En defensa del paisaje
diciembre 11, 2020 La Bola

En defensa del paisaje de San Miguel Tlaixpan

Por Alma Patricia Montiel Rogel

La visión tradicional del patrimonio cultural prioriza los procesos de investigación, interpretación, gestión y conservación de bienes materiales. Aunque en las últimas décadas se ha incluido al llamado patrimonio inmaterial, es decir, a las costumbres y tradiciones, aún falta camino por recorrer. Actualmente, una de las discusiones se centra en la inclusión de la variante espacial del paisaje en la patrimonialización, ya que este último es resultado de la interacción de la sociedad con sus recursos naturales (agua, tierra o bosques). Para ejemplificar tal situación, Alma Patricia Montiel retoma el caso de San Miguel Tlaixpan, comunidad dentro del municipio de Texcoco que se caracteriza por su fuerte relación con el agua debido a su papel en la irrigación desde la época mesoamericana. Los restos antiguos de las obras de riego que se observan en el paisaje han sido resignificados por diversos sujetos de la comunidad con el fin de conservarlos de amenazas externas originadas por el avance de la urbanización en la zona.

En 1992 el Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO reunido en Santa Fe, Nuevo México, incluyó el paisaje cultural como bien patrimonial. En diferentes regiones se reafirmó tal decisión, por ejemplo, en el 2000, el Convenio Europeo del Paisaje acordó la puesta en marcha de investigaciones sobre el valor patrimonial de los paisajes culturales. Ahora bien, un cuestionamiento bastante pertinente es ¿qué es el paisaje cultural? y ¿cómo se patrimonializa? La idea básica del paisaje refiere a una extensión de terreno que se percibe visualmente. En función de los elementos distintivos del paisaje (ambiental, cultural, urbano, rural, entre otros) se constituyen conceptos específicos. El paisaje cultural remite a los restos visuales tras la realización de alguna actividad laboral hecha por sociedades pasadas. Por ejemplo, es posible encontrar en una determinada zona restos materiales de diferentes obras de riego (acueductos, canales, pozos y presas) que remiten a la agricultura de distintos momentos.

El concepto más técnico de paisaje cultural, de acuerdo con el artículo 1 de los lineamientos operativos de la Convención del Patrimonio Mundial, explica que es una «representación de la obra combinada de la naturaleza y el hombre que ilustran la evolución de la sociedad y los asentamientos humanos en el transcurso del tiempo, bajo la influencia de las restricciones físicas y/o las oportunidades presentadas por su ambiente natural y de las sucesivas fuerzas sociales, económicas y culturales». Algunos de los paisajes culturales considerados patrimonio de la humanidad en México son: 1) Paisajes de agaves y antiguas instalaciones de Tequila, 2) Los acueductos del padre Tembleque, 3) El camino real de tierra adentro y 4) Los canales, islotes y chinampas de Xochimilco.

El procedimiento más común para la patrimonialización del paisaje cultural depende de las comunidades científicas que determinan el carácter valioso y excepcional de un paisaje. Posteriormente, se otorgan títulos respaldados por instituciones internacionales que aseguran su valor histórico-cultural. Sin embargo, existe otro proceso de patrimonialización que depende de los sujetos locales, quienes se apropian y resignifican su entorno construido para dar significado a su propia identidad. Las siguientes líneas tienen como propósito explicar este otro proceso que, incluso, posee un alcance mayor debido a la posibilidad de reafirmar la ocupación histórica de una comunidad sobre el territorio.

Para ejemplificar tal situación se retoma el caso de San Miguel Tlaixpan, comunidad dentro del municipio de Texcoco que se caracteriza por la pervivencia de la actividad agrícola especializada en riego desde tiempos antiguos. En el paisaje se observan restos materiales que embellecen la comunidad, los cuales son investigados, resignificados, apropiados y conservados por la población. Para abordar este caso, primero, se hablará de los restos de las obras de riego que se visualizan en el paisaje y, luego, se explicará el proceso de patrimonialización a partir de las actividades culturales, sociales y ambientales que se llevan a cabo para conservar la antigua y la nueva infraestructura de irrigación.

