¿Qué nos dice hoy en día la cinta El Prisionero 13?
junio 19, 2019 admin

¿Qué nos dice hoy en día la cinta El Prisionero 13?

Por Alberto O. Barreto Becerril

El prisionero 13, cinta de Fernando de Fuentes estrenada en 1933, aborda de manera central al ejército federal huertista y sus problemas internos a través de las desavenencias de un viejo general, que como reflejo y parte de una institución del Estado, es susceptible de corromperse a través del soborno y los intereses personales. La situación que retrata la cinta mexicana aborda precisamente las consecuencias de esa descomposición, cuyo trágico resultado lo pagará un inocente.

A 87 años de su estreno ¿qué nos dice hoy en día la problemática retratada por esta película? ¿Qué le dice a alguien que ha sufrido en carne propia o de un familiar la ejecución de una orden extrajudicial? ¿Qué le dice, por ejemplo, a los padres de los 43?

El cartel de la edición inglesa de un clásico de la cinematografía mexicana. Foto tomada de aquí: https://www.imdb.com/title/tt0024470/

En la presente reseña les hablaré sobre El prisionero 13, filme dirigido por Fernando de Fuentes (1894-1958), uno de los cineastas más experimentados y de los pioneros del cine sonoro en México. La importancia de El prisionero 13 es tal, que forma parte de las glorias del cine nacional, en razón de su importancia histórica, al ser una de las primeras que confiaron en la entonces moderna tecnología de incorporar sonido sincronizado con la imagen. Quizás sólo después de Santa, El prisionero 13 es la segunda gran cinta ocupada en abordar un tema con diálogos hablados y música de fondo, pero con una forma de contar una historia igualmente novedosa. No obstante, esta cinta en particular, a pesar de estar inscrita con letras de oro en los altares de la cinematografía nacional, ha quedado un tanto en el olvido. Es quizás El compadre Mendoza o Vámonos con Pancho Villa las que han merecido mayor atención de algunos especialistas, pero sin ser difundidas aún entre el gran público.

El director de la Trilogía de la Revolución nació en Veracruz el 13 de diciembre de 1893 y murió el 4 de julio de 1958 en la ciudad de México. Estudió ingeniería y posteriormente ingresó a Filosofía y Letras en la Universidad de Tulane, en Nueva Orleans. Fue colaborador de Venustiano Carranza en la embajada de México en Washington. Fotografía tomada de aquí: http://www.radio.unam.mx/event/cine-ciclo-fernando-fuentes/

Estas tres cintas, que en su conjunto conforman la llamada Trilogía de la revolución, son de una hechura impecable y totalmente revolucionaria para su época. Aunque, en mi opinión, sólo El prisionero 13 aglutina y conserva vigencia dentro de las conciencias y sensibilidades del público mexicano de hoy en día.

Para dar muestra de esta vanguardia visual y narrativa, basta decir que los efectos de sonido fueron bien aplicados y sincronizados. Este ejemplo es un caso muy didáctico para comprender la evolución lograda en la sonorización de películas, donde el público contemporáneo, tan habituado a la sofisticación tecnológica, no repara en la tan reputada “magia” que en efecto el cine logra en nosotros. En este caso, desde la aparición de créditos, se insertan las notas musicales de una banda de guerra para anunciar el tema y preparar al espectador; acto seguido, esa magia de la que hablamos se logra en las escenas subsecuentes por medio de la delicada sincronización de efectos sonoros sin aparente relevancia (el choque de los trastos, el crujir de una silla, el rechinido a distancia del portón en perfecta relación con su lejanía) pero que en conjunto nos embullen sin desearlo en esa realidad que en principio nos es totalmente ajena. Caso similar es lo que este director junto con su camarógrafo (Ross Fisher) realizan en lo correspondiente con nuestros ojos, o acaso quién no ha tenido la sensación de que al tomar una fotografía esta no tiene parecido con lo que se tiene ante la vista, o bien, que lo captado en nuestra foto parece muy pequeño o demasiado “plano”. Es precisamente este último defecto el que debió trabajarse en esta película, pues uno de los escenarios más repetidos es el cuartel del general, donde la simple añadidura de un librero detrás de los personajes y demás muebles logra dar profundidad a la imagen, otorgándonos inconscientemente la sensación de estar en un espacio cuya familiaridad nos hace pensar que entramos a una de las habitaciones de nuestra casa.

