La triste noche de Hernán Cortés
junio 20, 2019 admin

La triste noche de Hernán Cortés

La noche del 30 de junio de 1520, mientras una llovizna caía sobre Tenochtitlan, un grupo de extranjeros, asediados desde varios días atrás, tomó una decisión: huir. Hernán Cortés y sus hombres salieron a hurtadillas del palacio de Axayácatl, cargando sus tesoros y acarreando a sus prisioneros. La oscuridad de la noche poco los cobijó, pues de un momento a otro los mexicas dieron la alarma y se lanzaron a perseguir a los españoles y a sus aliados, los tlaxcaltecas.

¿Qué hizo cambiar la opinión de los mexicas, quienes meses atrás habían recibido a los hombres barbados de buena manera, aunque con recelo de sus intenciones? Pedro de Alvarado –encargado de las fuerzas españolas mientras Cortés viajaba para derrotar a una expedición española que tenía la misión de capturarlo y llevarlo a Cuba– ordenó efectuar una matanza en el Templo Mayor días antes, el 22 de mayo. Sus motivos son inciertos: él dijo que tuvo que actuar así porque se enteró de una conspiración en su contra; otros dijeron que fue por sanguinario. El hecho enfureció a los “aztecas” y se rebelaron contra los españoles.

De vuelta a esa noche, los enemigos de la ciudad tomaron la calzada poniente, que cruzaba la laguna hacia tierra firme al pueblo de Tacuba. Disparos, gritos, sangre y muerte. Cortés y sus acompañantes se defendieron como pudieron. Las bajas fueron cuantiosas, cientos de españoles murieron y miles de indios que se habían unido a él también perecieron, ahogados, asaeteados, apedreados. Al llegar a Tacuba, cuando la persecución más fuerte había terminado, cuenta un soldado castellano –llamado Bernal Díaz del Castillo– que a Cortés “se le saltaron las lágrimas de los ojos” por haber perdido a tantos amigos durante la estrepitosa huída.

Óleo de 1890 que rememora aquel día. Manuel Ramírez Ibañez, La noche triste de Hernán Cortés, (tomada de: https://www.hoy.es/badajoz/national-geographic-publica-20190307152015-nt.html)

 

Gran tragedia para los que pretendían hacerse del dominio de Tenochtitlan. El historiador Francisco López de Gómara, quien escribió pocos años después de la conquista, llamó a ese momento una “triste noche”. Fue hasta tiempo después que se agregó más dramatismo a los acontecimientos: el guerrero, creyendo que nunca sería un conquistador, se sentó al pie de un ahuehuete y lloró su derrota. Además, el orden de las palabras se invirtió y el evento se volvió La Noche Triste.

Noche decisiva para la historia sin lugar a dudas. La hábil pluma de José Fuentes Mares dice con elocuencia “la noche de nuestro quién sabe, de nuestro probablemente, de nuestro nunca”. Fue un momento crítico para los invasores españoles, pero hubo para ellos un rayo de esperanza: Tlaxcala. Los señores de esa tierra tuvieron en sus manos el destino de todos ellos ¿traicionar a sus amigos españoles y continuar bajo el dominio mexica, o resguardarlos y seguir apoyándolos para terminar con la opresión de sus vecinos? Todos sabemos o intuimos la decisión…

Para saber más

Díaz del Castillo, Bernal, Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, intro. y notas de Joaquín Ramírez Cabañas, México, Porrúa, 2011. (Sepan cuantos…5).

Fuentes Mares, José, Las mil y una noches mexicanas, México, Grijalvo, 1987.

Matos Moctezuma, Eduardo, “¿Lloró Cortés en el “árbol de la Noche Triste”?”, en Arqueología mexicana, núm. 131, enero-febrero 2015, p. 86-87. [Consulta en línea: https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/lloro-cortes-en-el-arbol-de-la-noche-triste]