El paisaje cultural en San Miguel Tlaixpan

San Miguel Tlaixpan es una comunidad del municipio de Texcoco, estado de México, localizada en la parte intermedia del territorio entre los 2440 y 2540 msnm (metros sobre el nivel del mar). La comunidad está rodeada por un continuo de cerros que forman una especie de «olla». Estas conformaciones se les conoce como rinconadas, pues son paisajes cuyas características permitieron, en diferentes puntos de Mesoamérica, el asentamiento de poblaciones por la protección que brindaban los cerros. En la rinconada de Texcoco se establecieron las primeras comunidades debido al fácil acceso al agua, tierra fértil, bosques y montañas, elementos cruciales para el desarrollo de la agricultura de riego. Por esta razón, la zona se ha distinguido por la presencia de huertas de frutos y de flores que han modificado el paisaje. En la comunidad existen restos de los diferentes momentos de esta actividad: 1) un acueducto del siglo XV, 2) un arco-acueducto del siglo XVI, 3) partidores del siglo XVIII y XIX y 4) presas, caños, invernaderos y huertas del siglo XX.

Imagen 1. Mapa de la ubicación de San Miguel Tlaixpan, Texcoco. Mapa elaborado por: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora

 

El acueducto del siglo XV, denominado «Caño quebrado», atraviesa el territorio de los bienes comunales y representa un ejemplo de la actividad de irrigación especializada en Mesoamérica (Imagen 2). El agua era transportada por medio de canales elaborados con estuco (cal y canto) y con argamasa (cal y arena). Los acueductos eran excavados o bien, se colocaban en terraplenes (pendiente formada con piedras y tierra para elevar el terreno). El acueducto formaba parte del sistema del Tezcutzinco, mejor conocido como «los baños de Nezahualcoyotl». Una de las funciones de esta estructura era distribuir el agua en las comunidades de la rinconada a partir del uso de canales y depósitos como se aprecia en la Imagen 3. En la relación histórico-geográfico redactada por Alva Ixtlilxochitl a finales del siglo XVI, se retrata el paisaje cultural en la rinconada por la construcción de una sofisticada tecnología hidráulica utilizada para desviar el agua de los ríos hacia las huertas de cerezos, manzanos, peras, membrillos, moras negras y zapotes blancos, cultivos que hoy en día aún se reproducen.

Imagen 2. Acueducto «Caño quebrado». Fotografía de: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora.

Imagen 3. Acueductos y depósito del Tezcutzinco. Fotografía de: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora.

Durante la Colonia se vivió una revolución tecnológica en diversos ramos. En el tema de la irrigación, se introdujeron ruedas hidráulicas para mover molinos, palancas para extraer agua de pozos y arco-acueductos para evitar el relieve de las zonas. En San Miguel Tlaixpan se construyó a finales del siglo XVI un arco-acueducto para conducir el agua desde los manantiales cercanos a las principales haciendas de la zona, como las del Batán y del Molino de Flores. Estas haciendas significaron un radical cambio en el paisaje debido a la introducción de la producción cerealera en la región, a la conglomeración de los grupos indígenas de los alrededores en las haciendas para servir de mano de obra y al levantamiento de una compleja infraestructura de riego que resaltaba por obras como el arco-acueducto. El canal-acueducto que se aprecia en la Imagen 4 destaca por sus materiales de mampostería de piedra labrada y argamasa que otorgaban mayor estabilidad a la estructura.

Imagen 4. Arco-acueducto. Fotografía de: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora.