La vanguardia visual expresada en el cuartel del general. Fotograma.

De igual forma se innovó en las estrategias para narrar la historia, y es aquí donde me gustaría prestar más atención. Si el lector está de acuerdo conmigo, se requiere de muchas acciones y varios objetos para lograr dar un efecto de naturalidad visual, ya que cuando esto se hace bien parece que es producto de algo invisible. De forma opuesta, en la narración, se necesita omitir o, mejor dicho, sintetizar o aglutinar, tramos de tiempo y escenas para hacer que el espectador se esfuerce, mantenga la atención y deduzca por sí mismo los faltantes omitidos intencionalmente para lograr los fines que se propone. Quizás sea esta la razón por la cual el llamado cine de antes (viejo, en blanco y negro) o el “cine de arte” nos causa complicaciones mientras lo observamos, sin embargo, contrario a lo que se cree, de ninguna forma tiene que ser incomprensible. Una narrativa vanguardista y aplicada de manera inteligente, logra trasmitir sus mensajes a pesar de las experimentaciones que el director desee realizar, y es precisamente lo que Fernando de Fuentes logra de forma singular apoyado de su guionista Miguel Ruíz. Y es aquí donde toda esta innovación técnica y artística cobra su fuerza al hacer efectivo su mensaje aún después de las décadas que nos separan de ella, dado que ninguna película vale, por muy asombrosos que sean sus efectos especiales, su ostentosa escenografía o por lo alto de su presupuesto, si no logra decirnos algo de nuestra condición social o humana.

El prisionero 13 de Fernando de Fuentes no sólo busca darnos entretenimiento o mover nuestras emociones, también busca poner en evidencia los males que pueden ser generados por el egoísmo, la corrupción y la falta de ética. A pesar de ello no debe pensarse que se trata de un filme moralista, o incluso pusilánime, al verse obligado por la censura a agregar un final que no concuerda con lo expuesto durante toda la película, y que de hecho tiene como efecto potencial la negación de todo lo antes exhibido. Debe recordarse que para el año de su estreno (1933) el país se encontraba en una situación política peculiar al encontrarse timoneado por el Jefe Máximo de la Revolución, el general Plutarco Elías Calles. En este punto, a pesar de que el retrato pintado del ejército pertenece a épocas pasadas e incluso a regímenes antipopulares y antagonistas al gobierno en turno (al porfirista y al usurpador huertista, en relación con el callista representando a la Revolución) en principio podría resultar inexplicable aquel final impuesto al que me he referido, pues parecería mucho más conveniente exhibir y condenar a un ejército corrupto que se corresponde con las formas del gobernante al que le es leal. Sin embargo, esta presumible contradicción sólo es aparente si se toma en cuenta el carácter realista de la cinta y los efectos que un filme de este tipo puede tener en el público por medio de los recursos visuales, auditivos y narrativos que he explicado más arriba.

La expresión de un inocente al enterarse que pagará la pena capital. Fotograma.

