricación con látex y en menor medida con poliuretano. A lo largo de los siglos ha sido utilizado como un método eficaz para prevenir infecciones de transmisión sexual y como método anticonceptivo. No obstante, en México fue al finalizar la década de 1980 cuando su uso se popularizó, provocando acalorados debates en la sociedad. Desde entonces, autoridades de salud pública y agrupaciones sociales han efectuado campañas para promover su empleo entre los jóvenes y diversos sectores sociales. Con ese sentido, desde 2012 fue establecido el 13 de febrero como “Día Internacional del Condón” en 31 países del mundo, entre ellos México.

Para saber más

“Cuando el VIH llegó a México en los años 80” en El Universal, 20 de octubre de 2018. Disponible aquí: https://www.eluniversal.com.mx/mochilazo-en-el-tiempo/cuando-el-vih-llego-mexico-en-los-anos-80

Bertrán, Antonio, “El primer promotor del condón” en Nosotros los jotos, 1 de diciembre de 2020. Disponible aquí: https://nosotroslosjotos.com/pimer-promotor-del-condon/

Brito, Alejandro, “Respuesta de la comunidad a las recomendaciones para la prevención del sida” en Donato Alarcón Segovia y Samuel Ponce de León (compiladores), El sida en México, Veinte años de la epidemia, México, El Colegio Nacional 2003, p. 269-303.

Carreras, Claudi, “Armando Cristeto” en Conversaciones con fotógrafos mexicanos, Barcelona, Editorial Gustavo Gili, 2007, p. 48-63.

Hobsbawm, Eric, “La revolución cultural” en Historia del siglo XX (1914-1991), 13ª edición, Barcelona, Crítica, 2009, p.322-345.

Martos, Ana, Breve historia del condón y de los métodos anticonceptivos, Madrid, Ediciones Nowtilos, 2010.

Matus, Luis y Uriel Vides, “(Ser)opositivo. Activismo, arte y cultura visual del VIH/sida en México” en La Bola. Revista de Divulgación de la Historia, número 7, junio-julio 2020. Disponible aquí: http://labola.com.mx/la-bola-7/seropositivo/