A finales del siglo XVIII y, sobretodo, a lo largo del siglo XIX se levantaron diferentes partidores de agua para gestionar las corrientes de agua entre diferentes comunidades. En la rinconada, a finales del siglo XVIII, se construyó un partidor llamado «Ventanas» que dividía el líquido de los manantiales entre las comunidades de San Miguel Tlaixpan, de La Purificación y de las haciendas cercanas. El partidor fue resultado de una resolución del alcalde mayor de Texcoco, Capitán Don Manuel Antonio de Mendívil, para otorgar mayores volúmenes de agua a las comunidades que padecían escasez del vital recurso debido a su acaparamiento en las haciendas.

Imagen 5. Repartidor ventanas «antiguo», 1925. Fotografía de: Carlos Ramos. Archivo Histórico del Agua, fondo Aguas Nacionales, caja 24, exp. 290, f. 11. Imagen cortesía de la autora

Posteriormente, sobre el mismo partidor «Ventanas» se edificó uno más moderno a inicios del siglo XX debido a la presencia de filtraciones a lo largo de la estructura. Asimismo, la construcción de este nuevo partidor se debía a los primeros intentos gubernamentales de centralizar y gestionar el agua en el territorio nacional tras el fin de la Revolución Mexicana. La modernización de la administración del agua como bien público nacional desembocó en la creación de un sinfín de obras hidráulicas de última tecnología, al mismo tiempo se otorgaban decretos, concesiones y permisos federales para garantizar el acceso al agua de riego en las comunidades.

Imagen 6. Repartidor ventanas «moderno», 1928. Fotografía de: Daniel Macías. Archivo Histórico del Agua, fondo Aguas Nacionales, caja 798, exp. 9719, fs. 17 y 18. Imagen cortesía de la autora

Por último, durante la segunda mitad del siglo XX se construyeron las obras de riego que actualmente siguen funcionando: la presa Lagunilla que capta agua de los manantiales en la noche para distribuirla a lo largo del día a los 357 agricultores (Imagen 7), la presa Apatzinco (Imagen 8) que almacena agua de lluvia y sirve para completar el abastecimiento, los caños y compuertas que reparten el líquido entre las diferentes huertas.

Imagen 7. Presa Lagunilla. Fotografía de: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora

Los restos de estas obras de irrigación cuentan una historia sobre la cultura de riego de la comunidad que ha pervivido a lo largo del tiempo. Asimismo, esta infraestructura define el paisaje cultural de San Miguel Tlaixpan. Este paisaje está en constante amenaza por los proyectos de urbanización que se han presentado en el municipio. En los últimos 20 años se construyeron 3 unidades habitacionales. El primero fue en 2007 con la construcción del fraccionamiento El deseo de EITOR S.A DE C.V con 254 viviendas. El segundo fue en 2010 con el establecimiento del conjunto residencial Valle del Molino de KSA FÁCIL S.A DE C.V con 429 casas de tipo residencial. El tercero fue en 2015 con la construcción de la zona habitacional Hacienda San Javier de la constructora ARA S.A DE C.V con 970 viviendas. Actualmente hay especulación por la construcción de dos unidades habitacionales en la comunidad de San Simón. El crecimiento de este tipo de proyectos significa, por un lado, un cambio en el uso de la tierra agraria; y, por otro lado, el posible retiro de las obras de riego para dar paso a la infraestructura urbana. Por esta razón, en los últimos tres años, los colectivos de la comunidad se han encargado de investigar, resignificar y conservar este paisaje para demostrar la herencia histórica y agrícola existente que, para ellos, es importante rescatar y preservar.

Imagen 8. Presa Apatzinco. Fotografía de: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora

La patrimonialización del paisaje cultural

Los colectivos Tlaixpan en la cultura y los Temiloches son dos agrupaciones creadas para llevar a cabo actividades culturales en la comunidad. La primera, fundada en 2017, está dedicada a la presentación de conciertos de música, a la recopilación de mitos y leyendas típicas de la comunidad, a dar visitas guiadas a los sitios representativos y a la exposición sobre la historia relevante de la comunidad. El segundo, creado un año después, se concentra en el rescate de costumbres y tradiciones vinculadas con el agua como: las ofrendas en los manantiales y ríos para pedir y agradecer por los ciclos de lluvia, las reuniones con los abuelos del pueblo para recopilar experiencias antiguas en los cuerpos de agua y la enseñanza de la lengua y música nahuatl.