A modo de conjetura, a pesar de resultar muy conveniente aquella imagen reprobable del ejército porfirista o huertista para el régimen revolucionario, quizás se vio también el riesgo de generar una sobreposición de aquellas fuerzas armadas con las de su tiempo. Y no tanto por el retrato de su imagen sino por el de sus acciones desvirtuadas. En la cinta de De Fuentes, no sólo se pone en evidencia la corrupción y el actuar licencioso del alto mando militar, sino en primera instancia, el de su grave alcoholismo el cual provoca la destrucción de su familia. Estos dos grandes males, que en suma se reducían principalmente al alcoholismo y a la corrupción entre la dirigencia, era lo que precisamente persistía con gran fuerza a pesar de los grandes cambios que se estaban dando a nivel político en el país. A Plutarco Elías Calles se le recuerda normalmente por empezar a “institucionalizar la revolución” por medio de la acción más visible de aglutinar a las bases sociales y políticas en el Partido Nacional Revolucionario. Pero hay que recordar que esto también fue acompañado de una política militar que buscó actuar sobre las fuerzas revolucionarias que guardaban lealtad a caudillos regionales, en un sólo cuerpo militar, profesional, disciplinado y subordinado al Poder Ejecutivo, encarnado en el presidente en turno. No obstante, aquel asunto ético y moral aún quedaba pendiente dentro de aquella transformación institucional, que había sido encargada al general Joaquín Amaro, artífice del proyecto de reorganización y profesionalización de las fuerzas armadas. Como puede verse, acorde con esta mirada histórica, la película de De Fuentes, estaba más preocupada por su presente que anclada en su pasado, al poner en evidencia los riesgos (eso sí, de forma muy dramatizada) en los que se podía incurrir de no resolverse los temas pendientes que tenían que ver más con lo ético y lo moral que con lo institucional.

Plutarco Elías Calles durante un brindis con Aarón Sáenz, Joaquín Amaro y Pablo Quiroga. Fotografía tomada de la Mediateca INAH, disponible aquí: https://mediateca.inah.gob.mx/islandora_74/islandora/object/fotografia%3A420648

Para concluir, como sociedad mexicana quizá deberíamos seguir el ejemplo de De Fuentes y de su equipo técnico y artístico de mirar nuestro pasado para entender mejor la situación en la que nos encontramos hoy en día, y de esta forma poner nuestra atención en la vida pública de nuestro país. Si comencé este artículo haciendo alusión a los desaparecidos, encarcelados y asesinados por órdenes extrajudiciales o refiriéndome directamente a los padres de los 43 jóvenes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa no es con la finalidad de atraer la atención de una forma sensacionalista y poco ética. Sino que me atrevo a hacerlo porque la cinta de El prisionero 13, a pesar de las diferencias con la realidad que retrata y de pertenecer a un tiempo ya lejano, sigue provocando imaginar el terrible dolor que ha sufrido la población civil por la irresponsabilidad y complicidad de las autoridades. También, porque nos invita a echar una mirada a nuestra historia y comprender que quizás el ejército pudo reformar muchos de los problemas padecidos antes de su profesionalización, pero también que, al hacerlo, se terminó por despolitizarlo separándolo de cualquier aspiración al poder, poniéndolo en cambio al servicio de una Presidencia enteramente civil como ocurriría finalmente pocos años después a partir del gobierno de Miguel Alemán Valdés. Y aún más, no sólo nos hace poner un ojo en nuestra historia, sino también en nuestro presente, para informarnos y participar en la discusión actual de involucrar al Ejército y a la Armada en tareas de seguridad pública. La discusión no se trata de si se está ante el riesgo de una militarización del país tal y como se ha repetido incansablemente en los medios de comunicación, sino a la creación de una normatividad que establezca el cómo y sobre todo en dónde se aplicarán las fuerzas militares debido a su naturaleza definida por su formación en técnicas para la guerra donde el objetivo es la aniquilación del enemigo.

Ficha técnica

Título original: El prisionero 13

Año: 1933

País: México

Género: Drama

Dirección: Fernando de Fuentes

Guion: Miguel Ruiz, Fernando de Fuentes

Fotografía: Ross Fisher

Música: Guillermo A. Posadas

Duración: 73 min

Para saber más

García, Gustavo y David Maciel (comps.), El cine mexicano a través de la crítica, México, UNAM-DGAC, 2001.

García Riera, Emilio, Breve historia del cine mexicano. Primer siglo 1897-1997, Zapopan, Ediciones Mapa, 1998.

­­­­­_________________, Historia documental del cine mexicano, Guadalajara, Universidad de Guadalajara-Secretaria de Cultura-CNCA, 1992.

Reyes, Aurelio de los, Cine y sociedad en México 1896-1930, México, IIE-UNAM, 1983.

Soberón Torchia, Edgar, Un siglo de cine, México, Cinememoria, 1995.