La Bola | Año 1 | N.º 3 | octubre-noviembre 2019

 

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Editorial

El viernes 11 de abril de 1919, un día después del asesinato del Caudillo del Sur en Chinameca, Morelos, la primera plana de un periódico de circulación nacional fue contundente: “Murió Emiliano Zapata. El zapatismo ha muerto”. 100 años han transcurrido desde aquel fatídico día, pero en el recuerdo popular, ni la efigie, ni los ideales que defendieron y por los cuales fueron asesinados Zapata y los suyos, han sucumbido al pasar de los años. Por el contrario, el legado de su lucha por la defensa de la tierra, los derechos políticos y sociales de los pueblos y las comunidades indígenas, fue recuperado y reinterpretado, ya no sólo por los sectores rurales, sino también urbanos.

Es necesario recordar que diversos movimientos sociales han abrevado de la lucha zapatista y han convertido a la imagen de Emiliano Zapata en un símbolo de resistencia frente a los embates del Estado mexicano, como es el caso de quienes buscaron hacer realidad la reforma agraria; de aquellos que participaron en los movimientos populares entre 1940 y 1950; de los guerrilleros entre 1960 y 1980; de los indígenas chiapanecos neozapatistas que se insurreccionaron en 1994; y de las numerosas personas que han conformado las movilizaciones campesinas más recientes.

Con motivo de los 100 años del asesinato del caudillo suriano, La Bola dedica su tercer número a explicar la vida, las motivaciones, los alcances y los objetivos de Zapata, de sus hombres, pero también de sus mujeres, en la Revolución Mexicana. Asimismo, se ofrece una revisión de su influencia en la formación de futuros movimientos sociales. Finalmente, se podrá encontrar una mirada a las formas en que su imagen y legado político han influido en la cultura y el arte.

Contrapunto

Solemos olvidar la antiquísima relación que existe entre la música y la historia, basta recordar a los juglares, las canciones de gesta, la ópera, y un sin fin de ejemplos representativos de la unión entre el arte y los hechos más destacados del acontecer humano. Invito al lector a dejar de lado la consideración tradicional que se centra en la narrativa de contenido histórico siempre sujeta al formato del libro. Cuando deseamos saber o aprender de historia lo asociamos a la lectura de un impreso, la visita de un museo, edificio o monumento y tal vez con una película. Sin embargo, existen otras formas de acercarse al pasado más allá del texto impreso o del discurso edificado. El objetivo de este breve artículo es reflexionar sobre una combinación menos común que las señaladas anteriormente pero sumamente eficaz para la difusión del conocimiento histórico. Mexican Fusca –un grupo regiomontano de rap– es un ejemplo contemporáneo para abordar la fusión entre la música y la historia.

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