Ambos colectivos realizaron entrevistas, recopilaron documentos históricos y elaboraron mapas acerca de todas las ruinas de las obras de irrigación. Asimismo, programan recorridos a las presas, a los canales y a los manantiales. Las actividades están dirigidas a los usuarios y a la comunidad en general para dar a conocer y resignificar el valor histórico, cultural y agrario de estas obras con el objetivo de ser conservado por la propia población. Durante una visita al «Caño quebrado», una persona del público expresó: «cómo fue posible que nuestros antepasados con la poca tecnología que tenían conocieran tan bien el terreno, saber dónde poner los canales para evitar los derrames, yo aún no lo comprendo, pero lo admiro». Este sentimiento fue expresado por uno de los usuarios durante los recorridos al acueducto. En otro recorrido hecho a los canales y a las presas que actualmente funcionan, el representante de los usuarios del agua, Alberto López, comentó: «esta agua no es de apenas, estamos hablando de demasiados años atrás, estas concesiones de agua todavía las pasó dar (sic) Nezahualcoyotl en ese tiempo, pues obvio a como ha avanzado el tiempo pasamos por problemas, pero bueno pues hasta la fecha aún tenemos esto». La gente que acudió a las visitas comentaba: «la obra se hizo en los años de nuestros abuelos», rememorando a los familiares directos, cuya participación fue crucial para la construcción del sistema actual de riego. Los testimonios anteriores demuestran el valor cultural e identitario que tienen las obras para la comunidad. Tal situación ha provocado la planificación de acciones de conservación de la infraestructura.

Imagen 9. Canales de riego. Fotografía de: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora

Los colectivos, el comité de usuarios del agua de riego y la población interesada participan en jornadas de limpieza, de vigilancia y de conservación de este paisaje. Dos veces por año, tanto a inicios como a finales, se recoge basura y se libera de hierba al acueducto, al arco-acueducto y a los canales y presas. Asimismo, se vigilan estos sitios constantemente para evitar que sean grafiteados o dañados. También, para mejorar la conservación visual del paisaje, se realizan reforestaciones anuales para embellecer el entorno y mejorar el ambiente.

El comienzo de las labores de investigación, divulgación y conservación sobre las antiguas y actuales obras de riego son consecuencia de la preocupación de los habitantes sobre el futuro inmediato de su comunidad. Desde el anuncio de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM), en el año 2000, el crecimiento de proyectos inmobiliarios no ha parado en el municipio. En un principio, la construcción de viviendas era un proyecto simultáneo a la futura terminal aérea, pues se anunciaban nuevos conjuntos habitacionales «muy cerca del nuevo aeropuerto». Sin embargo, tras la cancelación del proyecto, el levantamiento de unidades habitacionales se convirtió en la guía de crecimiento económico en la zona. En el área de la rinconada, hace dos años, los grupos inmobiliarios ofrecieron una cuantiosa cifra para comprar terrenos a los ejidatarios y comuneros que ha persistido pese a la negativa.

La posibilidad de crecimiento urbano demanda el uso de recursos vitales (suelo y agua) ambos destinados actualmente a una importante actividad de riego que, además, es una herencia de épocas pasadas vista en los restos de las obras de irrigación. Debido a esta situación las voces de la comunidad muestran una latente preocupación por el futuro de su territorio: «Sería muy terrible que se perdieran estos lugares que son importantes y que las futuras generaciones ya no van a conocer. Bueno, y también la devastación del agua, porque donde hay agua, hay vida», menciona Silveria, una habitante de la comunidad. «Los que construyeron las obras eran muy unidos. Nosotros tratamos de conservar esto, es decir, nuestras costumbres y tradiciones» explica Manuel Espinosa, uno de los usuarios del agua de riego.

Es un trabajo de décadas de nuestros abuelos que se pueden llevar en unos poquitos años. Se llevan el agua (se entuba para su uso urbano) que también nos da humedad para la vegetación. Se va todo eso y nos van a quedar cerros secos, huertas muertas, obras sin sentido. Todo se va a morir y se va a hacer basurero, como siempre pasa. Toda la vegetación del cerro y de las huertas de cierta manera ayuda. En el cerro hay árboles donde pasa el agua, los quitas para poner tubos y entonces le das en la torre a medio cerro y al agua.

Las palabras anteriores son del presidente de usuarios de agua de riego. Cada uno de estos testimonios revelan que el paisaje de las antiguas infraestructuras de irrigación es valorado por su función identitaria activa, pues la comunidad se identifica como heredera de la historia y cultura de riego conservada en los restos de las obras de irrigación, mismos que se relacionan con el actual sistema de riego. Todo esto podría desaparecer si se da paso a la hidráulica de grandes tubos para el abastecimiento de las posibles zonas urbanas y la ocupación del suelo de riego. Por esta razón, los habitantes realizan actividades de divulgación y de conservación para que la propia población defienda su identidad resguardada en su paisaje.

Imagen 10. Huertos. Fotografía de: Alma Patricia Montiel Rogel. Cortesía de la autora

Para concluir este breve escrito, es importante apuntar los logros alcanzados y los desafíos venideros. Quizá el mayor triunfo es el inicio de acciones específicas para la resignificación y conservación de los restos de las obras de riego que conforman el paisaje de la comunidad. Sin embargo, se advierten problemas que actualmente aquejan la continuidad de este proceso. En primer lugar, es patente observar el desinterés entre los más jóvenes por unirse al llamado a las actividades de divulgación y de conservación. Hace algunos meses, se dio a conocer que parte del acueducto «Caño quebrado» fue destruido debido a la falta de vigilancia en la zona, pues algunas veces por ausencia de personas se descuida el resguardo de estos sitios. Por ello, resulta fundamental generar estrategias para integrar más gente, incluyendo a los jóvenes.

En segundo lugar, hay tensiones al interior de los propios comités de riego por motivos administrativos que debilitan los lazos de comunidad para dar seguimiento a las acciones realizadas por los colectivos. En tercer lugar, es importante regularizar la presentación de las actividades antes expuestas, ya que no hay fechas específicas para su realización. Es primordial la continuidad de estas acciones para asegurar la resignificación y conservación del paisaje cultural de la comunidad. En cuarto lugar, la rapidez con la que avanza el urbanismo en la zona de la rinconada parece más veloz que la puesta en marcha de estas actividades de reapropiación, resignificación y conservación. Un descuido en el seguimiento de estas labores podría significar la pérdida del paisaje cultural. Pese a los retos que se acaban de mencionar, existe un interés genuino entre los organizadores de los colectivos, los comités de riego y la población participante por lograr la total patrimonialización de su paisaje cultural.

Para saber más

Aparicio, Alejandra y Guevara, Mayra, «Crecimiento urbano y desarrollo inmobiliario en Texcoco: dinámica metropolitana en México», en PatryTer – Revista Latinoamericana e Caribenha de Geografia e Humanidades, vol. 1, núm. 2, 2018, pp. 41-57.

Birrichaga Gardida, Diana, «La administración local de aguas y tierras en Texcoco (1825-1856)», en Miño Grijalva, Manuel y Hurtado Hernández, Edgar (coords.), Los usos del agua en el centro y norte de México. Zacatecas, COLMEX/UAZ, 2005, pp. 153-194.

Gómez Alzate, Adriana. «El paisaje como patrimonio cultural, ambiental y productivo. Análisis e intervención para su sostenibilidad», en Revista Kepes, año 7, no.6, ene-dic, 2010, pp. 91-106.

Gómez Sahagún, Laura, San Miguel Tlaixpan. Cultivo tradicional de la flor, México, Universidad Iberoamericana, 1992.

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